Lo Que Deleita al Señor (3ª parte)

Lo Que Deleita al Señor
(3ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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PE1563- Estudio Bíblico
Lo Que Deleita al Señor (3ª parte)



Como ya se dijo, vamos a continuar viendo de qué manera se manifiesta el amor a Dios. Y, entonces, vemos que:

En tercer lugar: El amor a Dios se manifiesta a través de los hechos.

Una respuesta a la interrogante, ¿qué significa darle amor a nuestro Salvador?, es muy simple: ¡declárele su amor pero actúe como corresponda!

¡No se trata únicamente de declararle con palabras al Señor que lo amamos, sino que además son necesarios los hechos!

En 1 Reyes 3:3 dice:“Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David’’. ¿Qué hizo Salomón para amar a Dios? Él atestigua su amor al Señor andando en sus caminos, tal como su padre David lo había hecho. Salomón hizo algo que le daba derecho a decir:“¡Señor, te amo!’’

Podemos apreciar también el ejemplo del apóstol Juan, del cual leemos en Juan 13:23:“Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús’’. Imaginemos este cuadro en forma plástica: todos estaban recostados alrededor de la mesa, como era de costumbre en Oriente. Cada uno de ellos se recostó en su lugar, habiendo con seguridad restos de comida de la fiesta de pascua. Tal vez algunos no habían terminado de comer. Lo único que sabemos con respecto a esto es que aún se podía comer. Y unos versículos más adelante, en el 26, leemos: “Y (Jesús) mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón’’. Pero había uno entre los doce que no estaba tan interesado en la comida, sino que sólo tenía un pensamiento: “¡Jesús mi Salvador!’’¿Y qué sucedió? – Juan hace algo para demostrar su profundo amor al Señor. Él se levanta, deja su lugar y se recuesta en el pecho de Jesús. Es de suponer que Juan se encontraba recostado al lado de Jesús en la última fiesta de Pascua y la primera Santa Cena. Igualmente, tuvo que esforzarse para poder recostarse en el pecho del maestro. Con esta acción, Juan mostró claramente: ¡yo amo a mi Salvador de todo corazón! Sólo uno de ellos fue capaz de demostrarlo de una manera tan concreta – ¡Juan!

¡Cuánto ansía el Señor las declaraciones de amor de parte de sus hijos! ¡Cuánto anhela recibir señales visibles de nuestro amor! Éste es su deleite. Juan se situó, al recostarse en el pecho de Jesús, muy cerca del corazón del Señor. ¿Cuál es una de las cosas que regocija el corazón de Jesús? Su congregación, Su novia, la que Él compró con su sangre, la cual será llevada en las nubes del cielo. Acerca de la congregación, Jesús dijo a su Padre:“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. La gloria que me diste, yo les he dado…Yo en ellos, y tú en mí…Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo’’(así leemos en Juan 17:19,22 y 24).

En nuestros días, es imposible recostarnos físicamente en el pecho de Jesús, pero aún podemos lograr hacerlo en un sentido espiritual. Esto significa que: debemos ocuparnos de aquellos que a Él le importan. ¿De quienes hablamos? De su congregación, de los hijos de Dios. En Hebreos 6:10, leemos:“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiéndoles servido a los santos y sirviéndoles aún’’.¡Aquí no dice que Dios se acordará de los servicios que fueron realizados por amor al prójimo – aunque esto, por supuesto, es muy importante! ¡No! ¡Aquí dice que Dios se acordará del favor a los santos, motivado por el afán de trabajar y por el amor hacia Él!

¡El servir a los demás, no tiene que estar motivado, en primer lugar, por amor al prójimo, sino por amor al Señor! Este tipo de servicio se convierte en una visible declaración de amor al Padre.

¿No sería bueno dedicarnos aun más a servir a Dios, a través del amor hacia Él?

En cuarto lugar: El amor a Dios se manifiesta a través del olvido

¿Qué es lo que debemos olvidar? Todo lo que hemos sido en este mundo, y todo lo que podríamos llegar a ser. Todo aquello que tal vez nos resulta importante, pero que no tiene ningún valor espiritual. ¡Todo aquello que aunque sea grande en la tierra, no nos acerca a Él!

Con respecto a esta verdad, tenemos una magnífica profecía en el Salmo 45. ¡Éste relata la relación de amor entre Cristo y Su novia!

El versículo 2, del Salmo 45, es una descripción del novio. Allí dice:“Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre’’. También la novia es mencionada en forma profética, en el versículo 9: “Hijas de reyes están entre tus ilustres; estará la reina a tu diestra con oro de Ofir’’.Este salmo es una espléndida canción de amor que, en forma profética, describe la armoniosa relación de amor entre Cristo, el novio, y la novia, o sea la congregación. Lo más destacable en este salmo es la clara y categórica exhortación dada a la novia, en los versículos 10 y 11:“Oye, hija mía, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor’’.

¡Olvida a tu pueblo y a la casa de tu padre! ¡Deseará el rey tu hermosura!

Estas palabras deberían tocar nuestro corazón; ¿no es justamente eso lo que el Señor espera de nosotros? ¡Absolutamente! ¡Esto es precisamente lo que debe contener una auténtica y verdadera declaración de amor!

Si Jesucristo se deleita cuando tú lo amas “con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente’’, ¿acaso esto no nos dice que ya es hora de olvidar? Olvidemos ya los antiguos pecados que han sido perdonados. Saldemos definitivamente los años que hemos vivido. Olvidemos el brillo superficial que el mundo nos brinda, dejando todas estas cosas atrás.

Jesucristo dice: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios’’. ¡Obedecer estas palabras en la práctica, equivale a una profunda declaración de amor a nuestro Señor!

Pablo comprendió esta profunda verdad en su corazón; expresando en Filipenses 3:13:“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante’’.Vivir dirigido por estos pensamientos, no significa otra cosa que entregarle nuestro amor al Señor; un amor entrañablemente deseado por Él. ¡Un amor en el que Él se deleita!

Para resumir, algunos pensamientos finales: Digamos brevemente que: en Oseas 6:6, el Señor nos dice claramente: “Lo que quiero de ustedes es que me amen, y no que me hagan sacrificios…’’ (así dice la versión Dios Habla Hoy [Edición de Estudio]).

Esto significa que en primer lugar debemos reconocer que este amor es insustituible. Amar a Jesús significa: 1º decírselo, 2º amar Su palabra, 3º demostrarlo con hechos, y 4º olvidar todo lo pasado.

Tengamos muy en cuenta lo dicho en el Salmo 18:1: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía’’, y en el Salmo 45, vers. 10 y 11 : “olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura’’. Esto fue lo hecho por Salomón, al seguir los caminos de su padre, y por Juan, el cual se recostó, literalmente, sobre el corazón de Jesús.

¡Es mi profundo anhelo que todos seamos llenos de un nuevo y ardiente amor hacia nuestro Salvador!

Lo Que Deleita al Señor (2ª parte)
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