La triste realidad de las caídas (1ª parte)


Autor: Esteban Beitze

Tu vida se convirtió en una farsa, en una pantalla. Tu conciencia te acusa. Tu vida está llena de amargura. ¿Habrá solución?
Si hemos caído ¿cuál es el camino para la restauración?
Encuentra las respuestas al escuchar este esperanzador mensaje, acerca de la triste realidad de las caídas!!

 


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PE2142 – Estudio Bíblico
La triste realidad de las caídas (1ªparte)



¿Cómo les va, amigos? El tema, como ya se dijo, es: “La triste realidad de las caídas”. Comencemos con algunos ejemplos:

José y Nancy eran una pareja de novios que se amaba muchísimo. Ambos eran creyentes y querían servir al Señor en el futuro. Pero, las caricias y la intimidad en su noviazgo fueron cada vez más en aumento, hasta que al final ya no le pudieron poner límite a sus deseos y tuvieron relaciones sexuales. Al principio se sintieron profundamente avergonzados, y pidieron perdón a Dios, pero a los pocos días se encontraron otra vez en la misma situación y reincidieron con mayor facilidad.

Veamos otro caso: Aunque tenían poco poder adquisitivo, los padres de Raúl hicieron un gran esfuerzo y lo inscribieron en un colegio privado de renombre. Todos los compañeros de Raúl venían de familias adineradas y así también eran las cosas que vestían y llevaban al colegio. Raúl les tenía envidia y entonces, para satisfacer su ambición, empezó a robar. Comenzó con un bolígrafo pero luego continuó con cosas más importantes. Para no llamar la atención de sus padres, decía que las había encontrado tiradas. Pero había cosas de las cuales ya no podía usar esa excusa y sabía que sus padres le harían confesar a las autoridades del colegio lo que estaba haciendo. Por eso, las escondió, con el miedo constante que lo descubrieran. Pasaron los años sin que nunca nadie sospechara de él. Con la excusa que otros tenían más dinero que él y que eso no era justo, siguió robando hasta convertirse en un especialista en la materia. Si no hubiese sido por la intervención de Dios en su vida, ¡quién sabe cómo estaría hoy, o si todavía seguiría con vida!

Un caso más: Gabriela había crecido en un hogar cristiano y ya de niña había tomado una decisión por Cristo. Como no era precisamente de las más lindas, y ningún joven se fijaba en ella, buscó estar siempre cerca de las jóvenes más populares de su clase. Ellas eran atractivas, desinhibidas y contaban con la atención de todos los muchachos. Gaby se sentía aceptada en ese grupito. Como estaba con las “populares” también comenzaron a invitarla a las fiestas que organizaban. Sus padres no estaban de acuerdo, pero ella inventaba alguna mentira, como que tenía que estudiar en casa de alguna amiga, y se iba a esas fiestas. Esto la llevaba a asistir cada vez menos a la iglesia. Su vestimenta empezó a volverse cada vez más provocativa, por lo cual tenía grandes discusiones con sus padres. Para evitarlas, muchas veces se cambiaba de ropa después de haber salido de casa. En las fiestas y lugares bailables adonde concurría, el alcohol se volvió una bebida común. Después de una noche de juerga, se despertó en un lugar desconocido con un tremendo dolor de cabeza. La habían drogado y tenía muestras evidentes de haber sido abusada. Todo salió a la luz. Por mucho tiempo lloró sus decisiones equivocadas.

Estos son sólo algunos ejemplos. Constantemente estamos siendo enfrentados a tentaciones en diferentes áreas, desde los más jóvenes hasta los más maduros, desde los recién convertidos hasta los más espirituales. ¿Por qué hay tantos que caen en las tentaciones? ¿Cómo podemos evitar las caídas? ¿Qué es lo que hay que tener en cuenta? ¿En qué y de qué hay que cuidarse?

