¿Aumentará el conocimiento?


Autor: Dr. Thomas Ice

Entre nosotros está ampliamente difundida la interpretación de que Daniel 12:4 se refiere a los tiempos modernos. Pero, si leemos el contexto, vemos que el párrafo se refiere al tiempo de la tribulación.

 


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PE2161 – Estudio Bíblico
¿Aumentará el conocimiento?



¿Cómo están, amigos? En Daniel 12:4, leemos: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”.

Entre nosotros está ampliamente difundida la interpretación de que Daniel 12:4 se refiere a los tiempos modernos. Antes, yo también defendía y enseñaba esto, hasta que llegué a estudiar este versículo más a fondo. El hecho es que si leemos Daniel 12:4 en su contexto, vemos que el párrafo se refiere al tiempo de la tribulación, cuando muchos judíos estudiarán las profecías de Daniel y se convertirán al Mesías.

Algunos comentaristas de la profecía bíblica, enseñan que Daniel debía cerrar y sellar el libro porque sus profecías hablaban de tiempos modernos, y por eso los contemporáneos de Daniel no las podían comprender. Estaba reservado para la gente de los tiempos modernos el comprender esas profecías, ya que sólo los que se estuvieran acercando al cumplimiento de esos sucesos, podrían comprender lo que el profeta veía. Esta manera de pensar no la puedo confirmar. El cerrar y sellar del libro hasta el tiempo del fin, significa algo muy diferente. Se trata de la orden de guardar el libro de Daniel.

El comentario de Stephen Miller explica muy acertadamente este aspecto de Daniel 12:4. Dice así: “En el antiguo Cercano Oriente era costumbre “sellar” un documento importante, imprimiéndole los distintivos de los participantes y del escribiente. Un texto sellado no podía ser redactado ni cambiado. Luego se copiaba el documento original y se lo ponía en un lugar seguro (‘cerrar’), donde podía ser conservado. Una excelente ilustración de este proceso se encuentra en el libro de Jeremías, cap. 32, vs. 9 al 12: ‘Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anatot, y le pesé el dinero; diecisiete siclos de plata. Y escribí la carta y la sellé, y la hice certificar con testigos, y pesé el dinero en balanza. Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y costumbre, y la copia abierta. Y di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, hijo de Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y delante de los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de todos los judíos que estaban en el patio de la cárcel”. El documento de compra de Jeremías no fue sellado para ‘ocultar’ el contenido o para mantenerlo ‘en secreto’, sino para preservar el documento. Jeremías, de hecho, realizó esta transacción en presencia de su primo y de ‘los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de todos los judíos que estaban en el patio de la cárcel’ (como vemos en Jer. 32:12). También existía una ‘copia no sellada’ del documento, que estaba abierta, posiblemente para ser revisada.

De acuerdo con esto, Gabriel le dio la orden a Daniel de guardar ‘las palabras del rollo’, y no sólo esta última visión, sino todo el libro, para aquellos que vivieran en el ‘tiempo del fin’, cuando este mensaje fuera necesario.”

En el capítulo 8:26, Daniel recibe la misma orden, o sea que debía “sellar” la visión. Por lo tanto, no se trata de que Daniel hubiera sellado estas palabras para que fueran un secreto hasta algún tiempo futuro, sino para que la profecía fuera guardada y estuviera disponible cuando fuera necesitada en el futuro. Pero, ¿cuándo será eso?

El término hebreo para “tiempo del fin” puede ser hallado cinco veces en el Antiguo Testamento, y siempre en el libro de Daniel (8:17; 11:35 y 40; 12:4 y 9). Además de esto, en Daniel 8:19 encontramos una formulación similar. Daniel 8:26 dice sobre la visión: “Es para muchos días.” Y Daniel 10:14, explica: “He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días.” Es interesante ver que al final del libro de Daniel, donde se concentra la profecía para el futuro, al menos ocho veces encontramos una declaración con respecto al tiempo del fin. De este modo, vemos claramente cuándo deben suceder estas cosas en el plan profético de Dios para la historia.

