Matrimonio y Paternidad (1ª parte)

Matrimonio y Paternidad 
(1ª parte)

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE1959 – Estudio Bíblico
Matrimonio y Paternidad (1ª parte)



Estimados amigos, Dios instituyó el matrimonio en el huerto del Edén antes de que el pecado entrara en el mundo (esto lo vemos en Gn. 2:21 al 24). Es así, también, que el escritor a los Hebreos nos recuerda, en el cap. 13, vers. 4: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla”. Por lo tanto, las bromas que degradan al matrimonio no son apropiadas, pues, es una relación honorable y pura.

En el matrimonio, dos personas, hombre y mujer, se vuelven una (a propósito de esto, podemos leer Gn. 2:24; Mt. 19:5; y Ef. 5:31 y 33). La intención de Dios es que esta unión dure para toda la vida (así está expresado en Mt. 19:6; y en 1 Co. 7:39). Un esposo sin su pareja está solo e incompleto.

La intención de Dios es, además, que el matrimonio sea monógamo, lo que implica una sola pareja (así lo leemos en 1 Co. 7:2). Esto excluye la bigamia y la poligamia. Aunque Dios menciona instancias en las que sucedieron estas dos irregularidades, Él nunca las aprobó.

El matrimonio tiene cinco propósitos. Satisface la necesidad de compañía. “No es bueno que el hombre esté solo” (nos dice Gn. 2:18). Es el medio para la procreación. “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (leemos en Gn. 1:28). Está diseñado para promover la pureza moral. “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Co. 7:2). Fue creado para ser de ayuda. Dios dijo en Gn. 2:18: “Le haré ayuda idónea para él (para Adán)”. Cuando se vive en obediencia a la Palabra de Dios, es una fuente de gozo y placer (según leemos en Pr. 5:18 y 19).

En la relación marital, el rol del hombre es ser la cabeza (como dice Ef. 5:23). Esta cadena de comando fue instituida por orden de creación (leemos en 1 Ti. 2:13), por el impulso de la creación (en 1 Co. 7:8), y como propósito de la creación (en Ef. 5:22). La mujer deber ser sumisa a su marido. Eva usurpó el lugar del hombre como cabeza (como relata Gn. 3:1 al 6), y eso trajo consigo las horrorosas consecuencias del pecado en el mundo. Pero, el pecado se le atribuyó a Adán, porque él era la cabeza de la raza humana. “…el pecado entró en el mundo por un hombre…” (nos dice Ro. 5:12).

La sumisión de la esposa a su marido es apropiada, porque así lo determinó el Señor (Col. 3:18), y porque le es agradable. Aunque ella sea más capaz y espiritual que él, debe animarle a tomar el rol de cabeza en el hogar, y no asumirlo ella misma.

El esposo debe amar a su esposa así como Cristo ama a la iglesia (así está escrito en Ef. 5:24). Él debería tratarla como a una dama. Más aún, debe amarla así como se ama a sí mismo (Ef. 5:28, y 33). Alguien dijo una vez: “Ninguna mujer tendría problema en someterse a un hombre que la ama como Cristo ama a la iglesia.”

El primer requisito necesario al escoger una pareja es que él o ella debe estar “en el Señor”, o sea, ser creyente (al respecto podemos leer 1 Co. 7:39; y 2 Co. 6:14). Pero, eso no es suficiente. Los dos deberían tener unidad respecto a convicciones bíblicas. Deben tener metas similares en la vida. Porque, como dice Amós 3:3: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”.

El matrimonio es la regla general de Dios para la raza humana. Una excepción se encuentra en Mateo 19:12 – hay algunos que son eunucos por causa del reino. Estas personas están dispuestas a renunciar al matrimonio para entregarse a la obra del Señor sin distracciones. En su celo por Dios, un joven discípulo puede llegar a prometer que nunca se casará. Él quiere entregarse para servir al Señor sin distracciones. Su intención es buena, pero puede que sea mejor no hacer este tipo de voto. ¿Cómo puede saberlo? Es mucho mejor vivir un día a la vez y dejar que el Señor lo guíe. Quizás sea la voluntad de Dios que se case en algún tiempo futuro.

