Una Pequeña Ciudad en Judá y el Reino Venidero (3ª parte)

Una Pequeña Ciudad en Judá
y el Reino Venidero
 
(3ª parte)

Autor: Marcel Malgo

  En el momento en que Jesús vio la luz del mundo en Belén, la “casa del pan”, Él se convirtió en el cumplimiento literal de ese nombre. Miqueas 4 y 5 nos habla de esta pequeña ciudad en Judá que cambió drásticamente al mundo, y de lo que Cristo, el Rey de Israel, hará a favor de Su pueblo durante los mil años de su reinado.


DESCARGARLO AQUÍ
PE2004 – Estudio Bíblico
Una Pequeña Ciudad en Judá y el Reino Venidero
(3ª parte)



¡Qué tal, amigos! Como ya se dijo, comenzamos a hablar hoy de: El reino venidero. El rey que vio la luz del mundo, aquella vez, en la pequeña ciudad de Belén (mencionado en Mi. 5:2), volverá y gobernará esta tierra, tal como fue prometido en Miqueas caps. 4 y 5. El profeta explica en el capítulo 4:1 al 4 que:“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.”

Miqueas 4:1 al 3 es casi idéntico a Isaías 2:2 al 4. Eso significa que los dos profetas habían recibido el mismo mensaje a través de la inspiración divina. Puede haber algunas pocas diferencias en la selección de las palabras, pero tratan de lo mismo: ¡del reino venidero!

Los lectores de la Biblia para quienes la Palabra de Dios es su alimento diario, se alegran al encontrar dos textos proféticos tan idénticos. Para ellos, esto no es otra cosa sino una prueba infalible de la inspiración divina de las Sagradas Escrituras. No sucede así con los críticos de la Biblia. Ellos dicen: “Lo que pasa es que uno copió al otro. Después de todo, Miqueas e Isaías fueron contemporáneos. Deben haberse puesto de acuerdo, o haberse copiado los textos.” Una suposición de este tipo excluye el milagro de la inspiración.

Las Sagradas Escrituras nos muestran que si el Señor dice algo dos, o incluso tres veces, eso significa: Este mensaje no sólo es importante, sino sumamente importante, y es un asunto firmemente decidido por Dios. Esto también lo vemos en la historia de la vida de José. Cuando él estuvo en la prisión, el soberano egipcio soñó con siete años de abundancia y siete años de pobreza. Lo interesante es que el faraón tuvo ese sueño dos veces. Una vez vio como siete vacas flacas consumían a siete vacas gordas, y la próxima vez vio a siete espigas vacías consumir a siete espigas llenas. El mensaje de los dos sueños era el mismo. Eso es lo que José, a quien habían traído de la prisión para interpretar los sueños, le pudo decir al faraón. Además, leemos en Gn. 41:32 que José le explicó:“Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla”.

De modo que Dios envió el mensaje dos veces al faraón, porque era enormemente importante e irrevocable. Lo mismo sucede con la profecía sobre el reino venidero. Dicha profecía es tan imponente, tan irrefutable y tan firmemente decidida, que Dios la hizo proclamar, no solo por un profeta sino – casi literalmente – por dos profetas.

Como veremos: De Sión saldrá la ley. Una de las particularidades del reino de mil años, será que Jerusalén se convertirá en el centro ético-moral y religioso de la tierra (así leemos en Mi. 4:2). En el reino de mil años ya no habrá más antisemitismo, sino todo lo contrario, las naciones se guiarán totalmente por Jerusalén. Actualmente nos cuesta imaginarnos eso, porque Israel sigue siendo acorralado y tiene que tragarse una recriminación tras otra. Pero, ¡vendrá el día en que todo eso será diferente! Cuando el reino del Mesías esté establecido, Jerusalén será una ciudad majestuosa de honor y triunfo. Los pueblos y las naciones vendrán a ella por cantidades. Pero, ahora es completamente al revés: Jerusalén está rodeada de odio, hostilidad y aflicciones. Las naciones se apartan más y más de Jerusalén, el centro de Israel, y esta ciudad, hoy más que nunca, es el chivo expiatorio del mundo.

