La Pequeña Ciudad, el Gran Rey, y el Hombre Pobre (1ªParte)

La Pequeña Ciudad, el Gran Rey, y el Hombre Pobre 
(1ª parte)

Autor: Norbert Lieth

  Lutero solía decir: “Las Sagradas Escrituras son el ‘pesebre’ en el cual se encuentra el niño Jesús. No olvidemos la adoración del niño, por estar mirando el pesebre.” Por eso, en la siguiente meditación de Eclesiastés 9:14-15, queremos mirar a Jesús.


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PE1934 – Estudio Bíblico
La pequeña ciudad, el gran rey, y el hombre pobre (1ª parte)



Queridos amigos oyentes, en Eclasiástes 9: 14 y 15, leemos: “Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre”.

Un rabino, conocía el Antiguo Testamento de memoria. Antes de aceptar a Jesucristo como su Señor, había escrito a un amigo: “Siempre me da la impresión de que le falta algo a las Sagradas Escrituras – el punto focal en el cual se unen todos los rayos divinos. ¡El edificio es hermoso, pero me parece que le falta la cúspide que lo debe coronar! ¡Ah querido amigo, me encuentro al borde de la desesperación! ¡Qué Dios tenga misericordia de mí!”

Lutero solía decir: “Las Sagradas Escrituras son el ‘pesebre’ en el cual se encuentra el niño Jesús. No olvidemos la adoración del niño, por estar mirando el pesebre.” Por eso, en esta meditación de Eclesiastés 9:14-15, queremos mirar a Jesús.

Echemos un vistazo a: La tierra en el universo:“Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella”(nos dice el v. 14). Nuestro mundo y los habitantes que se encuentran en él, no son más que un granito de arena en el universo. Comparado con el cosmos, nuestro planeta es una pequeña ciudad. Para echar un vistazo a ese cosmos, he reunido algunos datos del libro “Señales desde el cosmos – para qué existen las estrellas”, del Prof. y Dr. Werner Gitt.

Tan sólo en nuestra Vía Láctea (o galaxia), hay alrededor de 200 mil millones de estrellas. Existen, sin embargo, considerablemente más vías lácteas (o galaxias), probablemente varios cientos de miles de millones. Los astrónomos estiman que el número total de estrellas, en la parte observada de nuestro universo, es de 10 a la 25, pero el número exacto no lo conoce ningún ser humano. Una computadora, que sólo en un segundo pudiera contar de 1 a 10 mil millones, necesitaría 30 millones de años para contar las estrellas señaladas. Es literalmente cierto lo que, en el cap. 33, vers. 22, el profeta Jeremías dice:“Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la arena del mar se puede medir…” 

El diámetro de la tierra es de 12.756 km. La estrella más grande, Alfa Hérculis, tiene en su sistema un diámetro de 250 mil millones de kilómetros. Eso corresponde a 180.000 diámetros del sol. Todo nuestro sistema planetario, con su diámetro promedio de 11.800 millones de kilómetros, cabría 21 veces en él. Una sonda con una velocidad de 40.000 km/h necesitaría 700 años para atravesar volando el Alfa Hérculis.

La masa de la población mundial, en relación al universo entero, no es mayor que una bacteria. Un segundo luz, comprende 300.000 km. La estrella más alejada, llamada Quasar, en la constelación de la Virgen, está a una distancia aproximada de 12.400 millones de años luz. Y la conocida Galaxia de Andrómeda, tiene una extensión de 150.000 años luz. Si con un alfiler pincháramos una fotografía del tamaño de una postal de esa galaxia, el pinchazo correspondería a un agujero de 600 años luz. Si un avión reactor pudiera atravesar ese agujero a la velocidad del sonido, el vuelo le llevaría 650 millones de años. En Isaías 40:15, leemos:“He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo”.“¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?”(es la pregunta de Job 7:17). ¡Qué inconmensurablemente insignificantes somos, como individuos, en comparación con esos tamaños! Job 25:4 al 6, sigue diciendo:“¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer? He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos; ¿cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?”. Dios, en su infinita grandeza, no nos necesita; y, sin embargo, Su amor Lo impulsa a poner Su corazón en nosotros. Lo hizo en Jesucristo. No somos nosotros que Le buscamos a Él, sino que Él nos busca a nosotros. Juan 3:16 nos dice:“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Ahora, si la tierra entera, comparada con el universo, es prácticamente nada, ¿cuánto menos es, entonces, Israel, o la ciudad de Jerusalén? Aun así, con respecto a Dios y a Jacob (o Israel), dice en Jeremías 10:12, 14 y 16:“El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría… Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia… No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los ejércitos es su nombre”. El rey Salomón dijo, en la inauguración del templo:“Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?”(así leemos en 1 R. 8:27).

La tierra de Israel ocupa tan sólo el 0,018 por ciento de la superficie de la tierra. Y aun así, Dios ha escogido a este pueblo para Sí, para allí realizar Su salvación para el mundo entero. Tan imposible como es medir el cielo, así también de imposible es que Israel sea desechado (podemos leer Jer. 31:37; 33:22; e Is. 66:22). Dios convirtió a Israel en el centro de la tierra (como dice Ez. 38:12), para que desde allí el evangelio pudiera ser esparcido en las cuatro direcciones cardinales, y dado a conocer en todos los continentes. Desde ese punto central, Jesús reinará sobre el mundo entero cuando Él vuelva como Mesías (como podemos ver en Sal. 48:2 y 3; y Mt. 5:35).Pero, el vers. 14 de Ecl. 9, sigue diciendo que esa pequeña ciudad es: Sitiada por el enemigo: “… viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes”. Nuestro mundo y cada alma humana es sitiada por un enemigo invisible.

Todo ser humano sabe más o menos lo que es el pecado, y cómo uno puede ser sitiado por el pecado. Éste puede dominar totalmente a una persona, la culpa puede levantarse como baluarte contra la conciencia y puede arremeter contra el alma como si fuera un ejército. Toda persona sabe lo que son las opresiones, desde adicciones hasta la posesión demoníaca, e intenciones de suicidio. Todos sabemos lo que son las cargas físicas, espirituales, y emocionales.

Las cosas pueden acapararnos, encarcelarnos y devorarnos, de modo que uno ya no pueda pensar en los verdaderos valores de la vida humana. Nuestro mundo está determinado por las guerras, las dictaduras, el terrorismo, el asesinato y la corrupción. El 80 por ciento de las noticias diarias son negativas. El rey que sitia a la humanidad con su crueldad es el diablo, y su ayudante es el pecado que cometemos.

El tiempo se ha acabado, pero no dejen de escuchar la continuación de este interesante tema en el próximo programa. ¡Hasta entonces y qué Dios les bendiga!

 

No sea ingenuo
La Pequeña Ciudad, el Gran Rey, y el Hombre Pobre (2ª Parte)

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