Obedezca el Código de Cortesía

Obedezca el Código de Cortesía

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.  


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 PE1932 – Estudio Bíblico  –  Obedezca el código de cortesía



  Queridos amigos, la primera consideración o consejo para un discípulo es: Vista ropa limpia y prolija. Sea un ejemplo para los demás. Recuerde las palabras de Oswald Chambers: “Ser desaliñado es un insulto al Espíritu Santo”.

Sea puntual en sus citas. No es sabio llegar tarde. Es como decir que su tiempo es importante y el de la otra persona no lo es. Si nota que llegará tarde, llame y explique. Cuando algunas personas llegaban tarde a la reunión de oración la Sra. Wetherell Johnson les advertía para que no volviera a suceder. Ella decía: “No insulte la majestad del Espíritu Santo”.

No sea un parlanchín compulsivo. Las personas que no dejan de hablar son aburridas. Sea un buen escucha y se sorprenderá de lo mucho que puede aprender.

Tenga sensibilidad hacia los sentimientos de los demás. Nunca haga bromas ni comentarios negativos sobre otros (su ropa, corte de cabello, apariencia, habilidad, etc.).

Sea sensible a las costumbres sociales de la cultura local, y trate de adaptarse tanto como le sea posible. Esto se aplica especialmente a la vestimenta. Cuando se lo invite para hablar en una reunión, averigüe cómo se visten los líderes de ese lugar y siga su ejemplo.

Asegúrese de presentar a las personas que sean nuevas en un grupo. Nunca se entremeta en una conversación entre otras personas. Nunca interrumpa cuando una persona está leyendo, o está notoriamente ocupada. No ingrese a un lugar donde se esté orando o donde se están leyendo las Escrituras. Espere.

Cuando use el vehículo de otra persona, siempre reponga la gasolina que ha usado.

Tenga un corazón servicial. Procure ver formas en las cuales puede servir a otros, y hágalo sin que una trompeta anuncie su llegada. Observe cosas que deben hacerse, y hágalas.

Cuando esté en compañía, no se ponga a leer para separarse de la conversación. Puede dar la impresión de que no vale la pena escucharla. Además es algo descortés.

Si está en una habitación en compañía de otros y tiene que irse antes de los demás, discúlpese cortésmente y despídase. No se vaya sin explicación alguna.

Agradezca los regalos inmediatamente. Utilice las cartas como una oportunidad para ministrar a otras personas espiritualmente. Eso es lo que Pablo hizo cuando escribió la carta a los Filipenses.

Utilice su celular en privado, no en la mesa, ni estando en compañía de otros, ni en público. Apáguelo cuando está en una reunión. Cuando alguien lo llame por teléfono, no lo ponga en línea de espera mientras atiende otra llamada. No es cortés.

Si usted es un obrero a tiempo completo para el Señor, será hospedado en los hogares del pueblo del Señor. Es importante que sepa cómo comportarse. No debe ganarse la reputación de ser una carga. Notifique a su anfitrión su tiempo de llegada y su medio de transporte. Si es por aire, mencione el aeropuerto, la aerolínea, el número de vuelo, y el horario. Algunas veces hay dos aeropuertos en el área, asegúrese de decir a cuál llegará.

No lleve a otros con usted, excepto cuando lo ha estipulado de antemano. Comúnmente se acepta que su esposa le acompañe, y si ése es el caso, asegúrese de notificarlo con antecedencia. Cuando el excéntrico Sr. Buchman le dio la mano a la Sra. Hibben dijo: “El Señor me pidió que trajera a estos otros tres hombres a cenar conmigo también”. “Oh, no lo creo”- “¿Por qué no?” “Porque”, respondió la Sra. Hibben, “Dios es un caballero”.

En el hogar en el que esté trate de adaptarse al itinerario de la familia lo más que pueda. Cause el mínimo de ajetreo. No se adueñe del baño. Esté a tiempo a la hora de comer. Vaya a descansar a una hora razonable.