Como la expresión “tiempo del fin” aparece solamente en el libro de Daniel, creo que eso sólo puede referirse al final de un período de tiempo mencionado en el libro de Daniel. Daniel 8:17 dice: “Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.” Y en el versículo 19 dice: “He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin.” Tomando estos dos versículos juntos, vemos que ambos deben referirse al mismo período de tiempo. Visto en el contexto, el primer tiempo de ira se referiría a los acontecimientos alrededor de Antíoco Epífanes en el siglo dos a.C. Pero aquí, el ángel enviado le habla a Daniel del “fin de la ira”, “porque eso es para el tiempo del fin”. En todo el libro de Daniel, el último tiempo de la ira trata del tiempo de tribulación, poco antes de la llegada del Mesías.

Todos los demás usos de “tiempo del fin” en Daniel (11:35 y 40; y 12:4 y 9) se refieren a lo mismo, es decir, al tiempo de la tribulación. “Por lo tanto, las profecías reveladas debían ser aplicables, sobre todo, para aquellos que vivieran en el ‘tiempo del fin’”, según John Walvoord.

Recuerdo mirar un programa semanal sobre profecía en la televisión, a fines de los años 90. Dicho programa, durante un año explicó la explosión de la tecnología moderna, repitiendo constantemente la afirmación: “El conocimiento de duplica cada 17 meses.” Toda la documentación se basaba en su (mal)entendido de Daniel 12:4, según el cual una explosión de conocimientos sería el cumplimiento de la profecía: “Y la ciencia se aumentará”. No cuestiono la explosión de conocimiento, pero Daniel 12:4 no es una profecía sobre crecientes conocimientos científicos en algún tiempo de la historia. En lugar de eso, el texto habla, como se puede ver claramente al tener en cuenta el contexto, del pueblo judío que comprenderá las profecías durante el tiempo de la tribulación.

El conocimiento aquí mencionado no es tan sólo un conocimiento general. Si éste fuera el caso, no tendría el artículo definido en hebreo. Pero, como utiliza el artículo definido, el texto habla de un conocimiento determinado y no general. De modo que en el contexto no puede tratarse de otra cosa, sino del entendimiento de las profecías que Daniel tuvo que sellar hasta el tiempo del fin.

Esto no significa que hasta entonces nadie entenderá las profecías. Creo que los creyentes nacidos de nuevo pueden comprender la profecía de Daniel, cuando la estudian, e investigan su significado. No obstante, este pasaje dice claramente, en el contexto, que el pueblo judío, como un todo, recién comprenderá las profecías del libro de Daniel “en el tiempo del fin”. La razón por la cual no comprenderán la profecía antes de eso, es la ceguera espiritual que actualmente reina en todos los judíos, incluso con respecto a la comprensión del Antiguo Testamento – con excepción del remanente creyente en la iglesia. Pablo explica: “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero, cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (así leemos en 2 Co. 3:14 al 16). Este velo será quitado en algún momento de la tribulación, e Israel recibirá el entendimiento correcto de sus escritos proféticos. Nosotros los gentiles, no obstante, deberíamos cuidarnos de pensar que la ceguera espiritual sólo le ocurre a Israel. ¡Ése no es el caso! De hecho, la ceguera espiritual es la situación de cada individuo hasta que reconozca a Cristo como su redentor (como vemos en varios pasajes, 1 Co.; Ef.; y 1 Jn.).

También creo que una afirmación más tardía, del ángel enviado, confirma mi interpretación: “Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán” (Dn. 12:9 y 10). Los incrédulos nunca comprenderán estas cosas, e Israel será depurado de ellos, de modo que al final de la tribulación quedarán aquellos que crean en Jesús como su Mesías. Éstos son los llamados “entendidos”.

¿Cuándo recibirán la comprensión? Cuando se cumpla Daniel 12:4.

