La Venida del Rey (2ª Parte)

La Venida del Rey 
(2ª parte)

Autor: Wim Malgo

  La venida de Jesucristo conmueve los corazones de todos los verdaderos creyentes, porque ellos son los que “aman su venida”. Y “amar su venida” encierra en sí una gran promesa.


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PE1926 – Estudio Bíblico
La Venida del Rey (2ª Parte)



Amigos, recordemos que basándonos en Ap. 19:11 al 21, en este mensaje “La venida del Rey”, habíamos dicho que Juan ve el cielo abierto. Y en el vers. 11, él dice también:“Y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea”.

Juan describe, luego, la sublime figura del Señor. En el vers. 12 nos dice:“Sus ojos eran como llama de fuego”.“… en su cabeza muchas diademas”.“Tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo”.

Apocalipsis 19:13 describe Su vestimenta:“Estaba vestido de una ropa teñida en sangre.”Creo que aquí debemos pensar en una doble interpretación. Primero: Él es el Cordero Inmolado. Su sangre derramada es vida eterna. Lo que hizo Jesucristo en la cruz, fue trabajo para la eternidad. Por eso, la sustancia de Su salvación eterna, tampoco puede quedar escondida cuando Él venga otra vez. Y segundo: la disputa que tendrá lugar cuando Él vuelva será terriblemente sangrienta.En Isaías 63:1 al 6, leemos:“¿Quién es éste que viene de Edom,… con vestidos rojos? ¿éste … que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado. Miré, y no había quien ayudara… y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre”.

Él en su ira ha despedazado a todas las naciones. Pero, aquí Juan ve como Él baja en todo Su poder y gloria para el juicio, y cómo Su vestido ya de antemano está rojo de la sangre de los adversarios juzgados. Entonces, vemos en Ap. 19:13, que el profeta también escucha el nombre del juez:“Y su nombre es: EL VERBO DE DIOS”. Literalmente: “Y su nombre es llamado la Palabra de Dios.” De esta manera, todo el mundo sabe quién es el juez que viene del cielo: Él es la Palabra de Dios, es decir: Él es la autorevelación personal de Dios – Jesucristo, el Salvador del mundo. “La Palabra de Dios” baja a la tierra para juzgar a los enemigos.En Ap. 19:14 se nos dice:“Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos”. Ésta es la novia glorificada, comprometida con Él, la cual, sin lugar a dudas, conoce Su nombre glorioso. Quien es Su seguidor aquí en la tierra, también será parte de Su séquito cuando Él vuelva.

Después, en el vers. 15, leemos:  “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. La espada filosa que sale de Su boca es la Palabra de Dios: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (nos dice He. 4:12). Aquí en Apoc. es la palabra aguda del juicio, con la que Él hiere a los gentiles: “… para herir con ella a las naciones.” ¡Bienaventurado aquél que ya se ha dejado juzgar por la espada filosa, de dos filos, la Palabra de Dios! El fallo judicial proclamado por el Hijo de Dios, ya lleva en sí todo el poder de la ejecución.

Porque, también ahora, Su palabra salva o juzga. El Señor dice en Jn. 6:63: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Ya en Isaías 11:4 dice que Él “herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.” Y lo mismo dice Pablo en 2 Tesalonicenses 2:8: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”. ¡Esto es exactamente lo que sucede en Apocalipsis 19:11 al 21!

El ejército que Le sigue, la iglesia glorificada, está muy lejos de llevar algún tipo de armas. Está vestida con lino fino y blanco, y sentada en caballos blancos. ¡Eso es todo! Ella ya no lucha para obtener la victoria, sino que es parte de la victoria obtenida por Jesús – y viene con Cristo a enfrentar al anticristo y a sus ejércitos.

Aquí se describe lo que sólo se menciona brevemente en Apocalipsis 17:13 y 14: “Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.”  Y en el vers. 15 dice: “… y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. Estas palabras iluminan, como la luz de un relámpago, lo que ocurrirá, porque tiene que ocurrir, cuando nuestro Señor tome el poder: un juicio purificador. Ya en el Salmo 2:9, este juicio es anunciado para la toma de poder de nuestro Señor: “Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás”. O recordemos también a Egipto, país que, según Ezequiel 29:12, todavía estará destruido y desolado: “Y pondré a la tierra de Egipto en soledad… y esparciré a Egipto.” La explicación se encuentra en Ezequiel 29:6 y 7: por todo el mal que ellos le han hecho a Israel.

“Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (dice el v. 15). Eso sucede durante la toma de poder del Señor. En Apocalipsis 14:19 y 20 dice lo mismo: “Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios”. Después del Babel del mundo, que ya habrá sido destruido con anterioridad, aquí, en este terrible baño de sangre, es aniquilado el ejército del anticristo. La doble mención enfatiza lo terrible de ese juicio.

En el vers. 16 leemos: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. ¿No es extraño y significativo, que en Él, que viene otra vez, allí donde generalmente se encuentra la espada, o sea en la cadera, tenga escrita su ilimitada postura de soberano y vencedor? Él es el “Rey de todos los reyes, y el Señor de todos los señores”. Este hecho es enfatizado una y otra vez en el Nuevo Testamento. Lo encontramos, por ejemplo, en Hebreos 2:8: “Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas”. O en Efesios 1:22: “Y sometió todas las cosas bajo sus pies.” ¡Está mal decir que Jesús será rey cuando vuelva y conquiste el reino, porque desde el Gólgota Él es el Rey de todos los reyes, y el Señor de todos los señores! Es más, ya antes del Gólgota, Él declaró delante de Pilato: “… Yo soy rey”. Por eso es tan importante que el reinado de Jesucristo, ya ahora, se haga visible en y a través de nosotros. Porque el reino de Dios, interiormente, todavía está en los creyentes. Pero, ¿no es verdad que, a menudo, debemos preguntarnos: ¿Dónde está el Rey, el soberano de nuestra vida?

La Venida del Rey (1ª Parte)
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