Negarse a Si Mismo

Autor: Herman Hartwich

El verdadero discípulo de Jesucristo no trata de ponerle condiciones a la fe, sino que se niega a sí mismo (pone primero a Dios en todo), toma su cruz cada día (obedece los mandatos) y le sigue (nunca desvía la mirada de Cristo).


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PE1900 – Estudio Bíblico  –  Negarse a si mismo



¿Cuántos quieren andar con Jesús? Para andar con Él hay condiciones, mis queridos amigos. Sí, a muchas personas les gusta ponerle condiciones a Jesucristo. Por ejemplo le dicen: “Si me sanas, yo te voy a seguir”, “si arreglas mi matrimonio”, o “si me consigues trabajo”, “si cambias a mis hijos que tengo tantos problemas con ellos”, “si cambias a mi mujer o a mi marido”, o “si el pastor no es tan exigente”, dicen algunos. ¡Qué error, mis queridos amigos! Qué error y qué horror, porque para andar con Jesús las condiciones las pone Él, porque Él es el Señor y Salvador. Yo debo presentarme humildemente y obedecer voluntariamente sus mandatos. Sin Él nada soy, estaría perdido, pronto para una eterna condenación. No podemos confiar en lo que somos o hacemos porque todo es nada delante de Él. ¿Saben lo que dice la Biblia en el libro de Isaías? Que “todas nuestras justicias son trapo de inmundicia”. ¿Qué le dijo Jesús a la gente? Leamos en el Evangelio de Lucas, capítulo 9, versículos 21 al 27, y dice así: “Pero Él les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselos rigurosamente y diciéndoles: ‘Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y que resucite al tercer día’. Y decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles. Pero os digo en verdad que hay algunos de los que están aquí, que nos gustarán la muerte hasta que venga el Reino de Dios’”.

Yo quisiera poner el énfasis de esta meditación en el versículo 23, cuando Jesús dijo “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Estas con las condiciones para andar con Jesús, y las pone Él, no las pongo yo. “Negarse a sí mismo”: esto es amar a Dios por sobre todo. ¿Saben una cosa? Cuando a Jesús se le presentaron y le dijeron “Señor, ¿cuál es el principal mandamiento? ¿Qué es lo primero que tenemos que hacer?”, Jesús dijo que el más grande mandamiento es amar a Dios con todas sus fuerzas, con toda su mente, con toda su alma y con todo su corazón; y el segundo es semejante, dice, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Por eso decimos que negarse a sí mismo es decir “bueno, Dios es más, está por encima de todo, a Dios yo le debo todo mi amor”. Amarlo por encima aun de la familia. En Mateo 10:37 dice que si uno no está dispuesto a amar a Dios más que a los padres, que a la mujer, que al esposo, que a los hijos, no es digno de Él.

Ahora, es importante que aclaremos aquí, porque algunas sectas religiosas consideran esta exigencia o demanda de parte del Señor, como que hay que olvidarse de la familia, olvidarse del esposo o de los padres. ¡No! Esto no es así. Esto no quiere decir que nosotros dejemos de amar a nuestros padres por ejemplo. Al contrario, porque el que ama a Dios por sobre todo va a amar más a sus padres. Jesús se lo dijo a uno que tenía los padres mayores, y los padres tenían necesidad y los hijos tenían el deber (tenemos el deber) de ayudar a nuestros padres. Decía “ah, no, no los puedo ayudar, viejos, porque eso que yo tengo, con lo que yo podría ayudarlos, yo lo tengo consagrado a Dios”. La palabra que usa es “qorban”; era una palabra mágica para lavarse la manos y no hacerse cargo de la necesidad de sus padres. ¿No es esto lo que Jesús está demandando, que dejemos y descuidemos a nuestros padres? No. Dios debe ser amado por encima de todo, también por encima de ti mismo, porque aun tenemos que amar a Dios por encima de nosotros mismos. Pablo decía “yo no estimo mi vida más preciosa que la del Señor”. Ese negarse a sí mismo es tener la capacidad de no mirar solamente por sí mismo, sino también aun por lo de los demás, por las demás personas.

