Tierra Prometida (2ª parte)

Tierra Prometida

(2ª parte)

Autor: Johannes Pflaum

La promesa de la tierra está ligada al pacto abrahámico, de Génesis 12:2: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Y como veremos e este mensaje: sólo hay alguien que puede solucionar definitivamente el tema de la tierra. Escuche con atención!



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PE1796 – Estudio Bíblico
Tierra Prometida (2ª parte)



Queridos amigos, terminamos el programa anterior hablando del asunto de la tierra desde el punto de vista de la historia del mundo.

Por todas partes está presente el tema de las “regiones ocupadas”.La opinión dominante es que Israel debe devolver esas regiones, supuestamente, ocupadas injustamente. Se sugiere constantemente que esos trozos de tierra pertenecían a los palestinos. Ésa es la base de la exigencia de la solución de dos estados. Pero, y así concluimos el programa anterior, surgen dos preguntas: Esa declaración ¿puede, siquiera, ser sostenida por los hechos históricos? Y, ¿quién ha ocupado, realmente, esas “regiones ocupadas”?

Vemos, entonces, en primer lugar, que es un hecho histórico que desde la toma de la tierra por parte de Israel, bajo el liderazgo de Josué, nunca ha existido un estado palestino autónomo en esa región, incluyendo la Franja de Gaza y Cisjordania. De la dispersión de los judíos, en los años 70 y 135 d.C., hasta el renacimiento del Estado de Israel en el año 1948, tampoco existió un estado árabe independiente dentro de las fronteras bíblicas de Israel. En cuanto a esto, la política mundial gira alrededor de una mentira histórica. Primero, Eretz Israel se encontraba bajo el dominio romano-bizantino. Después, fue conquistado por los persas, en el 614. En el año 629, el emperador Iraculis culminó el dominio persa cuando, poco después, llegó la conquista árabe-musulmana (638). La ocupación árabe, bajo diversos soberanos, fue sustituida en el 1071 por la de los selyúcidas. Después, comenzó el tiempo de las Cruzadas y de los combates, por la así-llamada Tierra Santa, relacionados con ellas, entre los participantes de las Cruzadas y los musulmanes.

Luego, los tártaros (pueblo turco) y los mamelucos (soldados egipcios), se alternaron como soberanos extranjeros sobre la Tierra de Israel. En 1517, éstos fueron sustituidos por el Imperio Otomano. En 1917, la tierra fue entregada a la Sociedad de las Naciones (precursora de las Naciones Unidas), bajo el mandato de Inglaterra. Y en 1948, finalmente, fue tomada otra vez por Israel.

Para ser exactos, no existe siquiera un pueblo mismamente palestino, que se diferencie de los demás árabes en cultura, religión o descendencia étnica. Los así-llamados palestinos no son otra cosa sino árabes musulmanes, o cristianos, quienes durante el tiempo de la dispersión del pueblo judío se habrían radicado dentro de las fronteras bíblicas de Israel.

En este contexto, también, es significativo seguir la historia de la Franja de Gaza y de Cisjordaniahasta antes de la Guerra de los Seis Días de 1967. Ambas regiones, en aquel tiempo, se habían encontrado durante 19 años bajo la ocupación de poderes extranjeros. La Franja de Gaza fue región de ocupación egipcia, y Cisjordania región de ocupación jordana. Tanto Egipto como también Jordania habían integrado esas regiones, contrariamente al derecho internacional, durante la guerra de existencia israelí en 1948. Es interesante ver que, en ese entonces, no surgió ningún tipo de indignación en el mundo árabe por esa manera de proceder. Y lo extraño es que durante los diecinueve años de ocupación, por parte de Egipto y de Jordania, tampoco fue elevada a voz en cuello la exigencia de un estado palestino independiente. Recién cuando Israel conquistó esa región, fue que se comenzó a hablar de “regiones ocupadas” y se comenzó a clamar fuertemente por una Palestina autónoma. Y eso, a pesar de que el gobierno israelí concedió a la población “palestina” libertades y derechos básicos, que muchos árabes ni siquiera los tienen en los países vecinos. Además, después de la conquista de Jerusalén Oriental en 1967, Israel concedió a la población musulmana libre acceso a sus santuarios. Un privilegio que los judíos durante la ocupación jordana, después de 1948, no tuvieron. En ese tiempo, más bien, fueron profanados los cementerios y los edificios religiosos judíos.

