Matrimonio y Paternidad (2ª parte)

Matrimonio y Paternidad 
(2ª parte)

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE1960 – Estudio Bíblico
Matrimonio y Paternidad (2ª parte)



Hola amigos! Habíamos mencionado los tres primeros puntos clave del matrimonio, según el misionero Carl Knott. Y ahora continuamos con el cuarto punto:

4. Esposa, usted es la mujer. Su carrera y lugar de ministerio dado por Dios es el hogar (según Tit. 2:3 al 5). Ponga su atención en su marido y apóyelo. Sirva al Señor en y a través de su casa (Pr. 31).

5. Si es posible, nunca discrepe con su esposo frente a otros, y nunca lo critique frente a otros o consienta las críticas de ellos. Cualquier cosa que necesite arreglarse, debe atenderse en privado y de manera piadosa.

6. Permitan que el Señor controle las finanzas de su familia. No acumulen tesoros en la tierra (como dice Mt. 6:19) y sean generosos con lo que tienen. El Señor es un dador generoso.

7. Siempre tengan las puertas abiertas, es decir, sean hospitalarios. Preocúpense por los demás y utilicen su hogar como muestra. No se preocupen por lo que no tienen (2 Co. 8:12).

8. Trabajen juntos para apoyar a la congregación local, alcanzando y ministrando a otros por la causa de Cristo y del Evangelio (como tenemos ejemplo en Mr. 1:28 al 34; Lc. 18:28 al 30; y Hch. 18:24 al 26).

9. Sean una familia de oración. Oren al avanzar y avancen al orar. Oren antes de tomar decisiones. Oren cuando surjan los problemas. Oren cuando todo les está yendo bien.

10. Cultiven su relación matrimonial. El matrimonio es una relación, una amistad, y un compañerismo. Algunas personas están más ocupadas con sus negocios que con su cónyuge. Háganse amigos íntimos a medida que pasa el tiempo. Disfruten el tiempo que pasan juntos y solos. Salgan a cenar, caminen juntos, pasen un día en el campo, hablen de las cosas que hay en su corazón.

Para terminar este tema, digamos que: Siempre está el problema de los cristianos que desean ansiosamente poder casarse, pero por una u otra razón, no lo logran. Ellos pueden practicar la sublimación, que en este contexto significa redirigir un impulso primitivo hacia una vida de servicio al Señor Jesús y su pueblo. Las vidas de Amy Carmichael, John Nelson Darby, Gladys Aylward, Corrie Ten Boon y Fanny Crosby son ejemplos de una soltería fructífera. Cualquier creyente podría encontrar verdadera plenitud en una vida totalmente entregada a Jesús.Hablemos ahora del tema: Paternidad. Nuestro texto principal para éste será Éxodo 2:9:“Lleva a este niño y críalo para mí, y yo te lo pagaré.”Para los padres creyentes, las palabraspara míson una clave. Se nos ha encomendado criar a nuestros hijos para Cristo. No para el mundo, sino para el Señor, no para el infierno sino para el cielo.

Un paso vital que hay que tomar en este proceso es dar a la Palabra de Dios un lugar especial en el hogar.“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”(nos dice Dt. 6:6 al 9). No hay mejor herencia que los padres puedan dar que un fundamento bíblico sólido.

La oración debe tener un lugar dominante en la educación del niño. Probablemente lo aprenda mejor por su ejemplo que por los libros que pueda darle para leer. Uno de los recuerdos más preciosos de la vida es el de una madre puesta de rodillas, orando por su retoño.

Gran parte de la paternidad incluye la educación. Cada hijo debería aprender a respetar a su padre y a su madre, a obedecer a la autoridad, a escoger buenos compañeros, a resistir las tentaciones a pecar, a ser diligente en su trabajo, y a ser cortés.

La obediencia a los padres es un deber. Debe dar por entendido que las órdenes se dan sólo una vez. Si se repiten se debilitan. No tolere las contestaciones ni los caprichos. La obediencia a la autoridad se aplica a la escuela, al trabajo, a los gobernantes, y la iglesia. En toda sociedad ordenada debe haber una cabeza de autoridad, y todos deben sujetarse a ella (excepto cuando esta sumisión implique violar nuestra fidelidad a Cristo). Sin ella, se gesta la anarquía. Los hijos deben aprender estas cosas a edad temprana.

