Depresión en el matrimonio (2ª parte)

Este programa trata sobre la depresión en el matrimonio. Sobre la importancia de pedir ayuda, tanto sea al cónyuge o a un tercero. Así como el poder ayudar a la persona que está mal, buscando una salida.


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EA606 – Entre Amigas –
Depresión en el matrimonio (2ª parte)



Receta: Guiso húngaro


Entrevista con el pastor Herman Hartwich

Sandra: Estamos con el Pastor Herman Hartwich hablando sobre la depresión en el matrimonio. Quería preguntarte ¿Hay muchos matrimonios afectados por la depresión?

Herman: La verdad que sí. Yo trabaje por muchos años en una mutualista y me asombraba la cantidad de historias clínicas que mencionaban trastornos de ansiedad, depresión, nerviosismo. Y la abundancia de ansiolíticos, de tranquilizantes y pastillas para dormir que se daban.
Cuando una persona se acerca, o un matrimonio lo primero que se hace es dirigirse a los síntomas. Ósea a donde arranca este problema. Debemos ir a la raíz. Porque no podemos generalizar, como por arriba tenemos que atacar el origen de este estado depresivo tanto sea en el hombre como en la mujer.

Sandra: Entonces no todos los tratamientos son iguales, porque no todos los orígenes son los mismos.

Herman: Efectivamente. No hay una receta para tratar cada persona. Sino que hay que estar con cada persona en particular. No podemos hacer una charla y hablar de todos los casos por igual, porque todos somos personas distintas. Por ejemplo hay mujeres que en la etapa de menopausia se deprimen, pero hay otras que no. A los hombres le puede suceder lo mismo, todo depende de su carácter, de sus sentimientos, de la forma de encarar la vida. También dependerá de la formación que tuvo en su niñez, la educación que recibió, el entorno, las circunstancias vidas. Pero eso es un tratamiento personalizado, no se puede tratar a la ligera, ni en general.

Sandra: ¿Es tan malo el hecho de no poder llorar, como el estar deprimido?

Herman: Claro, porque uno no está pudiendo expresar las emociones.

Sandra:¿Que hacer en una situación así? En el caso de una persona que se siente como atrapado. Que no sabe cómo mejorar su estado de ánimo, o como mejor su estado de ánimo.

Herman: Hay muchas cosas que podemos hacer. Requiere mucho esfuerzo, no es por arte de magia que uno sale de esa situación. Sino que depende de la voluntad de cada uno. Debemos tener la iniciativa de querer salir, ser consientes de lo que esta pasando. Esto pasa tanto en el aspecto físico, anímico y espiritual, uno debe asumir responsablemente su necesidad. Hay cosas que uno debe cambiar, por ejemplo, si una persona es negativa y siempre ve todo negro, todo mal. Debemos cambiar, seguramente no sea tan negro todo, debe haber algo positivo. También es muy importante que comprendamos nuestros sentimientos, pero poniendo mas énfasis en la conducta. Nosotros podemos obrar mal y eso nos va a hacer sentir mal. Por eso es importante que aunque mis sentimientos no me acompañen 100%, yo debo saber cómo debo obrar. Por eso debo esforzarme en el cambio. Aunque me cueste, si quiero ser feliz debo esforzarme. Otra cosa que se puede hacer, es hacer un plan para renovarse, buscar amigos nuevos, buscar amigos de confianza personas que aporten a mi felicidad. Muchas veces las personas buscan a gente que está peor que ellas para sentirme mejor, pero esto es un consuelo de “tonto”. También debemos reconocer que todos comentemos errores, porque al estar deprimido la persona se juzga muy severamente a sí mismo.
Algo que se ve muchísimo es que los depresivos manipulan a las personas, principalmente a la pareja.

Sandra: ¿Y uno se puede dar cuenta si le está pasando eso?

Herman: Es más fácil que alguien de afuera se dé cuenta.

Sandra: Y si lo notamos en alguien, ¿Debemos decirlo?

Herman: Es muy difícil, porque a veces el manipulado por amor lo niega. Muchas veces para no herir los sentimientos de la pareja. Pero creo que depende de la confianza entre quien lo nota y la persona manipulada.
Yo tuve una experiencia que llegado el momento se lo tuve que decir a una persona. Sinceramente por el bien de esa persona, tuve que decirle.
Porque en definitiva están usando a la persona y hay que poner un alto. Porque no es saludable para ninguna de las dos partes.