¿Qué exige eso de nosotros como cristianos del nuevo pacto? ¿Qué podemos hacer nosotros por Jerusalén, cuando todavía no se puede ver nada de lo que esa ciudad será en el reino de mil años? La respuesta es: intercesión. Dios el Señor quiere que oremos por Israel, tal como lo dice en Ezequiel 22:30:“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra…”  Y en Isaías 59:16, incluso, vemos que el Señor se sorprende por no encontrar intercesores:“Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia.”

Deberíamos interceder en oración por Israel, especialmente por Jerusalén, la ciudad del gran Rey, como Jesucristo la llamó (en Mt. 5:35). Pero, ¿cómo oraremos? En Romanos 10:1, leemos como el apóstol Pablo ora por Israel. Con fervor dice:“Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.”La oración ferviente por la salvación de muchas personas judías, es la oración más importante por Israel. Cuando hay personas que se convierten a Jesucristo en Israel, ya se siente algo del aliento del reino de mil años. Ese reino se destaca de otros por su paz y su seguridad. ¡Cuando un judío ahora encuentra a Jesús, tiene paz, tiene seguridad!

También en Salmos 122:6 encontramos un ejemplo de oración:“Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman.”Algunos creen que deberíamos pedir por la paz política de Jerusalén. Si bien ésa es una buena idea, sabemos que, en definitiva, todo tiene que suceder según el plan de Dios, tal como lo anuncia la Palabra profética. Cuando oramos por paz para el pueblo de Israel, deberíamos pensar especialmente en la paz del corazón, en la paz que sólo Jesucristo puede dar. Porque, cuanto más judíos alcancen hoy la paz, tanto más aliento del cielo, o sea aliento del reino de mil años, soplará a través de Israel ya ahora.

 

La Relación del Cristiano con la Ley y la Gracia (2ª parte)

La Relación del Cristiano con la Ley y la Gracia 
 (2ª parte)

Autor: Renald Showers

  El autor nos muestra como la relación del cristiano con la Ley mosaica es vista en forma muy diferente por la Teología del Pacto y por el Dispensacionalismo. Y, culmina, luego, dejando en claro, a través de diversos pasajes bíblicos, el hecho de que los cristianos no están bajo la Ley mosaica.


DESCARGARLO AQUÍ
PE1969 – Estudio Bíblico
La Relación del Cristiano con la Ley y la Gracia
(2ª parte)



  ¿Cómo están? Un fraternal saludo a todos nuestros amigos oyentes. Continuando con el tema, veremos hoy los:

 Comprobantes de que los cristianos no están bajo la Ley mosaica.El hecho de que los cristianos no están bajo la Ley mosaica queda claro a través de diversos pasajes bíblicos. En Romanos 6:14 y 15, Pablo determina dos cosas: que los cristianos (incluyéndolo a él) ya no están bajo la Ley, sino bajo la gracia. En Romanos 7:4, escribe que los cristianos, a través de la muerte física de Jesús, eran muertos a la Ley. Por el contexto, vemos que Pablo quiso demostrar que un cristiano que ha muerto frente a la Ley mosaica, está libre de toda obligación al respecto. En Romanos 7:6, Pablo nuevamente señala que el cristiano, cuando ha muerto frente a la Ley mosaica, ha sido liberado de ella. El término traducido como“desprender”significa “sacar del área de acción”. Esto significa que los cristianos han sido alejados del área de acción de la Ley mosaica. Pablo, sigue enseñando que ese traslado lleva a que los cristianos sirvan a Dios a la nueva manera del Espíritu, y ya no según la antigua manera de la Ley mosaica, de modo que su manera de practicar las normas absolutas de Dios se diferencian de la Ley mosaica.

En Gálatas 2:19, Pablo explica que él ha muerto a la Ley, para poder vivir para Dios. De esto se desprende que un creyente tiene que estar libre de toda atadura a la Ley, para que pueda tener verdadera vida espiritual. En Gálatas 3:19, testifica que la Ley era provisional y sólo debía estar vigente hasta la primera venida de Jesucristo, el descendiente de Abraham. Pablo añadió esta doctrina de lo provisional de la Ley, cuando escribió que la Ley sirvió como ayo (es decir como educador o ayo para la continencia moral), sólo hasta que viniera Cristo y nosotros fuéramos justificados por la fe, (en Gá. 3:23 al 25).

