Viviendo por encima del promedio – II (4ª parte)


Autor: William MacDonald

El autor nos lleva a varios grandes momentos en el tiempo, cuando los cristianos tomaban los dichos de Jesús literalmente, amando a sus enemigos, perdonando a sus enemigos, devolviendo bien por mal, resistiendo sin represalias, dando sin esperar algo a cambio a la brevedad, sólo preguntándose: “¿Qué haría Jesús?”, y luego haciéndolo.

 


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PE2115 – Estudio Bíblico
Viviendo por encima del promedio – II (4ª parte)



¿Cómo están amigos oyentes? El siguiente testimonio se titula: Devolviendo odio con amabilidad.

Ustedes podrían inclinarse a pensar que el nombre Cubas le pertenece a un cubano. Pero no es así. Óscar Cubas era un hondureño que servía al Señor a lo largo de la frontera con Nicaragua. Fue el primer nacional encomendado al servicio del Señor a tiempo completo en las iglesias hondureñas. Fue una buena encomendación. El Señor lo utilizó para plantar una iglesia neotestamentaria en un pueblo llamado Tauquil.

Óscar no tenía estudios, era sólo un cristiano sencillo. Uno de sus grandes bienes era que tenía una profunda fe en la Palabra de Dios y un profundo deseo de compartir la Palabra con otros. Además de esto, buscaba practicar lo que aprendía en la Biblia, y esto significaba que era humilde, paciente, amoroso y amable.
El pueblo de Tauquil, sin embargo, era un nido de comunistas. La simpatía y la lealtad de las personas estaban con los sandinistas. Pero, a medida que más y más personas venían a Cristo y la iglesia crecía, se debilitaba la influencia comunista sobre la población. No era porque los creyentes se involucraran en la política; no lo hacían. Era sólo porque eran sal y luz, que su moral positiva e influencia espiritual comenzaron a hacer efecto.

En un momento, Óscar enfrentó un problema, del tipo de los que anima a cada siervo verdadero del Señor. A medida que la obra crecía, la iglesia comenzó a necesitar un edificio. Hasta ese momento los hermanos se habían reunido en los hogares, pero eso ya no era viable. Las casas de los creyentes eran demasiado pequeñas. Por esto, la iglesia compró parte de una propiedad, la mitad de la cual sería para la capilla y la otra mitad, una casa para Óscar y su familia.

En ese momento, los creyentes no se dieron cuenta que su propiedad era adyacente al terreno de Santos, uno de los líderes comunistas del pueblo. Este hombre no era amigo de los evangélicos. No había duda que resentía la manera en que el comunismo había perdido algo de su poder en Tauquil. Entonces comenzó a odiar a Óscar. Una vez, incluso, logró encerrarlo en la cárcel bajo el ridículo cargo de que había cortado un árbol seco. Cuando las autoridades investigaron y se dieron cuenta de cuán extraño era el caso, liberaron a Óscar.

¿Intentó Óscar tomar represalias? ¿Denunció a su vecino? ¿Buscó defenderse a sí mismo? No, a través de todo el maltrato que soportó, fue semejante a Cristo. Hizo que los pueblerinos se maravillaran por su comportamiento extraordinario. Las personas de Tauquil no eran así.

Cuando la capilla quedó terminada, Óscar comenzó a construir su casa. Estaba exactamente al lado de la cerca de Santos. La cocina era la habitación de la casa más cercana a la casa de Santos. ¡Perfecto! Esto le dio la oportunidad al descontento vecino de hacer lo peor. Construyó una letrina al aire libre, próximo a la cerca, haciendo que el hedor fuera hacia la cocina de Cubas, lo suficiente como para arruinar cualquier comida.

Óscar no dijo nada. Siempre saludó a Santos con simpatía y respeto. No pensaba en vengarse. En su sencilla fe, él creía que la batalla era de Dios. Estaba contento con quedarse quieto y ver la salvación del Señor.

La letrina no había sido una obra maestra de ingeniería. Un día, cuando Santos la estaba usando, colapsó por completo (aquí gentilmente extenderemos un velo sobre el resto de este escenario poco elegante). El humillado hombre se dio cuenta que había estado peleando contra Dios y que estaba perdiendo seriamente. Al igual que Saulo de Tarso, estaba dando patadas contra el aguijón. Ciertamente, él no quería una repetición de ese día.

