Personas que caminan con Dios (1ª Parte)

Personas que caminan con Dios 
(1ª parte)

Autor: Wim Malgo

  En este mensaje, el autor nos ayuda a descubrir ¿qué es caminar con Dios? Nos muestra que: Este ir al paso de Dios, nace de la quietud interior y de un descansar espiritual en Él. Y, también, qué cosas lo dificultan. ¡Lo maravilloso, es que descubriremos que es posible caminar con Él!


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PE1910 – Estudio Bíblico
Orando en todo tiempo (1ª Parte)



¿Cómo están amigos? El tema de hoy es: Personas que caminan con Dios. En Deuteronomio 31:6, leemos:

“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.”

¡Qué maravilloso es este texto! El Dios eterno y todopoderoso también se lo dice a usted: no tenga temor, porque Él mismo quiere ir con usted. ¿Qué significa, en este contexto, la palabrair? Significa caminar en la forma correcta; ni demasiado rápido ni demasiado lento; avanzar  de tal modo, que nada ni nadie me pueda hacer desistir de ese andar. En nuestros tiempos ajetreados, el caminar de esa manera se ha vuelto una rareza.

Pero, entonces, ¿qué es caminar con Dios? Si no fuera porque Él mismo ha prometido caminar con usted y conmigo, no me atrevería a hablar más sobre el asunto. Pero, es posible caminar con Él, el Dios eterno, – no sólo avanzar con Él, sino también ir a Su paso. Este ir al paso de Dios, nace de la quietud interior y de un descansar espiritual en Él.

Veamos las cosas que dificultan el ir al paso de Dios. Cuando hay pecado que se interpone entre usted y Dios, por ejemplo, se crea una disonancia entre su alma y el Dios vivo. Es entonces que ya no puede ir al paso de Dios, y como resultado, anda demasiado deprisa o se queda atrás. Como dice en Amós 3:3:“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?“De modo que la primera condición para caminar con el Dios vivo, es ser uno con Él; uno con el Santo, en el Señor Jesucristo y en Su sangre derramada. Cuando esto es así, somos determinados exclusivamente por Él, por Su accionar, y por Sus pasos.

Lamentablemente, hay muchos hijos de Dios cuya vida de fe tiene constantes altibajos. Su caminar con el Señor es inseguro e inestable. Primero avanzan apresuradamente, con júbilo, pero, luego, se resignan y se deprimen. ¿Será que el Señor es tan cambiante? ¿Tendremos un Señor miedoso y sin poder? ¡No, de ningún modo! Las Escrituras dicen de Dios el Señor que:“Él es la Roca”(así leemos en Dt. 32:4).

Muchos creyentes, sin embargo, permiten que el poder de las tinieblas los amedrente. Porque es cierto, y en la actualidad es más importante que nunca saberlo, que:“… no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”(así nos dice Ef 6:12). Pero, aun así, la Palabra de Dios dice en Is. 9:2, que:“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz”.

Es verdad que estamos rodeados por un poder amenazador de las tinieblas. Pero, no es necesario desesperar, porque caminamos con el Dios vivo. No debemos permitir que los poderes de las tinieblas, que van contra nosotros, nos depriman, ni nos hagan salirnos del camino; no importa de qué fuerzas se trate, ¡podemos vencer! Ya David exclamó, en el Salmo 23:4:“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno.”¿Cuál era la razón de su intrepidez? La seguridad de estas palabras:“… tú estarás conmigo.”Camine con el Dios vivo como si sólo Él y usted estuvieran en este mundo. ¡Delante de Él, también la oscuridad es luz! “… porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.

Aprendamos a caminar con Dios como lo hacía Moisés, de quien se escribió en He. 11:27:“… porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Si practica esto en su vida diaria, puede estar seguro de que Él estará con usted. Si bien no Le ve, ni siente Su presencia, por la fe puede saber que Él está con usted.

Existe otra razón más por la cual muchos hijos de Dios ya casi no conocen lo que significa ir al paso de Dios, es decir, caminar con Él: un cansancio exterior y, más aún, interior. Todos nos sentimos estresados, a pesar de que nuestra vida se vuelve cada vez más cómoda. Nunca antes la gente había tenido tanto tiempo libre como en la actualidad. Ahora podemos ahorrar tiempo a través de la innovadora ayuda tecnológica y, aun así, la mayoría de las personas están más cansadas que nunca. Ese cansancio exterior viene de una fatiga espiritual, ¡y esa fatiga es mortal! Un hijo de Dios que se cansa espiritualmente y se resigna, ya no va al paso de Dios.

Más bien se queda atrás; ya no tiene comunión con el Señor, quien ha seguido Su camino. Esto hace que el fluir de la gracia diaria disminuya, como dice en las Escrituras, en Stg. 4:6:“Pero él da mayor gracia”. Y en Jn. 1:16: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”. Quien se ha vuelto espiritualmente cansado y apático, pierde esa gracia. “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios”, nos advierte He. 12:15.

Hay muchos hijos de Dios que se han cansado, que pierden Su gracia porque se han quedado atrás, como resultado de su apatía espiritual. Como consecuencia, tienen que producir la piedad, el “ser creyente” desde su “yo”, y eso cansa aún más. La vida de fe ya no es auténtica, porque la incomparable fuente, la gracia que surge del caminar con Dios, se ha secado. Y así es como surge la vida “cristiana” sin verdad.

¡Éste es un grave problema, que trae mucha amargura al corazón!

Para quienes experimentan esto, es constante la necesidad de aparentar algo, de hacer creer una piedad que no se corresponde con la postura interior del corazón, porque el torrente de gracia se ha secado. Quizás usted se ha cansado en el caminar con Dios. Pero, la Palabra de Dios, dice en Is. 40:31: “… caminarán, y no se fatigarán”.

¿Qué es lo que tiene que hacer, entonces, contra ese cansancio mortal en el caminar con Dios, un cansancio que pone en tela de juicio toda su vida de fe?

 

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