Sandra:¿Que mas podemos hacer para ayudar a una persona con depresión?

Herman: Antes de seguir, me gustaría hablar que una de las causas de la depresión muchas veces es carecer de la falta de propósito en la vida. Muchas personas viven, pero no saben para que. Viven porque la vida es gratis, porque Dios se la regala. No saben de dónde vienen, para que viven y menos hacia donde se dirigen.

Sandra: el tema de la identidad humana es algo que siempre ha preocupado al hombre durante toda la historia.

Herman: Claro, pero también cuando la gente va al matrimonio, hay muchas gente que no saben para que se casa. Mucha gente se casa por escapismo. Porque quieren huir de su casa, pero quieren salir bien. Así que se casan para formar una familia, pensando que se libran de su familia. Pero no tienen claro el propósito del casamiento y de ahí tanto problemas y tantos divorcios. Para nosotros salvar nuestra vida y nuestro matrimonio debemos tener un propósito sagrado y alto.
En estos 30 años de experiencia pastoral he visto que las personas que han optado por Jesucristo, han salvado sus vidas y sus matrimonios.
La gracia de Jesucristo es más poderosa que todos los consejos del Psicólogo, psiquiatra y de los equipos de apoyo. La persona que recibe a Jesucristo, recibe una ministración del espíritu santo y de la palabra de Dios que es sanadora. Por eso en el Salmo 107 dice que clamaron al Señor y Dios los libró. También dice que envío su palabra y los sano.
Su palabra es sanadora, sana el alma, la mente, del espíritu. Y eso repercute en el cuerpo, en la relación de la pareja. La palabra de Dios es muy sanadora. Por eso recuerden, si están viviendo un estado de depresión o no, el remedio maravilloso y el más económico, porque no tiene que pagar nada. Porque la salvación a través de Jesús es totalmente gratis. No se deje sacar ni un céntimo con la promesa de ayudarle espiritualmente. Jesús dijo: De gracia recibisteis, dad de gracia. Entregar la vida a Jesucristo no tiene precio, porque el precio ya fue pagado por El.

Depresión en el matrimonio (1ª parte)

Este programa trata sobre la depresión en el matrimonio. Sobre la importancia de pedir ayuda, tanto sea al cónyuge o a un tercero. Así como el poder ayudar a la persona que está mal, buscando una salida.


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EA605 – Entre Amigas –
Depresión en el matrimonio (1ª parte)



Receta: Morrones o Ajíes rellenos


Entrevista con el pastor Herman Hartwich

Sandra: Estamos con el pastor Herman Hartwich para tratar un tema muy interesante que compartió en una reunión de matrimonios. Y es ¿qué pasa cuando alguno de los miembros del matrimonio sufre depresión?

Herman: Esto es un problema que azota a toda nuestra sociedad. Porque en la mayoría de los matrimonios en determinado momento alguno de los integrantes va a experimentar algún tipo de depresión o algún tipo de infelicidad pasajera que se debe a ciertas circunstancias que la pareja está viviendo. Ya sea en el orden laboral, económico, espiritual, familiar. Hay muchos factores que intervienen en el estado anímico de las personas, y por eso no hay un hogar que, en determinado momento de la vida, no sea visitado por este tema que asusta a muchas parejas.

Sandra: ¿Cómo hacer para ayudar a una persona tan cercana?

Herman: Cuando una persona entra en ese estado de depresión, una de las caracterizas es que se encierra,  se desamina, comienza a aislarse. Se irita aun con la alegría que otros manifiestan. Siempre están cansados, tienden a dormir más que antes, siempre está mal dispuesta, tiene sentimientos de culpabilidad, tristeza profunda, ve todo gris, desesperanza y falta de control. Hay una serie de síntomas que podemos notar y eso es lo que hace difícil el acercarse a la persona porque no sabemos cómo reaccionará. Si esa persona no se comunica, si no abre su corazón es muy difícil de comprender.

Sandra: En tu experiencia de pastor has tratado con personas que están sufriendo este tipo de características depresivas. ¿Cómo hacer para que alguien se abra? Porque aunque uno pregunte, y hable, a veces, la persona no responde con franqueza cual es la causa de su problema.

