La Ley & los Profetas (1ª parte)

La Ley & los Profetas

(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

Como creyentes del nuevo pacto, sabemos que ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Sin embargo, Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Escuchemos el mensaje y descubramos el por qué de esta aparente contradicción.


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PE1496 – Estudio Bíblico – La Ley y los Profetas


 


Comenzamos hoy con un nuevo tema: La ley y los profetas. Y como introducción al mismo, vamos a leer Mateo 5, 17 al 20. Así dijo Jesús:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.

Como creyentes en el nuevo pacto, sabemos que un hombre no puede ser salvo por la ley. En Romanos 3:20 dice claramente:“ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él…”. También sabemos que como iglesia de Jesús no vivimos bajo la ley. No debemos guardar la ley en la forma en que Israel tenía que guardarla en aquel entonces. Romanos 6:14 dice:“… pues no estáis (ya) bajo la ley, sino bajo la gracia”. Sin embargo, vemos en Mateo 5:18, que el Señor dice inequívocamente:“Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley…”. Y en el texto paralelo, en Lucas 16:17, la declaración del Señor es aún más fuerte:“Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley”. ¡Qué declaración más fuerte! Pero, ¿qué es una tilde? Una tilde es un ganchito o rayita en la escritura hebrea, de la forma en que se escribía en el tiempo de Jesús. Es el carácter hebreo más pequeño que existe. A este signo, el más pequeño de todos, se refiere Jesús, y testifica así la absoluta pertenencia de la ley.

En la primera parte de Mateo 5:17 el Señor Jesús dice:“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas…”. En esta expresión nuestro Señor no solamente habla sobre la ley de Moisés y los libros de los profetas. La expresión “la ley o los profetas” es un término que engloba todo el Antiguo Testamento. No dice que sólo la ley de Moisés o los profetas no pueden ser abrogados, sino todo el Antiguo Testamento. Nuestro señor Jesús mismo vivía en esta verdad, citando muchas veces el Antiguo Testamento en sus discursos. ¡Éste de ninguna manera fue abrogado por la existencia del Nuevo Testamento! Hoy al igual que ayer, es palabra santa de Dios.
Veremos ahora como la ley está cumplida – pero las exigencias son rechazadas

¿Cómo debemos reaccionar frente al dicho del Señor Jesús acerca de la “ley o los profetas”? Por un lado ciertamente ya no estamos más bajo la ley:“… pues no estáis (ya) bajo la ley, sino bajo la gracia”. Esto debe decirse y enfatizarse. ¡Pero, por otro lado, el Señor mismo presenta la ley como intocable y le da un valor que no encuentra igual! Recalca con fuertes palabras la importancia de la ley y nos advierte que no la subestimemos. Incluso, debemos “cumplir y enseñar” la ley. ¿Cómo se entiende esto?

Primero quisiera indicar una verdad muy importante: ¡no es cierto que en el Nuevo Testamento se dejen a un lado las leyes y mandamientos! Si fuera así, ¿el escritor e intermediario del nuevo pacto hubiera escrito las palabras de Mateo 5:17 y 18? ¿Realmente el Señor Jesús hubiera dicho eso, si todas las leyes y mandamientos del Antiguo Testamento ya no tuvieran cabida en el nuevo pacto?

En el nuevo pacto realmente se eliminó algo. ¡Pero no fueron la ley y los mandamientos como tales, sino sus exigencias las que fueron quitadas de una vez y para siempre! Esto debemos diferenciarlo claramente. Las leyes en el nuevo pacto ya no nos son impuestas como en el antiguo pacto. ¿Cómo fueron quitadas las exigencias de la ley? Jesús nos lo dijo muy claramente:“… no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Al venir Jesús y cumplir la ley en nuestro lugar, fueron quitadas las exigencias de la misma, que para nosotros eran imposibles de cumplir, ¡para que pudiéramos ser salvos por la fe en Él y por su obra de salvación! Sólo Él podía hacerlo. Pablo lo describe de manera estupenda en Romanos 8:3 y 4:“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.