Y ahora, en la actualidad, se exige constantemente que Israel se retire a las fronteras del 4 de junio de 1967. En todo esto, olvidan totalmente que ésas no eran fronteras en el sentido del derecho internacional, sino que correspondían a las líneas de cese de fuego de 1948, con la correspondiente separación de tropas de la guerra por la existencia. Quiero mencionar aquí, expresamente, que la resolución de división de 1947 preveía la separación de esa región en un estado judío y uno árabe. Mientras que los judíos se declararon conformes con esa división, la misma fue rechazada con vehemencia por la parte árabe. Hasta el día de hoy, la propaganda islámica demanda rotundamente la tierra “desde el mar hasta el río” (Mar Mediterráneo hasta el Jordán), de modo que un estado AP autónomo, o una así-llamada solución de dos estados, desde el ángulo islámico, sólo puede ser visto como una solución transitoria de camino a la “liberación de la Palestina entera”.También hay que mencionar que la muy fatigada Resolución 242 de la ONU, estudiándola a fondo, no exige la retirada de Israel de todas las áreas “ocupadas”, como actualmente se cita. La exigencia recién fue elevada por las diversas organizaciones terroristas palestinas, al igual que por los pueblos árabes vecinos, quienes sienten la existencia de un estado judío, o de Israel, hasta ahora, como una imperdonable “espina en el ojo”. La supresión de la palabra “todos”, en la Resolución 242 de la ONU, no fue un infortunio ocurrido durante la redacción del texto. Esta palabra, más bien, a propósito no fue puesta en la resolución, para no predeterminar la amplitud de la retirada israelí o fijarla de modo equivocado. En las discusiones actuales, también se pasa por alto, en este contexto, que Israel, con la devolución de la Península del Sinaí a Egipto, ya ha desocupado más del 90% de todas las áreas “ocupadas”.

Anteriormente al Plan de Partición de la ONU de 1947, no existía ningún país árabe en la región del actual Israel. Después de la Primera Guerra Mundial, la región “Palestina” más bien se encontró bajo administración británica, estando así a merced de los intereses coloniales británicos-franceses. Y más del 80% de la región denominada como Palestina, se encontraba fuera de las fronteras del actual Israel, incluyendo la Franja de Gaza y Cisjordania. De esta gran parte de la región, denominada como Palestina, los británicos en 1921 separaron a Transjordania, puramente por razones políticas de poder. Tengamos en cuenta que éste era un país puramente árabe, con un área mucho mayor del que tiene el actual Israel.

Antes de que a Inglaterra, después de la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de las Naciones le entregara el mandato de la región denominada “Palestina”, la Tierra de Israel se encontraba, desde hacía cuatrocientos años, bajo la ocupación del Imperio Otomano, es decir de Turquía. Anteriormente a estos cuatrocientos años, nos encontramos con la triste historia de la Tierra Santa bajo la cambiante ocupación de los conquistadores islámicos y los de las Cruzadas cristianas.

De este modo, la Tierra de Israel,desde la dispersión de los judíos por parte de los romanos, hasta su renacimiento como estado en 1948, siempre estuvo a merced de cambiantes poderes de ocupación. Mirándolo desde el punto de vista bíblico, también la Franja de Gaza y Cisjordania fueron reconquistados en la guerra preventiva de 1967 – después de casi 2.000 años de historia de ocupación en mano de diversas naciones. En base a la historia dolorosa y cambiante de esta Tierra de Israel, suena casi cínico decir que Israel es un “poder de ocupación”, y más, aún, porque la población árabe de la Franja de Gaza y de Cisjordania tiene la posibilidad de integrarse al actual Estado de Israel, en caso de que así lo quieran.

Hablemos ahora de Israel:Entre la toma y la entrega de tierras.Como Dios ha elegido a la Tierra de Israel, los pueblos siempre tienen que tratar con Él en lo que se relaciona con Su tierra. Pero, aun así, hay una diferencia entre el tiempo en el cual la Tierra de Israel se encontraba desolada por la dispersión del pueblo – como dice Joel, cuando la higuera estaba comida y pelada – y el tiempo en el cual el Señor ha comenzado con la repatriación de Su pueblo – cuando la higuera comienza a florecer. En este tiempo vivimos, en cierto sentido, desde 1948.

Se nos acaba el tiempo, así que continuamos en nuestro próximo encuentro. ¡Hasta entonces, Dios los bendiga!

Tierra Prometida (1ª parte)

Tierra Prometida

(1ª parte)

Autor: Johannes Pflaum

La promesa de la tierra está ligada al pacto abrahámico, de Génesis 12:2: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Y como veremos e este mensaje: sólo hay alguien que puede solucionar definitivamente el tema de la tierra. Escuche con atención!



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PE1795 – Estudio Bíblico
Tierra Prometida (1ª parte)



¿Cómo están amigos? En este mensaje veremos como Israel está entre la toma de tierras y la entrega de tierras. Como ya dijimos en la introducción, la promesa de Génesis 12:2 es:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”.La promesa de tierra para Israel está ligada al pacto abrahámico y no al pacto sinaítico. Esta declaración bíblica básica es importante. ¿Por qué? Porque el pacto sinaítico se ha quebrado, o sea, se ha cumplido en Cristo. Si la Tierra Prometida estuviera ligada al pacto sinaítico, se debería considerar la promesa de tierra como ya no válida, ya que ese pacto se ha quebrado (es decir, cumplido).

