Las enseñanzas revolucionarias de Jesús (3ª parte)

Las enseñanzas revolucionarias de Jesús

(3ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1777 – Estudio Bíblico
Las enseñanzas revolucionarias de Jesús (3ª parte)



Estimados amigos oyentes, al comenzar este tema dijimos que las enseñanzas del Señor Jesús son revolucionarias. Sólo tendríamos que ir ahora al Nuevo Testamento para ver qué tan revolucionarias y radicales son. Pienso que aun si leyéramos el Nuevo Testamento por primera vez, nos daríamos cuenta de cuán revolucionario es.

Hemos visto que:

En Lucas 14:33, el Señor Jesús les enseñó a sus discípulos que debían adoptar un estándar de vida revolucionario.


En Lucas 14:12 al 14, enseñó que debemos tener una vida social revolucionaria.


En Lucas 14:26, Él dijo que debíamos tener una actitud revolucionaria respecto a las relaciones interpersonales y con respecto a nuestras vidas.

Ahora, en Mateo 6:33, el Salvador enseña que la razón central de nuestra existencia es buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia. Allí dice:“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Esto es revolucionario.


La mayoría de las personaspiensa que ha nacido en el mundo para ser plomero, electricista, doctor, maestro, o algo por el estilo, pero existe una diferencia entre nuestro llamado y nuestra ocupación. El llamado de todo hijo de Dios es a servir al Señor Jesucristo. Su ocupación es meramente un medio para tener alimento sobre la mesa, pero no para enriquecerse o encontrar satisfacción en ello. Pablo era un hacedor de tiendas, pero al comenzar sus epístolas nunca dijo: “Pablo, llamado a ser un hacedor de tiendas”. Él siempre decía:“Pablo llamado a ser apóstol”. Su llamado en la vida era a ser un apóstol y hacía tiendas para suplir sus necesidades temporales.

Luego, en Mateo 19:19, el Señor dijo algo que algunas personas lo consideran su declaración más revolucionaria. Allí dice:“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a esas palabras que no las entendemos y no parecemos darnos cuenta del poder que hay en ellas. Pensemos en esta declaración por un momento:“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Así como nos amamos a nosotros mismos, como nos agasajamos, como nos aseguramos de tener alimentos y de cepillarnos los dientes, de cuidar nuestro cuerpo, de tener todas las versiones bíblicas y las mejores cosas de la vida. Jesús dijo:“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Quién es mi prójimo? Cualquiera que esté en necesidad. Si realmente amo a mi prójimo como a mí mismo, no estaré satisfecho hasta que los hombres y las mujeres de todo el mundo sean llevados al Señor Jesucristo y tengan copias de la Palabra de Dios.


Nuestro Señor enseñó, asimismo, una perspectiva revolucionaria de la grandeza. En Su reino, la grandeza significa guardar y enseñar Sus mandamientos (así lo vemos en Mt. 5:19), significa servir, incluso padecer esclavitud por otros (de lo cual se habla en Mt. 20:1 al 16; Lc.17:7 al 10; y 22:26), y tomar el lugar más bajo (como se menciona en Lc. 9:48). ¡Qué diferencia, en comparación, con la perspectiva del mundo! Allí el más grande es aquel que se impone, el que ordena y el que señorea sobre los demás.

Finalmente, el Señor Jesús enseñó una perspectiva revolucionaria acerca del futuro. En Mateo 6:19 dice:“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan”.

Luego, el versículo 25 del mismo capítulo, dice:“No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”Aquí el Señor Jesús prohibió absolutamente, a sus discípulos, invertir sus vidas ahorrando frente a posibles días problemáticos en el futuro. De hecho, les dice: “Miren, pongan mis intereses primero. Trabajen duro para suplir sus necesidades actuales y las de su familia. Todo lo que esté por encima de eso inviértanlo en la obra del Señor y Yo me ocuparé de su futuro. Los llamo a una vida de fe, una vida de confianza en que Yo proveeré sus necesidades. Y si ustedes buscan primeramente el reino de Dios y Su justicia, entonces, todas estas cosas les serán provistas”.


Un último versículo que quisiera compartir, nos dice MacDonald, es el de Juan 3:3. Allí Jesús dijo:“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Nicodemo, un líder religioso vino a Jesús durante la noche y el Señor lo enfrentó con esta verdad revolucionaria. Él le dijo: “Nicodemo, debes nacer de nuevo si es que has de ver el reino de Dios: el nuevo nacimiento es una necesidad absoluta para eso”. De hecho, allí es donde comienza la vida del discípulo. No te conviertes en cristiano por vivir una vida de discipulado, sino que vives la vida de discipulado una vez que te conviertes en cristiano, y te conviertes en cristiano naciendo de nuevo.

Por supuesto, lo que escuchamos anteriormente, hace que nos preguntemos:“¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo?”,y la respuesta es: arrepintiéndose de sus pecados. Para poder ser salva, una persona debe reconocer que es pecadora y que merece ir al infierno. Cuando reconoce esto, debe darse cuenta que el Señor Jesús murió como su sustituto en la cruz del Calvario, que Él pagó la penalidad en lugar del pecador. Entonces, por un hecho definido de fe, debe poner su confianza en el Señor Jesucristo. En ese mismo capítulo, (en Jn. 3:16), el Señor Jesús dijo:“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. En el momento que uno recibe al Salvador de los pecadores a través de esa acción definida de fe, puede saber, basado en la autoridad de la Palabra de Dios, que es salvo, que ha nacido de nuevo. ¿Quisiera usted comenzar a caminar por esta senda, como discípulo del Señor Jesús? Entonces, ponga su fe y confianza en Él, y siga adelante contando Sus excelencias al mundo entero.

Ahora, tenemos que terminar. Pero, en los capítulos siguientes temas que trataremos, examinaremos algunas de las enseñanzas radicales del Señor con mayor detalle. ¡Hasta el próximo programa!


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