En Gálatas 5:18, Pablo escribe que aquellos que son dirigidos por el Espíritu, no están bajo la Ley, y en Romanos 8:14 muestra que a quienes toca este hecho son los cristianos. De modo que la declaración de Pablo en la carta a los gálatas, significa que los cristianos no están bajo la Ley. Y sigue señalando que no hay Ley que se dirija contra los frutos del Espíritu (que son formados por el Espíritu Santo en la vida de los creyentes) (de los cuales leemos en Gá. 5:22 y 23). Pablo quiere decir lo siguiente con esta explicación: El Espíritu Santo produce fruto justo en un cristiano. Como ese fruto, por naturaleza, es justo, y como la Ley mosaica fue dada para contener la injusticia (o la anarquía) (según Gá. 3:19), la Ley de Moisés no es necesaria como contrapartida al fruto del Espíritu. Eso significa que los cristianos no están bajo la Ley de Moisés.

Pablo explica que la Ley mosaica ha sido hecha a un lado por Jesucristo, a través de su muerte física en la cruz (Ef. 2:15 y 16). La palabra traducida como quitar de en medio significa “abrogar”. Detrás de esa frase, está la idea de que Dios, en el tiempo entre su aparición ante Israel en el Sinaí y la muerte de Cristo en la cruz, utilizó la Ley mosaica para dar validez, en Israel, a sus normas morales absolutas. Pero, cuando Cristo murió, él dejó de hacerlo de esa manera. Él deshizo su relación con la Ley y la abrogó. Por eso, los creyentes ya no están bajo la Ley desde el Gólgota, y tampoco están sometidos a la misma como regla moral.

La carta a los hebreos muestra que las Escrituras antiguotestamentarias enseñaban que el sacerdocio aarónico, finalmente, sería reemplazado por un sacerdote del orden de Melquisedec (como leemos en He. 7).  O sea, que ya en el Antiguo Testamento existía la conciencia de que el sacerdocio aarónico estaría temporalmente limitado. Sobre esa base, el autor de la carta a los hebreos da un paso más y explica, en el cap. 7, vers. 12:“Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de Ley”. F.F. Bruce, señala que la palabra que en este versículo es traducida como cambio, “no sólo indica un cambio, sino la abrogación.” El autor de la carta a los hebreos, de este modo, muestra que la Ley mosaica, a través de la cual fue instituido el sacerdocio aarónico, fue quitada de en medio, juntamente con éste, cuando Jesucristo abrogó el sacerdocio aarónico a través de la institución de su servicio sacerdotal según el orden de Melquisedec.

F.F. Bruce, escribe con respecto a esta doctrina: “A su vez, no fue sólo el sacerdocio aarónico el que debía ser reemplazado. Ese sacerdocio había sido instituido bajo la Ley de Moisés y, de ese modo, era un componente tan fijo de la misma que un cambio en el sacerdocio, ineludiblemente, llevaba también a un cambio en la Ley. Si el sacerdocio aarónico sólo cumplía un propósito temporalmente limitado y debía ser terminado cuando comenzara la era de la perfección, lo mismo tenía que suceder también con la Ley, bajo la cual había sido instituido ese sacerdocio. De este modo, nuestro autor, independientemente de Pablo, a través de su propia línea de argumentación, llega a la misma conclusión que éste: La Ley fue una institución temporalmente limitada,“nuestro ayo, para llevarnos a Cristo […] Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo”(como dice Gá. 3:24 y 25). […] Si quisiéramos, podríamos decir que Pablo estaba pensando más que nada en la Ley Moral, mientras que al autor de la carta a los hebreos le preocupaba más la Ley ceremonial. […] a pesar de que la diferenciación entre Ley moral y Ley ceremonial se remite a teólogos cristianos, y no a aquellos que veían toda la ley como la voluntad de Dios, y aun menos a los autores del Nuevo Testamento. Pero, en principio, Pablo y nuestro autor están de acuerdo en que la Ley era una institución temporal de Dios, y que sólo tuvo validez hasta que vino Cristo a introducir la era del perfeccionamiento.”

