Los burladores de los últimos días

Por el DR. Rogen Liebi

img_0019b_enganadoresPedro profetizó que, en el fin de los tiempos, la fe en la segunda venida de Jesucristo sería burlada y tergiversada hasta parecer absurda (2 P. 3:2-4): “… para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?…”

Durante casi 2000 años de historia eclesiástica, para la gente del occidente cristiano era algo natural creer en que Jesucristo hubiera resucitado al tercer día, y que Él iba a volver en el fin de los tiempos como juez del mundo.

A través de la amplia influencia de la teología liberal en Europa y en América del Norte, en el correr del siglo veinte, ahora la segunda venida de Jesucristo es negada masivamente dentro de lo que antes era el occidente cristiano. Los teólogos liberales de la iglesia reformada y evangélica dicen: el “ser humano moderno” no puede creer en una resurrección física de Jesucristo, ni tampoco en Su segunda venida. Esos son mitos que ya no pueden ser creídos, en una era que se caracteriza por la ciencia.

Quien actualmente crea expresamente en la segunda venida de Cristo, posiblemente reciba burlas y sea tildado como “cristiano fundamentalista”, por creer todavía, literalmente, en lo mismo que creyeron los cristianos a través de toda la historia de la iglesia, de casi 2000 años. Esto tenía que suceder, y tenía que suceder justo en la época en que los judíos regresaran a la tierra de los patriarcas.

Pedro explica en los siguientes versículos, en el capítulo 3, porqué los burladores en los tiempos del fin no pueden creer en la segunda venida de Jesús. Ellos parten de la base de que, desde el principio, todo ha seguido siempre exactamente las mismas leyes. En el pasado, Dios nunca habría intervenido en el transcurso del tiempo. De ahí que tampoco sería posible que eso suceda en el futuro. Pedro, sigue diciendo que esos burladores están tan convencidos de ese transcurso homogéneo del pasado sin Dios, porque ellos no creen en la directa intervención de Dios en la creación, ni en Su obrar sobrenatural en el diluvio.

De eso, se desprende que en los tiempos finales la fe en la creación de Dios, según la relata la Biblia en Génesis 1 y 2, y la fe en el diluvio, como acontecimiento histórico global, según Génesis 6-9, sean echados por la borda (2 P. 3:3-6): “… sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua.”
El versículo 5 alude directamente a la historia de la creación, que comienza con las palabras “En el comienzo creó Dios los cielos y la tierra” (Gn. 1:1; cp. ”… que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra”).

El apóstol, además, enfoca especialmente el tercer día de la creación, es decir los versículos 9-10 de Génesis uno. En la historia de la creación, la tierra al principio, estaba totalmente cubierta de agua. Recién al tercer día, por medio de Su Palabra, el Creador hizo surgir tierra firme (hebr: jabbashah= “lo seco”), deteniendo el agua, que de ahí en más debía rodear la tierra firme como océano (cp. “la tierra que proviene del agua y por el agua subsiste, por la Palabra de Dios”).

En el diluvio, esa misma agua que antes del tercer día de la semana de la creación cubría el planeta, nuevamente cubrió toda la tierra firme cuando “fueron rotas todas las fuentes del grande abismo” (Gn. 7:11; cp. “por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua”).

El principio de versículo 5, dice que los burladores rechazan las historias de la creación y del diluvio, porque no quieren creerlo. Lo rechazan por propia decisión (“estos ignoran voluntariamente…). ¡Uno puede no saber cosas porque no las quiere saber!

