La santidad de Dios (parte 3).

Titulo: La santidad de Dios (parte 3).

Autor: Wim Malgo
  Nº: PE930

¿Sabe usted, que por sus pensamientos de odio es un asesino de hermanos o hermanas, y la santidad de Dios es violada por ello?

 

Realmente, la tragedia de la cristiandad son los santos poco santos.

 

Desde el punto de vista de la Ley de Dios, los pecados secretos, que se cometen a escondidas, son tan dañinos a la causa de Jesucristo como los hechos públicos de los impíos.

 


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La santidad de Dios (parte 3).

Estimado amigo, puede ser que usted objete: 

 

¡Los creyentes no son asesinos!

En general no, pero cuando ellos se odian mutuamente, entonces se pueden aplicar también a los creyentes las palabras de 1 Juan 3:15: “Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él”. Querido amigo, examina ahora tu corazón a la luz de la Palabra de Dios. Ciertamente hay homicidas inconscientes entre mis oyentes; pues por tus pensamientos de odio eres un asesino de hermanos o hermanas, y la santidad de Dios es violada por ello. ¡Oh, ten ahora al ánimo para orar junto con el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Sal. 139:23)!

David sabía que el diablo lo intenta todo para levantar una pared de niebla, para que no reconozcamos: 

– cómo Dios piensa sobre nosotros;

– qué quiere decirnos y cuál es Su intención con ello, y: 

– dónde y en qué hemos pecado.

Reconoce que Dios, sin cesar, te examina detenidamente, que te penetra con la luz de Su Palabra. Si quieres saber cuál norma Dios usa en Su examen, entonces ¡escucha a Jesucristo! El dice en Marcos 7:21-22: “Porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad, la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez”. Esta es una enumeración de cosas catastróficas, de las cuales pocos de nosotros estamos concientes en nuestra vida. Si dejas obrar todo esto en ti, puede ser que te defiendas interiormente enojado e indignado contra este diagnóstico de la Palabra Divina. Quizás pienses: 'Nunca he sentido el deseo de cometer un homicidio. Por lo tanto, estas cosas no pueden estar en mí'. Pero el que reflexiona así, da a conocer que no se conoce ni lo más mínimo a sí mismo. Y justamente esto es lo muy peligroso: Cuando preferimos contar con nuestra pretendida inocencia, emitimos un juicio sobre el único Creador y Maestro, quien creó el corazón humano y lo conoce por completo. Así Le estamos diciendo que El no sabe de qué habla.

Un médico solamente puede indicar una buena terapia para la cura si antes ha hecho un diagnóstico esmerado. ¿No sería insensatez que una persona enferma no estuviera dispuesta a escuchar la verdad, y que al escuchar que el resultado del examen dice que tiene cáncer, exclamara: ¡No, no, esto no es verdad. ¡No quiero escucharlo!? Pues recién se le podrá ayudar cuando acepte el diagnóstico. Así es también con la Palabra de Dios. No sé si ya perteneces al círculo de nuestros oyentes desde hace mucho tiempo, o si hace poco que te acercaste a nosotros. Pero sé que el Espíritu de Dios te hace el diagnóstico a través de la Palabra de Dios ya citada, mostrándote tu pecado, para que no solamente conozcas a este Dios santo, sino también a este Dios maravilloso, quien te amó tanto y quien – para salvarte de este horrible pecado – entregó a Su Hijo amado Jesucristo en la cruz del Gólgota.Por eso, realmente es fatal cuando alguien prefiere apoyarse en su pretendida inocencia y permanecer en la justicia propia. Pues entonces condenamos a Jesucristo, quien mostró claramente el pecado en nosotros.

El anticristo, que está por llegar, es llamado “el inicuo”, o como se puede traducir también: “el que está sin ley” (comp. anotación al margen de B.d.A.). En 2 Tesalonicenses 2:3 leemos: “Nadie os engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad…”. Y el versículo 7 dice: “Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado el que está sin ley…”. Este diablo encarnado rechazará la Ley de Dios. Por eso está maldito y terminará en el lago de fuego, como nos enseña la Escritura (comp. Ap. 19:20). Pero la maldición de Dios no solamente está sobre Satanás, sino también sobre los que cometen homicidio en sus corazones por sus pensamientos de odio. ¿Sabes cuál es, en realidad, la profunda tragedia en tu vida? Bien, es verdad que ves tu pecado. De alguna manera, me darás la razón en lo que te anuncio con base en la Palabra de Dios. Sin embargo, en tu vida nunca todavía ha llegado el momento de que hayas visto tu pecado tal como Dios lo ve. Pero cuando la ceguera de tu corazón sea quitada y veas tu pecado tal como Dios lo ve, entonces llegarás a tener una leve idea de cómo Dios pudo resolverse a mandar a Su amado Hijo unigénito a esta horrible muerte de cruz. Experimenté esto en mi vida y me dije: '¡Si El, quien es todopoderoso, quien puede todo y sabe todo, el Dios todosabio, no vio ningún otro camino para salvarnos que no fuera la entrega de Su amado Hijo Jesucristo en la cruz, entonces el pecado debe ser algo estremecedoramente serio!' Este Dios santo, cuyos ojos son como llamas de fuego, nos amó tanto que dio Su todo para salvarnos a ti y a mí, a saber: a Su Hijo amado: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”

¡Ya es hora de arrepentirnos!

Desde el punto de vista de la Ley de Dios, los pecados secretos, que se cometen a escondidas, son tan dañinos a la causa de Jesucristo como los hechos públicos de los impíos. Los pecados de comportamiento no digno de Dios, son tan numerosos como los muchos aspectos de la naturaleza humana: susceptibilidad, enojo, avaricia, afán de critica, mal humor, carácter veleidoso, rencor, crueldad, dureza de corazón, falta de amor, etc. Y todo esto – ahora estoy hablando a los creyentes – mata al Espíritu, al naciente Espíritu de avivamiento en la Iglesia de Jesús, e impide el maravilloso desarrollo de vida que debería ser la obra de la Palabra de Dios. Muchas almas que en secreto anhelaban conocer a Jesucristo, se apartaron amargadas cuando vieron los defectos, o sea, la vida poco digna de Dios de la persona que trataba de ganarlas para Cristo. Y en consideración de esta destrucción que causa el comportamiento indigno de Dios de los creyentes, es incomprensible por qué hay hijos de Dios sinceros que niegan la necesidad de apartarse con arrepentimiento y humillación de estos defectos. La tragedia de la cristiandad son los santos poco santos. En general, las personas del mundo deben ser atraídas al círculo de los discípulos de Jesús, para asirse del Señor Jesús. Pero cuando encuentran a estos discípulos divididos y mordaces y se alejan de ellos con suspiros, no se los puede acusar por eso. Y esto no es de ninguna manera solamente teórico. La manera de ser poco santa de personas que son creyentes desde hace tiempo, propaga epidemia y peste.

¡Ya es tiempo que dejes de minimizar y excusar tu pecado, pues ya vamos entrando a la época anticristiana! Pues el aumento de la anarquía, o sea, el menosprecio de la Ley, va de la mano con la manifestación espiritual del número anticristiano 666, las 3 x 6 características del falso cristo, que hemos considerado en el programa pasado. Pero no solamente se manifiesta en forma espiritual, sino que el número 666, “el número de la bestia” (Ap. 13:18), del anticristo, también en la vida pública aparece cada vez

más frecuentemente.

Por eso el llamado al arrepentimiento es de urgente importancia hoy en día: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

La santidad de Dios (parte 2).
La santidad de Dios (parte 4).

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