La misteriosa lucha que lleva a la luz 1/2

Titulo: La misteriosa lucha que lleva a la luz 1 / 2

Autor: Wim Malgo 
Nº: PE982

 

Si hablamos de batalla o de lucha, debemos distinguir entre lo que la Biblia dice y nuestras propias experiencias. Nuestras experiencias de fe siempre deberían concordar con la Palabra de Dios.

Los hijos de Dios se encuentran en una triple batalla descúbralas escuchando esta audición.

 


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La misteriosa lucha que lleva a la luz 1/2

Querido amigo, no todas las pruebas que debemos enfrentar vienen de parte del diablo. Con demasiada frecuencia le echamos la culpa a Satanás, sin darnos cuenta que es Dios quien está procurando que cada vez nos parezcamos más a la imagen de Su Hijo.

La misteriosa lucha que enfrentó Jacob, quiere ser una luz que ilumine nuestra vida de fe: dice la Biblia en el libro de Génesis: “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera”

Si hablamos de batalla o de lucha, debemos distinguir entre lo que la Biblia dice y nuestras propias experiencias. Nuestras experiencias de fe siempre deberían concordar con la Palabra de Dios.

Los hijos de Dios se encuentran en una triple batalla: 

En primer lugar tenemos la batalla de la fe

Esta batalla se orienta contra las fuerzas del mal, contra un enemigo derrotado. Pablo exhorta a Timoteo, su hijo espiritual, a que pelee: “…la buena batalla de la fe”. El secreto para vencer en esta batalla de la fe consiste, curiosamente, en que, como renacidos, ya no la debemos pelear. Sí, usted ha escuchado bien: ¡No tenemos que pelear esta batalla! Porque la buena batalla de la fe se vence continuamente, si permanecemos en Jesucristo y nos aferramos firmemente, a pesar de todas las pruebas, a su consumada victoria sobre el pecado, la muerte y el diablo. De esta manera, el enemigo ya no nos podrá hacer nada.

Luego, en segundo lugar tenemos La lucha interior

En la carta a los Gálatas, leemos acerca de esta segunda batalla: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis'. Si hemos experimentado el nuevo nacimiento, ya estamos al tanto de las fuerzas opuestas en nuestro interior. Mientras estemos en este mundo, la lucha entre el “viejo” y el “nuevo” hombre será constante. Pero, Cristo en nosotros es la garantía de la victoria sobre esta batalla.

Y, en tercer lugar tenemos La batalla del Señor con nosotros

Como esta tercera batalla se encuentra a un nivel totalmente diferente al de las anteriores, muchas veces ni siquiera es reconocida por los hijos de Dios. Se trata de la batalla del Señor con nosotros, la cual se lleva a cabo en nosotros a través de Su Espíritu. ¿Por qué son tan pocos los cristianos que saben acerca de este combate del Señor con nosotros? Porque al igual que ciertos comentaristas de la Biblia, confunden la santa lucha del Señor en nosotros con la batalla del enemigo contra nosotros. Existen comentaristas de la Escritura que afirman, por ejemplo, que aquel hombre que luchó con Jacob fue una fuerza demoníaca, sin embargo fue el Señor. Pero, aún hoy sucede que muchos hijos de Dios no perciben que es el Señor el que está luchando con ellos.

Querido amigo, esta misteriosa batalla es necesaria

Leyendo Génesis 32:24, más de un lector de la Biblia se debe haber preguntado: ¿Qué necesidad hubo de que el propio Señor, en forma de ángel, tuviera que luchar con Jacob? En realidad, fue algo extraordinario que Dios luchara toda una noche con un hombre. Pero, ¿esta lucha era realmente necesaria? ¿Acaso Dios no podría haber enviado un profeta que, por medio de Su palabra, lo bendijera? Para observarlo con mayor detención, respondamos esto con una pregunta neotestamentaria: ¿Por qué fue necesario que José, un carpintero desconocido, huyera a Egipto? Porque Herodes, el rey de aquel entonces, se había vuelto su enemigo directo. Pero, ¿por qué ese repentino interés de Herodes en ese inofensivo carpintero? Porque Jesús había llegado a la vida de José. Pues si Jesús, a través de María, no hubiese llegado a la vida de José, Herodes no hubiese tenido ni el más mínimo interés en él. Pero ahora, José tuvo que huir a Egipto por amor a Jesús.

Jacob fue portador de la mayor de las promesas, pues de su descendencia habría de venir el Mesías. Y si pensamos en lo mucho que Jacob, o bien Israel, se identifica con Jesucristo, comenzamos a sospechar la razón por la cual, en aquella noche de Peniel, Dios tuvo que luchar con Jacob. En Romanos 11:16, por ejemplo, leemos acerca del olivo:“… si la raíz es santa, también lo son las ramas.”Como la raíz de este precioso olivo, por un lado, es Jesucristo pero, por el otro, también es Israel, reconocemos la profunda conexión entre Israel, o bien Jacob, y su Mesías. A través de sus profetas, Dios también muestra claramente esto mismo. Por un lado, habla proféticamente de Jesucristo a través de Isaías: dice la palabra de Dios:“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones”. Por otro lado, Dios también habla de Israel, o bien de Jacob, como de su siervo:“Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché”. Aquí se puede observar la inseparable unidad del Hijo unigénito, Jesucristo, con el primogénito Israel. Y así comenzamos a comprender, a grandes rasgos, por qué, en aquel entonces, Dios mismo luchó con Jacob hasta que rayó el alba. Se trataba de la identificación, ó el hacerse uno, de Dios con Jacob, o bien Israel. Cuando Jacob se aferró al Señor, clamando“no te dejaré, si no me bendices”,ya no había nada que se interpusiera entre estos dos luchadores tan dispares, se habían vuelto uno.

Ahora bien: Lo que el Señor bendice, bendito es por toda la eternidad

Durante la lucha con Jacob, Dios alcanzó su objetivo con él, es decir que, a través de la unidad alcanzada, cambió la naturaleza de Jacob. Es lo que también nos enseña el Nuevo Testamento:“Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”. Cuando las fuerzas de Jacob decayeron, en aquella misteriosa batalla nocturna, su espíritu se hizo uno con el Espíritu de Dios. Eso fue necesario, porque Jesucristo debía manifestarse a través de Israel.

En esta misteriosa lucha, Jacob no confió en otra cosa que no fuera en el Señor. Fue entonces que sucedió aquello grandioso y único, Jacob recibió un nuevo nombre y el Señor lo bendijo:“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Y lo bendijo allí.”Allí nació el nombre de Israel, y Jacob recibió una tremenda bendición, el Espíritu de Jesucristo. Pues, a partir de este momento, la marca del Hijo de Dios estaría por siempre sobre Israel. Eso comenzó en el instante en que Jacob fue bendecido por el Señor. Dios compartió con Jacob esencia de su esencia, es decir el Espíritu de Su Hijo. Así Israel, en la persona de Jacob, se volvió el gran pueblo profético. Todos los reyes, profetas y sacerdotes descendientes de Jacob, hicieron alusión a Jesucristo. Esa es la perspectiva profética de la tremenda lucha y victoria de Jacob en Peniel.

Pero, ¿qué significado tiene esta misteriosa lucha para nosotros? Le invitamos a que sintonice el próximo programa, donde estaremos concluyendo esta serie. ¡Hasta entonces!

¿Jesús realmente se atrasó? 2/2
La misteriosa lucha que lleva a la luz 2/2

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