Compromiso total XI (2ª parte)


Autor: William MacDonald

Cuando hablamos de la crisis del compromiso, nos referimos a la primera vez que una persona entrega su vida al Señor para hacer lo que Él desee. Puede haber una lucha respecto a dejar sus planes y ambiciones personales. Por eso las palabras entrega y rendición describen muy acertadamente la crisis del compromiso.


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PE2241 – Estudio Bíblico
“Compromiso total” XI (2ª parte)



Estimados amigos, decíamos en el programa anterior que: Cuando una persona recibe la salvación tiene un escaso conocimiento. Luego, a medida que crecen en la fe, la magnitud de lo que sucedió en el Calvario comienza a hacerse viva en ellos, y experimentan una creciente convicción de que el Señor Jesús merece todo lo que son y tienen. Aun allí, puede haber una lucha respecto a dejar planes y ambiciones personales. Es por eso que las palabras entrega y rendición describen tan acertadamente la crisis del compromiso.

Al hacer este compromiso, la persona le está diciendo al Señor: “Donde sea que quieras que vaya. Lo que sea que quieras que diga. Lo que sea que quieras que haga.” Y: “No te daré sólo parte, o la mitad de mi corazón, te daré todo a Ti.”

En la medida en que nos involucramos en un compromiso total, estaremos contentos por la medida en que hemos entregado nuestras vidas al Señor, y arrepentidos de no haberle dado más.

A fines de la década de los ’70, la Marina estadounidense desarrolló un sistema automático para aterrizar aviones en un portaaviones. El oficial controlador de aterrizaje instruía al piloto a acomodar el avión en la cubierta en medio de la neblina. A medida que el avión descendía, él decía: “Quite sus manos de los controles.” El avión se dirigía hacia la cubierta “inclinándose y moviéndose hasta que las computadoras corregían su curso en sincronización con las de la cabina.” El piloto estaba a salvo siempre y cuando quitara sus manos de los controles. De otra manera, podría provocar un accidente.

El Señor nos está diciendo: “Quita tus manos de los controles. Yo te guiaré a casa a salvo y con todo tu cargamento.”

Como ya se ha dicho, un acto de compromiso único no es suficiente. Lo que comenzó con una crisis debe continuar como un proceso. Tiene que haber un compromiso único definitivo seguido de un compromiso repetitivo. “El espíritu está dispuesto pero la carne es débil.” Ponemos la mano valientemente en el arado, pero cuando el costo del discipulado cae sobre nosotros, miramos hacia atrás. Por eso, es que John Oxenham escribió:

Quien responde el insistente llamado de Cristo,
Debe darse a sí mismo, su vida, su todo,
Sin mirar atrás siquiera una vez;
Quien pone su mano en el arado,
Y mira hacia atrás con ansiedad,
Su llamado ha confundido.
Cristo lo reclama, completo, para Él;
Debe ser de Cristo y sólo de Cristo.

El remedio para esa tendencia de mirar hacia atrás es rededicarnos al Señor Jesús cada día. Charlotte Elliott lo expresó en este verso:

Renueva mi voluntad día a día;
Fúndela con la tuya y quita de mí
Todo lo que hoy me dificulta decir,
“Tu voluntad sea hecha.”

El obispo Taylor Smith solía arrodillarse al lado de su cama cada mañana, y decir: “Señor Jesús, esta cama es Tu altar, yo soy Tu sacrificio vivo.”

Anne Grannis lo describió como un diario “intercambio de voluntades”.

Quiero mi vida tan libre del ego
Que mi amado Señor pueda venir
Y acomodar Sus propios muebles
Y hacer de mi corazón Su hogar.
Puesto que sé lo que esto requiere,
Cada mañana cuando aún hay quietud,
Me escabullo hacia ese cuarto secreto,
Para entregarle a Él – mi voluntad.
Él siempre la toma con gracia,
Y me presenta la Suya;
Estoy lista para encontrarme con el día
Y cualquier tarea que haya que hacer.
Así es como mi Señor controla
Mis intereses, mis males;
Porque nos encontramos al comienzo del día
Para un intercambio de voluntades.

Creamos que Él Está en Control

Y, entonces, luego ¿qué ocurre? Probablemente nada sensacional. Si esperamos luces que brillen, campanas que suenen, o escalofríos que vibren por nuestro sistema nervioso, probablemente nos decepcionemos. Lo que sucede es que volvemos a nuestro trabajo normal sin fanfarrias. La mayor parte será rutina y lo cotidiano. Si hay tareas que particularmente no disfrutamos, las hacemos, sabiendo que son parte de la voluntad de Dios. Aceptamos cualquier cosa que nos mande – accidentes, interrupciones, o experiencias en la cima de la montaña – en respuesta a nuestro compromiso.

