La piedra angular y la gloria (2ª Parte)

La lección – La piedra angular y la gloria 
(2ª parte)

Autor: Greg Harris

En su primera carta, capítulo 2, versículo 7, Pedro escribe:“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza delángulo”. Estas palabras son lasque Jesús había usado en una lección personal para Pedro, hacía más de treintaaños atrás – una lección que lo acompañó por el resto de su vida. Y es unalección que Jesús también quiere dar a todos los que Le siguen – y a todos losque se oponen a Él.


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PE1828 – Estudio Bíblico
El Pecado que Nadie Confiesa (2ª parte)



Queridos amigos oyentes, estábamos viendoen el programa anterior que la llamada “entrada triunfal” de Jesús a Jerusalén,cumple la profecía requerida y establece el orden de los acontecimientos de laSemana de la Pasión. Juan registra que él y los otros discípulos “no…entendieron… al principio [el significado de los eventos de ese día]; perocuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estabanescritas acerca de él, y de que se las habían hecho” (así leemos en Juan12:16). Las memorias de los discípulos eran de la mayor importancia posiblepara Jesús, ya que, después de todo, las memorias son tierra fértil de la cual,a menudo, emergen las lecciones más importantes. Aun antes de que hubieracualquier tipo de pronunciación durante esa semana de pascua, Jesúsconstantemente enseñaba lecciones a Sus discípulos, que ellos sólocomprenderían después de los eventos que sacudirían la tierra en los próximosdías.

Recordemos ahora que: Las películas y otrosinformes que muestran la entrada de Jesús a Jerusalén en ese día, generalmenteno captan la naturaleza tumultuosa del evento. Pues, anteriormente a laanimación de las computadoras, ellos sencillamente no tenían los fondosnecesarios para presentar correctamente el bullicio que acompañó a Jesús cuandoÉl entró cabalgando a Jerusalén. Según una estimación muy conservadora, habíamás de 2.000.000 de judíos reunidos alrededor de Jerusalén para celebrar lasemana de la Pascua. Siglos antes, cuando Israel estaba exiliado a causa de suatroz desobediencia del pacto, Dios prometió, a aquellos a quienes acababa dejuzgar, un futuro regreso a la Tierra Prometida. Cuando Dios deseó ilustrar lagloriosa repoblación futura de la nación, que Él mismo realizaría, usó unailustración que le era familiar a la gente: “Así ha dicho Jehová el Señor: Aúnseré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré loshombres como se multiplican los rebaños. Como las ovejas consagradas, comolas ovejas de Jerusalén en sus fiestas solemnes, así las ciudades desiertasserán llenas de rebaños de hombres; y sabrán que yo soy Jehová” (así leemos enEzequiel 36:37 y 38). Obviamente, “como las ovejas de Jerusalén en sus fiestassolemnes” sería el número de la multitud.

Los escritores de los evangeliosconstataron que fueron multitudes las que dieron la bienvenida a Jesús (así loleemos en Mt. 21:8 y 9; y en Lc. 19:37); y Juan lo describe como “grandesmultitudes” (en Jn. 12:12). Una multitud, de entre las filas de dos millones,serían cientos de miles – no las docenas o los pocos cientos que las películasmuestran a menudo. Las emociones se desbordan. La electricidad de tanta gentereunida en un humor festivo, impresiona. Sin embargo, no es sólo Jesús, elhombre, el que está entrando en Jerusalén – sino que es Jesús, el Mesías, elque se está haciendo camino y está entrando a la ciudad del Rey.

La muchedumbre anuncia a Jesús con unaalabanza reservada solamente para el futuro Prometido de Israel, aunque ellosmalinterpretaron la obligada naturaleza salvadora de la obra del Mesías. Muchosde ellos saben que el Rey de Israel ha llegado; la exclamación de su adoraciónda testimonio de sus expectativas. Las multitud grita las palabras del Salmo118:25 y 26: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! (como leemos en Mt.21:9), lo que se entremezcla con otras adoraciones y expresiones de expectativamesiánica. El “¡Hosanna!”, que se traduce como “¡salva ahora!”, llega a sertanto una adoración como una oración. “¡Bendito el reino de nuestro padre Davidque viene!” (leemos en Mr. 11:10). Las exclamaciones:“¡Bendito el rey que vieneen el nombre del Señor!” y “¡paz en el cielo, y gloria en las alturas!” (de Lc.19:38), son muy similares a la adoración llena de alabanza de los ángeles en elnacimiento de Jesús (que encontramos en Lc. 2:13 y 14). La grandeza, elentusiasmo, el gozo, la adoración, y la expectativa sin límites – todo estáasociado al advenimiento del Mesías Rey entrando en Su santa ciudad.