El pacto abrahámico, al contrario, es un pacto totalmente unilateral, cuya realización dependía totalmente del lado de Dios. Eso queda claro en Génesis 15:9 al 18. Allí se dividió una becerra, una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino. Los participantes, en ese tiempo, para cerrar el pacto pasaban entre medio de los trozos de los animales. Pero, aquí solamente pasó Dios por entre medio de los trozos de los animales, y no Abraham. En conexión con este pacto unilateral de Dios, es que se repite y se afirma otra vez la promesa de tierras a Abraham, de modo que también son válidas, para la promesa de tierra dada a Israel, las palabras de Romanos 11:29, según la cual los dones de gracia y los llamados de Dios son irrevocables. Ésta es la razón por la cual la fe en las promesas de Dios, está inseparablemente ligada a la fe en la promesa de la tierra para Israel.

¿A quien le pertenece la Tierra de Israel?Quizás usted se asombre de lo que diré a continuación. La tierra no le pertenece a Israel. Le pertenece a Dios. En Levítico 25:23, el Señor dice:“La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo.”Y en Joel 3:2, Dios expresa su lamento sobre las naciones diciendo:“… repartieron mi tierra.”Más adelante volveremos a este pasaje, pero ahora queremos resaltar que el verdadero dueño de la tierra, en definitiva, no es ni siquiera Israel, sino Dios mismo. Pero, eso no desactiva de modo alguno el asunto de la tierra, sino que lo convierte en un tema aún mucho más escabroso que si la tierra “solamente” perteneciera a Israel.

Cuando usted lea el libro de Joel, trate de prestar atención a los pasajes en los que Dios dice “mi”, dejando en claro con eso que, en la forma más estricta, se trata de Su pertenencia y de Su propiedad. En Joel 1:7, el Señor lamenta que una nación haya desolado: “mi vid y mi higuera”. Leyendo el contexto, en el versículo 6 queda claro que la higuera desnudada se refiere a la tierra y al pueblo de Israel. A través del juicio de Dios y del tiempo de la dispersión, la higuera realmente quedó desnuda, corroída y pelada. En Joel 2:22, leemos que la vid y la higuera nuevamente llevarán abundante fruto. Allí, en contexto con el capítulo 1, sólo puede tratarse del Israel salvado en el Reino Mesiánico. Y vemos que la higuera está llena de frutas.

Ante ese escenario del profeta Joel, comprendemos la conexión con el conocido pasaje de Mateo 24:32:“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.”Ésta es la fase anterior a que la higuera lleve abundante fruto, y ahí nos encontramos hoy, desde 1948. La tierra de Israel, por mucho tiempo, estuvo devastada por las naciones, y el pueblo fue dispersado. Pero, después que la higuera realmente quedó desnuda, visiblemente para todos, a partir de la fundación del Estado de Israel, ha vuelto a producir hojas. Y luego, vendrá la próxima fase, cuando el Señor salve a Su tierra y a Su pueblo, para que la higuera esté llena de frutos para su Señor.

Veamos ahora:El asunto de la tierra, desde el punto de vista bíblico. En el Salmo 24, leemos que la tierra entera pertenece al Dios vivo. Ahora, podríamos decir que, entonces, el mundo entero le pertenece al Señor y que todos los seres humanos son Su propiedad (aun si no es así en el sentido de salvos, sino en el sentido de derecho de posesión y propiedad). Y aún así, el Señor escogió para Sí, en forma especial, a un pueblo de entre las naciones, y a un país de entre los países de la tierra. Este pueblo y esta tierra son el pueblo y la tierra de Israel. Por eso, en Deuteronomio 10:15 está escrito:“Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.”Y en Deuteronomio 11:12, dice:“Tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin.”Nuestro Señor es omnisciente y omnipresente. A Él no se le escapa nada en este mundo. Y aun así, Su atención está dirigida especialmente a la tierra de Israel y a todo lo que tiene que ver con la misma. En Israel, a su vez, se encuentra Jerusalén, la ciudad que Dios ha escogido. Por eso, el Señor ama las puertas de Sión más que todas las demás puertas de Jacob, como lo expresa el Salmo 87:2. Con esto, también queda claro que el amor de Dios no es simplemente un amor común. Dios ama a toda la humanidad. Él la quiere salvar. Pero, también existen objetos especiales de Su amor – como ser Israel y, dentro del mismo, Jerusalén. Del mismo modo, Su iglesia es un objeto especial de Su amor.