Los padres también deben cuidarse de no provocar a ira a sus hijos (Ef. 6:4). Es una tendencia natural. Un padre puede provocar la ira de su hijo por negligencia, por hacer demandas desmedidas, por hablar de él negativamente o usar su conocimiento superior para hacerlo sentir inferior. La inclinación de la madre es a malcriar al hijo. Pero, ¿cuál es peor?

Los hijos deben aprender a elegir buenos compañeros. Muy a menudo los padres han tenido que confesar entre lágrimas que “él (o ella) se juntó con el grupo incorrecto.”

Los padres son responsables de hablarles a sus hijos acerca de las tentaciones a pecar, especialmente en el ámbito sexual. De otra forma lo aprenderán ellos de otras fuentes poco confiables. Hoy en día los jóvenes viven en un mundo obsesionado con el sexo, la pornografía, y la pasión. Se han vuelto adeptos al uso del control remoto del televisor. Deben aprender a decirNoa los encantos del mundo y a los malos apetitos de la carne.

Es algo muy beneficioso preparar a los jóvenes para trabajar en la casa. Se les puede dar especial aliento en aquellas áreas en las que parecen tener una aptitud natural. Los padres y madres que no permiten que sus hijos realicen tareas en la casa, en vez de atenderlos mejor, en realidad los desatienden.

Los padres determinan si sus hijos serán corteses o no. Los chicos y chicas que piensan en otros, comparten con otros, y consideran a otros antes que a sí mismos, tienen buenos modales. Esto los ayudará por el resto de sus vidas. Es algo muy agradable que al final de la cena el pequeño diga: “La comida estuvo genial, Mamá.” Pero la gratitud no es algo innato. Debe ser aprendida. A la gente le gusta estar con niños que han aprendido estas lecciones, generalmente no aprecian a los malcriados, o sea, los niños fuera de control.

Llegará el momento en que todo niño necesitará corrección. La Biblia dice:“La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él”(Pr. 22:15). La razón para la disciplina siempre debe explicarse, y no debería llevarse a cabo en medio del enojo. Debe ser adecuada a la desobediencia. Luego de que termina, el padre debe reconfirmar su amor por el hijo. Esto le mostrará que su padre o madre no lo está rechazando a él sino su comportamiento. El propósito de la disciplina es enseñar la obediencia.“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.”(Pr. 13:24). Los padres además deben estar de acuerdo con la disciplina. Los niños tienen gran habilidad para detectar cualquier debilidad en el padre o en la madre, y notan si uno está en contra del otro.

Se debe animar a los hijos a venir a sus padres en cualquier circunstancia, con la certeza de que encontrarán un oído que los escuchará. Permítales saber que usted realmente los ama. No es algo antiespiritual abrazarlos. Frecuentemente escuchamos a los jóvenes decir: “Mi padre nunca me dijo que me amaba.” Dígaselo, antes de que sea demasiado tarde.

Es bueno para un niño comprometerse en un equipo deportivo. Les enseña a trabajar en equipo y a ser buenos deportistas. Si un pequeño aprende a tocar un instrumento musical, desarrolla la coordinación entre la mente y el músculo y una apreciación por la buena música.

Los padres deben evitar presionar a sus hijos a aceptar a Cristo, pues existe el peligro de que hagan una falsa profesión. Es mejor orar por ellos para que sean parte del reino. Aún en edad temprana, los niños pueden ser movidos a permanecer fieles a Cristo y la verdad. Pueden aprender a separar lo precioso de lo vil (Jer. 15:19). Pueden desarrollar convicciones y aferrarse a ellas aún frente al ridículo y a la oposición. Las historias de los mártires cristianos son excelentes. Los padres deberían tener su hogar bien equipado con buena literatura cristiana. La madre de Hudson Taylor dejó un folleto sobre la mesa de la sala, y luego dejó un mensaje. Hudson leyó el folleto y confió en Cristo. Dios le usó para alcanzar el interior de China con el evangelio.