Herman: Hay una frase que dijo Abraham Lincon que dice “La mayoría de las personas es tan feliz como decida serlo”. Entonces hay una realidad, las personas pueden recibir la ayuda en la medida que ellos permitan ser ayudados. Esto no es fácil, hay gente que es muy terca o muy orgullosa, y no quieren revelar su necesidad. Como dice el dicho “no hay peor ciego del que no quiere ver”. A veces pienso que hay personas un poco masoquistas, o sea, hay personas que parece que les gusta estar en ese estado. Por un lado es incomprensible porque se quejan, pero a su vez no revelan que es lo que están sintiendo.
No es fácil. Porque depende de la persona que está mal, si decide abrirse o encerrarse. Las personas que se acercan, creo que necesitan de mucha paciencia, mucha confianza de la persona que esta mal. A veces hay que hacer varios intentos y hasta con diferentes personas, hasta que con una pueda encontrar la suficiente confianza para poder hablar. Suele pasar que en una pareja ni siquiera se da la confianza con su cónyuge, a veces la persona puede abrirse con un extraño, o una extraña.
Es importante recordar que cada uno puede ser feliz en la medida que decida serlo. Cada uno puede salir de los estados depresivos, en la medida que quieran salir. Siempre y cuando ustedes mismos se lo permitan y permitan que otros les ayuden.

Sandra: ¿Qué hacer si la pareja no establece esa confianza con el cónyuge para poder contarle lo que le pasa? ¿Está bien buscar ayuda en un tercero?

Herman: En lo que ha sido mi experiencia en muchos años, no es fácil encontrar a una pareja que juntos busquen ayuda. O solamente entre ellos salgan adelante, por lo general uno de los dos sale a buscar ayuda. Porque no se anima a revelar todo lo que siente a su cónyuge. Es muy de delicado y luego de encontrar ayuda deben tener encuentros las dos partes para poder hablar. Así también se debe cuidar que si la persona con depresión es mujer, trate de encontrar ayuda en una mujer, o por ejemplo, las veces que he tenido que ayudar a mujeres, nunca he estado solo con ella. Sino que le pido a mi esposa que me acompañe o que la persona a tratar venga acompañada de una persona de su confianza.
Pero qué lindo es cuando la pareja puede tener esa comunicación y esa determinación que juntos salgan a buscar la ayuda. Que van a un consejero espiritual o al médico y van interesándose continuamente el uno por el otro. Pero hay parejas que cuando se tratan de estas situaciones se aíslan y dejan a la otra parte sola. Lo que debería pasar es que cuando por ejemplo la esposa está deprimida, el esposo trata de ayudarle y si no puede sale a buscar ayuda. Porque sino está condenando su matrimonio al fracaso.

Sandra: ¿Cuál ha sido la reacciones de aquellas personas que estaban mal y vos te les acercaste por iniciativa del cónyuge que estaba bien?

Herman: Cuando unos comienza a hablar con la persona que está mal, esta comienza a descubrir que uno esta allí porque le interesa ayudarle, que no es de entrometido, ni para hacerle mal, ni para humillarle.
Recordemos que la persona que está mal ya se siente así, menguada y débil. Se necesita una muy buena cuota de amor, comprensión y paciencia para ayudar. Cuando un tercero se acerca con esta actitud, generalmente la persona afectada no reacciona negativamente. En mi experiencia personal ha sido muy positivo.

Sandra: ¿Cuál es la clave para salir de ello? ¿Cuál es tu consejo para aquellos matrimonios que están en problemas?