La tierra de Israel le pertenece a Dios.Eso tiene enormes consecuencias: por un lado, para las naciones, en cuanto a su trato con esta tierra, y por otro, también, para Israel. Por esta razón, el pueblo escogido, Israel, no puede proceder con la tierra según su propia discreción. Sólo al Señor le pertenece la tierra de Israel. Pero, Él no la ha destinado a nadie más que a Su pueblo Israel. Esto es lo que el mundo actual no puede comprender. Ésa es la razón por la cual todos los esfuerzos diplomáticos e intentos de encontrar una solución – por mejor intencionados que sean – están destinados a fracasar. Sólo hay alguien que puede solucionar definitivamente el tema de la tierra, y es nuestro Señor mismo.

Veamos ahora:El asunto de la tierra, desde el punto de vista de la historia del mundo.Es interesante ver que la historia tiene que darle la razón al punto de vista bíblico. Por todas partes, en la política y en la prensa, están presentes las “regiones ocupadas”. Con eso se refieren, más que nada, a la Franja de Gaza, a Cisjordania y a Jerusalén Oriental. Durante la Guerra de los Seis Días, del año 1967, esas regiones cayeron en manos de los israelíes.

Desde entonces, según la opinión dominante del público mundial, Israel como potencia ocupante debe devolver esas regiones que ellos, supuestamente, ocupan injustamente. En realidad, según se nos sugiere constantemente, esos trozos de tierra le pertenecían a los palestinos. De modo que esas regiones, son la base de la fuerte exigencia de una solución de dos estados y, con eso, de un estado propio para los palestinos. Pero esa declaración, ¿puede, siquiera, ser sostenida por los hechos históricos? Al considerar más a fondo las conexiones, se nos debe permitir la pregunta: ¿Quién ha ocupado, realmente, esas “regiones ocupadas”?

70 semanas (2ª parte)

70 semanas

(2ª parte)

Autor: Norbert Lieth

«Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón» (asi dice Apocalipsis 13:11). Veremos en este mensaje que la segunda bestia es el falso profeta, que utiliza su poder, autoridad e influencias, para promocionar al Anticristo.



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PE1763 – Estudio Bíblico
70 semanas (2ª parte)



Queridos amigos, en Apocalipsis 12, también reconocemos claros paralelismos con el libro de Daniel. Vemos:

*cómo el pueblo judío, nuevamente, se encuentra en el centro de la historia de la salvación,
*cómo aparece el arcángel Miguel y destierra a Satanás y a sus demonios de las esferas celestiales,
*cómo Satanás descarga toda su ira sobre esta tierra,
*cómo Satanás persigue cruelmente al pueblo judío,
*cómo un remanente judío escapa al desierto en este tiempo, y es preservado por Dios, y
*cómo Israel, finalmente, es salvo.

Este tiempo de angustia pertenece, por lo tanto, al tiempo en el cual el pueblo judío es salvo, lo que hasta ahora no ha sucedido. Ésa es, seguramente, una explicación de por qué la gran tribulación, de la que hablan Daniel y Jesús, no pertenece a otro tiempo que al de poco antes de la venida de Jesús, el cual se describe en Apocalipsis y en el Evangelio de Mateo.

Daniel, en el cap. 7, vers. 13, ve la venida del Hijo del Hombre en las nubes:“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él”. De la misma forma, Jesús habla sobre su venida como Hijo del Hombre, en Mateo 24:27, y 29 al 30:“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. … E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

La denominación“Hijo del Hombre” es tomada de la profecía de Daniel, en el cap. 7, vers. 13. Siempre se encuentra en relación con Israel, así como las 70 semanas también se refieren a Israel. La encontramos aproximadamente 80 veces en los cuatro evangelios; solamente 30 veces en el Evangelio de Mateo (el evangelio para los judíos), y una vez en la carta a los Hebreos (cap. 2, v. 6), en el cual se trata de una cita del Salmo 8:5. Además, hay que tomar en cuenta que la carta a los Hebreos se dirige, en primer lugar, a la línea de los judíos (hebreos). En cambio la denominación“Hijo del Hombre”no se encuentra ni una vez en las cartas de Pablo, el apóstol del mundo de los gentiles. Recién en el libro de Apocalipsis es utilizada nuevamente. La introducción del último libro de la Biblia, comienza utilizando este nombre para Jesús, y de ahí, también, sabemos lo que describe el Apocalipsis: la restauración de Israel y la segunda venida del Hijo del Hombre; el cumplimiento de la última semana. Leemos en Ap. 1:13:“… y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre”.

A Daniel se le dice claramente, en el cap. 9, vers. 24, que las setenta semanas incumben exclusivamente a su pueblo:“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad”. Las declaraciones de Jesús sobre los tiempos finales, en Mateo 24:30, van en la misma dirección:“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra”. Otras traducciones agregan:“… y se golpearán el pecho”.


