La Lucha Apocalíptica contra el Creador (1ª parte)

La Lucha Apocalíptica contra el Creador
(1ª parte)


2 Pedro 3:3 nos dice: “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación”


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TA (124) – Temas Actuales – La Lucha Apocalíptica contra el Creador (1ª parte)




En los siguientes versículos leemos que estos burladores, además de reírse de la venida de Cristo, negarán deliberadamente la creación, el diluvio, y la posibilidad de que Dios haya intervenido en el tiempo y el espacio. Estas son las características de los burladores. Vemos en nuestros días que los creyentes están cada vez más expuestos a una prueba de resistencia, la cual consiste en que si hoy alguien cree todavía en el relato bíblico de la creación, se convierte en objeto de burla, y hasta puede ser estigmatizado como fundamentalista peligroso.

La Biblia nos dice inequívocamente, en Romanos 1:20, que la existencia de Dios es claramente visible por medio de las cosas hechas. Esta es una afirmación universal muy interesante. Quiere decir que si una persona normal, haciendo uso de su razón, mira alrededor, llegará necesariamente a la conclusión de que debe haber un Creador, un Planificador.

Pero vemos que la teoría de la evolución nos dice, por ejemplo, que los dinosaurios se extinguieron ya hace muchos millones de años, y que es absolutamente imposible que los seres humanos hayan convivido con estos reptiles gigantes. La Biblia, sin embargo, dice que TODOS los animales y los seres humanos fueron creados en el quinto y sexto día de la creación.

Esto significa que Adán y Eva estuvieron, en el paraíso, acompañados por el Tiranosaurio Rex, y por los pterosaurios y plesiosaurios, es decir con los saurios acuáticos y con los saurios con alas.

Veamos un animal con características muy interesantes, que se describe en el capítulo 41 del libro de Job. El nombre hebreo del animal que allí encontramos es Leviatán, y en algunas versiones es traducido como cocodrilo. Analicemos el texto bíblico, para ver si realmente puede haber sido el cocodrilo el que Job describe, porque aunque hasta los comentarios más reconocidos mencionan al cocodrilo, nadie sabe con certeza a qué animal se refiere la Biblia con el nombre Leviatán. Como tampoco se sabe el origen de la palabra Behemot, que muchos traducen como hipopótamo. Pero vamos a ver primero el Leviatán, en Job 41:18, donde dice: “Con sus estornudos enciende lumbre”, y en el versículo 19 leemos que de su boca salen hachones y centellas de fuego. El versículo 20 afirma: “De sus narices sale humo”, y el verso 21: “Su aliento enciende los carbones.” En el versículo 32 dice: “En pos de sí hace resplandecer la senda”, y el versículo 27: “Estima como paja el hierro, y el bronce como leño podrido.” Leemos también, en el versículo 28, que las piedras lanzadas con una honda no podían nada contra él. De la historia de David y Goliat, sabemos que una piedra de honda alcanza tanta velocidad, que su impacto casi equivale al de una bala disparada por una pistola. La piedra penetró en el cerebro de Goliat, y este cayó como si un rayo lo hubiera alcanzado.

Desde luego, muchos piensan que Job vio un cocodrilo y que, eventualmente, inspirado por éste, hizo la proyección de un animal mitológico. Pero, es interesante que Job en su descripción habla, aparentemente, de un animal real. Ya en la descripción del Behemot, en el capítulo anterior, Dios dice: “He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti”, o el cual hice “junto a ti”, o “a tu lado”. Esto se aplica también al Leviatán, y vemos a Job describiendo a este animal como testigo ocular.

Y deducimos que Job debe haber sido un testigo ocular, porque para un paleontólogo, alguien que estudia los fósiles, es imposible deducir, a partir de los huesos, que de la boca de ese animal hubieran salido hachones y centellas de fuego. Eso no se puede ver en los fósiles. Ni tampoco que su aliento hubiera encendido carbón, ni que hubiera dejado tras sí una senda luminosa, como si fuera un gigantesco caracol cruzado con una luciérnaga.

Estima como paja el hierro, y el bronce como leño podrido.” La Biblia describe en estos versículos a un animal invencible, y nos dice al final de este capítulo que este Leviatán fue creado como el rey de los animales, y que fue creado para ser un animal “exento de temor”. Un animal que vivía absolutamente sin miedo, y que no podía ser vencido ni por las armas de hierro ni de bronce.

Esto es interesante, porque no existe hoy en el mundo un animal que no se pueda atrapar y matar con armas de hierro. La ballena azul, desde tiempos inmemoriales se caza con arpones. Los elefantes, fueron cazados por los pigmeos, pequeños enanos africanos. Eran muy valientes. Corrían hasta debajo del elefante y, con sus lanzas de madera, abrían directamente el corazón del animal. También conocemos las escenas egipcias de caza, donde los egipcios mataban tanto a los cocodrilos como a los hipopótamos en el río Nilo, usando lanzas de madera, o también de hierro. Hoy en día no conocemos ningún animal que no pueda matarse con armas de hierro.