Herman: Yo considero que nadie puede dar lo que no tiene. Yo no soy psicólogo, ni psiquiatra, pero si tengo algo maravilloso en mi vida y es el haber encontrado, conocido y seguir conociendo el Poder de una vida feliz. El poder del amor, de la paz, del equilibrio total. Porque nosotros somos seres Tri-partitos, contamos con un cuerpo, un alma y un espíritu. Es decir, tenemos la parte de la voluntad, los sentimientos. También tenemos, esa parte que no la tiene el resto de las criaturas, la parte espiritual que es la capacidad de poder relacionarnos con Dios. Muchas personas quieren solucionar sus problemas de depresión o de pareja pero no necesariamente por los medios que Dios estableció en su palabra. Entonces solucionan temporalmente algunos problemas. Es como una herida que sana por fuera, pero por dentro sigue la infección y podredumbre. Y tarde o temprano termina en una gangrena desastrosa, donde hay que amputar. O sea, donde la pareja culmina en una separación definitiva a causa de la depresión que podría haber sido sanado en una forma tan sencilla, tan clara como es la palabra de Jesucristo.
Estimados, sepan que Jesucristo, el hijo de Dios vino para darnos vida y vida en abundancia. Esto quiere decir que no es su voluntad que usted esté sufriendo bajo el peso de la depresión, bajo el peso del desanimo, de la frustración, del fracaso. El quiere que usted sea feliz. Por lo tanto lo primero que tiene que hacer una pareja para batallar y para tener la victoria sobre el estado de depresión en el matrimonio, es invitar a Jesucristo a ser el Señor y Salvador de sus vidas. Invitarle a ser partícipe de esa pareja. Porque no hay cosa mejor que Jesucristo sea participe de la vida de la pareja. No basta con decir nosotros recibimos la bendición en la iglesia cuando nos casamos. La Felicidad hay que cultivarla, hay que darle la vida, y la vida verdadera. Y esa vida viene a través de Jesucristo.

Sandra: ¿Has visto matrimonios cambiados atreves de Jesucristo?

Herman: Efectivamente, todas las personas que conocen a Jesús han cambiado su vida. Son vidas transformadas. No sabría por dónde empezar a contarles de los matrimonios que he visto al punto del desastre y por la gracia de nuestro Dios al conocerle han cambiados su vidas y con ello sus matrimonios.

El camino a la restauración (4ªparte)


Autor: Esteban Beitze

Tu vida se convirtió en una farsa, en una pantalla. Tu conciencia te acusa. Tu vida está llena de amargura. ¿Habrá solución?
Si hemos caído ¿cuál es el camino para la restauración?
Encuentra las respuestas al escuchar este esperanzador mensaje, acerca de la triste realidad de las caídas!!

 


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PE2151 – Estudio Bíblico
El camino a la restauración (4ªparte)



Cómo están amigos? Habíamos hablado de la profunda tristeza que invade después de la caída en el pecado. Pero, existe otra tristeza profunda del alma, que es la que lleva al arrepentimiento. En el caso de Pedro, gracias a Dios, fue esta última. Él se arrepintió profundamente de su pecado, su orgulloso corazón fue quebrantado. Buscó el perdón del Señor y lo encontró. Por lo tanto, si todavía no lo has hecho, ¡acepta a Cristo como tu Salvador y Señor de tu vida ahora! ¡Deja que te limpie de tu pecado y te salve para toda la eternidad! Si ya eres creyente y pecaste, vuelve arrepentido a Cristo. Puedes estar seguro que Él te perdonará.

Lo extraordinario de esta historia, es que no terminó con la amargura de Pedro. El Señor le dio una nueva oportunidad. Apenas resucitó y se presentó a las mujeres – las primeras testigos de ello – les dijo que avisaran de este acontecimiento a los discípulos y a Pedro (así lo leemos en Mr.16:7). O sea, ya anticipaba el hecho que lo había perdonado y que comenzaría de nuevo con él, lo que se ve en forma maravillosa en Juan 21:15 al 19. Esto lo que el Señor busca. Dios le dio una nueva oportunidad a Pedro. Y este pecador arrepentido, se convirtió en el líder de la nueva Iglesia y en un instrumento de lo más útil en las manos del Señor.

Una vez hablando sobre este tema en un encuentro de jóvenes, y llegando a este punto, vi a una joven que estaba deshecha en llanto. Al final de la reunión fui a hablar con ella. Carla me contó que se sintió absolutamente identificada con la caída de Pedro. Cada paso descendente, ella también lo había dado. Hacía mucho que había entregado su vida al Señor y era muy activa en la iglesia. Disfrutaba mucho lo que hacía. Allí se puso de novia con un joven creyente. Como descuidó la comunión con el Señor por medio del estudio de la Palabra, la oración, el compromiso con la obra, se creía muy firme y le dio lugar al ocio. También los demás pasos descendentes se fueron dando a un ritmo cada vez más vertiginoso hasta caer en el pecado sexual. Esto obviamente, también se fue repitiendo. Su vida se volvió llena de miedo y reproches. Al final, como no podía ser de otra forma, todo salió a la luz y también perdió el ministerio que tanta alegría le había dado desarrollar. Lo bueno de esta historia es que no quedó allí. Profundamente arrepentida le pidió perdón al Señor, se sujetó a la disciplina de la iglesia y buscó la restauración. Mientras escribo estas líneas ya fue restaurada completamente y es, otra vez, una joven feliz. Ésta es una de las tantas cosas asombrosas de Dios. Él empieza de nuevo. Nos da otra oportunidad.