Como Jesucristo, con la abrogación del sacerdocio aarónico, quitó de en medio la Ley mosaica, está permitida la conclusión de que los cristianos hoy ya no están bajo la ley. Las pruebas presentadas en el presente artículo fundamentan dos deducciones: En primer lugar, en el caso de la Ley de Moisés, se trata de una unidad inseparable. De modo que, si alguien se coloca bajo la Ley moral, se compromete con eso a cumplir toda la ley (incluyendo las ordenanzas legales y de culto). Y en segundo lugar, los cristianos no se encuentran bajo ninguna de las áreas de la Ley mosaica.

 

La Relación del Cristiano con la Ley y la Gracia (1ª parte)

La Relación del Cristiano con la Ley y la Gracia 
   (1ª parte)

Autor: Renald Showers

  El autor nos muestra como la relación del cristiano con la Ley mosaica es vista en forma muy diferente por la Teología del Pacto y por el Dispensacionalismo. Y, culmina, luego, dejando en claro, a través de diversos pasajes bíblicos, el hecho de que los cristianos no están bajo la Ley mosaica.


DESCARGARLO AQUÍ
PE1968 – Estudio Bíblico
La Relación del Cristiano con la Ley y la Gracia ( 1ª parte)



Qué gusto estar nuevamente junto a ustedes, estimados oyentes. Comencemos viendo que: La relación del cristiano con la Ley mosaica es vista en forma muy diferente en la Teología del Pacto que en el Dispensacionalismo. La Teología del Pacto presenta la opinión de que si bien los cristianos de hoy en día ya no están sometidos a las ordenanzas de culto de la Ley mosaica, sí lo están a la Ley Moral (los Diez Mandamientos). No someterse a la Ley Moral significa lo mismo que anarquía. La Ley Moral refleja las normas morales absolutas de Dios que son inmutables, y aquel que no se somete a dicha Ley no tiene ninguna relación con esas normas. De este modo, a los cristianos le quedan sólo dos posibilidades – someterse a la Ley Moral, o ser anárquicos.

Contrariamente a esto, el Dispensacionalismo representa la opinión de que los cristianos actualmente no dependen en ningún área de la Ley mosaica, ni tampoco de la Ley Moral. Aquí es importante el hecho, que si bien la Ley comprendía tres partes (regulaba la esfera legal, la de culto y la moral), todo esto representaba una unidad inseparable. De modo que someterse a una parte de la Ley, conlleva la responsabilidad de cumplir toda la Ley. Si alguien está bajo la Ley Moral, también tiene que cumplir las ordenanzas legales y de culto.

Aparte de esto, no dice que una persona no tenga relación con las normas morales, inalterables y eternas de Dios, sólo porque no se encuentre bajo la Ley Moral. Por supuesto que la Ley trasmite el estándar de Dios, pero, simplemente representa un método que Dios utilizó para un grupo determinado de personas (el pueblo de Israel), por un tiempo determinado (desde la aparición de Dios ante Israel en el Sinaí, hasta la cruz de Jesucristo) (Al respecto podemos leer Dt. 4:8 al 14; y 5:1 al 22; y Gá. 3:19, 23 y 25).

Como las normas morales de Dios son eternas, eran y son válidas a través de toda la historia, aun antes de que Dios diera la Ley mosaica en el Sinaí. Eso significa que Él daba validez a sus normas morales inalterables de otra manera antes que Él diera la Ley, y que las mismas también pueden estar vigentes cuando ya no rige la Ley mosaica.