Un evangelista inglés llamado Harold Wildish, tenía este útil consejo plasmado en el frente de su Biblia:

Al dejar toda la carga del pecado, y descansar en la obra consumada de Cristo [salvación], también hay que dejar toda la carga de la vida y el servicio, y descansar en la presente obra interna del Espíritu Santo [consagración]. Darse uno mismo cada mañana para ser guiado por el Espíritu Santo, seguir adelante en alabanza y descanso, dejando que Él lo dirija a usted y a su vida. Cultivar a lo largo del día el hábito de depender y obedecer a Dios gozosamente, esperar que Él le guíe, le ilumine, le repruebe, le enseñe, le use y haga en y con usted lo que Él desee. Cuente con Su obra como un hecho, aparte de lo visual o los sentimientos. Creamos y obedezcamos al Espíritu Santo como el gobernador de nuestras vidas, y apartémonos de la carga de intentar dirigirnos a nosotros mismos. Y luego, que el fruto del Espíritu aparezca en nosotros, como Él quiera, para la gloria de Dios.

Frances Ridley Havergal nos ofrece un consejo similar, una vez que volvemos nuestras vidas al Señor:

Vayamos por el camino regocijándonos, creyendo que Él ha tomado nuestras vidas, nuestras manos, nuestros pies, nuestras voces, nuestros intelectos, nuestras voluntades, todo nuestro ser, para ser eterna, sola, y completamente para Él. Considerémoslo algo benditamente establecido: no por algo que hayamos sentido, o dicho, o hecho, sino porque sabemos que Él nos oye, y porque sabemos que es fiel a Su Palabra.

La vida quizá no parezca sensacional en ningún día en particular, pero los discípulos comprometidos experimentarán una paz y serenidad en su vida que no conocían.

Experimentarán que los engranajes de la vida van encajando. De vez en cuando verán que suceden cosas que no sucederían de acuerdo a las leyes de oportunidad o probabilidad. Sabrán que Dios los está usando, y no será un conocimiento que produzca orgullo. Sea que lo sepan o no, su servicio brilla con lo sobrenatural, y cuando tocan otras vidas, algo sucede para Dios.

Ahora suponga que usted ha vuelto su vida al Señor y que cada día renueva su voto de compromiso con Él. ¿Cómo sabrá si Él tiene algún cambio importante para usted? ¿Cómo sabrá cuándo debe comenzar a moverse en otra dirección?

El requisito más importante para conocer la voluntad de Dios es caminar en comunión íntima con Él. Es necesario estar cerca para escuchar. J. N. Darby dijo: “La primera cosa necesaria para determinar la voluntad de Dios es estar en el estado correcto del alma.” Esto significa que confesará y abandonará todos los pecados conocidos tan pronto como se dé cuenta de ellos. Pasará tiempo en oración a diario, lo cual es un indicio de que está dependiendo del Señor y no de su propia inteligencia. Y al leer, estudiar, y meditar en la Biblia, usted se pondrá en la posición en que Dios puede hablarle.

La dirección no siempre viene rápidamente. El Señor nos enseña la bendición de esperar en Él. C.I. Scofield dijo: “La fe descansa en la seguridad de que Dios puede hablar lo suficientemente fuerte como para hacer que un hijo que espera Lo pueda oír. Nuestra parte es esperar tranquilamente hasta que estemos seguros”.

Mientras está esperando, puede parecer que nada está sucediendo, pero en realidad el Espíritu Santo está obrando en su intelecto, emociones, y voluntad, para que cuando llegue el llamado, éste sea lo que usted quiere hacer. Como dice Fil. 2:13: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

Compromiso total XI (1ª parte)


Autor: William MacDonald

Cuando hablamos de la crisis del compromiso, nos referimos a la primera vez que una persona entrega su vida al Señor para hacer lo que Él desee. Puede haber una lucha respecto a dejar sus planes y ambiciones personales. Por eso las palabras entrega y rendición describen muy acertadamente la crisis del compromiso.


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PE2240 – Estudio Bíblico
“Compromiso total” XI (1ª parte)



¡Hola! ¿Cómo están? Cuando hablamos de la crisis del compromiso, nos referimos a la primera vez que una persona entrega su vida al Señor para hacer lo que Él desee. Sería agradable pensar que esto sucede en el momento de la conversión. A veces pasa, pero no siempre.

A menudo, cuando una persona es salva, él o ella conocen muy poco. Sólo pueden decir: “Era un pobre pecador perdido pero Jesús murió por mí.” O pueden decir: “Estaba ciego pero ahora veo.” Sin embargo, cada uno confía en el Salvador y en Su obra consumada de salvación. Ésa es la extensión de su teología en ese momento.

Luego, a medida que crecen en la fe, la magnitud de lo que sucedió en el Calvario comienza a hacerse viva en ellos, y experimentan una creciente convicción de que el Señor Jesús merece todo lo que son y tienen. Aun allí, puede haber una lucha respecto a dejar planes y ambiciones personales. Es por eso que las palabras entrega y rendición describen tan acertadamente la crisis del compromiso.

Al hacer este compromiso, la persona le está diciendo al Señor: “Donde sea que quieras que vaya. Lo que sea que quieras que diga. Lo que sea que quieras que haga.” Y: “No te daré sólo parte, o la mitad de mi corazón, te daré todo a Ti.” Sin reservas, nada menos que todo el corazón. Reconocen que debe ser todo o nada porque, como dijo Michael Griffith: “Existe una notable cualidad de todo-o-nada en las peticiones y mandamientos de Cristo.” Desde entonces debe ser la voluntad de Dios – nada más, nada menos, nada fuera de eso.

