Ocupándonos por lo eterno

Autor: Herman Hartwich

Más que una religión, Dios quiere que tengamos con Él una relación íntima a través de Jesucristo. Así nos hará volver a nacer, y nos llenará de su vida eterna y abundante.


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PE1890 – Estudio Bíblico  –  Ocupándonos por lo eterno



Mis queridos amigos, mirando en el Evangelio de Juan, capítulo 6, vemos que Jesús alimenta a las multitudes. ¿Sabían ustedes que Él se ocupa también de nuestro pan? Luego Él se va de repente y la gente se pregunta dónde está, pues no lo vieron subir en la barca de los discípulos. La gente enloquece y aborda en las barcas que habían llegado, y van rumbo a Capernaúm, que seguramente allí lo encontrarían. Cuando llegan allá se encuentran con Jesús. “¿Cuándo llegaste acá, Maestro?”. ¡Qué respeto tenían hacia Él! Le dicen “Maestro”, “Rabí”. ¡Qué respeto, qué anhelo de estar con Él! Como diciendo “yo iría tras Jesús hasta el fin del mundo”. Pero Jesús los desenmascara rápidamente. ¿Saben por qué digo esto? En el versículo 26 Jesús les dice: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis no porque habéis visto las señales sino porque comisteis el pan y os saciasteis”.

¡Qué tremendo! Jesús sabe por qué la gente le busca, Jesús sabe qué intenciones tiene toda la gente, y en el versículo 27 les dice: “Trabajad no por la comida que perece sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará porque a éste señaló Dios el Padre”. En este versículo es como si les estuviera diciendo “ocúpense de las cosas eternas y no solo de las temporales”. ¡Cuántas persona están demasiado ocupadas en lo material que no les queda tiempo para lo espiritual! Entonces a partir del versículo 28 la gente pregunta: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondiendo Jesús les dijo: ‘Esta es la obra de Dios: Que creáis en el que Él ha enviado’. Le dijeron entonces: ‘¿Qué señal haces tú pues para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito ‘pan del cielo les dio a comer’’’. Y Jesús les dijo: ‘De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo’. ‘Danos siempre este pan’ dijeron ellos”. ¡Todos quieren bendición material! Pero en el versículo 35 Jesús dijo “yo soy el pan de vida”, y allí comienza a debatir con la religión.

Ellos se agarraban de Moisés y sus señales, y dudaban de Jesús. Allí comienza el sermón del cuerpo, la comida y la sangre bebida. ¡Qué empacho se agarraron, podríamos decir! Qué complicado y qué repugnante y abominable eso. Se convulsionó la Sinagoga, les movió el piso, los sacó de la rutina semanal, y ¿saben qué pasó? En el versículo 60 de este capítulo 6 dice: “Al oírlas muchos de sus discípulos dijeron ‘dura es esta palabra. ¿Quién la puede oír?’”. Dura es esta palabra; ¿quién puede oírla? Y Jesús les pregunta: “¿Esto os ofende?”. ¿Saben una cosa? La gente busca siempre palabras lindas, palabras que le convengan a su gusto. Jesús les pregunta “¿Esto os ofende?”. Versículo 66 dice que desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con Él; muchos de los que parecían ser discípulos se volvieron atrás. Pero en el versículo 66 tenemos algo maravilloso: “Le respondió Simón: ‘Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna’”. Jesús había dicho “¿Quieren ustedes también irse? Ahí está la puerta”. Pero ¡gloria al Señor! Pedro dice “no, Señor. Tú tienes palabras de vida eterna”. Claro que Él tiene palabras de vida eterna; son espíritu y son vida. Siempre que el Señor hablaba impartía bendición y vida, aunque al momento podía parecer dura, cortante, agresiva. Pero las palabras del Señor, así como el bisturí, el desinfectante, arde, duele, pero para sanar y restaurar. Así es la palabra de Cristo. Y más que sanar y restaurar, Él regenera, hace nuevas todas las cosas. ¿A quién van a ir? ¿A quién podrían ir si tú tienes palabras de vida eterna?

Mis queridos amigos, yo encuentro en la palabras del Señor, en la palabra del Nuevo Testamento, que el Señor tiene palabras de vida eterna para los decepcionados de la religión. Nicodemo por ejemplo, la mujer samaritana; ambos demostraron una gran religiosidad. Nicodemo era principal entre los judíos, la samaritana era muy religiosa en su religión samaritana. Pero no se trata de practicar la religión, se trata de un arrepentimiento, abandonar la vida de pecado y volverse a Dios. Jesús habló acerca de nacer de nuevo, experimentar un cambio total. Podemos decir también que Jesús tiene palabras de vida eterna para todos los niños descuidados, marginados, abandonados. Muchos los descuidan, muchos los arrojan al mundo, al pecado; por eso el mundo está tan perdido. Muchos dirán “bueno, pero mire que se está haciendo todo lo posible por la niñez y la adolescencia, tenemos organizaciones internacionales que están trabajando para rescatar la niñez…” ¿Saben qué? Puro juguete, puro tambores, bailes, actividades que no producen nada; pero Jesús ama a los niños y nosotros somos responsables de llevarlos a la vida eterna. Pero Jesús tiene palabra de vida eterna para los afligidos y hambrientos, no se desentiende de los enfermos, de los enlutados, no se desentiende de los afligidos por los problemas económicos; lo encontramos esto en el Evangelio. ¡Sí, mis queridos amigos oyentes! Jesús se interesa por sus problemas.

Pero también entre los seguidores de Jesús hay de los autosuficientes, como es el caso de los publicanos Mateo y Zaqueo, que eran personas autosuficientes, personas que les gustó llegar a esa posición económica pero a través de su fuerza, su capacidad aunque deshonesta. Pero Jesús tuvo palabras de vida para ellos, y le siguieron dejando todo a un lado. También Jesús tiene palabras de vida eterna a los hundidos en el pecado, como la mujer adúltera sorprendida en el acto mismo del adulterio, como aquella María Magdalena de la cual el Señor quitó siete demonios. Para los ricos y para los pobres, para todos Jesús tiene palabras de vida eterna. En el Evangelio de Juan capítulo 17, verso 3, Jesús en la oración dice “y esta es la vida eterna, que conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Mi querido y amable oyente, yo te pregunto: ¿A quién has estado recurriendo tú para hallar vida eterna? ¿A quién has estado recurriendo? ¿A qué lugares has estado recurriendo? El mercado te ofrece una gran cantidad de opciones pero nadie te puede ofrecer lo que Jesús tiene, que es vida eterna. Las puertas que tú has golpeado, los lugares a los que tú has acudido, las personas con las quienes has estado buscando palabra de vida, ¿te han dado resultado? Yo quiero decirte en esta oportunidad, que solo Jesucristo te puede dar vida abundante. Y no me estoy refiriendo a la prolongación de tu vida, de tener muchos años de vida; te estoy hablando de una calidad de vida que nace de una relación personal con Dios por medio de Jesucristo. Tú tienes que acercarte a Él, reconocer tu pecado, tu insuficiencia, pedirle que te perdone, que entre a morar en tu corazón, en tu vida. Acéptale como Señor y Salvador y recibirás la vida abundante y eterna.

La Cruz
La Profecía y el Evangelio

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