Por lo demás, es importante comprobar que ya antes de recibir la Ley existieron personas que vivieron una vida justa, de acuerdo a las normas morales absolutas de Dios. Algunos ejemplos son: Abel (He. 11:4); Enoc (Gn. 5:22 y 24; y He. 11:5); Noé (Gn. 6:9; y Ez. 14:14 y 20); y Job (Job 1:8; y 2:3; y Ez. 14:14 y 20). Es interesante ver que Dios clasifica a Noé y a Job (que vivieron sin la Ley mosaica) en la misma categoría de justicia que a Daniel (quien vivió bajo la Ley mosaica) (esto se menciona en Ez. 14:14 y 20). El hecho de que hubieron personas que antes de la institución de la Ley mosaica vivieron vidas íntegras, que correspondían al orden de Dios, muestra dos cosas: El ser humano puede estar en relación con las normas morales inalterables y eternas de Dios, sin estar bajo la Ley Moral; y es posible ser libre de la Ley Moral sin volverse anárquico.

Antes de la institución de la Ley en el Sinaí, Dios hizo valer sus normas morales absolutas sobre toda la humanidad, por caminos diferentes a la Ley. Desde la institución de la Ley hasta la crucifixión de Jesucristo, Él utilizó la Ley mosaica para Israel. Desde el Gólgota, él se ocupa del cumplimiento de sus normas eternas por un nuevo medio, que es superior a la Ley mosaica. Aunque los principios absolutos de Dios no han cambiado para nada, sí lo ha hecho la manera en que Dios los hace valer. La idolatría y el adulterio, por ejemplo, son cosas tan erradas a los ojos de Dios tanto después del Gólgota como en el tiempo de la Ley mosaica. Pero, desde la cruz, Dios ya no exige la pena capital para estos pecados (mencionados en 1 Co. 6:9 al 11), como era el caso durante el tiempo de la vigencia de la Ley mosaica (como leemos en Éx. 22:19; y Lv. 20:10). El medio nuevo y mejor que Dios utiliza para el cumplimiento de sus normas morales absolutas, se llamagracia.Ante lo expuesto antes de la pausa, se imponen dos conclusiones significativas: la libertad de la Ley Moral no incluye la libertad de las normas morales absolutas de Dios, sino sólo la liberación del medio por el cual Dios ejecutó sus normas – la Ley mosaica. Además, el cristiano tiene a disposición más de dos posibilidades, ya que no existen sólo el sometimiento a la Ley Moral y la anarquía. También existe una tercera posibilidad: quien, ante la imposición de las normas morales absolutas de Dios, se encuentra bajo sugracia, ya no es anárquico.

Veamos algunos: Comprobantes de que la Ley mosaica formaba una unidad inseparable.

La fe dispensacionalista en la indivisibilidad de la Ley mosaica, se basa en tres pasajes bíblicos. Pablo escribe en Gálatas 3:10:“Porque todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para hacerlas.” 

En Gálatas 5:3, Pablo determina:“Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la Ley.”La circuncisión era parte de la esfera de las normas de culto de la Ley, y Pablo enfatiza que la obediencia de un solo reglamento de la Ley ceremonial obligaba, a la persona correspondiente, a obedecer la Ley entera. Con eso, nuevamente enfatiza la inseparabilidad de la Ley.

Jacobo explica, en Stg. 2:10:“Porque cualquiera que guardare toda la Ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. Esto significa que, a través del quebrantamiento de un sólo mandamiento, la persona se hace culpable del quebrantamiento de toda la Ley, lo cual sólo puede suceder si la Ley mosaica es una unidad inseparable.

El hecho que la Ley mosaica era inseparable significa algo muy importante para la relación del cristiano con la Ley: Como es inseparable, el cristiano que se somete a la Ley Moral, se ve obligado a cumplir todos los mandamientos, en todas las áreas (ordenanzas legales, de culto y morales).

Ahora, veamos: Comprobantes de que los cristianos no están bajo la Ley mosaica.

El hecho de que los cristianos no están bajo la Ley mosaica queda claro a través de diversos pasajes bíblicos. En Romanos 6:14 y 15, Pablo determina dos cosas: que los cristianos (incluyéndolo a él) ya no están bajo la Ley, sino bajo la gracia. En Romanos 7:4, escribe que los cristianos, a través de la muerte física de Jesús, eran muertos a la Ley. Por el contexto, vemos que Pablo quiso demostrar que un cristiano que ha muerto frente a la Ley mosaica, está libre de toda obligación al respecto. En Romanos 7:6, Pablo nuevamente señala que el cristiano, cuando ha muerto frente a la Ley mosaica, ha sido liberado de ella. El término traducido como“desprender”significa “sacar del área de acción”. Esto significa que los cristianos han sido alejados del área de acción de la Ley mosaica. Pablo, sigue enseñando que ese traslado lleva a que los cristianos sirvan a Dios a la nueva manera del Espíritu, y ya no según la antigua manera de la Ley mosaica, de modo que su manera de practicar las normas absolutas de Dios se diferencian de la Ley mosaica.