Hace muchos años atrás, cuando vivía en las cercanías de Washington D.C., a menudo participaba en eventos que reunían a judíos y cristianos, para apoyar al moderno Estado de Israel. Cada vez que me encontraba con un judío ortodoxo, trataba de preguntarle cómo interpretaba la profecía de las setenta semanas de Daniel 9:24 al 27. Y era común entre estos judíos ortodoxos, que respondieran algo así: “Mi rabí no me permite estudiar ese pasaje.” ¿Cómo? No es de asombrarse, entonces, que actualmente muchos judíos nieguen la mesianidad de Jesús, porque no se les permite estudiar los pasajes que demuestran que Jesús de Nazaret es su Mesías. Daniel 12 nos enseña, sin embargo, que estas profecías son guardadas y que llegará un tiempo, durante la tribulación, en el cual el pueblo judío entero estudiará ávidamente estas profecías, y reconocerán que el hombre de Galilea siempre ha sido su Mesías. ¡Qué día glorioso será cuando el primogénito de Dios, Israel, regrese a su hogar, después de todos estos años de estar vagando sin rumbo! ¡Maranata!

El pueblo escogido de Dios (3ª parte)

El pueblo escogido de Dios
(3ª parte)

Autor: Dave Hunt (1926-2013)

Si bien uno puede tener un concepto diferente, en la Palabra de Dios dice clara y frecuentemente que Israel es Su pueblo escogido, y que nunca perderá este estatus especial. Pero, esta elección, ¿no ha traído más dificultades que bendiciones?

 


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PE2100 – Estudio Bíblico
El pueblo escogido de Dios (3ª parte)



¿Cómo están, queridos amigos oyentes? Para terminar este mensaje, el autor se pregunta: ¿Cómo es posible que el amor imparcial de Dios sea compatible con la idea de un pueblo escogido? Dios nos dio a entender varias veces que Él no escogió a Israel por “miramiento de persona”. La elección de Israel sucedió a pesar de que el pueblo no era digno de la misma, y que no era mejor que otros pueblos. Al contrario. Por su actitud rebelde, el pueblo de Israel merecía el juicio. A través de este pueblo indigno, sin embargo, Dios quiso demostrar Su amor, Su gracia y Su misericordia al mundo.

Dios hizo que Sus profetas anunciaran lo siguiente a Israel: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres (Abraham, Isaac y Jacob), os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto”. En Isaías 30:9 y 10, dice: “Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras”. Y en Ez. 2:3, leemos: “Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día”.

Los errores que Israel comete, sin embargo, no son relevantes. Los versículos mencionados y muchos cientos de textos bíblicos similares, confirman que Israel desde el mismo comienzo era rebelde con Dios. Su condición actual no es nada nuevo. Dios ha disciplinado a Israel por sus pecados. El peor castigo, sin embargo, aún está por venir, y es la Gran Tribulación, que tendrá su punto culminante en la batalla de Armagedón. Pero, las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob aún siguen vigentes, y por la gracia de Dios se cumplirán. Si Dios sólo pudiera bendecir a las personas que son dignas de Él, entonces toda la humanidad estaría perdida, ya que la Biblia nos recuerda que todos pecaron. Un pecador no tiene nada que ofrecer de sí mismo a Dios.

Sólo una única infracción contra la ley lleva al ser humano a una situación desesperante delante de Dios. Aun si en el futuro cumpliera la ley en todos los puntos (si siquiera fuera posible), eso nunca sería una compensación por las infracciones pasadas. Obviamente no le es contado como ganancia al ser humano si cumple todas las ordenanzas de la ley hasta los detalles más ínfimos, aun cuando justamente eso es lo que la ley exige, porque el ser humano nunca puede adquirir para sí mismo el perdón de pecados a través de las buenas obras.

