Los buenos propósitos solamente, no son suficientes (1ª parte)

Los buenos propósitos solamente, no son suficientes
(1ª parte)

Autor: Wolfgang Bühne

El ejemplo de Ezequías y sus palabras conmovedoras dirigidas a los levitas tuvieron un marcado efecto: los levitas se pusieron en marcha y “se santificaron”. Siempre que los líderes del pueblo de Dios refuerzan su llamamiento con su conducta ejemplar “conforme a las palabras del Señor”, algo se mueve y ocurre un cambio.

 


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PE2053 – Estudio Bíblico
Los buenos propósitos solamente, no son suficientes (1ª parte)



Estimados amigos oyentes, el título del mensaje es: Los buenos propósitos solamente, no son suficientes.

Comenzamos leyendo en 2 Cr. 29:12 al 36. Allí dice lo siguiente:
“Entonces se levantaron los levitas (…) y reunieron a sus hermanos, y se santificaron, y entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehová, para limpiar la casa de Jehová. Y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo de Jehová, al atrio de la casa de Jehová; y de allí los levitas la llevaron fuera al torrente de Cedrón. Comenzaron a santificarse el día primero del mes primero, y a los ocho del mismo mes vinieron al pórtico de Jehová; y santificaron la casa de Jehová en ocho días, y en el día dieciséis del mes primero terminaron. Entonces vinieron al rey Ezequías y le dijeron: Ya hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios.
Asimismo hemos preparado y santificado todos los utensilios que en su infidelidad había desechado el rey Acaz, cuando reinaba; y he aquí están delante del altar de Jehová.
Y levantándose de mañana, el rey Ezequías reunió los principales de la ciudad, y subió a la casa de Jehová. Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos para expiación por el reino, por el santuario y por Judá. Y dijo a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen sobre el altar de Jehová. Mataron, pues, los novillos, y los sacerdotes recibieron la sangre, y la esparcieron sobre el altar; mataron luego los carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los corderos, y esparcieron la sangre sobre el altar. Después hicieron acercar delante del rey y de la multitud los machos cabríos para la expiación, y pusieron sobre ellos sus manos; y los sacerdotes los mataron, e hicieron ofrenda de expiación con la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo Israel; porque por todo Israel mandó el rey hacer el holocausto y la expiación. Puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas. Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas. Entonces mandó Ezequías sacrificar el holocausto en el altar; y cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová, con las trompetas y los instrumentos de David rey de Israel. Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompeteros sonaban las trompetas; todo esto duró hasta consumirse el holocausto. Y cuando acabaron de ofrecer, se inclinó el rey, y todos los que con él estaban, y adoraron.
Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente; y ellos alabaron con gran alegría, y se inclinaron y adoraron. Y respondiendo Ezequías, dijo: Vosotros os habéis consagrado ahora a Jehová; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todos los generosos de corazón trajeron holocaustos. Y fue el número de los holocaustos que trajo la congregación, setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos, todo para el holocausto de Jehová. Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes y tres mil ovejas. Mas los sacerdotes eran pocos, y no bastaban para desollar los holocaustos; y así sus hermanos los levitas les ayudaron hasta que acabaron la obra, y hasta que los demás sacerdotes se santificaron; porque los levitas fueron más rectos de corazón para santificarse que los sacerdotes. Así, pues, hubo abundancia de holocaustos, con grosura de las ofrendas de paz, y libaciones para cada holocausto. Y quedó restablecido el servicio de la casa de Jehová. Y se alegró Ezequías con todo el pueblo, de que Dios hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fue hecha rápidamente”.

El ejemplo de Ezequías y sus palabras conmovedoras dirigidas a los levitas tuvieron un marcado efecto: los levitas se pusieron en marcha y “se santificaron” (leemos en los vs. 12 al 15)

No fueron sólo buenos propósitos, como muchas veces surgen después de una poderosa predicación de la Palabra de Dios, o después de leer una biografía emocionante que nos hace llorar. Hay un refrán que dice: “del dicho al hecho hay un largo trecho”, pero en este caso no fue así. Estimulados por el ejemplo de Ezequías, quien como guía del pueblo no sólo pronunció palabras sino las puso por obra, al haber reparado y abierto ya las puertas del templo, los levitas se sintieron infundidos de fuerza y valor. Y tuvieron en cuenta un orden importante: Primeramente se santificaron a sí mismos, para después limpiar el templo “conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehová.”

Siempre cuando los líderes en el pueblo de Dios refuerzan su llamamiento con su conducta ejemplar “conforme a las palabras del Señor”, algo se mueve y ocurre un cambio. Cuando “los caudillos en Israel” se ponen al frente, el pueblo siempre los sigue voluntariamente (como podemos apreciar en Jue. 5:2). Eso lo vemos en los libros históricos de la Biblia, y también lo vemos confirmado en la historia de la Iglesia, y lo demuestra el tiempo presente. Tanto el avivamiento como la apostasía son casi siempre el resultado de un ejemplo positivo o negativo.

Es también interesante que los levitas que comienzan a trabajar se mencionan por sus nombres (en los vs. 12 al 14). Esto deja claro que el Señor valora especialmente a los que, en tiempos de decadencia general, Lo honran santificándose y obedeciéndolo. A pesar de que los nombres de estos hombres seguramente no eran conocidos en Israel, y probablemente se olvidaron pronto en la siguiente generación, Dios les ha alzado un monumento en la Biblia.

“Yo honraré a los que me honran”, le dijo el varón de Dios al profeta Elí (en 1 Sam. 2:30). ¿Qué valor tiene para nosotros la aprobación de Dios? ¿La estimamos más que todas las adulaciones de los cristianos y todos los galardones del mundo?

Jim Elliot, el misionero asesinado por los indios aucas en Ecuador, escribió una vez en su diario: “Fue un largo aprendizaje hasta que aprendí a vivir solamente delante de Dios, dejando que él forme la conciencia y no temiendo nada, sino solamente el apartarme de Su voluntad.”

La limpieza debe realizarse en círculos concéntricos …

Es significativo que después de la purificación personal, los levitas comienzan con la purificación del templo. Los sacerdotes entraron primero “dentro de la casa de Jehová” (v. 16), luego sacaron toda la inmundicia y la basura al atrio del templo, y los levitas finalmente la eliminaron echándola al torrente del Cedrón.

Tanto los sacerdotes como los levitas conocían sus tareas y sabían también los límites de su ministerio. Los sacerdotes comenzaron con la limpieza del interior del templo. Aquí hay una importante lección para nuestra vida personal, y también para la vida de la Iglesia:

No basta con cambiar o corregir lo exterior, si en el corazón o en el “lugar santísimo” aún no ha habido un cambio y una limpieza interior.

Limpieza general (2ª parte)
Los buenos propósitos solamente, no son suficientes (2ª parte)

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