El apóstol Pablo declara en 1 Co. 7:29 que:“resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen”. Esto quiere decir que Cristo debe ser el número uno en nuestras prioridades. Las esposas vienen después. Esto quiere decir que las esposas deben ser ignoradas? No, lo que quiere decir es que cualquier mujer cuyo marido pone en primer lugar a Cristo, tiene la clase correcta de esposo.

Cuando un hombre se casa, tiene que dejar a su padre y a su madre y unirse a su mujer (Ef. 5:31). Esto significa que ahora ella toma precedencia sobre los padres de él. Pero, hay alguien que debe tener el primer lugar en sus vidas, y es el Señor Jesús. Tanto el esposo como la esposa deben tocar el segundo violín en comparación con Él.

Muchos matrimonios podrían salvarse si obedecieran las instrucciones dadas en 1 Corintios 7:4 al 7. Lo que dicen estos versículos es que el acto del matrimonio debe darse cada vez que lo desee una de las partes. El esposo tiene derecho sobre el cuerpo de la esposa, y así también la esposa respecto a su esposo. Ésa es la regla general. Una excepción sería cuando uno desee dedicarse al ayuno y la oración. Por supuesto, uno debe ser sensible a los inconvenientes físicos y emocionales del otro. Ninguno debería usar la negación del cuerpo como un arma. El esposo nunca debe ser áspero con su esposa (Col. 3:19), sino que debe acercarse a ella con comprensión, honrándola como una heredera de la gracia de la vida (1 P. 3:7). Esto garantiza libertad al orar juntos.

Uno de los principales requisitos para un matrimonio feliz es el quebrantamiento. Cuando uno de los dos se equivoca con el otro, él o ella deben disculparse y pedir perdón. Duele hacerlo, pero es mejor que tener que soportar la frialdad interminablemente. Será duro para su orgullo, pero aún así confiésese antes de que se ponga el sol.

Hay cuestiones que tienen que ser decididas en pareja, con la ayuda del Señor. ¿Deberían usar anticonceptivos de algún tipo? ¿Qué tan grande será la familia? No existe una respuesta correcta para estas preguntas. Depende de cada pareja y de la guía del Señor para ellos. Otros cristianos deberían abstenerse de juzgarlos o forzarlos, según sus propios puntos de vista, como si fueran los correctos.

El ideal del matrimonio es “hasta que la muerte nos separe.” Sin embargo, se provee el divorcio para cuando una de las partes ha sido infiel (Mt. 19:9). El divorcio no es un mandato, pero está permitido en estos parámetros. En ese caso, el cónyuge que es inocente tiene la libertad de volver a casarse. Cuando leemos en Malaquías 2:16 que Dios aborrece el divorcio, sólo puede referirse al divorcio antibíblico, porque Dios se divorció de Israel (según Jer. 3:8), y fue por la misma razón – la infidelidad.

Cuando se le pidió que señalara 10 puntos clave del matrimonio, el misionero Carl Knott sugirió los siguientes:

1. ¡Establezca bien sus prioridades! Ponga a Dios primero en todo. Desde el comienzo, dedique su matrimonio al Señor y reconozca Su señorío en el hogar.

2. No navegue sin brújula. Lea las Escrituras diariamente, consúltelas, hable de ellas, y obedézcalas (como nos exortan Dt. 6:6 al 9; y Stg. 1:22).

3. Esposo, usted es el hombre. Sea divino, no mundano. Tome completa responsabilidad por el liderazgo de la familia de una manera cristiana (como está escrito en Gn. 3:16; 18:19; y Col. 3:18). Sea un ejemplo para su esposa y sus hijos.

Continuaremos con el cuarto de los diez puntos clave del matrimonio, del misionero Carl Knott, en el próximo programa, porque el tiempo se ha acabado. ¡Hasta entonces, y qué Dios los bendiga!

 

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