La culpa tiene que ser pagada por Aquél que es sin pecado, y que puede cargar con el castigo que habría merecido el culpable. Ésa fue la manera en que Dios solucionó el problema de la culpa, ya que el pago de esa culpa fue la tarea principal del Mesías. A través de Su muerte por nuestros pecados, Él juzgó y destruyó al diablo. Por eso, las buenas nuevas del evangelio dicen: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Parte de la acción disciplinaria de Dios con Israel en el pasado, ha sido la dispersión del pueblo entre todas las naciones. Actualmente Él trae a Su pueblo de nuevo a su tierra, en números nunca antes vistos. Y esto no lo hace porque este pueblo sea digno de ello, sino por causa de Sus promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Este fenómeno de la historia más reciente, sobrepasa por mucho, en tamaño, al éxodo de Egipto de los tiempos del Antiguo Testamento.

Un acontecimiento sumamente sorprendente a los ojos del mundo fue el colapso del comunismo y la caída de la Cortina de Hierro. Una consecuencia positiva de esto, consistió en el número sorprendentemente grande de cientos de miles judíos que inmigraron a Israel, provenientes de la antigua Unión Soviética. Ésta, hasta entonces, les había negado la salida. Fue conmovedor ver llegar al Aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv a los agradecidos inmigrantes de todas partes del mundo, pero especialmente a los que provenían de la Rusia situada al norte de Israel. Algunos de ellos estaban tan emocionados que besaban el suelo debajo de sus pies y lloraban de alegría. Los observadores de estas conmovedoras escenas, que conocían las Escrituras de los profetas del Antiguo Testamento, obligadamente se acordaban de una promesa que Dios hiciera hace 2.500 años atrás y que, según Su voluntad, debía cumplirse en los postreros días:

“Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel. He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá. Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito. Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño. Porque Jehová redimió a Jacob, lo redimió de mano del más fuerte que él. Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor” (Jer. 31:7 al 12).

¿Por qué debía cumplirse esta promesa en el tiempo conocido como “los postreros días”? La razón es clara y de gran importancia para nuestra temática. La segunda venida del Señor no podía tener lugar hasta que Israel como nación nuevamente viviera en su propia tierra, porque a ese lugar volverá Cristo durante la batalla del Armagedón para salvar a Su pueblo de la destrucción.

¿Cuánto hemos entrado ya en el tiempo del fin? ¿Cuándo viene ese día? Una señal significativa de su cercanía es el cumplimiento de las muchas profecías, dadas hace miles de años atrás, con respecto al regreso de los judíos a Israel en los postreros días. Yahvé cumple Su promesa. Si Él no cumpliera Su palabra, podríamos cuestionar Su carácter y profanar Su santo nombre. A menudo, Él hizo anunciar por los profetas Su plan de traer de regreso a los israelitas a su tierra en los últimos días: “No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado” (dice en Ez. 36:22). Y en Is. 49:3: “Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré”.

El regreso de Israel a su tierra de verdad es una señal significativa e irrefutable del tiempo del fin. Hoy se cumplen las profecías, ya que los ojos del mundo están dirigidos hacia ese trocito de tierra aparentemente tan insignificante, diminuta y árida. Esa tierra se convirtió en una “copa que hace temblar” a las naciones, ya que en el mundo entero hay preocupación con respecto a lo que ocurre allí.

Quien compara las profecías sobre Israel con la historia de ese pueblo, difícilmente podrá seguir denominándose ateo. ¿Se puede negar que Jesucristo es el único Redentor? Su venida, predicha por los portavoces de Dios, está íntimamente relacionada con Israel y su larga y penosa historia de dispersión y regreso a la tierra de la promesa.

El otro tema principal de la profecía bíblica es el Mesías, quién debía salir de, y volver a, Israel. Las profecías específicas y numerosas sobre la venida de Cristo, y su cumplimiento en la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, proveen pruebas concluyentes de que Él es el Mesías, el Redentor. Las mismas también prueban la existencia de Dios, quien inspiró las profecías de los profetas bíblicos.

