Segunda venida de Jesucristo (1ª Parte)

Segunda venida de Jesucristo 
(1ª parte)

Autor: Thomas Lieth

  ¿Falta aún mucho para que vuelva el Señor? ¿No es ésta una pregunta que todos nos hacemos? Ya nos encontramos en la segunda década del nuevo milenio y el arrebatamiento aún no ha ocurrido. Seamos sinceros, ¿Estamos desilusionados por eso? O quizás peor: ¿estamos  enojados con el Señor? ¿Nos molesta que hasta ahora la venida del Señor haya sido postergada? Escuchemos qué tiene para decirnos acerca de todo esto el autor de este mensaje, basado en la Palabra de Dios!  


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PE1883 – Estudio Bíblico  –  Segunda venida de Jesucristo (1ª Parte)



Amigos, ¡qué gusto estar nuevamente junto a ustedes! ¿Falta aún mucho para que vuelva el Señor? ¿No es ésta una pregunta que todos nos hacemos? Ya nos encontramos en la segunda década del nuevo milenio y el arrebatamiento aún no ha ocurrido.

Seamos sinceros: hace 15 años atrás, en medio de los años 90, ¿no creía usted firmemente que no estaríamos más en esta Tierra en el año 2010? Supongo que unos cuantos de nosotros contábamos con que el arrebatamiento se encontraba delante de la puerta y estábamos seguros de que no viviríamos el cambio del milenio.

Santiago 5:7 y 8, nos dice:“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”.

“La venida del Señor se acerca”, dice en este pasaje. Han pasado unos 2000 años desde que Santiago escribió eso. Y la realidad es que hoy estamos en la tierra y no en la Jerusalén celestial. ¿Está usted desilusionado por eso? O quizás peor: ¿está usted enojado con el Señor por esto? ¿Le molesta que hasta ahora la venida del Señor haya sido postergada? Quizás su pensamiento adquiera tintes aun más negativos y comience a decirse: “El Señor todavía no viene, falta mucho tiempo para que eso suceda”.

En la historia existió una persona así, que en cierta situación insatisfactoria esperaba al Mesías, es decir, que Él se presentara con poder. Y entonces, lleno de impaciencia, cuando veía que no sucedía nada, le preguntó al Señor Jesús:“¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”(así leemos en Mt. 11:3). Quizás Juan el Bautista – por quién era – incluso pensara: “Ya es hora de que el Señor Jesús venga por fin y establezca Su reino mesiánico.”

Pero, no quiero detenerme más en esto, sino llegar a la respuesta del Señor Jesús, es decir, a lo que el Salvador le dio como respuesta a este Juan impaciente y desesperado y que leemos en el vers. 6:“Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. El Señor Jesús no le dijo: “En tal y tal momento vendré y estableceré mi reino.” No. Es más, lo dejó en total incertidumbre en cuanto a los subsiguientes sucesos de la historia de la salvación. Pero, le dijo  aquello que realmente era importante. En mis propias palabras, que seguro son insuficientes, ésta fue la idea que le transmitió: “Juan, no peques, no te desilusiones de mí, no te molestes, sino persevera. Ten paciencia, no importando la situación en la que te encuentres y simplemente deja que Yo haga, a Mi tiempo. ¡Tú confía y cree!”

En Santiago 5 se nos habla de la paciencia. Dice en el vers. 7:“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor”. A nadie, ni aun a los apóstoles, a los primeros cristianos o a los patriarcas, les fue dicho cuándo sería el día de Jesucristo. ¿Qué fue lo que el Señor Jesucristo dijo, en lugar de eso?“Pero del día y la hora nadie sabe…”(leemos en Mt 24:36). Una cosa está clara: el Señor volverá. La pregunta respecto asiviene ni siquiera debería ser formulada, no hay necesidad de hablar sobre eso. La Biblia está llena de estas promesas, y el pasaje de Santiago 5 es solo uno de los muchos que mencionan la realidad de la pronta venida del Señor Jesucristo. En todas las cartas del Nuevo Testamento la segunda venida del Señor es un tema destacado. De modo que no se trata de un tema al margen o de un acontecimiento insignificante. Por el contrario: es un tema central y hacemos bien en mencionarlo, y también en seguir llamando la atención hacia el mismo. Los apóstoles obviamente esperaron la venida de nuestro Señor en todo tiempo, aun cuando nunca dijeron que la llegada del Señor debía suceder, sí o sí, durante su vida. Eso diferencia a los apóstoles de algunos fanáticos del fin de los tiempos, que creen poder poner una fecha específica a la segunda venida del Señor.

Pero ahora, ¿cómo debemos tratar con esta esperanza justificada de la segunda venida del Señor? ¿Qué consecuencias conlleva? La conclusión, sin lugar a dudas, no es: “Bueno, pongámonos a esperar, sin más, que el Señor venga”, sino: “¡Cumplamos nuestra misión hasta que Él venga!” O, para decirlo con las palabras de Tito 2:11 al 13:“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”

¿Hemos entendido correctamente? El versículo 13 nos abre la mente para el pronto encuentro con nuestro Señor:“… aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”Y la conclusión se encuentra en el vers. 12 y es ésta:“… renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

Hasta la segunda venida del Señor es necesario esperar con toda sobriedad, vivir justa y piadosamente, y orar. “… el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” (nos dice 1ª P. 4:7). Sobria y prudentemente significa no especular salvajemente y jugar con los números de años. También significa que a pesar de toda la expectativa del pronto encuentro con nuestro Señor y Salvador no seamos negligentes en cuanto a nuestra propia misión. Debemos vivir en la expectativa cercana, tal como lo hacían los apóstoles y primeros cristianos. La venida del Señor Jesús es una realidad. Él mismo nos dijo: “He aquí, yo vengo pronto…” (como leemos en Ap. 3:11). Podríamos traducirlo también así: “He aquí, yo vengo apurado, vengo rápidamente, en un momento en que ustedes no lo esperen.” El  punto, es que no dice “yo vengo mañana”, sino “cuando venga” -y sólo Dios  sabe cuándo- “vendré en un momento, rápidamente.” Ya no habrá tiempo de hacer nada, ni siquiera de despedirse, no habrá tiempo de justificarse o de arreglar algún asunto… ¡no habrá tiempo!

Debemos hablar de esto, animarnos y exhortarnos mutuamente con este hecho y, sobre todo, debemos vivir de acuerdo a esto; con toda sobriedad y prudencia.

 

¿Cómo reaccionamos ante la invitación de Jesús?
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