 

El Cristiano y la Ley (4ª parte)

El Cristiano y la Ley 
(4ª parte)

Autor: Ger de Konning

  Que no se puede ganar la salvación cumpliendo los mandamientos, es algo que, en general, lo reconocen todos los cristianos. Pero qué pasa cuando se trata de la pregunta de qué tiene que ver la ley en la vida diaria de un cristiano. Esto y mucho más es lo que veremos en este instructivo mensaje de Ger de Konning: “El cristiano y la ley”.


DESCARGARLO AQUÍ
PE1965 – Estudio Bíblico
El Cristiano y la Ley (4ª parte)



Estimados amigos: Que el Espíritu more en el creyente, significa que éste debe dejarse guiar por el Espíritu y debe vivir por medio del Espíritu (según Gá. 5:16). Quien se deja guiar por el Espíritu y vive a través del Espíritu, ha sido liberado de ocuparse de sí mismo, de la Ley y de la carne. Pues el v. 18 sigue diciendo:“Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la Ley”. El Espíritu Santo vino a la tierra, no para dar poder a los creyentes para que cumplan la Ley, no para que el creyente se ocupe de la Ley y, a través de la misma, de sí mismo, sino para trasmitirle todo sobre Cristo y para glorificarlo a Él (como leemos en Jn. 16:13 al 15). Además, esto significa que aquél que se deja guiar por el Espíritu Santo, al mismo tiempo, cumple todas las sagradas exigencias de la Ley (como menciona Ro. 8:4). El Espíritu nunca llevará a alguien a infringir algún mandamiento de la Ley. Hacer lo que dice la Ley, en cierto modo, es la consecuencia automática de estar dirigido por Cristo. Sin embargo, todo esto se trata de que la Ley hace que el creyente se ocupe de sí mismo, mientras que el Espíritu hace que el creyente se ocupe de Cristo.

Veamos: La correcta aplicación de la Ley y de Cristo como regla de vida.Acerca de la correcta aplicación de la Ley, no se nos deja en incertidumbre. Inspirado por el Espíritu de Dios, Pablo explica su uso correcto, en 1 Timoteo 1:8 al 11. Estos versículos son de extraordinaria importancia para el creyente. Allí se nos instruye sobre el uso de la Ley “de acuerdo a la Ley”, es decir, el uso que está de acuerdo con su designación. El comprender esas instrucciones nos protege de usar la Ley erróneamente, y no aplicarla en una forma para la que no fue designada.

Primero, Pablo expresa su deseo de que aquel que usa la Ley, lo haga“conociendo esto, que la Ley no fue dada para el justo”. Un justo es aquel que ha sido declarado justo por Dios, sobre la base de la fe en Cristo (según Ro. 4:5; y 5:1 y 9). Sobre una persona así ya no puede ser aplicada la Ley, porque Cristo lo ha librado de todos sus pecados, Él mismo ha cargado con el juicio de los mismos. Cuando fue a la muerte, Cristo cumplió totalmente las exigencias de la Ley. Quien cree en Él, murió con Él en su muerte. Todo creyente es un “justo”, y de ahí que ya no tiene nada que ver con la Ley como medio de regular su relación con Dios. Pero la Ley es de Dios, y por eso es útil  cuando es aplicada correctamente, o sea, a la conciencia del pecador. La Ley puede convencer al pecador de que él es un pecador. Pablo menciona algunas categorías de pecadores, y finaliza en el v. 10 con una categoría que incluye a todas las demás (“y para cuanto se oponga a la sana doctrina”). La lista de pecadores deja en claro tanto la perdición interior del ser humano y su alejamiento de Dios, como también las acciones que resultan de dichos pecados. Todas estas acciones son infracciones directas de ordenanzas específicas de la Ley. Los pecados mencionados en este pasaje, sin embargo, no son condenados sólo por la Ley. Dichos pecados se encuentran en contradicción con la sana doctrina del Nuevo Testamento. De ahí que Pablonotermina la lista diciendo: “… y para cuanto se oponga a la Ley”, sino diciendo:“y para cuanto se oponga a la sana doctrina.”Es importante comprender eso. La sana doctrina es una medida muy superior a la Ley, para determinar lo que es pecado. La sana doctrina corresponde totalmente a la santidad de Dios. Esa doctrina es pura y limpia, y está en total acuerdo con“el glorioso evangelio del Dios bendito”. Dios es el Dios bendito, quien encuentra toda bendición en sí mismo, pero quien también quiere hacer participar a los seres humanos en su bendición a través del evangelio.