Acercándonos al Fin

Acercándonos al Fin

Autor: Herman Hartwich

  ¿Has pensado alguna en si habrá un fin del mundo? ¿qué pasará si no es un cuento fantástico? ¿Cómo será? ¿qué pasará contigo?… escucha este mensaje que Herman ha preparado especialmente para mostrarnos qué dice la Escritura de algunas de estas cosas…

 


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PE1967 – Estudio Bíblico
Acercándonos al fin



Es un placer estar junto a ustedes una vez más. Estamos en un mundo que cada día más se dirige hacia el abismo. Muchos dicen: ¿Está pasando lo que dice la Biblia? Claro que sí. Pero gracias a Dios hay un solo medio para la salvación.

Las personas hoy día se prenden de objetos, de cosas para sanarse, de cualquier fetiche, cualquier amuleto, para librarse en el diario vivir. Recurren a cualquier cosa en forma espiritual.
Pero, la Biblia nos habla de un único medio de salvación. Cuando Dios prometió destruir al mundo con el diluvio, proveyó un solo medio de salvación. Y ustedes saben, que fue el Arca que Noé fabricó, construyó junto a sus hijos. En esa época seguramente existían otros barcos, pero, solamente el arca de Noé pudo resistir el diluvio. El arca de Noé representa a Jesús.

Así también el fin del mundo se acerca y la palabra de Dios nos dice que existe un solo medio para escapar de los juicios que han de venir y de la condenación eterna. Esto es únicamente a través de su hijo Jesucristo.

El apóstol Pedro, cuando están allí con su compañero Juan, ante el concilio de Jerusalén para dar razón de su fe entre otras cosas, en el libro de Hechos, capítulo 4, verso 12 él se levantó y dijo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Ellos se referían a Jesús, porque las autoridades del momento les estaban pidiendo que dejaran de hablar del nombre Jesucristo. Ellos querían que se dejara de hablar de este hombre. Pero el apóstol, mantuvo su postura diciendo: ” porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Dios envió a su hijo al mundo para salvarnos. En el evangelio de Juan, el propio Jesús, en el capítulo 3, el versículo 16, nos habla de ese contenido que tiene en esencia el evangelio: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquél que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.” Y el siguiente versículo dice: Porque no envió Dios a su hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por él.

Jesús vino a buscar y a salvar al hombre perdido. Él mismo lo dijo en la casa de Zaqueo: yo no he venido a buscar a los justos, sino a los malos a los pecadores, a los perdidos, a salvarlos. Jesús vino a morir. En esto se mostró el amor de Dios dice el apóstol Pablo en que Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Él vino como el buen pastor. En el evangelio de Juan, en el capítulo 10 se presenta como el buen pastor que su vida da por sus ovejas. Para salvar a sus ovejas. Él vino a dar su vida por ti. Por mí. Jesús es el único medio de Salvación dice Pedro. El único nombre en el cual podemos ser salvos. Muchos nombres se levantan por allí muchos “salvadores”, imitadores, truchos en el lenguaje popular, que son incapaces, que presumen salvar pero no lo logran porque el ÚNICO que puede salvarnos es Jesucristo. Porque la única puerta que puede salvarnos es él. Él mismo lo dijo. En el evangelio de Juan, capítulo 14, verso 6 dice: Yo soy. Ese gran Yo soy. No un camino, o una verdad. Es el camino, la verdad, la vida. Pablo, cuando escribe a Timoteo dice que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Es lamentable que el hombre ha eludido ir al único mediador y se ha constituido mediadores humanos. La biblia nos dice que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres. Jesucristo Hombre.

No pierdas tiempo buscando sustitutos por Jesús. Ve y corre hacia él, porque él es el único que ha establecido para relacionarte con él.

70 semanas (2ª parte)

70 semanas

(2ª parte)

Autor: Norbert Lieth

«Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón» (asi dice Apocalipsis 13:11). Veremos en este mensaje que la segunda bestia es el falso profeta, que utiliza su poder, autoridad e influencias, para promocionar al Anticristo.