El profeta Jeremías, llorando por la destrucción de Jerusalén y cautividad del pueblo como consecuencia de sus pecados, en Lam. 3:19 al 32, ora esperanzado: “Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza; Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas. Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias”.

Aunque el pueblo fue llevado cautivo y sufrió durante 70 años, Dios lo hizo volver a su tierra. Reconstruyeron el templo y la ciudad, y Dios los restauró. Y además, unos 500 años después, les envió al Mesías prometido.

Por medio de la historia de Pedro, de Israel y tantas otras, podemos observar que la misericordia de Dios permite un nuevo comienzo. Obviamente, no tenemos que tomar este hecho como excusa para pecar a la ligera. Todo pecado tiene consecuencias, muchas de las cuales son irreversibles. Dios perdona, restaura y empieza de nuevo con el que pecó, pero las marcas, recuerdos, castigos, vergüenza y consecuencias del pecado las tiene que llevar cada uno.

¿Por qué es tan difícil vencer las tentaciones?

Seguramente ya te habrás hecho esta pregunta. Realmente es impresionante estar enfrentando la tentación. Quedamos como embelesados por algo que conocemos como dañino. Nuestro corazón empieza a latir con más fuerza. El calor invade el cuerpo. En nuestros pensamientos hay como una nebulosa. Queremos salir, pero todo nuestro ser se resiste y se vuelve un torbellino descontrolado.

O. Hallesby, en su libro “Más allá de la religión”, describe de una forma acertadísima lo que sucede en todo nuestro ser al estar enfrentado con la tentación. Afecta cada área de nuestra personalidad.

  • Afecta los sentimientos: se inflama un furioso deseo por las cosas prohibidas. Son lo más importante e imperdible.
  •  Afecta el intelecto: debilita nuestro poder de discernimiento. Nuestra capacidad normal de discernir los valores desaparece y el pecado se ve cada vez menos peligroso y serio. Las personas más inteligentes pueden cometer los hechos más necios, de los cuales a menudo, se arrepienten toda la vida.
  • Afecta la voluntad: todas nuestras buenas resoluciones tomadas se paralizan, se derriten como cera frente al calor.
  • Afecta los pensamientos: tratamos de defender la actitud. No nos preocupa defender la verdad, sino nuestros propios deseos en el asunto. Hay una simulación interior y nos auto-engañamos. Nos negamos a reconocer que lo quisimos deliberadamente y aún buscamos a quién acusar del hecho.

¿Cuál es, entonces, el camino para llegar a la restauración?

Después de meditar en lo anterior, quizás te das cuenta que te estuviste alejando del Señor. Dejaste de lado la lectura de la Palabra de Dios y la oración. Te creías muy firme y capaz de lidiar con la tentación con tus propias fuerzas. Quizás tú también te encuentres calentándote las manos, sintiéndote bien en un grupito que sabes que no te conviene. Cambiaste la iglesia por amigos del mundo o creyentes mundanos, y te fuiste enredando cada vez más en los lazos del diablo. Puede ser también, que ya te encuentres en caída libre hacia el pecado o que ya lo hayas cometido. Quizás ya estás cosechando los tristes frutos de la amargura. Quizás tú también estuviste negando al Señor, directa o indirectamente, por callarte acobardado, por participar de cosas que no te convenían, dándole lugar al pecado en tu vida, y procurando disfrazarlo. Tu vida se convirtió en una farsa, en una pantalla. Tu conciencia te acusa. Tu vida está llena de amargura. ¿Habrá solución? ¡Gracias a Dios, sí la hay!

Si hemos caído ¿cuál es el camino a la restauración?
Un buen ejemplo es David. Después de adulterar, intentar engañar, ocultar su pecado y matar a Urías, llega el momento en que el pecado sale a la luz. Lo bueno es que no se excusa, no contraataca, sino que lo reconoce y se arrepiente. Hizo una profunda oración de arrepentimiento y de regreso al Señor (de la cual leemos en el Salmo 51:1 al 13).