Entonces, ahora pasamos a las buenas noticias. El sórdido episodio tuvo un final feliz. Fue el medio para traer a Santos a Cristo. Quien compartió esta historia con nosotros, dijo: “Lo maravilloso es que cuando Santos se rindió al Señor, se entregó completamente a Él. Ahora es un hermano cristiano comprometido en total fraternidad en la pequeña iglesia y le predica a otros activamente.”

El salmista dijo en Salmo 149:4: “Porque Jehová tiene contentamiento en Su pueblo”. Es fácil ver cómo puede complacerse en un hombre como Óscar Cubas. Este creyente casero ejemplificó a Cristo. Soportó pacientemente mientras hacía lo bueno. Eligió ser perjudicado más que mantenerse en alto por sus derechos. Oró por aquellos que lo perseguían y dejó que el Señor hiciera el resto. Él no tomó revancha.

Habiendo dicho esto, preguntemos por qué es que los cristianos no deben tomar revancha. La razón es que perdemos nuestra credibilidad de ser una sociedad alternativa, si nos comportamos exactamente como lo hacen otras personas. Parte de nuestro testimonio de Cristo y de Su gracia salvadora es una actitud de mansedumbre. En otras palabras, toda la misión de la Iglesia, el testimonio del evangelio, es afectado si los cristianos se rinden a la represalia o a la venganza.

Tenemos hoy un testimonio más. Se titula: Él puso la otra mejilla.

Ésta es una historia que parece surgir cada vez que estalla una guerra, y los hombres y mujeres son convocados para el servicio militar. Es imposible conocer la versión original. Sin dudas, ha ocurrido muchas veces.

El Dr. J. Stuart Holden, un predicador británico, dio una versión de la historia que podemos saber que es auténtica porque le fue contada a él directamente por uno de los participantes.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Holden conoció a un sargento británico en Egipto, quien era un cristiano extraordinario. Cuando Holden le preguntó cómo había llegado a la fe en el Señor Jesús, el sargento le explicó que antes de llegar a Egipto, fue colocado en Malta. Había un soldado en su compañía que era creyente, de esos que no se avergonzaban de testificar a otros hombres. Ellos se deleitaban en hostigarlo, pero esto no parecía molestarle.

El sargento dijo: “Una noche todos llegamos a los cuarteles, muy húmedos por la lluvia y muy cansados. Antes de meterse en su cama, este soldado se arrodilló y oró. ¡Le apunté y le di! Mis botas estaban pesadas por el barro, y lo golpeé en un lado de su cara con una de ellas Luego tomé la otra bota y se la arrojé al otro lado de su cara. Él solamente siguió orando. “A la mañana siguiente,” continuó el sargento, “encontré aquellas botas, al lado de mi cama, hermosamente lustradas. Ésa fue la respuesta del soldado a mi crueldad. Esto quebrantó mi corazón. Ese mismo día fui salvo.”

La reacción del soldado a la persecución del sargento fue un vívido retrato de las palabras del Salvador, de Lucas 6:29: “Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra”. Él no había seguido a su Maestro en vano.

Sólo agregaría una palabra de precaución. No deberíamos suponer que el abuso físico en las Fuerzas Armadas siempre estará seguido de un testimonio vibrante para Cristo. A menudo, creo, los hombres y mujeres del mundo tienen respeto por un creyente que tiene convicciones y quiere defenderlas. Incluso cuando un soldado actúa ofensivamente hacia un creyente, otros no creyentes a menudo rápidamente acuden en su defensa. El Señor adapta el viento para los más débiles. Él no nos da más de lo que podemos soportar en cualquier momento.

Él dijo: Renuncien a Todo (1ª parte)

Él dijo: Renuncien a Todo

(1ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1799 – Estudio Bíblico
Él dijo: Renuncien a Todo (1ª parte)



Queridos amigos oyentes, como ya dijimos, este mensaje está basado en Lucas 14: 25 al 35. Éstos deben ser los pasajes menos populares de la Biblia. Vamos a leerlos:

“Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: ‘Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga”.Vemos que en el versículo 25 dice:“Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo…”

El Señor le estaba hablando a la multitud, compuesta tanto de salvos como de no salvos. Allí dio una justa presentación de su mensaje, incluso a los no convertidos. No colocó sus mejores fresas en la parte más visible de la bandeja. Note el proceso de filtrado de Cristo: “Primero advierte, luego selecciona” (según Campbell Morgan). “Él nunca escondió Sus cicatrices para hacer discípulos”. En el capítulo anterior trató la temática del evangelio; en éste trata del servicio. Él quiere discípulos, no decisiones; quiere soldados reales, no de chocolate; quiere calidad, no cantidad. Recuerde que el ejército de Gedeón fue reducido de 32.000 personas a 300.