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PE1763 – Estudio Bíblico
70 semanas (2ª parte)



Queridos amigos, en Apocalipsis 12, también reconocemos claros paralelismos con el libro de Daniel. Vemos:

*cómo el pueblo judío, nuevamente, se encuentra en el centro de la historia de la salvación,
*cómo aparece el arcángel Miguel y destierra a Satanás y a sus demonios de las esferas celestiales,
*cómo Satanás descarga toda su ira sobre esta tierra,
*cómo Satanás persigue cruelmente al pueblo judío,
*cómo un remanente judío escapa al desierto en este tiempo, y es preservado por Dios, y
*cómo Israel, finalmente, es salvo.

Este tiempo de angustia pertenece, por lo tanto, al tiempo en el cual el pueblo judío es salvo, lo que hasta ahora no ha sucedido. Ésa es, seguramente, una explicación de por qué la gran tribulación, de la que hablan Daniel y Jesús, no pertenece a otro tiempo que al de poco antes de la venida de Jesús, el cual se describe en Apocalipsis y en el Evangelio de Mateo.

Daniel, en el cap. 7, vers. 13, ve la venida del Hijo del Hombre en las nubes:“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él”. De la misma forma, Jesús habla sobre su venida como Hijo del Hombre, en Mateo 24:27, y 29 al 30:“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. … E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

La denominación“Hijo del Hombre” es tomada de la profecía de Daniel, en el cap. 7, vers. 13. Siempre se encuentra en relación con Israel, así como las 70 semanas también se refieren a Israel. La encontramos aproximadamente 80 veces en los cuatro evangelios; solamente 30 veces en el Evangelio de Mateo (el evangelio para los judíos), y una vez en la carta a los Hebreos (cap. 2, v. 6), en el cual se trata de una cita del Salmo 8:5. Además, hay que tomar en cuenta que la carta a los Hebreos se dirige, en primer lugar, a la línea de los judíos (hebreos). En cambio la denominación“Hijo del Hombre”no se encuentra ni una vez en las cartas de Pablo, el apóstol del mundo de los gentiles. Recién en el libro de Apocalipsis es utilizada nuevamente. La introducción del último libro de la Biblia, comienza utilizando este nombre para Jesús, y de ahí, también, sabemos lo que describe el Apocalipsis: la restauración de Israel y la segunda venida del Hijo del Hombre; el cumplimiento de la última semana. Leemos en Ap. 1:13:“… y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre”.

A Daniel se le dice claramente, en el cap. 9, vers. 24, que las setenta semanas incumben exclusivamente a su pueblo:“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad”. Las declaraciones de Jesús sobre los tiempos finales, en Mateo 24:30, van en la misma dirección:“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra”. Otras traducciones agregan:“… y se golpearán el pecho”.


“Todas las tribus de la tierra”
se refiere a Israel, y pienso que esto también tiene su paralelo en Apocalipsis 1:7:“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”. Las “lamentaciones de todas las tribus”, también las encontramos en el Libro de Zacarías, cap. 12, vers. 10 al 12: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadadrimón en el valle de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte…” ¿Quién es el que habla aquí? Sin duda el Dios todopoderoso (Jehová). Sólo Él tiene el poder de derramar el Espíritu de Dios (acerca de esto podemos ller Juan 15:26; Hechos 1:7 y 8; y Joel 3:1).

Este Dios, por lo tanto, habla primeramente sobre sí mismo y dice que Israel verá al que han traspasado y, al mismo tiempo, al “Hijo unigénito”. Es una prueba más de que Dios Jehová y el Hijo son uno mismo. Esto también lo aclara Apocalipsis 1:7 y 8: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (y también podemos comparar con cap. 21:3). Jesús vuelve en las nubes (así se dice en Daniel 7:13; y en Mateo 24:29 y 30). Y entonces le verán los que le traspasaron, según la declaración de Zacarías. Éste que regresa se presenta como el omnipotente, el que es y el que era, y el que ha de venir. Jesús es desde la eternidad, estuvo, en el tiempo, como hombre entre nosotros, y volverá.