Cuando hacemos ese compromiso, sabemos que estamos poniendo nuestra vida en el altar como un sacrificio vivo. Y al hacerlo, podemos decir con las palabras de F.R. Havergal:

Oh Hijo de Dios, que me amaste,
Sólo Tuyo seré;
Y todo lo que tengo y lo que soy, Señor,
que de ahora en adelante sea de Tu propiedad.

Spurgeon lo puso de esta manera:

“Oh Dios grande e insondable, que conoces mi corazón, y pruebas todos mis caminos; con humilde dependencia en la ayuda de Tu Espíritu Santo, me rindo a Ti como un sacrificio racional, Te devuelvo lo que Te pertenece. Seré para siempre, total y perpetuamente Tuyo. Mientras esté en la tierra, Te serviré. ¡Qué pueda disfrutar de Ti y alabarte por siempre! Amén.”

El compromiso de Hudson Taylor fue similar:

“Recuerdo bien cuando puse mi ser, mis amigos, mi todo, sobre el altar, la profunda solemnidad que vino sobre mi alma con la certeza de que mi ofrenda era aceptada. La presencia de Dios se volvió inexplicablemente real y bendita, y recuerdo… haberme extendido en el suelo, acostado delante de Él con asombro y gozo indescriptibles. Para qué servicio había sido aceptado, no lo sabía, pero una profunda conciencia de que ya no me pertenecía tomó posesión de mí, y desde entonces no se ha borrado.”

William Borden, Yale 1909, un retoño de millonarios, abandonó todo para llevar el evangelio a los musulmanes. Murió en El Cairo cuando viajaba a China a la edad de 26, dejando un impacto en el mundo cristiano que aún se siente. De esta manera verbalizó su compromiso:

“Señor Jesús, en lo que respecta a mi vida, saco mis manos de en medio. Te pongo a Ti en el trono de mi corazón. Cámbiame, límpiame, úsame como Tú decidas. Tomo todo el poder de Tu Espíritu Santo. Te doy gracias.”

Jim Elliot tomó en cuenta el costo, y luego oró:

“Padre, toma mi vida, sí, mi sangre, si así lo quieres, y consúmela con Tu fuego envolvente. No la guardaré, pues eso no me corresponde. Tenla, Señor, es toda para Ti. Derramo mi vida como una oblación por el mundo. La sangre sólo tiene valor si fluye delante de Tus altares.”

Una joven en Carolina del Sur tuvo una manera muy original de indicar su compromiso. Tomó una hoja de papel en blanco y puso su nombre en la parte de abajo. Fue su forma de aceptar la voluntad de Dios, sin importar cuál fuera. Se la entregó a Él para que agregara los detalles.

Pero, ¿qué sucede luego que una persona hace semejante renuncia? Algunos pueden tener una experiencia emocional. Otros quizás no. Pero, debería experimentarse un sentimiento de alivio por haber hecho lo correcto. Debería tenerse la certeza de que el Salvador ha aceptado el sacrificio. Más allá de eso, los sentimientos no son importantes. Lo que realmente importa es que hayamos hecho un compromiso firme: “Amo a mi Dueño. No me iré en libertad.”

Jamás nos sucederá que hagamos algo extraordinario. A la luz de la Cruz, nosotros no hemos hecho ningún sacrificio notable. Podremos decir estas palabras anónimas:

Pobre es mi sacrificio, cuyos ojos
Son iluminados desde arriba.
Ofrezco lo que no puedo quedarme,
Lo que he dejado de amar.

Finalmente, nos daremos cuenta que cualquier cosa menor a la entrega total sólo es “pecado pulido”. Como dijo la Sra. J.A.Trench:

¡Oh, quiebra todo lo que
Impide que mi corazón se acerque a Ti,
Quien murió para ganar mi corazón!
Todo otro amor, sea muy querido,
Sea de mucho tiempo, o fuerte, o cercano,
En el que Tú no seas el tema central,
Es sólo pecado pulido.

Existe una fábula que surge de vez en cuando, y aunque los detalles difieren, la moraleja es la misma. Una cuadrilla de una expedición de excursionistas llegó a un río. Una voz les dijo: “Tomen tantas piedras del río como deseen, luego crucen el río y sigan. Van a alegrarse y van a arrepentirse”. Las reacciones fueron variadas. Algunos tomaron tantas como pudieron cargar; y ya tenían una carga de artículos para acampar. Otros se contentaron con un puñado. Y otros entendieron que ya tenían suficiente dificultad en la vida y no sentían que necesitaban más.

Después de haber cruzado el río y caminar algunas millas, las piedras se volvieron esmeraldas. Estaban alegres por todas las que habían juntado, y arrepentidos de no haber tomado más.

De esa manera es también con el compromiso. Estaremos contentos por la medida en la que hemos entregado nuestras vidas al Señor. Y arrepentidos de no haberle dado más. Como expresan estas palabras de un autor desconocido:

Al contemplar Su rostro,
Hermoso rostro, rostro ensombrecido por espinas.
Al contemplar Su rostro,
Desearía haberle dado más.
Más, tanto más:
Dar más de mi vida de lo que nunca había dado.
Al contemplar Su rostro,
Desearía haberle dado más.
Al contemplarle extender Sus manos,
Manos que reciben, manos heridas.
Al contemplarle extender Sus manos,
Desearía haberle dado más.
Más, tanto más:
Dar más de mi corazón de lo que nunca había dado.
Al contemplarle extender Sus manos,
Desearía haberle dado más.