Veamos el versículo 26:“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”.El pasaje paralelo a éste, de Mateo 10:37, dice:“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”.La expresión“más que a mí”muestra que Jesús usaba un comparativo. Por lo tanto, colocar a Jesús en el primer lugar de nuestras vidas significa odiar las demás cosas, en comparación. Significa que Cristo debe estar en primer lugar. Todo otro amor, en comparación, debe ser como odio.

En Romanos 9:13, leemos que Dios dijo:“A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”. Su amor preferencial por Jacob, era como decir que odiaba a Esaú por comparación. No significa que odiaba a Esaú con una animosidad perversa, o vengadora, sino que amaba a Esaú menos que a Jacob, como se ve a través de Su elección soberana de éste último.

C. T. Studd temía que su novia le amara a él más de lo que amaba a Jesús, por lo tanto escribió este poema, para que ella lo repitiera cada día de su vida:

Jesús, te amo,
Tú eres para mí
Más querido
De lo que Charlie
Jamás podría ser.

Cuando el poeta Ruskin le propuso matrimonio a una dama cristiana, ella le preguntó:“¿Me amas más de lo que amas a Jesucristo?”Él tuvo que admitir que sí. Ella dijo: “Bueno, en ese caso,no puedo casarme contigo.”

Ruskin intentó nuevamente, incluso después que ella había contraído una seria enfermedad. Su respuesta aún era la misma. Poco después, ella murió.Cristo aún estaba en el primer lugar en la vida de ella.En el versículo 26, nuestro Salvador menciona a la esposa de un hombre. Existen muchos hombres piadosos que permiten que sus esposas los dominen. Si un hombre tiene una esposa mundana, le será muy difícil llevar a la práctica un discipulado serio. Pero, si es cristiano debe reconocer que, incluso su esposa, deberá estar en segundo lugar. La Sra. Spurgeon nos cuenta un relato interesante en el libro que narra la biografía de su esposo Charles:

Cuando Spurgeon era joven, tuvo que ir de lugar en lugar para encontrar un edificio lo suficientemente grande para recibir a las multitudes que venían a escucharle. Tenía poco más de veinte años cuando predicó en el Exeter Hall. El lugar estaba repleto. Él estaba comprometido y a punto de casarse con una joven llamada Susan Thompson. Una noche, él estaba en casa de ella y, luego, se dirigieron juntos al Exeter Hall para una reunión. Cuando llegaron allí, él se apresuró a salir del vehículo. Había una enorme multitud de gente. La policía trataba de regular el fluir del tránsito, pero le resultaba extremadamente difícil. Spurgeon tuvo que abrirse camino entre la multitud para llegar al salón. Estaba tan impresionado con la enorme cantidad de gente a la que debía predicarle el evangelio, que olvidó prácticamente todo, excepto su sentido de responsabilidad. Así que se abrió camino entre la multitud para, finalmente, llegar a la plataforma y dirigir la reunión.

Cuando todo había terminado, recordó que había llegado al salón en compañía de alguien más, pero la había perdido por completo entre la multitud. Trató de recordar si la había visto entre la congregación. Luego, recordó que no la había visto. Temió que estaba en problemas, así que después de la reunión se dirigió muy aprisa a la casa de la Srta. Thompson. Al llegar allí, le dijeron que no quería verlo. Ella estaba arriba, sollozando. Se había imaginado que ella era mucho más importante que toda la multitud. Él insistió en verla, y finalmente ella bajó.

Él le explicó su posición: “Estoy muy apenado, pero debemos entendernos en esto. Yo, en primer lugar, soy siervo de mi Maestro. Él siempre debe estar en primer lugar. Creo que viviremos muy felices si tú estás dispuesta a tomar el segundo lugar, pero siempre debe ser el segundo lugar con respecto a Él. Mi obligación, en primer lugar, es para con Él.”

Años más tarde, cuando aquel gran ministerio había culminado, la Sra. Spurgeon dijo que aquel día había aprendido una lección inolvidable. Aprendió que había Alguien que tenía el primer lugar en la vida de su esposo. Ella tendría el segundo. Ésa es una exigencia muy alta, ¿no es cierto? Pero es la exigencia de la Biblia. Cristo demanda el primer lugar.