Los Caminos de Dios, No Nuestros Caminos

Los Caminos de Dios, No Nuestros Caminos 

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE1961 – Estudio Bíblico
Los Caminos de Dios, No Nuestros Caminos



  Estimados oyentes, en Romanos 12:1 y 2, el apóstol Pablo nos recuerda que no sólo debemos presentar nuestros cuerpos como un sacrificio vivo a Dios, sino también ser“transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento.”Esto significa que debemos abandonar el modo de pensar del mundo, y aprender a pensar como lo hace nuestro Señor. La Biblia nos habla acerca del modo de pensar de Dios.

El Señor mismo ha puesto en claro que así como los cielos son más altos que la tierra, también sus pensamientos y sus caminos son más altos que los del hombre (como leemos en Is. 55:8 y 9). La diferencia es radical.

Consideremos el evangelio, por ejemplo. En general, el hombre cree que puede alcanzar el cielo por su buen carácter y buenas obras. Que se lo merece o se lo gana. “No es así,” dice Dios. En efecto: “Los únicos que llegarán al cielo son aquellos que no lo merecen, y reciben a Jesús como Señor y Salvador. Es un tema de creer, no de actuar.”

El evangelio es locura para el hombre. Es demasiado fácil. Recibirlo como un regalo por medio de la fe, simplemente no tiene sentido. Pero, lo insensato de Dios es más sabio que los hombres. Cualquiera puede ser salvo por el método de Dios, nadie puede serlo a la manera del hombre.

Estas son otras maneras en las que podemos ajustar nuestra mente:

Dios no juzga por las apariencias, pues Él bien sabe que no todo lo que brilla es oro. “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”(nos dice 1 S. 16:7).

A Dios no le impresiona la belleza física.“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”(leemos en Pr. 31:30). Como tampoco le cautivan las proezas atléticas. Como dice el Salmo 147:10:“Ni se complace en la agilidad del hombre”. Sino que, según el Salmo 147:11: “Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia”.

Al hombre natural le agrada codearse con los ricos y famosos, y mencionar los nombres de los encumbrados y poderosos. Nada que ver con nuestro Señor. Él no llama a muchos de los mejores educados, ni de los poderosos o de las clases más altas. En vez de eso, según 1 Co. 1:26 y 27, Él usa a los tontos, los débiles y los don nadie del mundo para lograr grandes cosas.

El Señor tiene un concepto muy diferente del liderazgo. El hombre compara al liderazgo con el señorío. Pero, desde el punto de vista divino, el verdadero líder es un siervo. Aquel que es grande en Su reino es el que se humilla para servir (así leemos en Mt. 20:25 al 27).

A Dios no le impresiona la riqueza material (en cuanto a esto podemos leer Lc. 18:24 al 27). El hombre mide el valor que otros tienen de acuerdo a su riqueza. ¿Cuánto valen? Las riquezas espirituales son las verdaderas. Un montón de dinero puede hacer que una persona no entre al cielo.

Dios no juzga de acuerdo a los números (lo vemos en Jue. 7:2). Contrario a lo que dijo Voltaire, Dios no está del lado de los grandes batallones. Gedeón tenía demasiados soldados. El Señor redujo su ejército de 32.000 a 300 y ganó la batalla. Lo poco es mucho, si Dios está allí.

La batalla no es para el fuerte, así como la carrera no es para el veloz. Eric Liddell consiguió un nuevo record mundial en las Olimpíadas de 1924, a pesar de que su estilo fue muy poco convencional. Él había honrado a Dios al rehusarse a correr en el Día del Señor, y Dios lo honró como recompensa.

Nuestro Señor tiene un amor especial por los pobres (lo vemos en Stg. 2:3 y 5). Nosotros también obraríamos así si lográramos pensar como Él lo hace.

Él se mueve por la necesidad, no por la avaricia. Esto lo muestra en la parábola de los obreros de la viña (de Mt. 20:1 al 16). El viñador les pagó a los empleados que había contratado primero exactamente lo que habían negociado. Ellos obtuvieron justicia. Todos los demás confiaron que el jefe haría lo correcto, y obtuvieron gracia. Él sabía que necesitaban dinero para sustentar sus familias, así que les dio lo que él sentía que necesitaban. Los que habían sido contratados primero se quejaron, pues fueron movidos por la avaricia, no por la necesidad.

  Dios se mueve por la fidelidad, no por el éxito (lo vemos en Mt. 25:21 y  23). Todos podemos ser fieles, pero el éxito viene de Él.

Él se mueve por el anhelo, así como por el logro. David obtuvo crédito por la construcción del Templo, porque el anhelo estaba en su corazón (como leemos en 1 Rey. 8:18). Fue Salomón el que finalmente lo construyó.

Los que son bendecidos desde el punto de vista de Dios, son despreciados por el mundo (como dice Mt. 5:3 al 10). La familia de Jesús pensó que él estaba fuera de sí (en Mr. 3:21). Los críticos de Pablo dijeron que estaba loco (como leemos en 2 Co. 5:13). Si somos como Cristo, el mundo considerará que estamos locos.

El homicidio y el adulterio comienzan en el corazón (según Mt. 5:21,22; y 27 al 30). El homicidio comienza con el odio y el adulterio con una imagen lujuriosa.

La contaminación viene de adentro (lo vemos en Mt. 15:11).

Los hombres han redefinido al pecado como enfermedad. ¿A quién están engañando? Dios no enviaría gente al infierno sólo por una enfermedad.

Hoy el mundo declara como Shakespeare: “Sea verdadero con usted mismo.” Pablo dijo por inspiración divina:“Estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”(así leemos en Fil. 2:3).

Dios desea misericordia y no sacrificio (Mt. 9:13). Diezmar no es suficiente si obviamos la justicia, la misericordia y la fe (como leemos en Mt. 23:23).

En el reino, la grandeza viene por ser como un pequeño niño (así nos dice Mt. 18:4).

A los hombres les gustan los títulos honoríficos, pero sólo Dios debería obtenerlos (según Mt. 23:9 y 10). A los hombres también les gustan las ropas especiales, que supuestamente indican algún tipo de grado superior de santidad, o posición religiosa (así leemos en Mt. 23:5). Cristo no tuvo ninguna reputación.

No es el oro lo que santifica al templo, es el templo lo que santifica al oro (Mt. 23:18-22). No es el oro lo que le dio valor al templo, sino que fue un privilegio especial para el oro poder ser usado en la casa de Dios. Fue el templo el que apartó el oro en un lugar de especial honor. De la misma manera, es el altar lo que santifica la ofrenda que se coloca sobre él. El camino para subir es bajar. Aquel que se humilla a sí mismo, será exaltado (Mt. 23:12).

La definición de amor por parte de Dios alcanza hasta a los enemigos (Lc. 6:27). Los hombres del mundo aman a aquellos que los aman.

Dios hace que Su sol se levante sobre los justos así como los injustos, y envía su lluvia tanto a justos como a injustos (Mt. 5:45). Deberíamos imitar su imparcialidad, aunque vaya en contra de nuestra naturaleza.

Bien, esta fue simplemente una muestra de cómo los pensamientos y los caminos de Dios difieren de los del hombre. Estos pasajes deberían funcionar como el puntapié inicial para que comencemos a pensar como Él. La Biblia es una completa revelación de los procesos del pensamiento divino.

 

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