Al contemplarle cuando me arrodillo a Sus pies,
Hermosos pies, pies rasgados.
Al contemplarle cuando me arrodillo a Sus pies,
Desearía haberle dado más.
Más, tanto más:
Dar más de mi amor de lo que nunca había dado.
Al contemplarle cuando me arrodillo a Sus pies,
Desearía haberle dado más.

A la luz de ese hermoso rostro,
Luz de Su rostro, maravilloso rostro.
A la luz de ese hermoso rostro
Desearía haberle dado más.
Más, tanto más:
Tesoros ilimitados que adoro en Él.
Al contemplar Su rostro,
Desearía haberle dado más.

Compromiso total X (2ª parte)


Autor: William MacDonald

Cuando Cristo está en control, Él nos libra de desperdiciar nuestras vidas en trivialidades. Y, a veces, el tipo de compromiso que se asume, lleva al cambio en la carrera de una persona.


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PE2238 – Estudio Bíblico
“Compromiso total” X (2ª parte)



Hola amigos! Cómo están? A veces, el tipo de compromiso que hemos estado describiendo lleva al cambio en la carrera de una persona. Dios puede llamar a alguien a salir del trabajo secular para servir a tiempo completo en el Reino.

Cada hijo de Dios es un ministro. Técnicamente no es acertado decir que sólo parte de la iglesia está en el ministerio a tiempo completo. Es una función de todos los miembros. Dios llama a algunos a dedicar su tiempo exclusivamente a predicar, enseñar y pastorear, y son sustentados por las ofrendas de otros creyentes

Hay muchas ideas confusas acerca del ministerio cristiano. Cuando un joven muestra un interés fuera de lo común en estudiar la Biblia, o un don especial para predicar, la conclusión inmediata es que debe ir al seminario y convertirse en ministro. Y ahora que hay otras denominaciones que están nombrando mujeres, esta idea también se ha volcado a esa dirección. Esta forma de pensar, antes que nada, no es bíblica. Si el entrenamiento en el seminario fuera un requisito para el servicio cristiano, tendríamos que eliminar a Jesús, a los discípulos y al apóstol Pablo. La iglesia primitiva no sabía nada de tal sistema clerical impuesto por los hombres, o del ministerio de un hombre solo. Y ciertamente el clero femenino está prohibido por la Palabra (según lo que leemos en 1 Ti. 2:12).

Además, este pensamiento provee una visión escasa de lo que significa el ministerio. Restringe la palabra a la predicación o enseñanza detrás de un púlpito. Lo cierto es que la Palabra abarca cualquier forma de servicio para el Señor. Todos los creyentes que sirven de acuerdo con la Escritura son ministros, sin importar la edad o el sexo.

A veces el Señor llama a hombres y mujeres a que salgan de la fábrica, la tienda o la oficina para que puedan servirle sin distracciones o limitaciones de tiempo. Las personas pasa por un período de búsqueda del alma. Lo que los profetas llamaron “la carga del Señor”, está sobre ellos. Están conscientes de que el Señor les ha hablado y están depositando en Él una pasión espiritual creciente. Sienten una palmadita divina en el hombro. No pueden resistirlo – y tampoco quieren. James Stewart describe esta experiencia así:

Una vez que cualquier persona ha mirado los ojos de Cristo y ha sentido el magnetismo de Su estilo de vida, nunca más estará conforme con los ideales y estándares que antes que llegara Cristo parecían adecuados. Cristo lo ha desviado a otra cosa. Los viejos estándares de valores se han convertido en cenizas y polvo.

Pedro, por ejemplo, abandonó su carrera un día que su red estaba tan llena de peces que se estaba rompiendo. Tuvo que pedir ayuda a otra barca. Ambas barcas estaban tan llenas que comenzaron a hundirse. Ahí fue cuando Jesús dijo: “No temas. De ahora en adelante pescarás hombres.”

He aquí otro ejemplo de alguien que sintió que debía curar almas y no cuerpos.

La dirección de Dios viene de maneras diferentes. Un cristiano puede sentirse gradualmente frustrado por la forma inútil en que está viviendo su vida. Cuando el Dr. Martin Lloyd-Jones abandonó la lucrativa y prestigiosa práctica médica para predicar el evangelio, sus amigos no lograron entenderlo. Pero, dejemos que él mismo nos cuente su historia:

