La venida del Rey (2ª parte)

La venida del Rey
(2ª parte)

Autor: Wim Malgo

La venida de Jesucristo conmueve los corazones de todos los verdaderos creyentes. Porque ellos son los que “aman su venida” (como leemos en 2 Ti. 4:8). Y el hecho de “amar Su venida”, contiene una gran promesa!.

 


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PE2094 – Estudio Bíblico
La venida del Rey (2ª parte)



¡Qué gusto estar nuevamente junto a ustedes, estimados amigos oyentes! Lo que Jesucristo hizo en la cruz, fue una obra para la eternidad. Por eso, la sustancia de Su salvación eterna tampoco puede quedar escondida cuando Él venga por segunda vez. ¡Al contrario! Con espanto, una humanidad impía ahora tendrá que ver lo que debería haber creído y no quiso creer: la sangre del Cordero. Y el segundo significado: la guerra que ocurrirá cuando Él venga otra vez, será espantosamente sangrienta.

Eso ya es indicado al final de Apocalipsis 14. Allí como aquí, se nos recuerda aquella presencia poderosa, que se acerca desde Edom con vestido ensangrentado. Y en Is. 63:1 al 6, leemos: “¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado. Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre”.

Él sólo realiza esto, sin la ayuda de ningún pueblo. Porque, en Su ira, ha hollado a todos los pueblos. Aquí, Juan ve cómo Él baja en todo Su poder y gloria para el juicio, y cómo Su vestido, ya de antemano, se ha vuelto rojo de la sangre de los adversarios a ser juzgados. Ahora, el profeta también escucha el nombre del juez: “Y su nombre es: EL VERBO DE DIOS” (Ap. 19:13). Literalmente: “Y mencionado es su nombre, la Palabra de Dios.”

Con eso, todo el mundo sabe quién es el juez que viene bajando del cielo: Él es la Palabra de Dios, es decir: Él es la autorrevelación personal de Dios – Jesucristo, el Redentor del mundo. Así había denominado Juan al Señor Jesucristo en el principio de su evangelio y en el principio de su primera carta. Aquí, lo escuchó llamar así por las voces celestiales. “La Palabra de Dios” baja a la tierra para juzgar a los adversarios.

En Ap. 19:14, leemos: “Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos”. Ésa es la iglesia glorificada, Su novia, que sin lugar a dudas conoce Su nombre glorificado. Quien es Su seguidor aquí en la tierra, también será parte de Su séquito cuando Él venga otra vez.

“De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (nos dice Ap. 19:15). La espada aguda que sale de Su boca es la Palabra de Dios: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (como leemos en He. 4:12). Aquí, es la filosa palabra de juicio con la cual Él vence a los gentiles: “… para herir con ella a las naciones.”

¡Bienaventurado aquel que ya se ha dejado juzgar por la espada de dos filos, la Palabra de Dios! El juicio proclamado por el Hijo de Dios ya lleva dentro de sí todo el poder de la ejecución. Porque también ahora, Su palabra salva o juzga. El Señor dice en Jn. 6:63: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Y en Isaías 11:4 dice: Él “herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío”. Lo mismo dice Pablo en 2 Tesalonicenses 2:8: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”. ¡Eso es justamente lo que ocurre en Apocalipsis 19:11 al 21!

El ejército que Le sigue, la iglesia glorificada, está lejos de portar cualquier tipo de armas. La misma está vestida de lino fino blanco y puro, y va montada en caballos blancos. ¡Eso es todo! La iglesia ya no lucha para obtener la victoria, sino que partiendo de la victoria alcanzada por Jesucristo, se apresura con Cristo a enfrentar al Anticristo y a su ejército. Aquí es retratado lo que Apocalipsis 17:13 y 14 sólo menciona brevemente: “Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.”

“… y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (nos dice Ap. 19:15). Estas palabras iluminan cual relámpago lo que ocurrirá y tiene que ocurrir cuando nuestro Señor tome el poder: un juicio purificador. Ya en el Salmo 2:9 fue profetizado este juicio para cuando nuestro Señor asuma el poder: “Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.”

Recordemos también a Egipto que, según Ezequiel 29:12, aún estará destruido y desierto: “Y pondré a la tierra de Egipto en soledad… y esparciré a Egipto entre las naciones.” La razón para esto se encuentra en Ezequiel 29:6 y 7: por todo lo malo que le hicieron a Israel.

“Y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (leemos en Ap. 19:15). Esto ocurrirá cuando el Señor asuma el poder. Apocalipsis 14:19 y 20 dice lo mismo: “Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.” Después de la Babilonia del mundo, que ya habrá sido destruida con anterioridad, aquí, en este terrible baño de sangre, es destruido el ejército del Anticristo. La doble mención enfatiza lo terrible de ese juicio.

“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (así leemos en Ap. 19:16). ¿No es extraño y significativo que cuando Él venga otra vez, allí donde normalmente se encuentra la espada, o sea en Su cadera, esté escrito Su rango irrestringido de dominio y victoria? Él es el Rey de reyes y el Señor de señores”. Este hecho es enfatizado una y otra vez en el Nuevo Testamento. Lo encontramos, por ejemplo, en Hebreos 2:8: “Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él.” O en Efesios 1:22: “Y sometió todas las cosas bajo sus pies.” Es equivocado decir que Jesús será rey cuando Él venga otra vez y conquiste el reino, ¡porque desde el Gólgota Él es el Rey de reyes y el Señor de todos los señores! Es más, ya antes del Gólgota Él le dijo a Pilato: “… yo soy rey”. Por esta razón, es tan importante que el reinado de Jesucristo ya se haga visible en y a través de nosotros. Porque ahora el reino de Dios todavía está en los creyentes, es decir, dentro de ellos. Pero, ¿no es verdad que, a menudo, hay que preguntar: dónde está el Rey, el soberano sobre tu vida?.

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