Sólo hemos rozado la superficie. Podrían escribirse volúmenes enteros sobre el tema. Pero los puntos mencionados quizá sean suficientes hasta que logre incorporarlos con éxito a su familia cristiana.

 

El Difícil Mensaje del Profeta (4ª parte)

El Difícil Mensaje del Profeta 
(4ª parte)

Autor: Marcel Malgo

  El mensaje de los profetas no siempre es fácil de leer. Predicaban, según el caso, la gracia para los creyentes en Dios, o el juicio para los incrédulos. No obstante había una gran diferencia: el pueblo de Dios recibía el mensaje de juicio porque se había apartado, las naciones lo recibían porque habían despreciado a Dios.


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PE1956 – Estudio Bíblico
El Difícil Mensaje del Profeta (4ª parte)



Estimados amigos oyentes, la gran responsabilidad que tenían los príncipes del pueblo en la época de Miqueas, también la tenemos los creyentes del nuevo pacto. ¡Porque usted y yo, todos nosotros, somos príncipes y sacerdotes! Apocalipsis 1:6, explica que Jesucristo nos ha hecho reyes delante de Dios, Su Padre. Pedro nos llama “linaje escogido, real sacerdocio” (en 1 P. 2:9). En la eternidad reinaremos como reyes (según Ap. 22:5), y este alto llamado ya lo llevamos dentro nuestro. Como creyentes, hemos sido hechos sacerdotes en Jesucristo. Nuestro servicio sacerdotal neotestamentario consiste en que cada uno de nosotros se entregue totalmente al Señor, se dé a sí mismo como sacrificio a Dios. Y, como iglesia, tenemos la tarea sacerdotal de proclamar la luz de Dios a un mundo perdido.

¿Es usted consciente de su servicio sacerdotal real? Su responsabilidad no es en nada menor que la de los príncipes y sacerdotes del tiempo del profeta Miqueas. El Señor Jesús explica, en Lc. 12:48, que: “a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”. Por eso, deberíamos cuidarnos de no oprimir, mentir y pecar como los líderes de aquel tiempo, mencionados en Miqueas 3. Más bien, deberíamos tomar en serio lo que explica Pablo en 1 Co. 3:17: “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. Aquí, en un solo versículo, se describe toda la responsabilidad que tenemos nosotros como siervos del nuevo pacto.

Veamos ahora que pasaba con:El corazón de Miqueas.Contrariamente a los líderes del pueblo, Miqueas se daba cuenta de su responsabilidad. En el capítulo 3:8 dijo de sí mismo: “Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado”. ¿No era un poco arrogante este testimonio que Miqueas daba de sí mismo? ¡De ninguna manera! Era una alabanza, un glorificar al Señor en el sentir de Jeremías 9:22 y 23. Él quería mostrar que había un Dios fuerte que le daba fuerza, valor y fortaleza.

En el versículo 7, Miqueas habla de que ya no habría más Palabra de Dios por los pecados de los profetas incrédulos. Y en el versículo 9, él tuvo que reprender a los príncipes de la casa de Jacob, porque ellos pervertían la justicia. Pero, justo en medio de esos dos versículos, en el versículo 8, encontramos su exclamación de victoria. A pesar de toda la miseria, Miqueas proclamó que él conocía a un Dios grande. Del mismo modo, nosotros tampoco deberíamos quejarnos con los que se quejan, ni entonar un lamento en vista de las condiciones de esta tierra, sino que más bien deberíamos glorificar y alabar el poder y la majestad de nuestro gran Dios.

A pesar de todo, las palabras que Miqueas proclama que, en parte, son de duro juicio, también lo afectan a él personalmente. Es más, lo perturban de tal modo, que comienza a lamentar en voz alta. Por eso, explica en el capítulo 1, vers. 8: “Por esto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo; haré aullido como de chacales, y lamento como de avestruces”.