“La gente me decía: ‘¿Qué razón hay para abandonar un buen trabajo – una buena profesión – después de todo, la profesión médica, por qué abandonarla? Si hubieses sido un apostador, por ejemplo, y hubieras querido dejar eso para predicar el evangelio, entenderíamos y estaríamos de acuerdo contigo en que es algo grandioso. Pero la medicina – es una buena profesión – ¡que sana enfermos y alivia el dolor!’ Un hombre hasta me llegó a decir: ‘Si fueras un abogado y abandonaras eso, te daría una palmada en la espalda, ¡pero dejar la medicina!’ ‘Bueno’, sentí de decirles, ‘si supieran más sobre el trabajo de un doctor, entenderían.’ Nosotros… pasamos la mayor parte de nuestro tiempo mejorando a la gente para que vuelva a su pecado. Vi hombres enfermos en sus camas, les hablé de sus almas inmortales, y prometieron grandes cosas. ¡Luego mejoraron y volvieron a su antiguo pecado! Me di cuenta que estaba ayudando a estos hombres a volver a pecar, así que decidí no invertir más en eso. Quiero sanar almas. Si un hombre tiene el cuerpo enfermo pero el alma sana, estará bien siempre; pero un hombre que tiene un cuerpo sano y un alma enferma, estará bien por más o menos sesenta años y luego tendrá que enfrentar una eternidad infernal. ¡Ah sí! A veces tenemos que dejar esas cosas que son buenas, por lo que es mejor – el gozo de la salvación y la renovación de la vida”.

Otro doctor dijo que dejó el bisturí para concentrarse a tiempo completo en el instrumento que es más acertado, confiable, y agudo que el más moderno bisturí láser, la Palabra de Dios.

El encargado ejecutivo de una cadena de supermercados le contó a un amigo cristiano que iba a dejarlo todo. Cuando se le preguntó por qué, él contestó: “En la noche nunca me voy antes de las seis, y todavía tengo que llevar trabajo a casa. Cuando mi día de trabajo termina, no tengo tiempo ni energía para las cosas de Dios. El precio respecto a lo eterno, es demasiado caro.”

Otro caso de alguien que quedó fuera de la Fuerza Aérea

Jerry White dejó el prestigioso mundo de la ciencia y la tecnología espaciales, para entrenar discípulos cristianos. Él declaró: “La obra cristiana a tiempo completo era una carrera en la que no tenía interés, o por la cual no tenía inclinación alguna. Al comienzo de mi vida cristiana no me sentí guiado hacia ella, ni me resultaba atractiva. Sin embargo, alrededor de la medianoche de una noche de mayo de 1972, me encontré de rodillas diciéndole a Dios que estaba dispuesto, y que dejaría mi carrera como oficial de la Fuerza Aérea para servir a tiempo completo en la obra del Señor”…

… “Muchos criticaron mi decisión. Algunos estaban escépticos. Un oficial retirado me dijo que estaba ‘loco’. Mi abuela lloró. Mi esposa al principio estaba temerosa. La mayoría de mis parientes estaban en shock. Otros pensaron que era un gran paso de fe. El paso parecía ilógico, porque me quedaban sólo 6 años y medio de servicio para jubilarme. Muchos pensaban que debía esperar hasta entonces”.

Cuando White abandonó su carrera en la Fuerza Aérea para servir al Señor a tiempo completo, estaba marchando al compás de un percusionista diferente. “No era que el pasto fuera más verde,” escribió luego, “aunque sí lo era. No era que había mayor seguridad – aunque la había. Sólo era una profunda convicción de que Dios estaba llamando”.

Jenny Lind, la famosa cantante de ópera sueca, se convirtió en Nueva York y, poco después, decidió abandonar el escenario para siempre. Un día, una amiga la encontró sentada en la playa con una Biblia abierta en su falda. La amiga le preguntó por qué había dejado una carrera tan brillante. Jenny contestó: “Cada día que pasaba, el negocio me hacía pensar menos en mi Biblia y en casi todo lo que hay más allá de esta vida – ¿qué más podía hacer?”

Un artista cristiano había estado pintando un cuadro de una joven escasamente vestida, que cargaba un bebé contra su pecho, sin techo, en una calle oscura, en medio de una tormenta. De pronto, tiró el pincel sobre la paleta y dijo: “En vez de sólo pintar a los perdidos, saldré a salvarlos.” Esa decisión lo guió hasta Uganda como misionero.

Siempre tengo que reír cuando pienso en lo que los amigos de C. T. Studd le dijeron cuando Dios lo llamó al campo misionero: “Estás loco, vas a dejar el cricket para ser misionero. ¿No podías esperar hasta terminar tus días de cricket? ¿No crees que sería posible causar un mayor impacto para Dios siendo un jugador de cricket? ¿Por qué irás como misionero a un lugar en el que ni siquiera han oído hablar del cricket?” Pero Studd estaba abandonando la inutilidad, para encontrar la plenitud. Estaba dejando la fantasía, para encontrar la realidad.

Compromiso total VI (4ª parte)


Autor: William MacDonald

Un cordón de oro recorre las Escrituras, una verdad que reaparece constantemente en el tejido de la Palabra. La verdad es ésta: Dios quiere lo primero y Dios quiere lo mejor. Él quiere el primer lugar en nuestras vidas y quiere lo mejor que tengamos para ofrecer.


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PE2229 – Estudio Bíblico
“Compromiso total” VI (4ª parte)



Cómo están amigos? Nos habíamos preguntado en el programa anterior: ¿Por qué los cristianos no consagran completamente sus vidas a Cristo? Para decirlo francamente, es porque no pensamos correctamente. Nuestras mentes se han desvirtuado a causa de los temores y los engaños. Expusimos ya algunos de estos temores, y hoy continuamos:

Temor a las Dificultades

Existe el temor a perder comodidades. Nuestra vívida imaginación vuela y tiembla al pensar en tener que bañarnos al aire libre o tomar duchas ocasionales – sin nombrar la vestimenta de segunda mano, muebles del Ejército de Salvación, y todo lo demás de segunda mano también, mientras que nuestros amigos disfrutan de vivir con todo lujo, de lo que en realidad son “los suaves y efímeros lujos que matan el alma”.

