Seamos Hospitalarios (2ª Parte)

Seamos Hospitalarios 
(2ª parte)

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE1993 – Estudio Bíblico  – Seamos Hospitalarios (2ª parte)



¡Qué gusto estar nuevamente con ustedes, amigos oyentes! Comencemos con un pequeño repaso, para luego continuar con el tema. Es bueno pensar en la maravillosa oportunidad que tiene una congregación al dar la bienvenida a aquellos que los visitan por primera vez, invitándolos a cenar en la casa de alguien o en un restaurante. Es una práctica tan poco común que los visitantes jamás la olvidan. Aunque tengan otros planes, la invitación produce en ellos un cálido sentimiento como respuesta a tal muestra de amor. Muchos permanecen hoy en las congregaciones, no por las enseñanzas sobre las profecías o por la iglesia, sino porque fueron invitados a cenar la primera vez que se aparecieron. Permítanme ilustrarles dos situaciones: 

Situación nº 1: Tom y Fran se mudaron al vecindario recientemente. Llega la mañana del domingo y ellos deciden buscar una buena iglesia. Siendo entonces las 10:45, se los encuentra entrando a la capilla, algo intimidados. Las personas están ocupadas charlando en pequeños grupos. Un hombre los detiene, les da un apretón de manos y comenta acerca del agradable clima. Ellos van esquivando grupos de personas, intentando llegar a los asientos – en la parte trasera de la capilla. El servicio procede según el programa – buenos cantos, buen mensaje. Son las doce en punto y se escucha la oración para finalizar. La gente se levanta para irse. Por aquí y por allá algunos hermanos se acercan y murmuran: “¿Quiénes serán esos extraños?” – casi como si fueran intrusos. Otros charlan con sus amigos de forma animada, poniéndose al día con las noticias de la semana. Tom y Fran están casi llegando a la puerta cuando uno de los líderes los saluda: “Nos alegra tenerlos con nosotros hoy. Esperamos que vuelvan.” Se retiran y van a McDonald’s por una hamburguesa.

Situación nº 2: Eufóricos a causa del nacimiento de su primer hijo, Ron y Ruth deciden comenzar a ir a la iglesia. Ellos no quieren que su hijo crezca siendo un ateo. Se aproximan a la puerta de la capilla de manera temerosa. Allí, un ujier los saluda cálidamente, les pone al tanto de la guardería para niños, y les dice que se les invitará a almorzar. Ellos no lo saben, pero existe una regla en la congregación que dice que todos los extraños serán invitados a almorzar fuera. Justo antes de que el servicio comience, una pareja agradable se presenta e invita a los nuevos visitantes a su casa para comer. Ron y Ruth están relajados y sienten la calidez de esta iglesia. Esto nunca les había sucedido antes. En el almuerzo, el hospedador da gracias por los alimentos. La conversación es superficial – es simplemente un tiempo para conocerse. Sucede que tanto Ron como Ruth vienen de contextos cristianos, pero ninguno es creyente. La visita es un útil rompehielos. Los nuevos visitantes sienten que han encontrado personas que se interesan por ellos.

Pregunta: ¿Qué pareja tiene mayor posibilidad de regresar? Respuesta: Tom y Fran nunca regresaron. Ron y Ruth ahora son salvos y disfrutan de comunión con otros. Los resultados hablan por sí mismos.

¿Por qué dudamos tanto a la hora de hospedar extraños cuando ha demostrado ser algo tan gratificante en el pasado? El temor, probablemente, sea una de las razones principales – temor a lo desconocido, temor a la nueva situación, temor a la gente nueva, temor a no saber qué hacer o cómo hacerlo. Y por supuesto, existe el temor de no saber de qué hablar, de no ser lo suficientemente “espirituales”, de no ser capaces de testificar efectivamente.

