No Perdonado, Pero Sí Amado (1ª parte)

No Perdonado, Pero Sí Amado
(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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PE1545- Estudio Bíblico
No Perdonado, Pero Sí Amado (1ª parte)



Vamos a leer desde Oseas cap. 1, vers. 10, hasta el cap. 2, vers. 13:

“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena en el mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande. Decid a vuestros hermanos: Ammi; y a vuestras hermanas: Ruhama.

Contended a vuestra madre, contended; porque ella no es mi mujer, ni yo su marido; aparte, pues, sus fornicaciones de su rostro, y sus adulterios de entre sus pechos; no sea que yo la despoje y desnude, la ponga como el día en que nació, la haga como un desierto, la deje como tierra seca, y la mate de sed.Ni tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostitución. Porque su madre se prostituyó; lo que los dio a luz se deshonró, porque dijo: Iré tras mis amantes que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida. Por tanto, he aquí yo rodearé de espinos su camino, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos. Seguirá a sus amantes, y no los alcanzará; los buscará, y no los hallará.

Entonces dirá: Iré y me volverá a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora. Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal. Por tanto, yo volveré y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón, y quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez. Y ahora descubriré yo su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano. Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus días de reposo, y todas sus festividades.

Y haré talar sus vides y sus higueras, de las cuales dijo: Mi salario son, salario que me han dado mis amantes. Y las reduciré a un matorral, y las comerán las bestias del campo. Y la castigaré por los días, en que incensaba a los baales, y se adoraba a sus zarcillos y de sus joyeles, y se iba tras sus amantes y se olvidaba de mí, dice Jehová”Estos pasajes bíblicos que acabamos de leer, pueden dividirse en tres partes:

Primero: Los versículos del cap.1:10 al 2:1 son una mirada profética a la futura y definitiva restauración de Israel. Eso sucederá cuando el remanente de Israel sea salvo, tal como lo describe Pablo en Romanos 9:27: “”También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo’’.

Segundo: Los versículos 2 al 13 describen la apostasía de Israel, y cómo Dios lo disciplina por esta causa.

Tercero: Los versículos 14 al 23 giran en torno a la pregunta, ¿cómo Dios restaurará a Israel? ¿Qué hace Él al respecto? ¿En qué forma procede con su pueblo?

A continuación trataremos, principalmente, el segundo punto.

En él vemos, en primer lugar: La restauración de Israel.

El primer capítulo de Oseas hace que nos confrontemos con el trágico hecho concerniente al juicio de Dios sobre el Israel de aquel entonces, anunciado a través de los nombres de los tres hijos del profeta.

¡Pero, aunque suene muy opresivo, es enorme la gracia escondida detrás de este duro mensaje! ¡Porque la ira del Señor no permanecerá para siempre sobre su pueblo!

Vemos que aunque en los tiempos de Oseas la grieta entre Dios e Israel era muy profunda, vendría otra vez un tiempo de gracia en donde todo cambiaría para Israel. Esta maravillosa verdad puede verse en los dos últimos versículos del primer capítulo y en el primer versículo del segundo capítulo de Oseas. ¡En este último se expresa exactamente lo contrario a lo anunciado en Oseas 1! Mientras allá menciona a “”Sin-Perdón’’ y “”No-Sois-Mi-Pueblo’’, el capítulo 2 se refiere a “”Mi-Pueblo’’ y a “”Perdonados’’. De esta manera, sale a la luz, de forma maravillosa, el tema para este fragmento de la Escritura: ¡No perdonado, pero sí amado! ¿Cómo fue posible? – Hubo algo con más peso que el juicio, el insuperable amor de Dios.

¡Y ese eterno amor, a pesar de todos los pecados de Israel y sus consecuentes juicios, se ha derramado una y otra vez sobre este pueblo! Es por eso que leemos en Jeremías: “”Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con panderos, y saldrás en alegres danzas’’. El amor de Dios ofrece aquello que el gobierno jurídico no puede dar, la gracia. Podemos testificar con regocijo: ¡no perdonado, pero sí amado! Este amor de Dios es el que ha sostenido a Israel hasta la actualidad.

Y algún día, la restauración definitiva de Israel será real; cuando – como ya mencionamos al principio- el remanente de Israel sea salvo, tal como lo describe Pablo en Romanos 9.

En segundo lugar, vemos: La apostasía

Hemos llegado ya a la segunda parte de Oseas 2 (versículos 2-13), en la cual se describe seriamente cómo Israel se aparta de Dios, y cómo Él los castiga por estos hechos.

Para poder clasificar y entender correctamente la apostasía de Israel, debemos ocuparnos primeramente del proceder de la esposa de Oseas. Ella había abandonado a su esposo, representando simbólicamente la gravedad y vileza de la decisión de Israel de apartarse de su Dios. Leemos sobre ella lo siguiente: “”… se prostituyó… se deshonró, porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida’’ (Oseas 2:5).

No debemos olvidarnos de una cosa: la esposa de Oseas, la cual había sido anteriormente una prostituta, tenía la posibilidad de rehacer su vida al lado del profeta. Es decir: de ser una mujer condenada podría haber pasado a ser una mujer amada; ¡lamentablemente, todo fue diferente!

Luego que Oseas se casó y tuvo tres hijos con aquella mujer, sucedió algo triste: su esposa volvió a sus viejos hábitos, dedicándose nuevamente a la prostitución.

De esta forma, con Oseas pasó simbólicamente lo mismo que con Dios e Israel. Así como Oseas se casó con su mujer para amarla, Dios eligió al pueblo de Israel entre todos los pueblos para amarlo, con el propósito que fuera su propiedad particular.

Tenemos que terminar aquí, porque se acaba el tiempo. Pero en el próximo programa seguiremos viendo las asombrosas similitudes de la mujer de Oseas con el pueblo de Israel. ¡No se lo pierdan! Hasta entonces, y qué Dios los bendiga.

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No Perdonado, Pero Sí Amado (2ª parte)

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