Uno más, es el: Temor a la Insuficiencia

Algunos pueden sentir que no tienen ningún talento o don especial que dar al Señor. Se consideran inferiores; y hasta indignos. Pero F. B. Meyer dijo:

Soy sólo un hombre común. No tengo dones especiales. No soy un orador, no soy un erudito, ni un profundo pensador. Si he hecho algo por Cristo y mi generación, es porque me he entregado plenamente a Cristo Jesús, y luego intenté hacer todo lo que Él quiso que hiciera.

Nuestra parte es entregarnos enteramente a Cristo. Su parte es usarnos para Su gloria. Si calificamos como tontos, débiles, básicos, despreciados, entonces estamos en una buena posición para ser usados por Él (según 1 Co. 1:26 al 28).

Y está también, el: Temor a perder el Status

Algunas veces creemos que el mayor impedimento para nuestra completa dedicación es el orgullo. Si hemos de ser honestos, tendríamos que confesar que nos consideramos demasiado grandes, demasiado importantes para el tipo de vida que consideramos servicio cristiano. Está bien para otros, pero está por debajo de nuestra dignidad. Codiciamos un nombre en el mundo. Cualquiera que tenga una actitud necia debería considerar lo siguiente:

Podemos subir la escalera del éxito, y después, al llegar a la cima, darnos cuenta que la escalera estaba apoyada en la pared incorrecta.
Podemos cambiar el mejor lugar de Dios por Su segundo, tercero, cuarto, quinto mejor lugar.
Podemos gastar nuestra vida en cosas sin consecuencias en lo eterno.
Podemos terminar con al alma salvada pero la vida perdida.
Podemos llegar al cielo con las manos vacías.

O, todo lo anterior.

Hablemos ahora de un: COMPROMISO DEFICIENTE

Cada uno de nosotros sabe algo sobre una entrega deficiente. Cuando apuntamos a algunos ejemplos bíblicos, tres dedos nos están apuntando a nosotros. Cuando somos tentados de criticar a Pedro, o a Ananías y Safira, no podemos evitar sentirnos culpables. Nos vemos a nosotros mismos reflejados en sus experiencias.

Veamos: Las Tres Negaciones de Pedro

A pesar de su amor y celo por el Señor Jesús, Pedro siempre es recordado por las tres negaciones. Cuando el Salvador predijo Su muerte y resurrección: “Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.” (así leemos en Mt. 16:22). Hay una lección aquí. No se llama a Jesús Señor, para luego contradecirlo.

En otro momento, cuando el Maestro se arrodilló delante de Pedro para lavar sus pies, Pedro protestó: “Señor, ¿tú me lavas los pies?… No me lavarás los pies jamás” (Juan 13:6, 8). Observe la contradicción entre las palabras Señor y jamás.

Cuando Pedro tuvo la visión del lienzo que descendía del cielo con todo tipo de criaturas, de lo cual leemos en Hechos 10:13 y 14, el Cristo resucitado le dijo: “Levántate, Pedro, mata y come.” Y el apóstol respondió: “Señor, no”. Cualquiera que contesta de esa manera debe tomar una decisión. O es “No”, o es “Señor.” No pueden ser las dos. O hacemos lo que Él dice, o dejamos de llamarlo Señor.

Cuando W. Graham Scroggie estaba aconsejando a una joven que estaba en medio de una gran lucha en su alma respecto a un tema de sujeción a Cristo, él le contó la historia de Pedro en Jope, y cómo el Señor le dijo que se levantara y comiera. Pedro dijo tres veces: “No Señor”. Scroggie le dijo amablemente: “Es posible decir: ‘No’ y también ‘Señor'; pero no se puede decir: ‘No Señor’. Voy a dejar mi Biblia contigo y este lápiz. Irás a la otra habitación y borrarás la palabra ‘No’ o ‘Señor.’ ” La joven se encontraba llorando cuando regresó. Scroggie miró la Biblia y vio que la palabra No era la que había borrado. Y ella decía: “Él es Señor. Él es Señor.” Cuando más tarde él mismo contó la historia, agregó, “De eso se trata la santa obediencia.”

Existe también, la: Entrega Hipócrita

Ananías y Safira fueron atrapados durante un poderoso mover del Espíritu Santo. Los primeros cristianos dejaban todo para seguir a Cristo. Ananías y su esposa vendieron una porción de sus propiedades y fingieron darlo todo para el Señor, pero ellos se habían quedado con parte de eso para ellos mismos. Profesaron una consagración completa cuando no lo era. Y no fueron los últimos en cometer este pecado. Cuán a menudo cantamos: “Todo a Cristo yo le rindo”, mientras nuestra rendición es incompleta. Si Dios derribara a todos los que fueron culpables de un compromiso defectuoso, los números de la iglesia en la tierra se verían notablemente disminuidos.