Por lo tanto, la solución es: ¡vuelve al Señor! Arrepiéntete de tus pecados y faltas y Él hará nuevas todas las cosas. Una vez, un joven que había caído en pecado sexual con su novia, me preguntó qué tenía que hacer. Si lo confesaba, iba a poner en evidencia también a la novia, quedaría mal con la familia y la iglesia. Obviamente, siempre surge el miedo a lo qué dirán los demás, y las consecuencias si se confiesa el pecado. Pero, la Biblia es clara al respecto. Salomón, inspirado por el Espíritu Santo, escribió: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Pr. 28:13). Tu vida puede tener brillo otra vez. En vez de amargura, Dios te quiere dar paz y gozo. ¡Vuelve al Señor y Él lo hará!

Acusación de la conciencia (3ªparte)


Autor: Esteban Beitze

Tu vida se convirtió en una farsa, en una pantalla. Tu conciencia te acusa. Tu vida está llena de amargura. ¿Habrá solución?
Si hemos caído ¿cuál es el camino para la restauración?
Encuentra las respuestas al escuchar este esperanzador mensaje, acerca de la triste realidad de las caídas!!

 


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PE2150 – Estudio Bíblico
Acusación de la conciencia (3ªparte)



Amigos, ¿cómo están? Hemos llegado a la etapa de la: Acusación de la conciencia.

Después de escuchar cantar al gallo, dice en el versículo 61: “Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces”. ¡Cómo habrá sido esa mirada del Señor! Habrá sido una mirada de profunda tristeza y decepción. ¡Su amigo había negado conocerlo! ¡El que supuestamente tenía el valor de enfrentar cualquier situación apoyando al Señor, había fracasado estrepitosamente! Al ver la triste mirada de Jesús, Pedro se acordó de Sus palabras. Su conciencia no lo dejó tranquilo.

¿Cuántas veces habremos escuchado el tenue hablar de la voz del Espíritu Santo advirtiéndonos del pecado que estábamos por cometer y, luego de hacerlo, escuchamos la voz de nuestra conciencia que nos acusaba? Es de lo más desagradable, nos hace sentir infelices y fracasados. Pero, no sólo tenemos la acusación de la conciencia, sino que el enemigo, el diablo mismo también nos acusa. Primero nos incita a pecar, y luego nos acusa por haberlo hecho.

Quizás ahora el Señor te esté recordando algo que todavía no está en orden en tu vida. Algo que sabes bien que está mal, y acerca de lo cual ya escuchaste muchas advertencias de Él. Hazle caso. Arregla tu situación delante del Señor ahora, para que tengas, como dijo Pedro más tarde: una “buena conciencia” frente a los demás y especialmente “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios” (como leemos en 1 P. 3:16 y 21).

A continuación viene la etapa de la: Profunda tristeza.

¡Qué profunda tristeza inundó a Pedro después de fracasar tan trágicamente! ¡Había defraudado a su Señor, a su Maestro! El versículo 62 muestra cómo terminó esta trágica historia: “Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente”. Cuánto más recordaba su fracaso, más lloraba.

Así es la tentación. Se presenta como algo que tienes que tener a toda costa, como lo más apetecible. Pareciera que sin esto ya no puedes vivir. Te presenta al pecado con todos los colores del arco iris, con toda la belleza, placer o gloria que se pueda imaginar, pero nunca te muestra el final de la película.

Por ejemplo, te muestra el sexo fuera del matrimonio como algo que puedes y hasta debes disfrutar. Podrás disfrutarlo, pero no te muestra dónde y cómo termina la experiencia. La tentación exalta el goce de unos minutos, de satisfacer los deseos de la carne, pero no te muestra el posterior sentimiento de culpa. No te muestra embarazos no deseados, madres solteras con las vidas hechas añicos y niños generalmente sin padres y muchas veces sin hogar. No te muestra las consecuencias morales y los traumas psicológicos de los abortos. No te muestra las enfermedades venéreas, quizás hasta el sida. Si como sucede comúnmente, la relación entre los dos no prospera, queda el recuerdo de la primera vez – imborrable – que marca y nubla futuros intentos de relacionarse con otras personas. Quedan heridas y, a veces, hasta traumas que condicionan futuras actitudes y relaciones. La tentación te hace ver unos minutos de placer en todos los colores, pero no muestra cómo sigue y termina esta película: una vida marcada por el pecado, amargura, desdichada, sin sentido, malgastada, sin futuro promisorio y sobre todo, con la angustiosa carga de saber que fuiste en contra de la voluntad del Señor y Su Palabra.