La declaración de los burladores en versículo 4: “Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación”, no necesariamente quiere decir que a pesar de todo creen en un Dios Creador. ¡Esa manera de hablar les queda bien hasta a los ateos! Stephen Hawking, uno de los teoréticos más importantes del “big bang”, en su libro El gran bosquejo–Una nueva explicación del universo, publicado en el otoño de 2010, dice que el universo se habría creado a sí mismo de la nada. La razón “de que en lugar de la nada haya algo”, sería la “creación espontánea”. En este libro Hawking, por primera vez, se muestra claramente como un ateo. ¡Y, aún así, utiliza el término “creación”! Pero, para él, el creador es el universo aun no existente en forma efectiva, que supuestamente se habría creado solo, o sea la ley de gravitación, que supuestamente ya habría existido antes de la existencia de la materia. La afirmación de que el universo se habría creado por sí solo, naturalmente es absurda, ya que contradice todas las reglas de la lógica y del razonamiento. Algo que aún no existe, no se puede crear a sí mismo, porque de ser así ya debería existir antes de haber existido. Si lo que quiso decir fue otra cosa, también debería explicarlo. La idea de que la materia y la energía hayan surgido de la nada, además, contradice la primera ley de la termodinámica en física.

El rechazo de la historia del diluvio. Hasta el 1800, la mayoría de los geólogos creían que la historia del diluvio tenía un significado muy decisivo en conexión con la explicación de la procedencia de las capas terrestres y los fósiles contenidos en las mismas.

En 1830 surgió una nueva interpretación. Charles Lyell (1797-1875), un abogado a quien también le gustaba la geología, sentía un rechazo interno contra el diluvio. Después de todo, la idea del diluvio global contiene el pensamiento de que existe un Dios santo, que no deja sin castigo el pecado del ser humano, sino que está dispuesto a interrumpir el curso homogéneo de la historia para intervenir directamente. Esa idea era intolerable para Lyell. Por eso, inventó “el principio del uniformitarianismo”, que significa que los transcursos de la naturaleza siempre fueron homogéneos, y que no habrían existido grandes catástrofes. Desde el principio, el mundo siempre habría sido igual. Eso corresponde exactamente a la argumentación de los burladores de 2 Pedro 3:4: “Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.”

Por supuesto, las capas de la tierra pueden ser explicadas en forma comprensible a través del acontecimiento de inundaciones, al igual que el enorme número de los fósiles contenidos en las mismas. Bajo circunstancias normales no se forman ese tipo de capas, como gigantescos paquetes, como lo vemos claramente documentado, por ejemplo, en los Alpes Suizos. Pero para Lyell era importante no hablar de catástrofes. No, sino que las capas, según su opinión, deberían haber surgido a través de procesos totalmente normales de erosión, por medio de viento, la lluvia, el calor y el frío, etc., totalmente sin catástrofes. El material erosionado habría sido transportado por arroyos y ríos, tal como lo vemos en la actualidad, y las capas habrían surgido lentamente, milímetro por milímetro, centímetro por centímetro. Claro está, que de este modo no surgen capas llenas de tumbas masivas de fósiles, como las encontramos en todo el mundo, pero para Lyell era más importante su principio del uniformitarianismo que ese tipo de objeción.

Como la idea del surgimiento no-catastrófico de las enormes capas terrestres no tiene lugar en el marco de un tiempo corto, Lyell introdujo, en la geología, la idea de períodos de tiempo enormemente largos.

En el siglo 20, el principio del uniformitarianismo fue convertido en bien común, a través de la enseñanza en las instituciones educativas. El diluvio, en general, ya no es enseñado como explicación para la formación de capas terrestres y fósiles. La mayor parte de la humanidad le ha dado la espalda al diluvio. Para ellos, ese incidente se ha convertido en un mito, en un cuento. ¡Pero, justo así debía ocurrir! En el tiempo cuando los judíos regresaran a su patria, el diluvio sería negado.

En los años 1830-1833, Charles Lyell publicó su obra Principios de la Geología en tres tomos. En 1830, cuando Charles Darwin partió para su viaje mundial de cinco años, el capitán del Beagle, buque de medición del gobierno inglés, le regaló el Tomo I de la serie de libros de Lyell sobre geología. Esa publicación llegó a ser de significativa para Charles Darwin. Lyell le dio la idea de los períodos de tiempo geológico extremadamente largos, teoría que Darwin necesitaba con urgencia para fundamentar el desarrollo accidental y paulatino de los seres vivos. De este modo, el rechazo de la historia del diluvio se convirtió en la base del rechazo de la historia de la creación.

