No Entendemos la Palabra de Dios (3ª parte)

No Entendemos la Palabra de Dios
(3ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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PE1569- Estudio Bíblico
No Entendemos la Palabra de Dios (3ª parte)



Un cordial saludo a todos nuestros amigos! Habíamos visto que Israel, en la época de Oseas, no podía entender la Palabra de Dios. Y que la primera causa de este impedimento era: la terquedad.

¿Qué había sucedido antes de que Israel “no entendiera a Dios”? Por nombrar sólo una cosa: había caído en terquedad. En Oseas 8:4 el Señor dice: “Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe”.

¿Sabía usted que la terquedad, la obstinación y la arbitrariedad, nos quitan la oportunidad de escuchar y entender al Señor? También este pueblo fue obstinado, hasta que un día no pudo entender más a su Dios. ¡Sino que lo consideraron como “algo extraño”!

No dejemos que nuestras vidas lleguen a este punto.

La segunda causa del impedimento era: la idolatría

La falta de entendimiento de los israelitas a su Dios era por motivo de su idolatría. En Oseas 8:4 dice: “De su plata y de su oro hicieron ídolos…” ¡Es más que claro que en un caso como éste no sepuedaentender a Dios, ya que el mismo nopuedehablar!

Es necesario formularnos la siguiente pregunta: ¿existe idolatría en la actualidad? ¿Pueden los creyentes nacidos de nuevo, ejercer la idolatría, la cual los hace sordos a la voz de Dios? Por supuesto que sí. Podemos examinarnos nosotros mismos a través de una sencilla y sincera pregunta: ¿Existe algo en mi vida, más importante que Jesús, algo que haya desplazado el primer lugar que Él ocupaba en mi corazón?

Si la respuesta es que sí, usted mantiene un ídolo en su vida y, por ende, ejerce la idolatría.

Estimados amigos oyentes, resumiendo lo expresado anteriormente, podemos decir que toda cosa en la vida puede ser nuestro ídolo. Nada de lo que el mundo nos ofrece está excepto de ello.

Examínese a sí mismo y respóndase en forma sincera. ¿Existe algo en su vida que le impide entender a Dios? ¿Desea entenderlo nuevamente? Entonces, ocúpese de que estas cosas desaparezcan o que estén en el lugar adecuado. ¿Cómo apreciarlo en la práctica? ¿Qué debo hacer? He aquí algunas indicaciones:

Confíe su obsesión o su idolatría al Señor. Dígaselo claramente. Piense en David, quien con profunda tristeza confiesa al Señor su pecado en el Salmo 38:18: “Por tanto confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado”.

Pídale al Señor que le perdone, y las palabras de 1 Juan 1:9 tendrán validez en su vida. Juan escribe en su carta dirigida a los cristianos: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Como siguiente paso deberá ocuparse de los “perturbadores de su paz”, los cuales han dirigido su vida a tal punto que no ha podido escuchar más a Dios. Hágalo de la siguiente manera: proclame conscientemente lo contrario a estos baluartes. Diga: Lo contrario a la obsesión es la voluntad de Dios. Lo contrario a la idolatría es el servir a Dios. De ahora en adelante decido hacer la voluntad de Dios en vez de seguir con mi obsesión. De ahora en más soy un siervo de Dios y no más un idólatra.

Veamos ahora lo que llamaremos: La nueva largada¿Qué sucede luego que declaramos firmemente estas cosas que vimos anteriormente? Que entonces podrá encender el “motor” para el cual Dios mismo le dio la “llave”. Esta llave (símbolo de la promesa) la hallamos en Filipenses 2:13, donde dice: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

Dios produce en usted el querer. Esto le da la seguridad que: Él otorgará también el hacer. ¡Ésta es su promesa!

Ahora gire esta “llave” que Dios le regaló, para encender el “motor” de la nueva largada. Es necesario entonces que testifiquemos por medio de la fe: “Dios me ha dado el querer, y yo sé que Él me otorgará el hacer”.

Al cumplir con estas cosas, el motor queda encendido. Ahora se encuentra en el nuevo camino de la entrega. Aunque aún falta algo muy importante: un motor funciona únicamente si le echamos en forma regular el combustible necesario. ¿De qué se trata este combustible? Se trata de la oración.

Muchos cristianos se estancan en sus comienzos por el simple olvido de dejar de surtir el “combustible”. Santiago 4:2 lo expresa en forma muy clara: “Combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís”. Un nuevo comienzo, el cual es un regalo de Dios, es necesario alimentarlo y apoyarlo con la oración, para que no degenere en peleas y luchas carnales.

Así que: gire la “llave” (nuevo comienzo), eche combustible (oración) y dé vía libre a Dios, para que Él realice la obra en su vida.

Cuando nuestro auto quema mucha nafta, esto nos enfurece un poco, ¿no es verdad? Sobre todo con los precios que tienen los combustibles en la actualidad. Sin embargo, nuestro motor espiritual necesita mucho “combustible”. No es posible, en este motor, sobrepasarse de combustible, sino que cuanto más se le echa, tanto mejor anda. ¡Pídale al Señor diariamente, con el espíritu de un niño, el apoyo y la ayuda que usted necesita para seguir Su camino!

Nada menos que el mismo rey David siguió estos pasos. Él dice en el Salmo 119:4: “Tú encargaste, que sean muy guardados tus mandamientos”. Aquí apreciamos a un hombre que anda de todo corazón por el camino de la entrega; un hombre, que decidió seguir fielmente a su Dios. – ¡Podemos escuchar aquí el “motor de la entrega absoluta”! Pero contemplamos, además, en el siguiente versículo, cómo este hombre se surte de bastante combustible. Él ora, en el vers. 5: “Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos”. David vive en la abnegación, pero sabe al mismo tiempo que sin la ayuda del Todopoderoso nada de lo que él hace funcionaría. Por esta razón, sigue agregando “combustible”. Podemos deleitarnos en esta magnífica verdad a través de todo el Salmo 119. Algunos ejemplos de ello son:
El Versículo 10: “No me dejes desviarme de tus mandamientos”.
El Versículo 17: “Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra”.
El Versículo 29: “Aparta de mí el camino de la mentira”.
El Versículo 35: “Guíame por la senda de tus mandamientos”.
El Versículo 36: “Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia”.
El Versículo 37: “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”.
Y el Versículo 38: “Confirma tu palabra en tu siervo, que te teme”.

Sin la oración ferviente, nunca lograremos permanecer en Él y crecer en la fe.

Esto sólo lo lograremos: Fijando la mirada en Jesús

En Hebreos 12:1 y 2 leemos: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Pero, ¿qué es fijar la mirada en Jesús? Entre otras cosas: implica la oración, debiendo ésta estar presente en todo momento. En Tesalonicenses 5:17 dice: “Orad sin cesar”. Éste es precisamente el combustible que mantiene viva la nueva entrega.

Si se ha dado cuenta de la existencia en su vida de la obstinación y la idolatría, encontrando así la causa de por qué ya no entiende a su Dios y ahora desea de corazón volverse a Él, Dios ya ha puesto en usted el querer. ¡Entonces puede estar seguro que Él también le dará el hacer!

¡Dichoso aquel que ha comprendido esto; dichoso aquel que diariamente fija su mirada en su Salvador mediante una sencilla oración! ¡Éste entenderá nuevamente a Su Dios: en Su palabra y en Su proceder en su cotidiano vivir!

No Entendemos la Palabra de Dios (2ª parte)
Vengo a darte LIBERTAD!

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