Entonces, Job debe haber visto un animal muy distinto a los que conocemos hoy. También es interesante, que en todo el mundo podemos encontrar historias y sagas sobre dragones, en China, en Japón, y aun en Alemania tienen su saga de Sigfrido y el dragón. En todas estas historias, aparecen estos animales fantásticos (entre paréntesis) que se parecían a reptiles gigantes. Un investigador alemán, Thorsten Scheyer, que es paleontólogo de la universidad de Bonn, investigó la construcción de las placas óseas de los anquilosaurios, es decir de los fósiles de estos animales, y halló que las las mismas no se parecen en nada a las que tienen los cocodrilos, como se creía hasta ahora. Son mucho más complejas. El describe algunos caparazones prehistóricos que, en su estructura, eran sorprendentemente similares (y presten atención) a la estructura de los chalecos antibala.

Scheyer ha utilizado un microscopio especial para descubrir que las fibras de colágeno están entretejidas en el calcio óseo de las placas, creando formaciones interrelacionadas tridimensionalmente. Dentro de cada formación (parecida a una estera), las fibras se hallan alineadas paralelamente unas respecto a otras, estando las fibras en ángulos rectos con respecto a las situadas por encima y por debajo de ellas. De esta forma, se conseguía una gran resistencia en todas direcciones.

Curiosamente, los materiales compuestos actuales se basan en el mismo principio, y son utilizados para fabricar las palas de los molinos de viento o los chalecos antibala, por ejemplo. En este caso, el colágeno es sustituido por vidrio, o fibras de carbono.

Exactamente ésta es la información es la que nos faltó con respecto al Leviatán. La Biblia dice que el leviatán se reía de las armas. Ningún mortal se animaba a despertar a este animal porque las consecuencias serían desastrosas y el animal era invencible, tenía placas óseas como un chaleco antibala. Es interesante como muchas veces la ciencia debe ajustarse a la Biblia. Job describe a este animal grande y hermosísimo. Animal que alumbraba, que tiraba hachones y centellas de fuego. Un animal muy hermoso que hoy no existe, y que nos lleva a reconocer que los hombres convivieron con los dinosaurios. Y esto contradice claramente la teoría de la evolución.

Hay también científicos que tienen sus dudas al respecto. En la revista “Veja”, del 24 de diciembre de 2003, se publicó una cita del famoso científico Stephen Hawking, uno de los genios más grandes de nuestro tiempo, que está en una silla de ruedas, y que después de Albert Einstein es catalogado como la mente más brillante de nuestra época. Él dijo: “O encontramos explicaciones científicas para ciertos misterios de la creación del universo, o tendremos que aceptar que fue hecho con el claro objetivo de abrigar la vida humana”¡Muchas gracias Stephen! Pues en esta cita, él usó una expresión que para los científicos ateos es un llamado de atención. Dijo “hecho con un objetivo”, lo cual implica un Creador. El habla de un “propósito”, de una “planificación” de hospedar la vida humana.

La cita comienza diciendo: “O encontramos explicaciones científicas, o….” Esto llama la atención, porque: ¿qué es lo que se ha logrado hasta hoy? No se han encontrado explicaciones científicas.

Y sabemos que nuestro mundo es tan extraordinario que a cualquiera le tiene que llamar la atención. Tenemos tantas constantes en la naturaleza, tantas que Albert Einstein se tropezó con ellas, y supuso que debería haber un espíritu, un espíritu creador, detrás de esto.

Vuelvo a mencionar Romanos 1:20: la existencia de Dios es claramente visible por medio de las cosas hechas. Los fósiles de dinosaurios nos hablan de terribles catástrofes que se abalanzaron sobre el mundo. Ningún científico puede explicar, satisfactoriamente, por qué tantos animales repentinamente se extinguieron. La Biblia habla de catástrofes. Hay científicos que dicen que hoy vivimos sólo con un uno por ciento de la gran variedad que hubo al principio. Catástrofes como la caída en el pecado y el Diluvio nos muestran que estamos en un proceso descendiente y no en una evolución ascendiente. Y podemos combinar esto con lo que la Biblia nos dice: que el mundo se está acercando a la última catástrofe. El mundo está en camino al juicio final, donde cada uno ha de rendir cuentas a Dios. Y esto nos debe servir como advertencia, para leer mejor la Biblia, y también el relato de la creación, porque si arrancamos estas primeras páginas de la Biblia, todo lo demás, también, termina siendo relativizado. Podemos confiar en lo que la Biblia dice en cuanto a la creación. El Señor Jesús mismo lo ha confirmado, entre otras cosas cuando le preguntaron en Mateo 19 acerca del divorcio, y el Señor contestó: “¿No habéis leído que El que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?”

Y cuando dice: “al principio” se refiere a “Bereshit”, el nombre hebreo del primer libro de la Biblia, el libro de los principios. Podemos confiar y creer, todo tiene su principio en Dios, y también su fin, su propósito, en ÉL.

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