¿No era exagerado este modo de actuar, esta expresión de tristeza? El hecho era que Miqueas debía anunciar cosas espantosas y terribles. La floreciente ciudad de Samaria, por ejemplo, se convertiría en un montón de piedras (como dice Mi. 1:6). Esta profecía se cumplió literalmente en el año 722 a.C. Miqueas sabía exactamente lo que sucedería, de modo que no es de asombrarse que él llorara, y buscara palabras para poder describir todo el espanto de la futura invasión enemiga.

En Miqueas 1:10-15, el profeta usa diversos juegos de palabras para describir toda la miseria de la futura invasión. Para cada lugar que Miqueas nombraba, Hermann Menge dio una traducción literal. Esto nos muestra claramente lo que Miqueas quiso decir con sus juegos de palabras: lo triste que él estaba y cómo le oprimía la condición de su pueblo. Así leemos en el cap. 1, vers. 10 al 15: “No lo digáis en Gat, ni lloréis mucho; revuélcate en el polvo de Bet-le-afra. Pásate, oh morador de Safir, desnudo y con vergüenza; el morador de Zaanán no sale; el llanto de Betesel os quitará su apoyo. Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén. Uncid al carro bestias veloces, oh moradores de Laquis, que fuisteis principio de pecado a la hija de Sion; porque en vosotros se hallaron las rebeliones de Israel. Por tanto, vosotros daréis dones a Moreset-gat; las casas de Aczib serán para engaño a los reyes de Israel. Aun os traeré nuevo poseedor, oh moradores de Maresa; la flor de Israel huirá hasta Adulam”.

Miqueas se sentía totalmente abatido ante la violencia de esa enorme amenaza de castigo. Buscaba palabras, expresiones e imágenes para describir el juicio que se estaba acercando. Con esta actitud, el profeta era un ejemplo del profeta más grande de Israel, o sea de Jesucristo. Unos 800 años después de Miqueas, también nuestro Señor Jesucristo expresó palabras de juicio sobre Su ciudad, Jerusalén, porque ella Lo había desechado. También Él, al igual que Miqueas, luchaba para encontrar las palabras al expresar su profundo dolor. Así leemos en Lc. 13:34 y 35: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor”. Más adelante, cuando el Salvador se acercaba nuevamente a Jerusalén, hasta lloró a causa de ella: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo lo que leemos en el cap. 19, vers. 41 al 43: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán”.

¿Cómo están las cosas con nosotros? Conocemos unas cuantas e inequívocas amenazas de disciplina que Dios proclamó, también para nuestro mundo actual. ¿Cómo tratamos con tales declaraciones del Señor que anuncian consecuencias graves? ¿Llegan a lo profundo de nuestro corazón? ¿Nos perturban una y otra vez? ¿Nos impulsan a orar? Necesitamos un corazón como el de Miqueas, quien tuvo que anunciar el juicio del Dios que ama, pero al mismo tiempo quedó profundamente perturbado y perplejo. Tomemos como ejemplo también a nuestro Señor Jesucristo, quien lloró por Su ciudad de Jerusalén, y de quien se dice también en Mr. 6:34: “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor”.

También hoy, Dios busca este tipo de corazones que lloran, corazones llenos de compasión. Ya en el Antiguo Testamento, en Ez. 22:30, Dios explicó – y también allí se trataba nuevamente de un juicio: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese”.

¿Quiere dejarse llamar a esa tarea, dejando que Dios le dé un corazón que arda por los perdidos? Miqueas tenía un corazón de ese tipo, y eso caracterizaba a este hombre en forma especial.

 

Cuide su Lengua (3ª parte)

Cuide su Lengua 
(3ª parte)

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE1952 – Estudio Bíblico  – Cuide su Lengua (3ª parte)



  ¿Cómo están amigos? Como discípulos de Jesús, es muy importante que aprendamos a cuidar nuestra lengua. Nadie se sorprendería si escuchara decir que la forma de hablar de un cristiano es un barómetro de su carácter. Ya la Biblia declara, en Mt. 12:34: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Con el sólo hecho de escuchar a una persona hablar, usted podría notar que tan espiritual es.

Aunque nosotros no podemos domar la lengua, podemos estar eternamente agradecidos de que Dios sí puede hacerlo. Mediante el poder del Espíritu, Él puede hacer que la lengua filosa se vuelva suave, y que la lengua charlatana se vuelva edificante.