“Golpearse el pecho”es una exteriorización de aflicción, lamentación y arrepentimiento, exactamente como lo hizo el publicano en Lucas 18:13: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Dios, sé propicio a mí, pecador!”.

En Mateo 24:32 y 34, leemos: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”.

“Esta generación” puede significar tribu, raza, nación, pueblo o generación. La mayoría de los expositores son de la opinión de utilizar la traducción “pueblo”. Eso también coincide con el contexto de Mateo 24. Israel no se hundirá, a pesar de la doble condenación y “maldición” (como lo podemos ver en la higuera).


Las tres menciones de la higueraen los evangelios son un triple mensaje que ejemplifica la historia y el futuro de Israel. La higuera en Lucas 13:6 al 9 demuestra la infertilidad de Israel, después que el Señor había obrado tres años entre ellos. La higuera seca por la maldición del Señor en Mateo 21:19, muestra el desecho de aquella generación de Israel, para la cual ya no había retorno. La higuera que rebrota en el discurso de Jesús sobre los últimos tiempos, en Mateo 24:32, indica un renacer de Israel al final del tiempo, poco antes del surgimiento del reino mesiánico.

Mateo 24:3, nos dice: “Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Con esta pregunta, los discípulos no querían saber acerca de la cuestión del fin del mundo, como Lutero tradujo equivocadamente, sino acerca de las señales del fin de este tiempo y el establecimiento de un nuevo tiempo, el tiempo del reino mesiánico. Otras traducciones dicen más acertadamente: “… culminación del tiempo”, o “… culminación de este tiempo”. El nuevo despertar de Israel, es una señal de que vamos hacia un nuevo tiempo y que Jesús pronto volverá para levantar su reino sobre esta tierra. Charles H. Spurgeon (que vivió entre 1834 y 1892), escribió en su época: “Creo que no estamos valorando lo suficiente el significado de la restauración de los judíos. No pensamos lo suficiente en eso. Pero, ciertamente, si hay algo que la Biblia promete, es eso”.


70 semanas (1ª parte)

70 semanas

(1ª parte)

Autor: Norbert Lieth

«Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón» (asi dice Apocalipsis 13:11). Veremos en este mensaje que la segunda bestia es el falso profeta, que utiliza su poder, autoridad e influencias, para promocionar al Anticristo.



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PE1762 – Estudio Bíblico
70 semanas (1ª parte)



Hola amigos! Como se ha dicho, muchas veces escuchamos: “Pero, la Biblia también está escrita por personas”. Entonces, nos preguntamos: ¿Hay pruebas sólidas de que esto no es así? ¡Sí, las hay! La revelación bíblica de las 70 semanas, en el libro de Daniel, es –entre muchas otras- una de las más contundentes. Queremos contemplar más detenidamente los nexos entre las profecías de Daniel, y el discurso de Jesús acerca de los últimos tiempos.

Cuando Daniel habla del “tiempo del fin”, se refiere al retorno de los judíos a su patria, a la gran tribulación, a la restauración espiritual de Israel y al pronto regreso de Jesús. Vamos a leer con atención, y a tratar de retener en nuestra mente, las palabras de Daniel 9:26:“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones”.

El punto culminante de todos los enfrentamientos de guerra que se sucedan hasta el final, será, finalmente, la última desolación del anticristo. En Daniel 11:35,40,y 45 también se nos habla del tiempo del fin. Allí, también, se menciona que en ese tiempo se levantará el anticristo. El rey del sur y el rey del norte se levantarán contra Israel. El gobernador anticristiano apoyará inicialmente a Israel, pero finalmente lo ocupará. A continuación, en Daniel 12:1,4 y 9, dice que este tiempo del fin será un tiempo de gran tormento para Israel, pero que, en el mismo, Israel verá la salvación, y que, en ese tiempo, muchos en Israel llegarán al conocimiento de la verdad.