El rechazo de la historia de la creación. Hasta el comienzo del siglo 20, la mayoría de la gente de occidente creía en la verdad del relato de la creación (Gn. 1-2) y en la historia del diluvio (Gn. 6-9).

En 1859, Charles Darwin publicó su primer libro sobre la evolución: El surgimiento de las especies. Con el mismo, quería dejar claro que para explicar la diversidad de plantas y animales, en realidad no se necesitaba a un Dios Creador. Todo se habría desarrollado solo, según las leyes de la naturaleza, sin Dios.

En 1872 le siguió otro libro influyente: La Procedencia del Ser Humano. En este libro, Darwin especifica que lo dicho en el libro de 1859, por supuesto, también valdría para el ser humano. También él sería producto de un desarrollo lento y natural (evolución), que no requeriría de ningún creador.

Estos libros, en aquel entonces, tuvieron un eco enormemente positivo y entusiasta en los círculos académicos. El espíritu del tiempo ya estaba maduro para aceptar ese tipo de ideas. Tan solo cincuenta años antes, algo así no habría sido posible. Pero, hasta que esos pensamientos e ideas de una evolución se hicieran bien común de la sociedad occidental, se necesitó bastante tiempo todavía. Recién en el siglo 20, la teoría de la evolución fue aceptada y asimilada masiva y ampliamente, gracias a su propagación a través de las escuelas y de los medios de comunicación. En la actualidad, toda persona que aun crea en el relato de creación de la Biblia, tiene que estar preparada para ser rechazada y tildada como “persona que vive anclada en el pasado” y como “fundamentalista enemigo de la ciencia”. Pero, esto tenía que pasar. Pedro, profetizó el rechazo voluntario de la historia de la creación para el tiempo del fin: “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste” (2 P. 3:5).

Pedro dijo que les estaría “cegado” el entendimiento en cuanto al relato de la creación y del diluvio. Llama la atención que, en general, no es del conocimiento de los adversarios del creacionismo lo que realmente dice en el texto bíblico. Ellos no saben lo que dice exactamente, ni lo que no dice. Y aún menos es de su conocimiento el significado de los detalles de estos enunciados.

El rechazo de las verdades bíblicas, como la de la segunda venida de Cristo, al igual que la de la historia de la creación y la del diluvio no debía limitarse a grupos pequeños, sino que debía alcanzar a las masas.

¡Eso está relacionado con la gran apostasía, según 2 Tesalonicenses 2:3!

Cacería de mitos. La segunda carta a Timoteo, contempla en forma especial el tiempo del fin, “los postreros días” del cristianismo (2 Ti. 3:1). Un detalle profético se encuentra en el capítulo 4 de esa epístola neo-testamentaria: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Ti. 4:3-5).

El hombre moderno e informado de hoy en día, rechaza la Biblia como Palabra de Dios. La ve como una colección de mitos. En el mejor de los casos, le proporciona información sobre la forma de pensar de la gente en el, así-llamado, tiempo pre-científico. Pero, rechaza toda relevancia de la Biblia para el tiempo moderno.

El profesor de teología, alemán, Rudolf Bultmann (1884-1976), desarrolló un programa para la desmitificación de la Biblia. Él dijo que el ser humano moderno, pensador, científico, ya no podría creer que Jesucristo hubiera resucitado y que vendría otra vez. Tampoco sería posible tomar en serio a la Biblia como relato histórico en sus detalles. Bultmann ejerció una influencia increíblemente fuerte, no sólo en el área de la teología, sino también más allá de la misma.

