¿Qué es el Primer Amor? (1 de 2 )

Título: ¿Qué es el primer amor?

Autor: Norbert Lieth
PE1373

En Apocalipsis 2, 4-5 el Señor Jesucristo advierte a la iglesia en Éfeso por haber dejado el “primer amor”. Lea en este artículo lo que el “primer amor” no significa, después lo que sí significa y un ejemplo del primer amor hacia Jesús.


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¿Qué es el Primer Amor?

Estimado amigo, el Señor Jesús dijo de la iglesia de Éfeso: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Ap. 2:4-5).

Lamentablemente esta advertencia se transformó pronto en realidad. La iglesia de Éfeso, que se situaba en la actual Turquía, desapareció, y apenas queda algo que la haga recordar. En el lugar donde brillaba, en aquel entonces,, la luz del Evangelio por medio de la iglesia local de Éfeso, hoy se anuncian las doctrinas del Islam. Donde estuvo el “candelero” de la Palabra de Dios, están hoy los minaretes de las mezquitas islámicas.

La iglesia había dejado el primer amor y no volvió a él, lo que tuvo consecuencias trágicas.

Pero ¿qué es, en realidad, el primer amor?

Primeramente vamos a definir lo que el “primer amor” no significa.

No se refiere solamente al amor que sentimos al principio de nuestra vida como cristianos renacidos, después de nuestro encuentro con Jesús. No es algo dependiente del tiempo. El verdadero amor puede cambiar, pero no mengua. Tomemos como ejemplo el matrimonio. Existe la etapa inicial del “enamorarse”, luego la etapa del “amarse”. Cuando nos enamoramos, las emociones juegan un papel decisivo. Después disminuyen estos sentimientos efusivos, aunque no disminuye el amor, sino que al contrario, se vuelve más constante, más apegado y más fiel. Al principio palpita el corazón cuando se abre una carta de la persona de la cual uno se ha enamorado. Después de 20 años de matrimonio, cuando uno recibe una carta del cónyuge, probablemente no experimentará fuertes palpitaciones, a pesar de que se amen mucho. Esto nos muestra que el verdadero amor es más que solamente un sentimiento, el cual por cierto juega un rol importante cuando nos enamoramos. Los recién enamorados hablan de “mariposas en el estómago”. Cuando luego se casan y viven un tiempo junto, el amor ya no depende solamente del sentimiento, sino que llega a ser constante y más profundo.

El enamorarse se puede comparar al motor de un automóvil. Primero hay que encenderlo, antes que marche. Pero luego sigue marchando aunque no se active más el arranque. Pues entonces ya está en camino, está avanzando y llegando cada vez más cerca de la meta propuesta. La marcha de un auto es un símbolo del amor duradero.

El hecho de que un hijo de Dios, después de seguir a Jesús por varios años, ya no sienta las mismas emociones como al principio de su vida cristiana, es normal. No necesariamente significa que se ame menos a Jesús que inmediatamente después de la conversión. Aún sin las primeras emociones efusivas, uno puede estar en el primer amor.

Vamos a ver ahora lo quesignifica el “primer amor”.

La expresión “primer amor”, según mi parecer, no se refiere tantomenos al primer amor en el sentido temporal, sino más bien en el sentido de prioridad y de cualidad. Lo decisivo es que el amor hacia Jesús tenga el primer lugar en mi vida, y por lo tanto sea el primer y mejor amor. Se trata de tener las prioridades correctas.

Si en la vida de un hombre casado, con el correr de los años, el deporte, la televisión o sus pasatiempos llegan a ser más importantes que suel amor por su esposa (a pesar de que él le sea fiel, la quiera mucho y no se pueda imaginar una vida sin ella, y en el tiempo que le resta, la trate bien), entonces ha dejado el primer amor por ella.

Donde disminuyen la pasión y el ardor por Jesús, ya se ha dejado el primer amor hacia Él. Y este primer amor no puede ser reemplazado por el perfeccionismo, ni por otros esfuerzos, por ser perseverante, por rechazar malos pensamientos o hechos. Incluso el sacar a la luz lo malo, el trabajo y el sufrimiento por el Señor, no sirven. Estas cosas son buenas y necesarias, pues el Señor mismo las menciona como dignas de loor (Apocalipsis 2:2-3); pero muy bien pueden llegar a hacerse rutinariamente y convertirse en formalismo y tradicionalismo.

En una ocasión al cumplir 50 años en el servicio militar, un mariscal recibió altos honores. Respondió modestamente: “El espíritu para la guerra – el corazón para el rey – la sangre para la patria – ¡y la gloria para Dios!” Sin embargo, Dios quiere de nosotros un amor no dividido, un amor íntegro. En el evangelio de San Mateo 22:37 lo leemos claramente: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Nuestro espíritu, nuestro corazón y nuestra sangre Le pertenecen a Él solo. Él no solamente quiere recibir la gloria, sino la entrega completa de toda la persona del que Lo ama.

En muchas iglesias, las cosas se hacen según normas bíblicas, contra lo cual no se puede decir nada. Pero a pesar de esto, está “la muerte en la olla”, porque falta el primer amor hacia el Señor, porque la organización del funcionamiento de la iglesia ha tomado el lugar de Jesucristo. El Señor Jesús siempre tiene que estar en el primer lugar. Tenemos que partir de este primer amor hacia Él, para luego trabajar para Él, y no al contrario. Según mi parecer, Jesucristo quería mostrar a los cristianos de la iglesia de Éfeso que su obra para el nombre del Señor estaba en el primer lugar en sus vidas, y el amor y la entrañable unión con Jesús seguía en el segundo lugar; la rutina rígida había reemplazado la vida espiritual.

Un ejemplo del primer amor hacia Jesús leemos en Lucas 10:38-42: 

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”

Marta se esforzaba mucho por atender dignamente a Jesús, ofrecerle comida y bebida, y seguramente lo hizo con amor. A pesar de esto el Señor tuvo que exhortarla. Sin embargo, su hermana María fue elogiada. No tenemos que dejar de cumplir con nuestros quehaceres, pero también hacer lo otro – las prioridades tienen que estar bien. En ese acontecimiento se demostró que María hizo lo mejor, lo cual es para nosotros una imagen del “primer amor” hacia Jesús. Lo más importante es sentarse primero a Su pies, escuchar Su Palabra y conocer Su voluntad. Si tenemos este primer amor hacia el Hijo de Dios, esto no nos dejará sin fruto y haremos Su voluntad. Pues más tarde fue María la que derramó el ungüento de mucho valor sobre los pies de Jesús. En Juan 12:3 leemos acerca de la obra que ella hizo: “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.”

¡Qué contraste con las palabras de Jesús: “Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. Este se había perdido, y por eso la iglesia de Éfeso corría el peligro de perder la luz que irradiaba. Y ¿quién brilla más en el ejemplo que acabamos de citar: Marta o María?

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