Veamos cuáles son los: PASOS HACIA Y EN LA CAÍDA
Quisiera ilustrar este tema con algo que viví cuando era más joven. Cierta vez fui a visitar a un ex compañero del instituto bíblico. Se había convertido en director de un hogar de niños cristiano. Después de hablar un buen tiempo y mostrarme el trabajo que realizaban con los niños y las instalaciones, observé que al lado del predio del hogar había un gran parque acuático. Mi amigo me comentó que el dueño del emprendimiento era creyente y fue el que había donado el predio para el hogar. También había una puerta que daba acceso directo del hogar al parque acuático, de manera que los niños y colaboradores pudieran ir todas las veces que quisieran. Mi amigo me preguntó si quería ir esa tarde. Obviamente acepté la invitación y nos divertimos en los toboganes y diferentes actividades acuáticas. Entre todas las atracciones se destacaba el tobogán llamado “caída libre”. Mi amigo me dijo que no podía irme sin haber disfrutado de esa experiencia. Para ser sincero, me daba un poco de miedo, pero claro, no podía convertirme en objeto de sus bromas. Entonces, accedí a probarlo. Había que subir un par de pisos. Desde arriba se tenía una panorámica extraordinaria de todo el parque y las zonas aledañas. Pero, ahora venía lo serio. Los primeros metros del tobogán tenían sólo una leve inclinación, pero luego parecía que caía casi en forma vertical. El encargado nos dijo que cruzáramos los brazos sobre el pecho poniendo las manos en los hombros, para evitar la reacción común de intentar aferrarse de los costados para frenar la caída. Hacer esto significaba, en el mejor de los casos, algunos fuertes golpes y moretones y en el peor, hasta alguna rotura de huesos. La velocidad sería tal que sería imposible frenar. La experiencia fue tremenda. En la parte con la leve inclinación se veía todo el parque y había una sensación de placer y amplitud. Pero de repente, parecía que el piso había desaparecido de debajo de mí y el descenso era similar a una caída al vacío. Aunque el descenso no duró más que unos segundos, me pareció que pasó una eternidad hasta llegar al final del tobogán. Para resumir, no tuve “necesidad” de repetir la aventura.

Pero, esta experiencia me sirvió de ejemplo para ilustrar lo que es la tentación, y los pasos en y hacia la caída en el pecado. Existe un momento en el que todo parece genial y lindo para disfrutar. Se desciende un poco, pero es agradable. Si se quisiera, se podría frenar y volver atrás. Pero, llega el tiempo en que la caída es inevitable. No hay vuelta atrás. Lo mismo se ve muchas veces en las personas que caen en pecado, y probablemente, ya lo hemos experimentado en carne propia.

Para estudiar estos pasos hacia y en la caída, vamos a utilizar la historia de un hombre que cayó en el pecado. Todos conocemos la historia de la negación de Pedro. Por medio de este relato podremos ver una línea descendiente en la caída. Pedro no cayó enseguida, sino que fueron una secuencia de pasos que le llevaron a negar al Señor. Alguien dijo con mucho tino: “Nadie cae de repente en el pecado, sino que camina hacia la caída”. Esto, se ha comprobado una y otra vez, y veremos que también fue el caso de Pedro. Muchas veces se utiliza la excusa que la tentación ha sido muy fuerte para resistirla y por eso, caímos. Algunos hasta hablan de espíritus de hurto, de adulterio, etc., que vinieron sobre ellos, por lo que no pudieron resistir. En otras palabras, la culpa de nuestra caída la tiene el tentador, las circunstancias o, quizás, hasta Dios que nos hizo débiles o permitió determinada situación. Esto fue lo que hizo Adán cuando Dios le preguntó qué había hecho después de tomar del fruto prohibido. Él respondió: “La mujer que Tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (así leemos en Gn.3:12). Adán culpó a las circunstancias, a Eva y
aún a Dios por su pecado.

Pero, la realidad es otra. Antes de cada caída, se pueden observar ciertos pasos descendientes que, si se hubieran evitado, ésta no se hubiera dado. Esto lo podremos ver con mucho detalle en la caída de Pedro.

La idea de este estudio es que, teniendo presentes estos pasos, nos podamos dar cuenta a tiempo en dónde se encuentra el peligro, y así evitar la caída.

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La triste realidad de las caídas (2ªparte)

2 pensamientos acerca de “La triste realidad de las caídas (1ª parte)

  • 16 abril, 2016 at 18:50
    Permalink

    Gracias por este programa me gusto mucho e incluso lo hice escuchar el audio en familia del tema la triste realidad de las caídas
    Un saludo cordial hermanos en Cristo. Dios los bendiga mucho Atte.
    Henry Olivera desde Sucre – Bolivia

    Responder
    • 18 abril, 2016 at 10:46
      Permalink

      Gracias Herny por tu comentario!

      Nos alegra que el material haya sido de bendición!

      El Señor le bendiga!

      Robert
      LlamadaWeb.org

      Responder

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