Esto obviamente lo podremos aplicar a cualquier pecado. Muchos hoy lamentan y quisieran rebobinar esta película y borrar la parte en donde se equivocaron, pero ya no pueden.

Pedro lloró amargamente. Había deshonrado, despreciado y negado a su amado Maestro, a su amigo. Los sentimientos de fracaso y de sentirse miserable, debieron ser muy profundos.
Pero, existen dos tipos de amargura. El apóstol Pablo menciona ambas en 2 Corintios 7:10: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”.

1) Tristeza y amargura es lo que conlleva cada pecado. Es una vida destrozada por malas decisiones y acciones. Es la vida acusada por el diablo, que no encuentra paz ni reposo. Entra en un espiral descendente, amontonando más desastre sobre los escombros, y muchas veces termina mal. Es lo que dice David en el Salmo 1 acerca de aquellos que siguen el camino de la maldad: “pero el camino de los malos lleva al desastre” (vs. 6). Podemos añadirle todavía la tragedia que es no tener a Cristo en la vida. El pasaje recién citado, de 2 Co. 7:10, decía: “pero la tristeza del mundo produce muerte”. La Palabra de Dios afirma en Ro. 6:23 que: “… la paga del pecado es muerte…” El problema es que todos estamos en el grupo de los pecadores. Así lo afirma la Biblia, y las consecuencias son terribles: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (nos dice Ro.3:23). Todos somos culpables frente a Dios. Nuestros pecados nos separan de este santo Dios. Junto a Él, el pecado no puede existir, y por eso tiene que ser juzgado. Automáticamente existe separación entre Dios y las personas. Para colmo, el ser humano no puede hacer nada que alcance para ser aceptado delante de Dios. No lo salvan las religiones, las buenas obras, filosofías, ideologías o cualquier otra cosa hecha por esfuerzo humano, porque siempre estará marcado
por su naturaleza pecaminosa.

Pero, Dios mismo ideó un camino por el cual esta situación puede encontrar solución. Aunque merecemos la separación eterna de Dios, éste nos da un regalo. Ro. 6:23, sigue diciendo: “… mas la dádiva (el regalo) de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. El gran amor de Dios se demostró en el hecho que Él mismo entregó a Su propio Hijo para que muriera en nuestro lugar, porque dice en Ro. 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. ¿Por qué tuvo que morir Jesús? Porque alguien tenía que pagar la culpa de nuestro pecado. Como ya vimos, el pecado trae como consecuencia la muerte. Al morir en nuestro lugar, siendo Él completamente justo, canceló nuestra culpa, por lo cual Dios, si aceptamos este regalo, nos ve justos por medio de la sangre que Cristo vertió en la cruz. La Biblia dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

¿No necesitas esta salvación, esta paz? La salvación, el perdón de los pecados, la paz con Dios y la vida eterna están disponibles para todos aquellos que creen y aceptan el regalo de la salvación, no importando lo que hayan hecho o dejado de hacer. Pero, para que esto suceda hay que tomar una decisión, así como la tomó Pedro en su momento. La decisión que se requiere también la encontramos en la Biblia: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (nos dice Ro.10:13). En otras palabras, tienes que reconocer tu pecado, arrepentirte, pedirle perdón a Dios, y creer que Jesús murió en tu lugar en la cruz, pagando tu culpa, y aceptarlo como Salvador.

Pero, es una decisión muy seria. Las consecuencias de rechazar este regalo, que le costó nada menos que la vida del Hijo de Dios, son trágicas. Dice la Palabra de Dios, en Jn. 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. La incredulidad es el único pecado que Dios no puede perdonar. Ahora la decisión es tuya. De parte de Dios está todo hecho. Entonces, ¿cómo reaccionarás? Dios nos muestra que es algo urgente: “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Muy serio es el hecho de no escuchar la voz de Dios ahora, porque la Biblia también enseña que para los tales está preparado el infierno, la condenación eterna: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (afirma Ap. 20:15). ¡Esto sí será una tristeza para muerte; sí, la muerte eterna – separación eterna de Dios!