“Todas las tribus de la tierra”
se refiere a Israel, y pienso que esto también tiene su paralelo en Apocalipsis 1:7:“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”. Las “lamentaciones de todas las tribus”, también las encontramos en el Libro de Zacarías, cap. 12, vers. 10 al 12: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadadrimón en el valle de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte…” ¿Quién es el que habla aquí? Sin duda el Dios todopoderoso (Jehová). Sólo Él tiene el poder de derramar el Espíritu de Dios (acerca de esto podemos ller Juan 15:26; Hechos 1:7 y 8; y Joel 3:1).

Este Dios, por lo tanto, habla primeramente sobre sí mismo y dice que Israel verá al que han traspasado y, al mismo tiempo, al “Hijo unigénito”. Es una prueba más de que Dios Jehová y el Hijo son uno mismo. Esto también lo aclara Apocalipsis 1:7 y 8: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (y también podemos comparar con cap. 21:3). Jesús vuelve en las nubes (así se dice en Daniel 7:13; y en Mateo 24:29 y 30). Y entonces le verán los que le traspasaron, según la declaración de Zacarías. Éste que regresa se presenta como el omnipotente, el que es y el que era, y el que ha de venir. Jesús es desde la eternidad, estuvo, en el tiempo, como hombre entre nosotros, y volverá.


“Golpearse el pecho”es una exteriorización de aflicción, lamentación y arrepentimiento, exactamente como lo hizo el publicano en Lucas 18:13: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Dios, sé propicio a mí, pecador!”.

En Mateo 24:32 y 34, leemos: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”.

“Esta generación” puede significar tribu, raza, nación, pueblo o generación. La mayoría de los expositores son de la opinión de utilizar la traducción “pueblo”. Eso también coincide con el contexto de Mateo 24. Israel no se hundirá, a pesar de la doble condenación y “maldición” (como lo podemos ver en la higuera).


Las tres menciones de la higueraen los evangelios son un triple mensaje que ejemplifica la historia y el futuro de Israel. La higuera en Lucas 13:6 al 9 demuestra la infertilidad de Israel, después que el Señor había obrado tres años entre ellos. La higuera seca por la maldición del Señor en Mateo 21:19, muestra el desecho de aquella generación de Israel, para la cual ya no había retorno. La higuera que rebrota en el discurso de Jesús sobre los últimos tiempos, en Mateo 24:32, indica un renacer de Israel al final del tiempo, poco antes del surgimiento del reino mesiánico.

Mateo 24:3, nos dice: “Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Con esta pregunta, los discípulos no querían saber acerca de la cuestión del fin del mundo, como Lutero tradujo equivocadamente, sino acerca de las señales del fin de este tiempo y el establecimiento de un nuevo tiempo, el tiempo del reino mesiánico. Otras traducciones dicen más acertadamente: “… culminación del tiempo”, o “… culminación de este tiempo”. El nuevo despertar de Israel, es una señal de que vamos hacia un nuevo tiempo y que Jesús pronto volverá para levantar su reino sobre esta tierra. Charles H. Spurgeon (que vivió entre 1834 y 1892), escribió en su época: “Creo que no estamos valorando lo suficiente el significado de la restauración de los judíos. No pensamos lo suficiente en eso. Pero, ciertamente, si hay algo que la Biblia promete, es eso”.


De la higuera aprended la analogía (3ª parte)

Autor: Wim Malgo

La higuera, un imagen de Israel y también una analogía profética sobre el fin de los tiempos.
“De la higuera aprended una analogía…” En el contexto se nos presentan tres figuras
que vamos a estudiar más a fondo en esta oportunidad.


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Estimado amigo, proféticamente parece que ya se está perfilando la futura salvación de Israel en su propia restauración.

Para estudiar este punto nos dirigimos nuevamente hacia el Rey Ezequías, quien ya se enfrentaba a la muerte pero imploraba al Señor, con lágrimas, por su sanidad. Dios dejó que rogara y dijo a Isaías: “Vuelve y di a Ezequías, el soberano de mi pueblo: Así ha dicho Jehová, Dios de tu padre David: `He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí, te voy a sanar; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Añadiré quince años a tus días, y libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiría. Defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David. Entonces Isaías dijo: — Tomad pasta de higos. La tomaron y la pusieron sobre la llaga; luego sanó” (2 R. 20:5-7).

Así como Ezequías, también Israel se encontrará en gran agonía todavía, porque todas las naciones de la tierra se reunirán en Armagedón, en el tiempo de la gran tribulación, y se levantarán contra Israel para destruirlo completamente. Pero, entonces, este pueblo en agonía hará como Ezequías, y clamará al Señor con sus últimas fuerzas: “¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob! Tú, nuestro Mesías, ven y sálvanos de nuestros enemigos!” El dejará que rueguen y sanará a Su pueblo, e Israel otra vez podrá entrar al templo, porque Jesús establecerá el templo del Reino Milenial. El vencerá a los enemigos de Israel y protegerá la ciudad de Jerusalén.