A eso podríamos objetar: ¡Podemos proveer la documentación para demostrar que la Biblia es absolutamente fidedigna! También nos es posible refutar las teorías de la teología liberal, y poner de manifiesto sus premisas de pensamiento y métodos equivocados.1
A propósito: Rudolf Bultmann se convirtió antes de su muerte, pidiendo perdón, en vista de sus estudiantes, por su propagación de doctrinas falsas. De esto testificó su antigua estudiante, Prof. Dr. Teol. Eta Linnemann, quien también tuvo el privilegio de tener una conversión y entrega radical a Jesucristo.

Determinamos ahora una paradoja interesante: si bien el ser humano moderno se siente superior a los supuestos mitos de la Biblia, descubrimos a nivel masivo, especialmente como consecuencia del movimiento del año 68, un verdadero asalto de mitología, ciencia ficción, creencia en platos voladores, fantasía y terror. Esto se manifiesta en muchas áreas, como ser películas, literatura, música, juegos de computadora y hasta juguetes para niños, etc. Películas mitológicas, como ser La guerra de las Galaxias, E.T., La Historia sin fin, El Señor de los Anillos, y Harry Potter, dejaron muchos millones de dólares en ganancias. Eso, por supuesto, va unido a la interminable ola esotérica. La esotérica es un mercado de miles de millones. Por un lado, hay un ampliamente difundido rechazo de la Biblia (“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina [de la Biblia]…y apartarán de la verdad [de la Biblia] el oído…”) y, por otro lado, una apertura para todo tipo de disparates irracionales y con aire religioso, que de alguna manera les hacen cosquillas en los oídos (cp. “… y se volverán a las fábulas”). Realmente es cierta la palabra de Napoleón: “La gente cree todo, sólo con la condición de que no esté en la Biblia.”


1 Las pruebas las da el libro ¿Realmente vivimos en los postreros Días?
Extracto del libro ¿Realmente vivimos en los postreros Días?, Roger Liebi

5 pensamientos acerca de “Los burladores de los últimos días

  • 24 noviembre, 2016 at 15:59
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    No pude corroborar que la frase citada “La gente cree todo, sólo con la condición de que no esté en la Biblia” haya sido pronunciada por Napoleón. ¿Hay algún link en Internet o cita de algún libro, para corroborar la autoría de esta frase?

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    • 28 noviembre, 2016 at 13:31
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      Gracias por su comunicación. El artículo es un extracto de un libro escrito en Alemán, está siendo traducido al español. En cuanto tenga la información sobre la fuente, la publico aquí mismo y le envío un correo electrónico.

      Esperamos que el material publicado sea de bendición para su vida.

      En Cristo

      Alejandro
      LlamadaWeb.org

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  • 24 noviembre, 2016 at 10:16
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    Soy de Luján buenos Aires siempre los escucho y leo sus comentarios y vídeos que comparten. Muchas bendiciones y Dios los siga usando para difundir su mensaje.

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  • 24 noviembre, 2016 at 07:43
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    Digan lo que digan Dios es y será siempre el mismo y las evidencias están a la vista y no se necesitamos sabios y científicos para probar la grandezas d Dios , digan lo que digan solo es palabra de hombre que con el tiempo desaparece juntamente con el pero la palabra d Dios. A sido es y será por siempre por que es eterna,más el hombre es limitado y mutable hoy es y mañana ya no ,más sean dada a Dios toda gloria y toda honra.
    Por décadas centuries el hombre ha sido como el soplo de un resuello y además que el hombre diga on o diga no quiere decir que es o que deja decer por que La identidad De Dios no depende d lo que el hombre dice o piensa por lo contrario nosotros dependemos de lo que Dios dice.

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  • 23 noviembre, 2016 at 19:43
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    Soy de Montevideo, Uruguay, habiendo escuchado “llamada” muchos años, hoy puedo lleerles en mi PC. cada vez que puedo.
    Me gusta mucho estas notas que afirman al creyente en estos tiempos en que esta consolidandose la gran apostasia. Se necesita sabiduria y asistencia del Espiritu para hacer frente a la masiva influencia de falsas doctrinas…..gracias. Bendiciones.

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