Sin embargo, no todos se regocijan con lallegada de Jesús. Los fariseos también son testigos de estos eventos, y sereprenden unos a otros por sus intentos fallidos de refrenar a Jesús y a lamultitud. “Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él”(leemos en Jn. 12:19) – lo cual, desde su perspectiva, da otra indicación delenorme tamaño de la muchedumbre. Unos tres meses antes de que Jesús llegara ala Pascua, cuando Él se dirigía a Jerusalén (lo que está escrito en Lc. 13:22),un grupo de fariseos se acercó a Jesús para advertirle acerca de que Herodesquería matarlo (como leemos en el vers. 31). Pero no eran verdaderos amigos deJesús, y sus motivos eran todo menos honorables. Y en lugar de agradecerles yhuir con temor, Jesús le contestó al grupo de fariseos. Él no hizo unaproclamación pública en ese momento – y sólo se refirió a que Herodes nofrustraría ni el programa ni los tiempos de Dios (así leemos en Lc. 13:31 al33). Y, luego, les dio un anticipo de lo que debían esperar:

“Jerusalén, Jerusalén, que matas a losprofetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar atus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y noquisiste!

He aquí, vuestra casa os es dejadadesierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis:Bendito el que viene en nombre del Señor”.

En Lucas 13:35, Jesús cita el Salmo 118:26.Él anunció a los fariseos lo que debían esperar para cuando Él entrara enJerusalén, y el día que Él llegó, las multitudes gritaron exactamente lo que Éldijo – y para decirlo aún con mayor exactitud – las mismísimas palabras que Éldijo que gritarían. En lugar de hacerles maravillarse y arrepentirse, eso sólointensificó el odio de los fariseos hacia su enemigo.

No obstante, más allá de lo que ya hemosvisto, se destacan dos significativas verdades. Primero, la entrada de Jesús aJerusalén da comienzo a la cuenta regresiva hacia el Calvario. Segundo – y dela mayor importancia posible – Su entrada estableció el fundamento para granparte de la enseñanza final de Jesús, la cual impartiría en el transcurso deunos pocos días anteriores a Su muerte. Aunque en ese momento sólo Jesús mismolo entiende, Él ya ha presentado la primera porción de Su lección divina: aPedro y Juan y a los otros discípulos; a las hostiles autoridades religiosas; ala colectividad de Israel. Hoy, Jesús inicia Su lección, pero Él tiene muchomás que enseñarles a todos ellos, tanto en cuanto a Él mismo como a Su obra.

El Segundo segmento de la lección vino dosdías más tarde, después que Jesús había limpiado Su templo, y había comenzado aenseñar en el edificio recién purificado (lo cual leemos en Mt. 21:23 enadelante). Mientras Jesús estaba enseñando a sus seguidores, los principalessacerdotes y ancianos lo interrumpieron. Ellos demandaron saber con laautoridad de quién Él hacía todo eso – probablemente refiriéndose tanto a lalimpieza del templo como a Su derecho de enseñar, especialmente en la casa deDios. Hablando técnicamente, Jesús no necesitaba dar explicación alguna; Él nohabía cometido pecado alguno, ni siquiera según los santos parámetros de la leymosaica. Jesús no había deshonrado ni profanado el templo en forma alguna. Nohabía entrado en el restringido Lugar Santísimo. En lugar de eso, Jesús habíapurgado los elementos extraños que habían deshonrado la casa de oración de Diosy la habían convertido en una casa de comercio (como leemos en Mt. 21:12 y 13;y en Mr. 11:15 al 18). Si hubiera existido un pasaje bíblico que prohibiera tallimpieza, los oponentes de Jesús de buena gana lo habrían recitado en ese mismomomento; pero no pudieron. Como consecuencia, Sus críticos sólo pudieronpreguntar de dónde venía la autoridad con la cual Jesús actuaba.

De acuerdo a la mejor costumbre judía,Jesús respondió a la pregunta con otra pregunta. Él ofrecería una revelacióncompleta de la fuente de Su autoridad, si los líderes religiosos contestabanuna sencilla pregunta Suya.

 

La piedra angular y la gloria (1ª Parte)
La piedra angular y la gloria (3ª Parte)

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