La historia de Ezequías, en su contexto, combina con las declaraciones de Dios sobre el futuro de Israel y la venida de Jesús. Así, quizás, ya podemos ver en la venda de pasta de higos un paralelo con la higuera restaurada de Mateo 24: “De la higuera aprended la analogía…” ¿Y no es interesante, si no profética, la declaración “…al tercer día subirás a la casa de Jehová”? Pedro dijo: “Pero, amados, una cosa no paséis por alto: que delante del Señor un día es como mil años y mil años como un día” (2 P. 3:8). Desde la primera venida de Jesús a Belén ya han pasado dos mil años (dos días divinos). No en vano Dios, después de 1948 años, nuevamente ha convertido a Israel en un pueblo, en la tierra prometida, y le ha devuelto la ciudad de Jerusalén en el año 1967. ¿Subirá Israel nuevamente a la casa del Señor al “tercer día”? No sabemos ni siquiera el tiempo exacto de la venida de Jesús por Su Iglesia, ni el día de la venida para Su pueblo Israel. Pero vemos y experimentamos en nuestros días la restauración de la higuera: Israel es encaminado hacia su sanidad. Y el Señor Jesús ha prometido específicamente: “De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:34-35).

Como último veremos el tercer imagen:

La higuera como maestra de las intenciones salvadoras de Dios.

Antes quiero hacerle recorta a mis oyentes que quizás hoy nos sintonizan por primera vez los primero dos imágenes:

1. La higuera como maestro del camino correcto a la verdadera justicia, válida y permanente.

2. La higuera como maestro de salvación.

Bueno, y ahora sí el tercero:

La higuera como maestra de las intenciones salvadoras de Dios.

En Lucas 17:5-6 leemos: “Los apóstoles dijeron al Señor: – Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: – Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: `¡Desarráigate y plántate en el mar!’ Y el árbol os obedecería.”

Algunas cosas como explicación: El árbol mora-higuera (sicómoro) también es llamado higo de burro, y es el tipo de árbol sobre el cual subió Zaqueo (Lc. 19) para encontrar a Jesús. El Diccionario Bíblico dice entre otras cosas: “El sicómoro puede llegar a una altura de hasta 16 metros y alcanza una circunferencia de hasta 10 metros. La madera es firme, uniforme y muy sólida, y, después de la madera de cedro, es la mejor para los trabajos de carpintería”.

Y, ahora, el Señor Jesús indica un árbol grande de este tipo y dice a Sus apóstoles, quienes eran judíos: “Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: ¡Desarráigate y plántate en el mar! Y el árbol os obedecería.” Pienso poder decir que, proféticamente, se cumplió justamente eso, porque es exactamente esto lo que ocurrió con la higuera, Israel, que se enorgulleció en el tiempo de Jesús. Los israelitas fueron desarraigados de su patria judía y trasplantados al mar de las naciones. Esa fue la intención salvadora de Dios y se convirtió en bendición para los pueblos. Por la fe de los apóstoles, quienes también eran judíos y, por lo tanto, provenían de la higuera, el evangelio fue llevado a los gentiles.

De este desviar (desarraigarse) del evangelio de Israel hacia las naciones, habla la Biblia en Hechos 13:46-47: “Entonces Pablo y Bernabé, hablando con valentía, dijeron: — Era necesario que se os hablase a vosotros primero la palabra de Dios; pero ya que la habéis desechado y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. Porque así nos ha mandado el Señor: Te he puesto por luz a los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.” El desarraigamiento espiritual de Israel tuvo también luego, como consecuencia, el desarraigamiento nacional: en el año 70, después de Cristo, los judíos fueron dispersados por todo el mundo. Los apóstoles tuvieron la fe de trasplantar la bendición de Israel al mar de las naciones. Su Mesías nos fue traído a nosotros como el Cristo. A esto, el Señor Jesús ya se había referido una vez cuando dijo: “Por esta razón os digo que el reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a un pueblo que producirá los frutos del reino” (Mt. 21:43).

Lo que parecía ser un juicio y — en cierto sentido, con reserva, lo es también — resultó ser un dirigirse de la bendición hacia los gentiles. A eso es a lo que se refiere Pablo en su palabra a los judíos cuando explica, que según Isaías 49:6, es necesario convertirse en salvación y luz para todos los gentiles. Al transplantarse la “mora-higuera” al mar de las naciones, nosotros llegamos a tener parte de la “bendición y de la savia de salvación” de la higuera. Con respecto a esto, Pablo dice en Romanos 11:11: “¿Acaso tropezaron para que cayesen? ¡De ninguna manera! Más bien, con la transgresión de ellos ha venido la salvación a los gentiles…”