En segundo lugar, podemos ver que Jesús dijo que es necesario tomar la cruz cada día. Muchas personas dicen “bueno, yo llevo mi cruz porque yo tengo un hijo enfermo down y es una cruz que Dios me ha dado para llevar”. Y otros dicen “yo tengo un esposo alcohólico y esa es la cruz que yo tengo que llevar”. Y otros dicen  todo tipo de cruces que por allí se pueden ver; pero no se trata de ese tipo de cruz, mi amigo y mi amiga. Considero que la cruz del discípulo es amar la voluntad de Dios por sobre todo. En los Evangelios, en el Evangelio de Juan, por ejemplo, capítulo 4:34, 5:30, 6:38-39, en Efesios 1:9, 5:17, en Hebreos… O sea, tenemos montones de versículos en la Biblia que nos hablan de amar la voluntad de Dios.

Tomar la cruz es vivir las enseñanzas de la palabra de Dios cada día y en todas las áreas de la vida. ¿Estás dispuesto tú a amar la voluntad de Dios para tu vida? Muchas personas dicen “Señor, enséñame lo que yo tengo que hacer”; se dan vuelta después de escuchar lo que Dios les ha dicho que tienen que hacer y sin embargo, obran conforme a su deseo humano, a su lógica humana, y esto no es hacer la voluntad del Señor, esto no es tomar la cruz cada día. La palabra de Dios tiene todo el consejo para nosotros. El apóstol Pablo dice “yo les he dado todo el consejo de Dios para el diario vivir, cómo proceder, cómo tomar decisiones, dónde debemos brindarnos o dónde debemos negarnos”. Es muy interesante que muchas personas inclusive se acercan a algún tipo de culto y proclaman al Señor en sus vidas, adoran, pero en el trabajo, en el estudio, en la casa viven y hacen las cosas al revés. Proclaman en un templo “Jesucristo es el Señor”, “¡Alabado sea tu nombre, Señor!”, “Oh, Padre Nuestro”…  Sin embargo, ni siquiera leen las escrituras.

¿Por qué esto es tan así? Porque se evidencia en sus acciones; su conducta, la conducta de muchas personas que dicen ser cristianas, revela que no leen las escrituras para conocer la voluntad de Dios, la cual es agradable y es perfecta. Unos dicen “yo no voy más a la iglesia porque el pastor es muy duro”, otros dicen “pastor, usted tendría que ser más duro”. No, yo dije en mi congregación: “Escuchen a Jesús y no al pastor”. Porque la gente busca palabras que le gusten al oído. En Jeremías capítulo 6, versos 14 y 15 dice que hay “curadores que curan livianamente a su pueblo”, le dicen palabras alagadoras. Y el apóstol Pablo dice que en el final de los tiempos la gente se amontonará en torno a maestros que hablen lo que le guste.

Pero estamos hablando de las condiciones para ser discípulos de Jesús: negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día y seguirle. Este “seguirle” es seguirle continuamente, diariamente. Nosotros confiamos en Él. Saben que la persona inconstante no confía siempre; el inconstante es como aquella persona que va sobre la cresta de la ola, va allí y baja, sube y baja, porque depende de sus emociones, depende de sus sentimientos. La persona que le sigue continuamente, diariamente, ama; el inconstante ama según su estado de ánimo, su estado emotivo. Y también la persona que le sigue continuamente es aquella que pone los ojos en Jesús. El autor de la Epístola a los Hebreos nos dice que tenemos que caminar “puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe”.

Mis queridos amigos, este es el llamado de Jesucristo: a seguirle, negándose a sí mismo, tomar la cruz cada día, aceptando su voluntad y seguirle continuamente. Cuando Pedro estaba sobre el agua caminando porque había pedido a Jesús que le hiciera caminar si era realmente Él, cuando quitó los ojos de Jesús comenzó a hundirse. No te comiences a hundir, mi querido amigo, porque quitas tus ojos de Jesús. Mírale a Él, síguele a Él, humíllate delante de Él y serás un verdadero discípulo de Jesucristo.

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