Una segunda razón es que tengamos otros planes para la tarde del domingo, y llevar extraños a casa puede interferir con esos planes. Luego, pensamos en el trabajo agregado, que hay que dejar la casa inmaculada, preparar la comida, y después hay que limpiar todo, y a la misma vez tratar de atender a las personas. La hospitalidad puede costar caro, dependiendo del menú, y esto puede llegar a desanimar a aquellos que disponen de un presupuesto limitado.

Una última razón para no mostrar hospitalidad: Unos pocos escogidos en la congregación cargan con esa responsabilidad todo el tiempo. Ellos son los únicos que lo hacen, y después de un tiempo se vuelve algo rutinario.

En respuesta a la primera objeción, no hay necesidad alguna para temer. Simplemente debemos determinarnos a ser nosotros mismos, permitir que la gente nos vea como somos. No es necesario forzar el evangelio en sus vidas. Un simple agradecimiento, compartirles un testimonio, o leer algunos versículos después de comer es suficiente. Si vamos a ser hospitalarios, es posible que eso interfiera con nuestros planes para el domingo. Tenemos que determinar anticipadamente si esto va a ser uno de nuestros principales ministerios.

La hospitalidad involucra trabajo e inconveniencia, y no deberíamos ofrecer al Señor aquello que no nos ha costado nada. Deberíamos recordar que lo que hacemos en Su nombre es considerado hecho para Él. ¡Imagine tener a Jesús en casa para almorzar el domingo! La hospitalidad no necesita ser costosa. No tenemos que cocinar un plato sofisticado. Algo sencillo en buena compañía es lo que realmente importa.

Pero el ministerio de la hospitalidad no debería dejarse a uno o dos en la congregación. Si suficientes familias se encargaran de este ministerio, muchos extraños podrían ser alojados sin ser una carga para nadie en particular.

Quisiera mencionar algunos indicadores sobre cómo ciertas congregaciones han crecido a través de la hospitalidad.

En una de ellas, los líderes y sus esposas invitan a los visitantes a su casa de manera consistente. Si no hay suficientes visitantes, entonces invitan a algunos hermanos a quienes puedan ministrar de una forma u otra. Obviamente, el ejemplo de los líderes habla al resto de los creyentes.

Otra congregación tiene un Comité de Ángeles. Cada domingo, se eligen dos parejas para que traigan un guisado, ensalada, panes y postre. Los ujieres guían a los visitantes hacia ellos para tener un almuerzo en el comedor de la iglesia, luego del servicio de la mañana. Los hermanos entonces hospedan ángeles desprevenidos, haciéndole honor al nombre de su comité. Y en el caso de que no haya suficientes visitantes, los anfitriones tendrán también la libertad de invitar a algunas personas de la congregación.

Muchas congregaciones disponen de una anfitriona, que asigna ciertos visitantes en determinados domingos. El énfasis está en alcanzar a aquellos que asisten por primera vez. La mayoría de las congregaciones se ocupan de ver que el predicador que les visita sea invitado a la casa de alguien para comer. Lo que ellos no han notado es que, a menudo, el predicador preferiría renunciar a este privilegio si supiera que así se tendría cuidado de otros visitantes. Si una familia evitara hacer esto por temor a no ser capaces de establecer una conversación adecuada, permita que consideren invitar al orador junto con otros visitantes extraños para llevar adelante esta parte del ministerio de todas formas. Si los cristianos tienen temor de invitar a extraños, deberían saber que ellos, muy frecuentemente, se sienten igualmente temerosos de enfrentar una nueva situación. Y, generalmente, no pueden aceptar la invitación porque ya tenían otros planes. Pero, el sólo hecho de haber sido invitados les da una sensación de calidez y aceptación. Hoy en día, la cantidad de personas en las congregaciones hablan de cuál fue la causa que los atrajo; no fue el orden neo testamentario de la iglesia, ni la predicación, tampoco las enseñanzas, sino la gentil hospitalidad que se les ofreció en su primera visita.

¿Será posible que en nuestros frenéticos intentos por promover el crecimiento de la iglesia, hayamos pasado por alto uno de los métodos más evidentes y exitosos?

 

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