Y no podemos dejar de mencionar el: Yo Primero

En Lucas 9:57 al 62, tenemos otros tres ejemplos de una falsa dedicación. El primer hombre llamó Señor a Jesús y con entusiasmo prometió seguirlo a cualquier parte. “Señor, te seguiré adondequiera que vayas”. Pero cuando el Señor le advirtió que eso podría significar no tener una casa, se retiró rápidamente. Su “adondequiera” se convirtió en “ahí no.”

El segundo hombre escuchó el llamado de Cristo: “Sígueme,” pero éste le dijo: “Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.” No existen indicios de que su padre estuviera muriendo en ese momento. Quizá estuviera en perfecto estado de salud. El casi discípulo quería quedarse en casa hasta que llegara el tiempo en que su padre exhalara por última vez. Podía haber sucedido que su padre viviera más tiempo que él. Ese fue un compromiso deficiente, pues le dio mayor prioridad a algo que no era el llamado de Cristo. Estaba poniendo su ego antes que al Salvador; observe que el joven dice: “déjame…primero.” Y luego dijo algo como: “ahora no, más tarde.” ¿Qué tipo de entrega es ésa?

El tercer hombre también llamó Señor a Jesús y profesó dedicación total. “Te seguiré, Señor…” Pero lo arruinó todo cuando dijo: “pero”, y luego agregó: “déjame…primero”. “Déjame que me despida primero de los que están en mi casa”. Él no se refería a una rápida despedida. Las despedidas en aquel tiempo se extendían a días de comida y compañerismo. Este también puso una condición a su compromiso. Los convenios sociales tuvieron mayor prioridad que el señorío. Jesús es Señor, pero…

Años atrás apareció esta oración en las Notas Diarias de la Unión Bíblica. Y todavía es oportuna:

Perdónanos, oh Señor, por buscar tantas maneras de evitar el dolor y el sacrificio del discipulado. Fortalécenos en este día para caminar contigo, sin importar el costo. En Tu nombre, Amén.

Compromiso total VI (3ª parte)


Autor: William MacDonald

Un cordón de oro recorre las Escrituras, una verdad que reaparece constantemente en el tejido de la Palabra. La verdad es ésta: Dios quiere lo primero y Dios quiere lo mejor. Él quiere el primer lugar en nuestras vidas y quiere lo mejor que tengamos para ofrecer.


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PE2228 – Estudio Bíblico
“Compromiso total” VI (3ª parte)



Hola amigos! Qué gusto estar nuevamente con ustedes! Como ya se dijo, el tema de hoy es: ¿QUÉ IMPIDE NUESTRO COMPROMISO?

La lógica del compromiso es ineludible. Piense otra vez en lo que el Dios encarnado hizo en la cruz:
Él murió como sustituto por ti y por mí.
Quitó el pecado por sacrificarse a Sí mismo.
Dios el Padre puso nuestros pecados sobre Su divino Hijo y Él pagó la pena.
Derramó Su sangre para comprarnos en el mercado del pecado.

Es imposible exagerar el hecho de que fue Dios encarnado, fue Quien murió allí para que nosotros podamos pasar la eternidad con Él en el cielo.

La muerte de nuestro Creador en el Calvario es única. Nunca antes había sucedido algo así, ni se volverá a repetir. Que Él estuviera dispuesto a morir por criaturas pecaminosas desafía la imaginación. Es demasiado atrevido para que el ser humano lo haya inventado, demasiado maravilloso para que la mente humana lo comprenda. Fue amor sin medida, gracia sin comparación, sacrificio sin límites.

La creación inanimada respondió a la magnitud de lo que estaba sucediendo. Tinieblas cubrieron la tierra. Las rocas se desintegraron. La tierra tembló. Las sepulturas se abrieron. El velo del templo se rasgó de arriba a abajo. Sólo un ser humano, pensando en voz alta, expresó la maravilla de lo sucedido. Fue el centurión romano, que dijo: “Verdaderamente era el Hijo de Dios.”

Comparado con el Calvario, cualquier otro evento se opaca en insignificancia. Todas las demás muertes fueron triviales. Todas las otras horas fueron irrelevantes. Y todo fue por ti y por mí.

¿Cuál debe ser Nuestra Respuesta Razonable?

Existe sólo una respuesta apropiada para esa lógica, expresada en las palabras de Thomas O. Chisholm:

Oh Jesús, amo y Señor,
Yo me entrego a Ti;
Porque Tú, en tu expiación,
Te diste a Ti mismo por mí.
No tengo ningún otro Señor,
Mi corazón será Tu trono.
Mi vida te doy, desde ahora para vivir,
Oh Cristo, sólo para Ti.

¿Por qué los cristianos no consagran completamente sus vidas a Cristo? Para decirlo francamente, es porque no pensamos correctamente. Nuestras mentes se han desvirtuado a causa de los temores y los engaños. Expongamos algunos de estos pensamientos a la luz.

El Temor a la Voluntad de Dios

Tenemos miedo de lo que Dios pueda demandar de nosotros. Un número sorprendente de cristianos asume que si ellos dijeran: “Toma mi vida”, Dios automáticamente respondería: “Ve al campo misionero”. Para ellos la voluntad de Dios es sinónimo de obra misionera en otro lugar. Piensan que ése es el único llamado que Dios tiene para los discípulos dedicados. Sus mentes evocan visiones de serpientes, pantanos, escorpiones, arañas, humedad sofocante.

