Palabras engañosas…

…pero agradables al oído

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Un lema ecuménico, que muchos cristianos adoptaron sin razonar, dice: “La doctrina divide, la oración une.”

Otros seguidores del ecumenismo, dicen: “Queremos construir puentes, no murallas.” Otros proclaman: “En lo esencial unidad, en lo secundario libertad, pero sobre todo amor.” Todas estas palabras suenan razonables, y es por eso que se las adopta sin analizarlas, especialmente porque son repetidas por quienes, comúnmente, son reconocidos como fieles cristianos evangélicos. Pero, las tres frases antes mencionadas contradicen, fundamentalmente, la doctrina de la Biblia.

La doctrina divide, la oración une. Es verdad que la Palabra de Dios divide, a veces de forma más radical de lo que uno mismo sería capaz. Pero, ¿podemos nosotros unir en oración aquello que la Palabra de Dios divide? ¿Podemos invalidar en oración aquello que Dios ha prohibido y ordenado? ¿Podemos dejar de lado la enseñanza neotestamentaria del bautismo, o de la cena del Señor, para unirnos en oración por cosas que nosotros consideramos importantes? ¡Qué osadía hacia la sagrada Palabra de Dios! La cual, en la segunda carta de Juan, nos dice: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (2 Juan 1:9-11). ¿Cómo podemos unir en oración aquello que Dios ha separado?

Construir puentes en vez de murallas. Aparte de que el tema de construir puentes no aparece en la Biblia y, en cambio, el tema de las murallas es mencionado unas 30 veces, el de la separación y la delimitación es una constante que se traza a lo largo de toda la historia de la salvación. Construir muros era una exhortación de Dios para que amigos y enemigos se diferenciaran entre sí (Isaías 62:6). Las murallas no sólo protegían de los enemigos, sino también de la influencia de aquellos que no creían en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (vea Isaías 26:1-2). Así fue en el primer pacto. También en el nuevo pacto somos llamados a trazar límites entre los cristianos renacidos y los nominales. Pablo escribe: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14). ¿Existe indicación más clara de la necesaria separación entre cristianos renacidos y cristianos nominales? ¿Y no se han tomado numerosas decisiones erradas en el marco de la iglesia, porque en el grupo responsable hay incrédulos? ¿Cómo debe interpretarse entonces nuestra comisión misionera, si de todas maneras “todos” creen de alguna manera en cualquier Dios? ¿A quién debo evangelizar, si a través de mi puente dejo en claro que la fe y la incredulidad no están tan separadas entre sí? La separación entre un cristiano renacido y uno nominal nunca puede ser disuelta por un puente, sí por el amor de Dios. Un distintivo inviolable del amor de Dios es la verdad. Por más que queramos, no existe diferencia entre salvado a medias y totalmente salvo, sino solamente entre salvo y perdido.

Si construimos un puente hacia las personas perdidas, será, entonces, sólo para poder traerlas hacia el lado de la verdad, de la oscuridad hacia la luz. Este puente sirve de salvación y no para un acuerdo común entre cristianos nominales, para afirmar que de alguna manera todos creemos en lo mismo. El que construye tales puentes, se constituye culpable de la perdición de aquellos que, pasando por alto la verdad de la Biblia, son declarados creyentes.

En lo esencial unidad, en lo secundario libertad, pero sobre todo amor. Este enunciado de Agustín (formulada libremente), y que suena tan lógico, también trae consigo grandes problemas:

Primeramente, da la impresión que el mensaje bíblico – puesto que de él se trata – se divide en cosas esenciales y secundarias, en importantes y sin importancia, en fundamentos que conciernen a todos los creyentes y en doctrinas que cada cual puede seguir como quiera. Esto, finalmente, conduce a la triste conclusión, que se ha hecho cada vez más común en los últimos años : “Lo importante es Jesús – el resto da igual.” Con esto, se separa a la persona del Señor Jesucristo de su misión y su doctrina. La meta de muchas acciones “interdenominacionales” es la conversión y no la enseñanza. El objetivo evangelístico santifica, por así decirlo, el medio de reducir las cosas al mínimo común denominador.

Pero no puede ser que, a efectos de unir esfuerzos, se invalide la conexión necesaria entre evangelizar y enseñar, formulada por el propio Señor Jesús. No puede ser que consideremos a Jesús la esencia, lo más importante, y califiquemos a sus enseñanzas, como por ejemplo la Cena del Señor, o la enseñanza sobre el bautismo, como algo de poca importancia, o algo secundario. Y, de ninguna manera, puede ser que aceptemos gustosos algunas evidentes falsas doctrinas, como tradiciones especiales de cada iglesia. De ningún modo es una cosa secundaria que, debido a una falsa doctrina del bautismo de los recién nacidos, hayan surgido millones de cristianos nominales. Y tampoco es cosa secundaria que en la eucaristía católica (Cena del Señor), mediante la mística “transformación”, Jesús una y otra vez tenga que ser “sacrificado” para el perdón de los pecados – y ni hablar de que esta acción se invalida si el sacerdote llega a desviarse, sólo en una palabra, de la fórmula establecida.

Por otro lado, en el enunciado de Agustín, se presenta el problema de quién es el que decide cuáles cosas son esenciales y cuáles secundarias. Y también es imperativo que nos preguntemos: ¿Cómo, todavía, encima de todo esto, se puede hablar del amor de Dios?

Queridos lectores, es algo muy serio que aceptemos, a la ligera, fórmulas que suenan espirituales y meditadas, pero que, en definitiva, invalidan la absoluta verdad del evangelio.

4 pensamientos acerca de “Palabras engañosas…

  • 16 agosto, 2016 at 11:17
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    Hermanos porfavor deseo recibir publicacion de ustedes atravez de mi correo.

    Anticipadamente les doy las gracias.

    Isabel Ulloa Reyna
    Lima – Peru

    Responder
    • 18 agosto, 2016 at 16:21
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      Estimada Isabel, agradecemos su comentario!

      Nos alegra saber que desde hace tiempo las publicaciones son de bendicion para su vida. Aún no hemos implementado el envío de material o devocional por e-mail, está planificado para un futuro.
      Mientras tanto esperamos seguir teniendo su visita en éste sitio para poder acceder a los contenidos.

      El Señor le bendiga!

      Alejandro
      LlamadaWeb.org

      Responder
  • 16 agosto, 2016 at 11:15
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    Hermanos: El motivo del presente es par saludarlos y a la vez felicitarlos por mantener la Sana Doctrina, que el Señor los siga bendiciento.

    Responder
    • 18 agosto, 2016 at 16:20
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      Estimado Martín

      Muchas gracias por su mensaje, y le saludamos desde estas latitudes.
      Nuestro deseo que el material que publicamos honre al Señor y sea de bendición a muchos hermanos.

      Cualquier consulta no dude en comunicarse con nosotros!

      Alejandro
      Llamadaweb.org

      Responder

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