¿Quién tiene la última palabra sobre Jerusalén? (parte 2)

Titulo: “¿Quién tiene la última palabra sobre Jerusalén?” (parte 2)

Autor: Norbert Lieth
  Nº: PE851
Locutor: Gerardo Rodríguez

Las palabras del Señor en el capítulo 2 de Zacarías, ponen fin a todos los conceptos, opiniones y discusiones de las personas sobre Israel y Jerusalén. Leemos en los versículos 16 y 17:

“Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén. Calle toda carne delante de Jehová; porque él se ha levantado de su santa morada''..


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“¿Quién tiene la última palabra sobre Jerusalén?” (parte 2)

El regreso del pueblo de Israel a su tierra y el juicio de Dios sobre las naciones

Los versículos 6 y 7 del segundo capítulo de Zacarías tienen un doble significado. Por un lado, se refieren a los tiempos de aquel entonces y fueron un llamado a los judíos que aún no habían vuelto de Babilonia a Israel:“… Oh Sion, la que moras con la hija de Babilonia, escápate''(versículo 7). Babilonia es llamada “tierra del norte'', porque los babilonios y todos los demás enemigos de Jerusalén siempre atacaron desde el norte. A pesar que el rey de Persia le permitió a los judíos volver a su tierra, muchos desperdiciaron esta oportunidad. Sólo fueron aproximadamente 50.000 los que regresaron a Jerusalén. A los que se quedaron les fue dirigido este llamado de volver a su tierra, pues iba a ser ese el pueblo que habría de recibir al Mesías en su primera venida.

En nuestros tiempos fue ésta la misma causa por la que el pueblo judío fue dirigido de regreso a su tierra tras la segunda dispersión. Tiene que ser preparado para recibir el regreso del Mesías. Parecería que a esto se refiere la Palabra en el versículo 6:“…pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí''. Jesús hizo alusión a la dispersión mundial del año 70 d. C. diciendo:“Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan''(Lucas 21:24). La época en la cual todas las naciones serán juzgadas por Dios está cerca, pues el tiempo de las naciones culminará con la gran tribulación mundial. Por eso a mi entender las declaraciones de los versículos 6-9 se refieren más allá de la época de antaño al remanente judío que en la gran tribulación ha de escapar de la Babilonia anticristiana. En Apocalipsis 18:4 leemos acerca de ello:“Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas''.

Por haber puesto sus manos sobre el pueblo de Israel, el juicio de Dios caerá con mucha dureza sobre las naciones de la Babilonia anticristiana. Saquearon al pueblo y a la tierra y según lo que leemos en Joel 4:2 quisieron dividir la tierra para gobernar sobre ella en su arrogante delirio de grandeza. Pero aquel que con cordel de medir declaró suya a Jerusalén, les pedirá cuentas. El que ataca el honor del pueblo judío, ataca el honor de Dios, y el que ataca al pueblo de Dios, ataca la niña de sus ojos. La expresión “niña de sus ojos'' (vea Deuteronomio 32:8-10) se refiere a la pupila, al centro del ojo y con ello a la parte más vulnerable. ¿Podría existir mejor ejemplo para la identificación de Dios con su pueblo? Las promesas de Dios a Israel están tan interrelacionadas con él mismo, que cualquier ataque contra Israel constituye un ataque contra Dios mismo.

Las naciones han tratado a Israel como a su siervo. Según el versículo 9 ellas se volverán la presa de este siervo. Llegará un día en el cual las relaciones de poder de este mundo se invertirán:“Y los tomarán los pueblos, y los traerán a su lugar; y la casa de Israel los poseerá por siervos y criadas en la tierra de Jehová; y cautivarán a los que los cautivaron, y señorearán sobre los que los oprimieron.''(Isaías 14:2). Israel, que por miles de años ha sido siervo de las naciones, será exaltado en el reino de Cristo como cabeza de las naciones. Se asemeja a lo que sucede con la iglesia de Jesucristo: Antes gobernaba el pecado sobre nosotros, pero ahora, rescatados a través de Jesús, podemos reinar sobre el pecado (Romanos 5:21). Fuimos esclavos del pecado, pero ahora somos libres. En el futuro reino de Cristo los roles estarán cambiados: La iglesia de Jesucristo que hasta ese entonces había sido perseguida y desechada, el pequeño rebaño, reinará juntamente con Jesús como reyes y sacerdotes.

El misterioso orador

¿Quién es esta misteriosa persona que toma la palabra en esta parte?“Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió''(Zacarías 2:12-13). Continuemos preguntando: ¿Quién vendrá en la gloria de Dios (Mateo 24:30)? ¿Quién se deja enviar a las naciones por honor a Dios (Lucas 2:32)? ¿Quién juzgará a las naciones (Juan 5:22; Mateo 25:32)? ¿A quién debes reconocer como a aquel que ha sido enviado por Dios (Lucas 10:16)? ¡Sin duda no es otro que Jesús! Y como todo el pasaje de nuestro texto señala hacia el tiempo mesiánico, también en este caso no hace referencia a ningún otro que al propio Mesías. Dios sabe cuándo será el día en el cual su pueblo reconocerá al que él les ha enviado.

El Señor también es“Jehová de los ejércitos''(versículo 8), y éste reiteradas veces habla aquí en el modo de “yo''. Se trata de una autoconfesión del Mesías hacia su pueblo. ¿No fue él al que vio Natanael (a quién llamó un verdadero Israelita) cuando le dijo:“Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel''(Juan 1:48-49). Dios nunca “”perdió de vista'' a su pueblo, o dicho en otras palabras, nunca descuidó la niña de sus ojos. Llegará el día en que también éste lo reconozca al igual que lo hizo Natanael.

El Señor tiene la última palabra sobre Jerusalén

Jesús volverá y se dirigirá nuevamente a Jerusalén. El Señor la llama “hija de Sión'' y con ello muestra su misericordiosa dedicación hacia su pueblo. Él dejará su morada celestial para entrar al templo de la Jerusalén terrenal. Su promesa“…he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová''(Zacarías 2:10) se cumple en cuatro etapas: 

· Cuando Cristo vino a este mundo Dios hizo morada entre los hombres:“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros''(Juan 1:14).

· A través de la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, mora desde Pentecostés el Espíritu Santo en los corazones de los renacidos (Juan 14:23; 1 Corintios 3:16).

· Después del arrebatamiento el Señor volverá a hacer morada espiritualmente entre el remanente de su pueblo, por ejemplo cuando sea sellado (Apocalipsis 7).

· Finalmente el Señor volverá visiblemente y en gloria para habitar en medio de su Pueblo (Zacarías 2: 5.13).

No existe mayor alegría ni vida más significativa que contar con la presencia de Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida. Desde Israel y el centro de Jerusalén habitará El Señor entre los pueblos (Zacarías 2:11). Muchas naciones se unirán a él y serán parte de su pueblo.“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios''(Apocalipsis 21:3). En lo sucesivo toda carne se calmará y ya no podrá decir nada negativo acerca de Israel o de Jerusalén, pues su mayor intercesor, el que nos es presentado en Zacarías 3, ha ocupado su puesto y tendrá la última palabra (Zacarías 2:12-13). Dicho sea de paso es este el único pasaje en la Biblia en el cual la tierra de Israel es llamada “tierra santa'', pues eso recién se cumplirá cuando Jesús regrese para establecer su reino.

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