¿Cuál fue el error de los gálatas? ¿Que se ocupaban de la ley y los mandamientos por tratarse de la Palabra de Dios? ¡No! Su error fue que querían ser nuevamente justificados por la ley, a pesar de conocer a Cristo. Eso fue tan fatal, que Pablo les escribió lo siguiente:“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”(así lo leemos en Gálatas 5:4). Permítanos diferenciarlo claramente: Pablo no condenó la ley y los mandamientos. ¡Condenó el mal manejo de la ley! No era la ley la que guiaba mal a los gálatas, sino que eran los mismos gálatas quienes manejaban la ley de forma incorrecta.

La ley de Dios, es un regalo perfecto

¿Quién, en realidad, dictó la ley y los mandamientos? ¿Moisés? No, ¡Dios, el Señor mismo! Si Dios hizo las leyes y los mandamientos, entonces era porque tenía un propósito. Nació de su corazón. Santiago 1:17 dice:“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. ¡Todo lo que viene de Dios es perfecto! También la ley es un regalo perfecto que vino desde arriba, ¡“del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”! Pero eso no nos puede hacer perfectos a nosotros. Pablo también dice el por qué en Romanos 8:3:“… por cuanto era débil por la carne…”. No somos capaces de cumplir la ley. ¡Pero eso no perjudica la verdad de que la ley fue creada por un Dios que sólo crea cosas perfectas! Por eso la ley y los mandamientos tienen aún hoy un propósito. Nos transmiten los pensamientos de Dios con relación a las diferentes situaciones y aspectos de la vida, y Jesús los resume en Mateo 22:36 al 40, lo que para nosotros los creyentes es la guía del nuevo pacto.

En una explicación del Sermón del Monte de Jesús, la Biblia de Estudio Scofield dice: “Aunque la ley expresada en el Sermón del Monte tampoco puede salvar a los pecadores, y los salvos en el tiempo actual no están bajo la ley, de cualquier manera, tanto la ley mosaica como el Sermón del Monte son parte de la Palabra Santa, la cual es inspirada por Dios y para los salvos es ‘útil para enseñar, redargüir, corregir, (y) para instruir en justicia’ (como dice 2 Timoteo 3:16)”. Con eso, tenemos la respuesta a la pregunta sobre el significado que tiene la ley para los creyentes del Nuevo Testamento. También en nuestro tiempo actual podemos “cumplir y enseñar el mandamiento más pequeño”, para así “¡ser llamados grandes en el cielo!” (como las palabras que se mencionan en Mateo 5:19). Nosotros lo “cumplimos y enseñamos”, ocupándonos abundantemente de los valores de la ley, para así “enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia”.

Nuestro gran Dios “no tiene variación”. El Dios que en aquel entonces dictó las leyes y mandamientos a través de Moisés, ¡no ha cambiado su forma de pensar! El único y gran cambio en relación a la ley sucedió a nuestro favor. Porque nosotros demostramos ser incapaces de cumplirla. Por eso, Dios vio que era necesario enviar a su hijo Jesucristo, para cumplir la ley en nuestro lugar.

También podemos experimentar el gozo de la ley

No debemos aferrarnos en forma esclavizante a la letra de la ley. ¡Más bien debemos descubrir y apropiarnos del sentido ético, moral y también espiritual de los mandamientos del Señor! Quien comprenda eso, experimentará un gran gozo con relación a la ley y a todo el Antiguo Testamento. Sí, se alegrará como David, que en el Salmo 119:97 dijo:“¡Oh, cuánto amo yo tu ley!”. Leamos los mandamientos y las leyes con un espíritu escudriñador: “Padre, ¿cómo lo veías en aquel entonces? ¿Qué piensas sobre esto o aquello?” ¡Eso trae un gozo inimaginable al corazón!

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Un pensamiento acerca de “La Ley & los Profetas (1ª parte)

  • 8 noviembre, 2017 at 00:49
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    gracias!
    ..mil gracias hnos.este estudio me ha servido de bendición..gracias ..y que el Señor les siga bendiciendo ..

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