Ahora, sin embargo, las cosas no quedan ahí, en el desarraigamiento de Israel. La palabra profética de la Biblia promete a la higuera que será restaurada en la tierra de los padres — lo que está sucediendo desde 1948 y continuará sucediendo — y, así, también vuelve la bendición a su tierra y a su propio pueblo. La higuera nuevamente se arraigará y dará frutos. Por eso Pablo continúa diciendo: “Y si su transgresión es la riqueza del mundo y su fracaso es la riqueza de los gentiles, ¡cuánto más será la plena restauración de ellos!” (Ro. 11:12). Este nuevo arraigamiento de la higuera, Israel, en su tierra, para la restauración nacional y espiritual, también es enfatizada en Romanos 9:26: “Y será que, en el lugar donde se les dijo: `Vosotros no sois mi pueblo’, allí serán llamados hijos del Dios viviente.” ¿De qué lugar se está hablando aquí? ¡De la tierra de Israel!

Así, finalmente, todo desemboca en la maravillosa promesa de Miqueas 4:4: “Cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera. Y no habrá quien los amedrente, porque la boca de Jehová de los Ejércitos ha hablado.” (vea también Hageo 2:19). Este sentarse debajo de la vid y de la higuera es una maravillosa imagen de una vida de paz segura. Esto todavía no es así pero, de parte de Dios, Israel será guiado a eso — al Reino de mil años de Jesucristo. Ya el reinado del Rey Salomón indicaba el milenio, donde un día habrá paz: “Judá e Israel, desde Dan hasta Beerseba, vivían seguros todos los días de Salomón, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera” (1 R. 4:25). Esto se cumplirá en forma perfecta, cuando Jesucristo como el Mesías regrese a Su pueblo. Por eso oramos: “¡Maranatha — Ven pronto, Señor Jesús!”

De la higuera aprended la analogía (2ª parte)

Autor: Wim Malgo
La higuera, un imagen de Israel y también una analogía profética sobre el fin de los tiempos.
“De la higuera aprended una analogía…”  En el contexto se nos presentan tres figuras
que vamos a estudiar más a fondo en esta oportunidad.


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Estimado amigo, en el ejemplo de las hojas de la higuera, vemos que las obras de la ley no pueden darnos la justicia que es válida delante de Dios. Esto se nos muestra con toda claridad en el ejemplo de la higuera Israel. En todo el transcurso de la historia de este pueblo, Dios mostró, a todo el mundo, que la ley no puede salvar.

Pero justamente éste es el gran problema de Israel hasta el día de hoy, que ellos, hasta ahora, creen que pueden ser justificados por las obras de la ley. La Biblia, sin embargo, enseña inequívocamente: “que ningún hombre es justificado por las obras de la ley” (Gál. 2:16). En Gálatas 3:10 lo expresa aún más claramente: “Porque todos los que se basan en las obras de la ley están bajo maldición…” Estas palabras de suma seriedad, el apóstol Pablo las dirige, en primer lugar, a los creyentes de Galacia, quienes, además de la gracia de Jesucristo también querían cumplir las leyes del judaísmo.

Al igual que Adán y Eva quienes “…cosieron hojas de higuera y se hicieron ceñidores”, así, en la actualidad, muchos buscan alcanzar la buena voluntad de Dios por medio del cumplimiento de la ley o de ejercicios religiosos. En Praga, por ejemplo, conocimos a un hombre que hasta su conversión oraba el “Padre Nuestro” 150 veces por día. Todos los que hacen este tipo de cosas se esfuerzan en vano, porque con esto, en verdad, se encuentran “bajo la maldición”. ¡Qué bien suena, en medio de todo esto, el mensaje del sacrificio de la muerte de Jesucristo en la cruz: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gál. 3:13).- “Luego Jehová Dios hizo vestidos de piel para Adán y para su mujer, y los vistió.” ¡El creó una salvación mejor!

Un hombre sabio dijo una vez:

La legalidad es el malentendido que confunde el diagnóstico con la terapia.

La legalidad siempre es algo a medias. Generalmente, el ser humano busca hacer resaltar un punto en especial, que está dispuesto a cumplir, y luego se duerme sobre el supuesto cumplimiento de la ley, desistiendo así de la comunión con Jesús.

Del mismo modo se expresa Pablo, cuando habla de la higuera Israel: “Pues, ignorando la justicia de Dios y procurando establecer su propia justicia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Ro. 10:3-4).

¿Y qué me dice usted? ¿Ya ha llegado a la gracia? En realidad es tan simple: Uno se dirige simplemente al Señor Jesucristo y Le entrega su vida entera. Eso, en realidad, ya es el paso del arrepentimiento, cuando uno reconoce: “Soy un pecador en todo sentido”. No es posible confesar por nombre todos los pecados que uno ha cometido en pensamiento, palabra y hecho. Por eso: Vaya también usted con su vida entera a Jesús y dígale: “Soy un pecador en todo sentido. Señor, Te necesito para mi vida entera — para todo lo que fue, lo que es y lo que será. Te acepto ahora como mi Salvador”. Así usted podrá experimentar lo que es la verdadera salvación — ¡porque esa es la justicia en Jesús que es válida delante de Dios!