Uno de los dos ángeles que le aparecieron a Daniel, preguntó acerca de cuándo terminarían esas “condiciones inauditas” (lo podemos leer en Daniel 12:5 y 6), y se le respondió:“será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas”. Finalmente, en el vers. 13 vemos que se le dice a Daniel:“Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días”. En el Nuevo Testamento, son los discípulos quienes le hacen una pregunta a Jesús y le llevan a hablar sobre los tiempos finales. Así lo leemos en Mateo 24:3:“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”. Los discípulos se referían al mismo tiempo que describe Daniel: al cumplimiento de la última semana para Israel, al tiempo del final. Así, también, es la respuesta de Jesús, en Mateo 24 y 25, acerca de la pregunta de los discípulos, en la cual, principalmente, diserta sobre el tiempo final.

En Daniel 9:27 se habla de un pacto de 7 años, el cual el gobernador anticristiano hará“con muchos”del pueblo.“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos(quiere decir con la mayoría judía); a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda…”En vez de que sean traídos los sacrificios, se llevará a cabo la muchedumbre de la abominación. Jesús dice lo mismo en su discurso del tiempo final, en Mateo 24:12:“… y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”. Esto se refiere principalmente al pueblo judío. La “mayoría del pueblo” fue dispersada por todo el mundo en el 70 d.C. En Lucas 21:24, vemos que Jesús vio esto de antemano, y dijo:“Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. Ya que el anticristo realizará un pacto con la mayoría del pueblo, Israel necesariamente, en ese tiempo, deberá haber vuelto a la tierra de sus padres.

Daniel escribe, en el cap. 9, vers. 27, acerca de la“muchedumbre de las abominaciones”en medio de la gran tribulación: “… a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador…”. Ya que según Daniel 12:1,4,7,9, y 11, la muchedumbre de la abominación se refiere claramente al tiempo final, no se puede haber cumplido nada primeramente en el pasado y, por eso, pertenece a la séptima semana. Jesús anuncia lo mismo que Daniel, en Mateo 24:15: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)…” El Señor relaciona claramente esta abominación desoladora con el tiempo final, al decir: “Por tanto, cuando (o sea, al mismo tiempo de esta abominación)… (y concluye en el vers. 21, diciendo)… habrá entonces gran tribulación…” Y, luego, también dice, en los vers. 29 y 30: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá… Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo… y verán al Hijo del Hombre viniendo”. Según este texto, no se trata de lo sucedido en el año 70 d.C., sino de la tribulación que sucederá poco antes de su venida.


Principalmente, es el evangelista Lucases quien relata sobre el discurso de Jesús acerca de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. En el cap. 21, vers. 6, cuando le hablan del templo preciosamente adornado, Jesús dice: “En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida”. Eso llevó a los discípulos a hacer una tímida pregunta: “Maestro, ¿cuándo será esto (la destrucción del templo)? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?”.

En el evangelio de Lucas, el Espíritu Santo deja de lado la pregunta de los discípulos sobre el tiempo final. Por eso, en su respuesta, el Señor tampoco menciona ninguna “abominación desoladora” y ninguna “gran tribulación”, sino que se basa en Daniel 9:26, cuando dice: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (así leemos en Lucas 21:20 al 24).

Mateo 24:3, en cambio, describe principalmente la gran tribulación del tiempo del fin. Por eso, en el Evangelio de Mateo la pregunta de los discípulos también es más amplia, preguntando también por ese tiempo: “Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”. En su respuesta sobre la pregunta acerca del tiempo del fin, en el vers. 15, el Señor menciona la abominación desoladora: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)…”


Daniel 12:1, describe esta tribulación venideracomo un tiempo de angustia, como nunca ha habido antes: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”. Jesús habla también de esta gran tribulación, de la misma manera que el profeta Daniel, en Mateo 24:21: “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”.