Limpie la bañera y la pileta después de usarla, alguien más las usará después de usted. No utilice artículos personales que encuentre en el hogar, tales como perfume, pasta de dientes, etc. No use el teléfono sin permiso. Si lo usa con permiso, deje un pago por el mismo antes de partir. Haga su cama en la mañana, y deje su cuarto prolijo.

Ofrezca ayuda con las tareas del hogar, tales como lavar y secar los platos. No se preocupe si su anfitrión se queja de que lo está dejando mal. No curiosee en la correspondencia de su huésped, en los archivos, los armarios, o los cajones.

Agradezca al huésped antes de irse, y siempre envíe una nota de agradecimiento por la hospitalidad recibida.

En la mesa: Espere a sentarse hasta que el anfitrión dé la señal. No comience a comer hasta que el anfitrión lo haga. Esto se aplica al comienzo de la comida y a cada momento subsiguiente. Trate de ser considerado y vea que los demás ya estén servidos. No permita que lo sirvan a usted primero. Cuando se le pida que pase algo, no lo ponga en su lugar primero.

Evite conversaciones que no conduzcan a una comida agradable. No apoye sus codos sobre la mesa. Evite cualquier comportamiento poco elegante. Modere su apetito. Sírvase con modestia, asegúrese que haya suficiente para aquellos que habrán de servirse luego. En todo caso, podrá repetir después. Servirse más de dos platos puede dar la apariencia de ser glotón.

No sea pretencioso con lo que habrá de comer“…de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia”(nos aconseja 1 Co. 10:27). Esto es un buen entrenamiento misionero.

No se ponga a buscar dónde lo puedan alojar mejor. ¿Acaso Jesús no dijo que se quedaran en el primer hogar que fueran bienvenidos y que no fueran de casa en casa? Así lo leemos en Lc. 10:5 al 7.

Efesios 4:29 es una regla de oro para el hablar cristiano:“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.“Corrompida”en este caso va más allá de lo que es sucio y profano, ya que implica aquello que es vano. No deberíamos caer en conversaciones sin sentido, sino que continuamente deberíamos promover una conversación que edifique a los oyentes.

Trate de involucrar a los niños y los adultos reservados en la conversación, para que no se sientan “dejados afuera”. Evite la excesiva liviandad. No sea recordado por ser un bromista. Los temas de la fe cristiana son serios. Muchos predicadores piensan que pueden conquistar a los jóvenes por contar chistes continuamente. La mayoría de los jóvenes esperan algo más serio y digno de ellos.

Nunca diga algo que pueda avergonzar a otra persona. Cierta vez un predicador estaba dando una ilustración y vio una persona en la audiencia para la cual la historia tendría un efecto poco favorable, por lo tanto se detuvo en medio de la misma. Luego de la reunión alguien le preguntó por qué había dejado la historia a medio contar. Él respondió, “Es mejor echar a perder una buena historia que dañar a una buena persona”.

En cuanto a su esposa: Ámela como Cristo amó a la iglesia (como dice Ef. 5:25). Ninguna mujer tendrá problema en sujetarse a un hombre así. Trátela como a una dama. Abra la puerta del auto para ella, para entrar o para salir. Camine con ella del lado de la calle cuando van por la acera. Nunca la critique, contradiga o menosprecie, en público. Al contrario, una palabra de elogio y agradecimiento nunca está fuera de lugar.

Para resumir: Si alguna vez tiene dudas en una situación en particular, tan sólo trate a los demás como usted quisiera que ellos lo traten. La cortesía es estimar a los demás más que a usted mismo. Es imitar al Señor Jesús en los asuntos interpersonales. La cortesía es un lubricante que hace que la vida pueda vivirse en forma más armoniosa, nos libra de ser avergonzados, y nos da un agradable resplandor de vida.

 

El Espíritu Santo en el libro de Isaías (3ª Parte)
No sea ingenuo

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