No regatee con Dios (2ª Parte)

No regatee con Dios

   (2ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demásutilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. Elautor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado quepresentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos delos apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE1815 – Estudio Bíblico
No regatee con Dios (2ª parte)



Amigos, ¡qué gusto estar otra vez conustedes! En el programa anterior, a través de la parábola de Mateo 20:1 al 16,vimos la diferencia entre la gracia y la justicia de Dios. Y concluimos en quela gracia es mejor que la justicia, porque la mano de Dios es más grande que lanuestra.

Confía en que Él haga lo que es correcto yÉl superará tus expectativas más grandes. Escoge la gracia. La generosidad deldueño se hará notar. Él dijo:“Quiero dar a este postrero, como a ti”(así leemos en el vers. 14). Obsérvalo desde esta perspectiva. Él sabía queestos hombres no eran perezosos. Querían trabajar pero no habían podidoencontrar empleo. También sabía que tenían familias que necesitaban comida. Asíque les pagó por las horas que habían trabajado, pero a los últimos les diosuficiente dinero extra para que hicieran sus compras. El Señor también es así.A Él lo motiva la necesidad, no la avaricia. Los que fueron primero, fueron poravaricia y no por necesidad. A ellos no les importaba si los otros tendríansuficiente para alimentar a sus familias. Lo único que les importaba eran ellosmismos.

Esto nos recuerda a Ernesto, un niño queera extremadamente bueno cuando jugaba a las canicas. El podía vencer a todoslos niños de la vecindad, y llenaba su bolsillo con sus preciadas canicas.

En cierta ocasión, cuando un predicadorvisitó su casa, se dio cuenta de la habilidad de Ernesto y le dijo:
“Eres muy bueno jugando a las canicas,¿verdad?”
“Sí señor, lo soy”.
“¿Alguna vez oras acerca de estos juegos,Ernesto?”
“Oh sí señor, lo hago”.
“¿Y qué oras ?”
“Oro para que pueda ganar”.
“¿Alguna vez oras para que los otros ganen?”
“No señor, nunca oro así”.
“¿Por qué no?”
“Porque quiero ganarme todas las canicas”.
“Ernesto, ¿alguna vez le hablas a tusamigos acerca del Señor?”
“Sí, señor, lo hago, pero no parecen estarinteresados”.
“No puedo decir que los culpo, Ernesto. ElSeñor que les presentas quiere que tú tengas todas las canicas y no quiere queellos tengan algunas. Trata de orar para que ellos ganen algunas veces. Ése esel verdadero cristianismo”.

F.E. Marsh señaló que: “Demasiados hoy endía somos como aquel niño. Siempre y cuando ganemos todo está bien; pero si fallamosquedamos abrumados. Si vivimos y trabajamos por amor a Cristo, debemos recordarque lo principal es negarnos a nosotros mismos”.Volvamos a la parábola, vemos allí al dueñorespaldando su argumento:“¿No me es lícito hacer lo que quiero con lomío?”La respuesta es: “Por supuesto”. Era su dinero, y podía hacerlo que quisiera con el mismo. Esto nos habla de la soberanía de Dios. Él puedehacer lo que le plazca, y lo que a Él le place siempre es justo, amable ybueno.

El problema no era con el dueño,sino conlos obreros de las 6 de la mañana. Según sus palabras, tenían envidia deaquellos porque él era bueno. Ellos no habían podido confiar en su gracia, y noquerían que otros la recibieran.

Los tiempos no han cambiado. Incluso en elaspecto de la salvación, los hombres no quieren ser receptores del favor inmerecidode Dios, y no quieren ver que Él muestre su gracia hacia otros. Les molesta subondad, prefiriendo, en vano, ganársela o merecérsela, en vez de recibirla comoun regalo.

“Así que los últimos seránprimeros y los primeros últimos”.Si los discípulos que vivieron enlos primeros días de la era cristiana, adoptaron una actitud de regateo haciael Señor, es posible que queden para lo último en términos de recompensas. Porotro lado, aquellos que viven en los últimos días de la dispensación, puedenser los primeros en cuanto a la recompensa, si sirven al Señor sin tratar deregatear con Él.

Sería fácil para nosotros, que vivimos 2000años después de la primer venida de Cristo, pensar que las mejores recompensasya han sido otorgadas. Esta parábola nos enseña que no tiene por qué ser así,especialmente si servimos al Señor sin la motivación de una ganancia personal.

Si usted aun siente que los primeros obreros(los de la 6 de la mañana) tenían un argumento legítimo porque trabajaron muchomás, medítelo de la siguiente manera: debieron haber mostrado gratitud por elprivilegio de trabajar para un amo tan espléndido. Él pensaba más en susempleados que en sus ganancias personales. No hay muchos jefes así.

Pero, quizá todo esto sea hipotético. ¿Acasonosotros no regateamos con Dios hoy en día? ¿Acaso el regateo con el Señor enel capítulo 19, habrá sido un caso aislado en la vida de Pedro?

Considera lo siguiente: Señor, te seguiré, pero primero déjamecasarme.Daré mi vida por Ti, pero primero déjameconseguir un título universitario.Señor haré todo por Ti, siempre y cuando nome envíes al campo misionero.Toma mi vida Señor, es decir, cuando mejubile de mi empleo actual.Todos estos “peros” y “si”, todas estas reservas,son una forma de regatear con Dios. ¡Tenga cuidado! Si persiste en ellas, puedeobtener aquello por lo que regatea, cuando Dios tenía algo mucho mejor parausted.

F. B. Meyer tenía razón cuando dijo:Debemos cuidarnos de no retener cosaalguna. No debe haber reservas en ninguna parte de nuestro ser. Espíritu, alma,y cuerpo deben ser libremente concedidos a nuestro gran Esposo. Nosotros, quesomos la labranza de Dios, no debemos regatear con su arado, y no debemosesconder ningún acre para que el Espíritu no opere en el mismo.

 

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