Hemos mencionado algunas de las cualidades que deberían caracterizar nuestra forma de hablar:

En primer lugar:Debe ser verdadera.Nuestro Señor era honesto y transparente. Él nunca mintió, ni siquiera disfrazó la verdad. es necesario que excluyamos de nuestros dichos los embustes, las mentiras piadosas, las exageraciones, la palabrería, y las promesas incumplidas.

También:Debe valer la pena.Jesús advirtió, en Mt. 12:36, que “de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Por tanto, las charlas sin sentido deberían ser confesadas como pecado y quitarlas de nuestras vidas.

Debe ser, también, edificante.En Ef. 4:29, leemos: “Sino la que sea buena para la necesaria edificación”. En otras palabras, deberíamos buscar constantemente la oportunidad de edificar a otros a través de lo que decimos.

Además:Nuestra forma de hablar debe ser apropiada.Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (nos exhorta Ef. 4:29). Nuestras palabras deben ser acordes a la necesidad del momento. “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene” (nos dice Pr. 25:11), y en Pr. 15:23 leemos: “la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!”.

Debe ser, también, con gracia.Nuestro Señor tenía gracia, tanta que los hombres “estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (nos dice Lc. 4:22). La gracia requiere que refrenemos lo hiriente y cortante de nuestras palabras; nuestras desagradables insinuaciones y punzantes sarcasmos.Nuestras palabras deben también estar sazonadas con sal.La sal produce sed. Así que por medio de nuestras palabras deberíamos preservar patrones de integridad moral, y estimular la sed por las aguas vivificantes que ofrece Cristo.Por supuesto, las palabras del creyente deben ser puras.“…toda impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos.(nos dice Ef. 5:3).

Nuestra conversación tampoco debe ser confirmada por juramento.Las palabras del cristiano deben ser honestas y consistentes, para que no tengan la necesidad de confirmarlas con un juramento.

Nuestras palabras deben ser reverentes. No deberíamos hablar a la ligera, o sin respeto, de las cosas sagradas Los siervos de Cristo deberían evitar hacer acotaciones imprudentes.

Nuestras palabras deben estar libres de quejas. Las quejas son un insulto a la providencia de Dios. Es como querer decir que Él no sabe lo que está haciendo.

Nuestras palabras deben ser breves e ir al punto. “En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente” (dice Pr. 10:19). Es decir, cuanto más hablamos, más propensos estamos a pecar.

No debemos consentir el chisme. El chisme pone a su víctima bajo una luz desfavorable; dice cosas que no son amables ni edificantes, ni tampoco necesarias. Es hablar mal de una persona a sus espaldas, en lugar de confrontarla cara a cara. Es una forma de asesinato del carácter.

El escritor de Proverbios bien dijo: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Pr. 18:21). En diferentes pasajes de la Biblia se ataca con dureza al chismoso. Diciendo, por ejemplo: “No andarás chismeando entre tu pueblo”. “El que anda en chismes descubre el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda todo.” “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” “Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” “Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.”

En Romanos 1:29, Pablo menciona a los chismosos (o murmuradores) junto con los homicidas y otras personas inmorales. A veces intentamos camuflar el chisme diciendo que compartimos la información a modo de petición de oración. “Se lo digo sólo para que usted pueda estar orando por esta persona, porque sabe que…” O creemos que evitamos ofender a la persona si contamos sus asuntos de manera confidencial. A menudo ocurre lo siguiente: Dos mujeres estaban hablando en Brooklyn. “Tillie me dijo que le dijiste de aquel secreto que te dije que no le dijeras.” “Qué mala persona. Le dije a Tillie que no te dijera que le dije.” “Bueno, yo le dije a Tillie que no te diría que me dijo – así que no le digas que te dije.”

En su libro, Las Estaciones de la Vida, Charles Swindoll escribe sobre los rumormongers, otro nombre para los chismosos. Esto es lo que dice: “Las almas que se alimentan de rumores son pequeñas y suspicaces. Encuentran satisfacción traficando en callejones poco iluminados, soltando bombas sutiles que explotan en las mentes de otras personas al encender la mecha de la sugestión. Encuentran comodidad siendo sólo un canal “inocente” para la información incierta… y nunca son la fuente.

