Lo que Trasciende a Nuestro Nombre (1ª parte)

Lo que Trasciende a Nuestro Nombre
(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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PE1542- Estudio Bíblico
Lo que Trasciende a Nuestro Nombre (1ª parte)



¿Cómo están amigos? Para ubicarnos un poco, vamos a comenzar este estudio con una introducción:El libro de Oseas fue escrito 800 años antes de Cristo. Contiene dos partes: En la primera, en los capítulos del 1 al 3, se relata la vida de Oseas; mientras que la segunda, los capítulos 4 al 14, es donde están contenidas sus profecías.

El profeta Oseas residía en el reino del norte en la época en que éste comenzaba a desmoronarse. Él actuó durante aproximadamente 40 años, siendo contemporáneo de los profetas Amós, Isaías y Miqueas.

Su vida era bastante infeliz, y la misma representaba una simbología que describía la situación que atravesaba su país. Una prueba de esto es que de la misma manera en que su esposa lo abandona para ejercer la prostitución, Israel le da la espalda a Dios con el propósito de servir a otros dioses; y del mismo modo en que Oseas continuó amando a su esposa a pesar de todo, e hizo que ésta volviera a su casa, Dios no deja de amar a su pueblo, prometiéndole una completa restauración.

En el libro de Oseas, podemos notar claramente el contraste entre: el amor de Dios por un lado y la desobediencia de Israel por el otro.

Este libro describe a Dios como fiel, cuidadoso, siempre dispuesto a perdonar, amable y afectuoso; sin embargo, el pueblo de Israel es perpetuamente infiel, desobediente, pecador, rebelde y descuidado.

Oseas describe a Israel como a un pueblo que ignora completamente los mandamientos de Dios, y como un pueblo no dispuesto a obedecerle.

Así como el amor de Oseas hacia su mujer finaliza en victoria, el amor de Dios produce un maravilloso cambio en Israel.

Estas palabras nos han introducido al estudio de Oseas – El amor redentor de Dios. Vamos a dar comienzo ahora al primer tema de este estudio, que es: 

Lo que trasciende a nuestro nombre

Leemos en Oseas, cap. 1, los versos 1 al 9: “Palabra de Jehová que vino a Oseas, hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel. El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová. Fue, pues, y tomó a Gomer, hija de Diblaim, la cual concibió y le dio a luz un hijo. Y le dijo Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí a poco yo castigaré a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel, y haré cesar el reino de la casa de Israel. Y en aquel día quebraré yo el arco de Israel en el valle de Jezreel. Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo. Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por Jehová su Dios; y nos los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes. Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz a un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios”. Hasta aquí la Palabra de Dios.

Vemos que en el capítulo 1, Oseas es llamado a ser profeta, casándose por obediencia con una prostituta, lo que simboliza la conducta adúltera de Israel hacia Dios. Nacen de este matrimonio tres hijos, los cuales según sus nombres representan los pensamientos de Dios, en ese momento, para con su pueblo rebelde.

Su primer hijo se llama Jezreel. Este nombre anuncia el juicio venidero sobre Israel – y principalmente sobre los descendientes del rey Jehú – en el valle de Jezreel. El énfasis especial que se les da a los descendientes del rey Jehú, es por el hecho que el mismo había recibido la orden de castigar la casa impía de Ahab, pero se había propasado no acatando únicamente lo que Dios le había ordenado hacer.

El segundo hijo lleva el nombre de Lo-ruhama, que significa: “”Sin-perdón’’. Este nombre simboliza la dureza del juicio de Dios sobre Israel.

El tercer y último de los hijos, recibe el nombre Lo-ammi, cuyo significado es: “”No-Sois-Mi-Pueblo’’. Con este nombre, Dios señala la profunda grieta que lo separa de su pueblo.


Oseas 1 no sólo habla del juicio de Dios, sino también de su gracia. Es justamente el reino de Judá quien recibe la especial atención y gracia de Dios.

Los asiros fueron herramientas de Dios para la consumación de su juicio a Israel, castigando al reino del norte, y poco tiempo después, en el año 701 antes de Cristo aproximadamente, los mismos se preparaban para atacar, estando a las puertas de Jerusalén, la capital del reino de Judá. Pero esta ciudad no caería en las manos de los asirios como lo había hecho Israel, ya que eran siervos del Señor su Dios y le amaban. Esta característica de Judá no fue constante a lo largo de las épocas, pero en ese tiempo la misma era gobernada por el piadoso rey Ezequías.

El primer punto a tratar, entonces, en este estudio es: Elegir nombres

Nos concentraremos por un momento en los versículos 2 al 4, 6, 8 y 9 de Oseas 1.

Hace muchos años, cuando nos preparábamos para el nacimiento del primero de nuestros cinco hijos, compramos un libro el cual contiene prácticamente todos los nombres existentes. También estudiamos con gran interés el “Diccionario Bíblico de Nombres” de Abraham Meister. Pero ¿por qué lo hicimos? La razón radicaba en que queríamos darle a nuestro hijo un nombre bueno y lindo; es decir, agradable en su pronunciación, pero también en su significado.

Con el afán de ser breve diré que cada nombre dado a nuestros hijos nos hacía pensar muchas cosas, y hasta la actualidad nos alegramos de los nombres que escogimos para ellos.

Y llegamos así al segundo punto, que es: Nombres de Juicio

Observemos nuevamente la originalidad de los nombres de los hijos de Oseas: el primero tiene por nombre Jezreel, el segundo Lo-ruhama (Sin-perdón), naciendo luego Lo-ammi (No-Sois-Mi-Pueblo). Ya mencionamos que estos niños representan a través de sus nombres cómo Dios ve a su rebelde pueblo. Pero no debemos olvidar esto: a pesar de que sus nombres simbolicen los pensamientos de Dios con respecto a su juicio, ellos eran niños completamente normales. Podemos entender con esto que cuando ellos jugaban fuera de sus casas y su madre los llamaba para algún propósito se podía escuchar: “”Jezreel, Lo-ruhama (Sin-perdón), Lo-ammi, (No-Sois-Mi-Pueblo), ¡vengan ya para adentro!’’

No nos parece un problema el caso de Jezreel, todos podemos imaginar que se trata de un nombre; pero tener que escuchar: “”¡Sin-Perdón, No-Sois-Mi-Pueblo, es tarde, entren ahora!’’, ya se pasa de la raya. Lo más adverso es que cada vez que estos niños escuchaban sus nombres eran confrontados con el juicio de Dios sobre Israel – ¡que trágico!

Si imagináramos esto de una forma cotidiana, nos daría qué pensar, ¿no es verdad? Pensemos en las siguientes preguntas: ¿Cómo es que pronunciamos generalmente un nombre? ¿Podría ser que todo nombre contenga algún mensaje, aunque su significado no sea tan abstracto como en el caso de los hijos de Oseas?

Quedémonos pensando en estas preguntas, las cuales seguiremos analizando en nuestro próximo encuentro. ¡Hasta entonces!

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