Ya en las primeras páginas de la Biblia se nos muestra la higuera, como imagen de Israel, a manera de un libro escolar de la enseñanza de Dios sobre la salvación válida. Así como las hojas de higuera de Adán y Eva muestran su deseo de salvación — y más allá de esto, el sacrificio válido de Jesucristo — así Israel nos fue dado como una imagen de la gracia salvadora. Por medio de este pueblo se nos muestra, con toda claridad, el deseo de salvación del ser humano y el cumplimiento de ese deseo, en Cristo.

Encontramos una segunda analogía en la higuera:

(recuerde, la primera imagen fue: La higuera como maestro del camino correcto, es decir a la verdadera justicia, válida y permanente).

2. La higuera como maestro de salvación

En 2 Reyes 20:5-7 el Señor le dice a Su profeta Isaías: “Vuelve y di a Ezequías, el soberano de mi pueblo: Así ha dicho Jehová, Dios de tu padre David: `He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí, te voy a sanar; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Añadiré quince años a tus días, y libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiría. Defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David.’ Entonces Isaías dijo: Tomad pasta de higos. La tomaron y la pusieron sobre la llaga; luego sanó.”

¿Qué aprendemos de esto?

1. La higuera, Israel, está puesta para salvación.

Israel es para la humanidad, para todas las naciones, como una venda sanadora de pasta de higos. Pero este pueblo no es salvación y bendición sobre la tierra en sí mismo, sino por Aquél que viene de Israel y que se ha convertido en el sacrificio para el mundo: Jesucristo. Esta ya era la intención salvadora de Dios con Abraham, cuando El le dijo al patriarca: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3). Jesús es el Salvador del mundo, pero El salió del judaísmo. ¡Esto, en sí, es el derecho de existencia del pueblo judío, del cual el Eterno de Israel hizo venir, en Su Hijo Jesucristo, la salvación para el mundo entero!

Los botánicos describen a la higuera de la siguiente forma: “Tiene un tronco torcido y corteza brillante.” Israel, en sí mismo, es torcido y rebelde, pero brillante en y a través de Jesús. Instintivamente me hace pensar en el israelita Moisés quien, en sí mismo, también era torcido. Pero cuando él salía de la presencia de Dios, “la piel de su cara resplandecía por haber estado hablando con Dios” (Ex. 34:29).

“Las ramas se extienden en todas las direcciones y tienen hojas quíntuples.” Israel se convirtió en salvación para todas las naciones. Primeramente se proclamó el evangelio en Jerusalén, en Samaria y en Judea, pero luego — desde Israel (la higuera) — en todas las direcciones, a todos los pueblos. Hojas quíntuples: El cinco en la Biblia es el número de la gracia. Una venda quíntuplo de higos fue puesta sobre el lugar enfermo en el cuerpo de Ezequías, y él se sanó. Y Jesús tenía cinco heridas, las cuales se convirtieron en salvación para el mundo.

En Isaías 49:3 está escrito: “Y me dijo: Mi siervo eres tú, oh Israel; en ti me gloriaré” (Is. 49:3). Aquí vemos la identificación de Israel con su Hijo más importante, Jesucristo. La higuera, Israel, en combinación con Jesús, el Mesías, se convirtió en la salvación del mundo.

Por eso dice tres versículos más adelante: “Poca cosa es que tú seas mi siervo para levantar a las tribus de Israel y restaurar a los sobrevivientes de Israel. Yo te pondré como luz para las naciones, a fin de que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra” (Is. 49:6). Aquí la Palabra de Dios ya no se dirige a Israel como tal, sino a Aquél que debía salir de Israel, Jesucristo: “…que tú seas mi siervo para levantar a las tribus de Israel y restaurar a los sobrevivientes de Israel…” Porque, naturalmente, Israel no podía levantarse a sí mismo y traer de nuevo a los dispersados. Y como la higuera, Israel, es torcida en sí misma y solamente brilla en su Mesías, está claro que también las demás palabras de Dios se dirigen al más grande de los hijos de Israel: “…te pondré como luz para las naciones, a fin de que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra.” Por eso fue que Jesús dijo en Juan 4:22b: “…la salvación procede de los judíos.”

Pero más aun podemos aprender: Proféticamente pareciera que también ya se está perfilando la futura salvación de Israel en su propia restauración.

De este punto y de la tercera imagen: – La higuera como maestra de las intenciones salvadoras de Dios – vamos a escuchar en el próximo programa. Hasta entonces y que Dios le bendiga.