El evangelio sobrepasa largamente a la Ley. En el evangelio, Dios no habla a través del trueno y del relámpago desde el Sinaí, sino en la plenitud de su gracia y verdad en Cristo, para demostrar misericordia a los pecadores perdidos. En el Sinaí, la plenitud de Dios no era visible. Allí, Él dio a conocer sus exigencias. La gloria de Dios, al contrario, es la multitud de sus perfecciones, que se hicieron visibles en la vida del Señor Jesús en la tierra y, sobre todo, en la cruz. El“glorioso evangelio”revela la gloria de Dios en Cristo (2 Co. 4:4). Para eso han sido abiertos los ojos de los creyentes. El maravilloso efecto de ese evangelio, es que el creyente que trata con la gloria de Cristo está cada vez más en armonía con Él (según 2 Co. 3:18).

Eso lleva a Cristo como regla de vida, lo que significa que la regla de vida no es una lista de mandamientos (y menos aún de prohibiciones), sino una persona. No es por la Ley que el cristiano aprende cómo vivir para honrar a Dios, sino por mirar a Cristo. El Señor Jesús mostró cómo adorar a Dios y cómo servirle. Entonces, ¿el Señor Jesús no cumplía la Ley? Por supuesto que lo hacía, y lo hizo en forma perfecta. El cristiano, sin embargo, no es salvo porque Jesucristo haya cumplido la Ley. Jesús mereció la vida porque cumplió la Ley perfectamente. Pero, si Él hubiera regresado al cielo sin morir, nosotros estaríamos perdidos eternamente, condenados por la misma Ley que Él cumplió a la perfección. Por eso impresiona tanto que Cristo hiciera mucho más de lo que exigía la Ley. Él habla de un mandamiento que recibió del Padre, de dejar su vida y volver a tomarla (en Jn. 10:18). ¿Dónde pedía eso la Ley? En ninguna parte, porque no dice nada de eso en la Ley. El dejar su vida no nos puso en contacto con su obediencia frente a la Ley y con un Dios de exigencias, sino con su amor y con Dios como el dador (podemos comparar esto en Jn. 4:10).

¿Qué se puede esperar, entonces, de un cristiano que conoce al Señor Jesús y que Lo ha recibido a Él como su vida (como menciona 1 Jn. 5:11 y 12)? Que dé su vida por los hermanos (como leemos en 1 Jn. 3:16). ¿Dónde pide eso la Ley, de un cristiano? En ninguna parte, porque de eso no dice nada en la Ley. Del mismo modo, aprendemos de Él – y no de la Ley – cómo perdonar a otros:“… de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”(Col. 3:13). Se trata de las cosas que el cristiano escuchó de Cristo y que Cristo le ha enseñado (como menciona Ef. 4:20 y 21).

Si un cristiano tiene el sentir y la mente de Cristo, también actuará como Cristo. El sentir de la Ley, lleva a que unos a otros se muerdan y se ataquen (según Gá. 5:15), el sentir de Cristo lleva a que se le dé prioridad a los intereses de otros más que a los de uno mismo, como leemos en Fil. 2:5 al 8:“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¡Este salvador es el ejemplo y la regla de vida para nosotros los cristianos!