Los eternos “Dicen que…” o “¿Se enteró de…?” o también “A mí me parece que…”, proveen seguridad al que esparce el rumor.

“¿Se enteró que la Iglesia Memorial del Concreto Histérico está a punto de dividirse?”

“A mí me parece que Fernando y Flor se están por divorciar– dicen que ella le era infiel.”

“Dicen que sus padres tienen mucho dinero.”

“¿Escuchó que le pidieron al Pastor Elphinstonsky que se fuera de su iglesia?”

“Me dijeron que el hijo está consumiendo droga – lo atraparon robando una tienda.”

“Alguien me dijo que ellos tienen que casarse.”

“Por ahí escuché que él bebe mucho.”

“Oí que vive coqueteando a todo el mundo – tenga cuidado con ella.”

“Se dice por ahí – que al final hizo trampa para llegar a donde está.”

“Es algo que preocupa a muchos – no se puede confiar en él.”

Todos sabemos lo que sucede con los chismes y los rumores al ir de una persona a otra. Cada uno agrega su toque negativo, y la historia final tiene poco que ver con la original.

Cualquiera podría sugerir que Pablo criticó a Himeneo y Alejandro (en 1 Ti. 1:19 y 20); a Figelo y Hermógenes (en 2 Ti. 1:15); y a Alejandro el calderero (en 2 Ti. 4:14). Y que Juan no pasó por alto a Diótrefes (en 3 Juan 9 y 10). Esto es verdadero. Pero su propósito era advertir a los creyentes sobre estos hombres, y no sólo atacarlos groseramente.

Con frecuencia es necesario que los líderes hablen con las personas en privado, cuando necesitan disciplina o corrección, pero con la intención de ayudar a las personas involucradas, y no desmoralizarlas. Esto no es lo mismo que el chisme.

Existen ciertos pasos positivos que podemos tomar cuando nos enfrentamos al chisme. Primero: podemos pedirle a la persona que identifique la fuente. Pablo estableció un ejemplo para nosotros en 1 Corintios 1:11: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” Segundo: podemos pedirle permiso para contarle el chisme a la persona de quien se está hablando. “¿Te importaría si le cuento a él lo que recién dijiste?” “No, que horror, no hagas eso. ¡Sería el fin de nuestra amistad!” O podemos, simplemente, rehusarnos a escuchar el chisme. Podemos hacerlo diciendo cortésmente que preferiríamos no escuchar eso, o redirigir la conversación hacia canales más edificantes. “Si nadie escuchara los chismes, nadie los contaría. Ensordece a la audiencia, y habrás enmudecido al chismoso” (dijo Wm. R. Marshall). Y un proverbio turco nos recuerda: “Quien chismosea contigo, chismoseará de ti.”

En conclusión, permítame citar un resumen consistente. No sé quien lo escribió, pero desearía haber sido yo. “¿Qué debería hacer un cristiano con su lengua? Debería controlarla, y nunca buscar el dominio de una conversación. Debería entrenarla a decir menos de lo que podría decir. Nunca usarla para hablar falsedades, verdades a medias, malicia, insinuaciones, sarcasmos, charlas impuras, o vanas palabrerías. Debería usarla siempre cuando las circunstancias demandan testimonio, confesión, o palabras de ánimo. Si es una de esas personas raras que le cuesta decir “gracias”, debería entrenar la lengua a que pronuncie esta palabra, y lidiar con el orgullo vicioso que la inhibe”.

 

Nro. 441

  Algunas preguntas de los oyentes  

Contestamos a la luz de la Biblia la siguiente pregunta: 

     
  • ¿Qué pasa con la disciplina en la iglesia?
  • Los israelitas en el desierto, ¿fueron salvos? ¿Qué de los israelitas que murieron en el desierto? ¿Ellos también son salvos?


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PR441 – Preguntas & Respuestas
Algunas preguntas de los oyentes