Este temor produce un punto de vista escaso y deshonroso de la inventiva de nuestro Señor. Primeramente, Él está lejos de ser limitado, es más, tiene una infinita variedad de planes para las personas entregadas. Él es un Dios de creatividad ilimitada o como alguien dijo una vez: “”de maravillosa imaginación”. Él “nos deleita con su increíble variedad”.

Este temor también pasa por alto el hecho de que Dios no se ocupa de arrastrar reclutas reticentes. Sus soldados son voluntarios. Pablo nos recuerda en Filipenses 2:13 que Él pone en nosotros tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. En otras palabras, es Él quien pone el deseo en nuestros corazones, y luego nos da la habilidad para llevarlo adelante. Esto significa que cuando un hombre o una mujer caminan en la voluntad de Dios, en realidad están haciendo lo que Él más quiere que hagan. Para él es el cumplimiento de un sueño.

Otro temor es: El Temor a lo que Dios Pueda Tomar

Algunos de nosotros tenemos miedo de que Dios nos robe algo que atesoramos. ¿Cuándo aprenderemos que Él no vino a robar, matar, o destruir? Él no aparece como un ladrón. Él viene para dar abundantemente. Él no se queda con las cosas buenas de quienes caminan en rectitud (como en Salmos 84:11).

Él toma sólo aquellas cosas que podrían ser perjudiciales para nuestro bienestar temporal y eterno. Por ejemplo, nos libera de la culpa, la pena y el poder del pecado. Él nos libera de este mundo malvado y de la ira que ha de venir. Por estas benditas sustracciones deberíamos estar eternamente agradecidos.

No tiene sentido que tengamos miedo a la voluntad de Dios. Su voluntad siempre es “buena, agradable y perfecta.” Temerle es tener temor de una bendición.

Otro temor es: El Temor a las Negaciones de Dios

También tenemos temor de que el Señor nos niegue algo bueno. Para muchos jóvenes, el matrimonio está primero en la lista. Sí, ellos dicen que quieren la voluntad de Dios pero hay una añadidura. Primero quieren tener la certeza de un compañero. Primero está el altar matrimonial, y sólo después está el altar del sacrificio.

Albergar esa reserva no es un compromiso total. Significa que la voluntad de Dios debe sujetarse a mi voluntad, al menos en esta área. El sacrificio vivo está incompleto.

De todas maneras, el matrimonio es la voluntad de Dios para la mayor parte de la humanidad. Esto es claro puesto que la mayoría de nosotros viene de una larga ascendencia de personas casadas. Pero que el matrimonio sea una condición para el compromiso completo es una equivocación. Negociar con Dios muestra que la voluntad de la persona no está sujeta a la Suya. Y es jugar con dinamita. La obsesión por un esposo puede hacerse tan fuerte que una joven puede llegar a lanzarse a un matrimonio que podría condenarla a no alcanzar jamás la voluntad perfecta de Dios. El Señor le dará su deseo pero enviará mortandad a su alma (como dice Salmos 106:15). Eso también sucede con los jóvenes varones, que buscan primero que nada la belleza externa, antes que carácter espiritual en su futura esposa.

Si Dios llamara a una vida de soltería, Él daría no sólo la gracia sino también el contentamiento. Le permite a los cristianos darse a sí mismos para el servicio de Cristo sin distracciones. Garantiza una movilidad que no tendrían de otra manera. Los libera de muchas preocupaciones de esta vida. La soltería es mejor que la miseria marital.

Para la mayoría de la gente, la soltería no será la opción de Dios. Pero la decisión final se debería dejar a Él. Su voluntad es la que importa. ¿Por qué escoger caprichosamente un esposo o esposa fuera de la voluntad de Dios cuando Él bien puede darnos algo mejor de Su elección? “Los que quieren casarse en la peor manera posible, generalmente lo hacen.”

Un temor más: El Temor a Perder Independencia

También está el temor de que la voluntad de Dios choque con los planes que tenemos de una carrera, una casa en la zona bonita de la ciudad, y de uno o dos autos en su versión más lujosa. Con demasiada frecuencia, lo que en realidad queremos es usar nuestros mejores años en ganarnos la vida, y luego entregamos nuestros años de jubilación al Señor. Francamente, Él no los quiere. No quiere el final apagado de una vida ya gastada. ¿Puedes culparlo?

También está: El Temor a lo Desconocido

Algunas personas sufren del temor a lo desconocido. No tienen la fe de Abraham. Cuando Dios lo llamó, él salió, sin saber a dónde se dirigía. Escogió caminar en la oscuridad con Dios, en lugar de caminar sólo en la luz.

Y, por último, por hoy, está: El Temor a Perder Seguridad

Otros tienen miedo de que al seguir al Señor eso les signifique perder la seguridad financiera. “Quizá no tenga medios visibles de sustento. Quizá tenga que depender de las donaciones de otros. Quizá necesite asistencia social”. Debemos aprender que Dios es nuestra única seguridad verdadera, y que provee con liberalidad para lo que Él ordena.