La gran equivocación 2 de 3

Título: “La gran equivocación”

Autor:  Norbet Lieth
PE1288

Hay muchas cosas falsas que se parecen a las auténticas, y apenas se puede distinguir entre una y otra.

También entre los cristianos hay imitaciones, engaños y copias. Existen los verdaderos cristianos y también los cristianos falsos. Dos cosas son imprescindibles para ser salvo: hacer la voluntad de Dios (1) y ser conocidos por Dios (2).


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Estimado oyente, en la primera parte de este estudio bíblico hemos terminado con los dos siguientes puntos básicos, que son imprescindibles para que una persona sea salva: 

1. hacer la voluntad de Dios.

El hacer la voluntad de Dios, nuestro Padre celestial, no se refiere a las muchas, grandes o pequeñas, buenas obras, sino a la fe en Jesucristo. A la conciente entrega de la vida a Él y al seguirle en la vida práctica.

2. ser conocidos por Dios.

Tenemos que ser conocidos por Dios. Habrá personas a las cuales el Señor Jesús tendrá que decir en aquel día:„Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

Pues no es suficiente creer sólo superficialmente en Jesús, estar de acuerdo con Él, concederle cierta autoridad o aceptarlo de cierta manera. ¡No! Debe haber un encuentro personal con Él.

El Señor Jesús invita muy personalmente a cada individuo a venir a Él: „Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). El que acepta esta invitación y viene a Él con todos sus pecados, Lo recibe en su corazón y en su vida y cree en Su nombre (Juan 1:12), es conocido por Él. El que hace esto, conoce al Padre y al Hijo de Dios, e irá al cielo: „Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).

“…tienes nombre que vives…”

…y estás muerto” (Ap. 3:1). Hay personas que se llaman „cristianos”, pero que lo son solamente de nombre. Ya el Señor Jesús habló de estas personas que creen servir a Dios, pero que justamente matan a los que realmente son cristianos renacidos: „Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí” (Jn. 16:2-3).

Reclaman para sí autoridad teológica y creen servir a Dios, pero no conocen ni al Padre ni a Jesucristo. Esto era así, por ejemplo, en la época de los cruzados y de la inquisición. Pero, también hoy existe una teología que reclama toda autoridad para sí y degrada a los que se fundamentan en „la Biblia”. Pensemos en el caso de las muchas sectas y en el Islam, que sostiene la creencia de que Dios no tiene Hijo.

Ya en el siglo 7 antes de Cristo, en la época del profeta Jeremías, había autoridades espirituales que solamente lo eran de nombre. Jeremías se quejaba y decía lo siguiente: „Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha” (Jer. 2:8).

También un cristiano de nombre puede apostatar de su confesión de fe. El que confiesa con los labios ser cristiano, pero no practica su fe en la vida diaria, debe preguntarse si no estará siendo víctima de un auto-engaño.

¿No es exactamente esto lo que vemos hoy? Muchos teólogos abandonan la fe bíblica y corren detrás de convicciones que no sirven. Se abren a las religiones y modas espirituales, que no tienen nada que ver con Jesucristo. Lo mismo pasó ya durante la peregrinación del pueblo israelita por el desierto. Después que Moisés hubo ensalzado la grandeza y majestad de Dios (Deuteronomio 32:3-4), habló enseguida también de los que se apartaron de El: „La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, generación torcida y perversa” (v. 5). Los que deberían ser Sus hijos, se han alejado de Él, convirtiéndose en generación torcida y perversa.

Acerca de los hijos del sacerdote Elí, leemos:„Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová… Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová”(1 Sam. 1:12.17). No tenían conocimiento del Señor porque menospreciaban las ofrendas. Mientras una persona (por más cristiana que se sienta) menosprecie el sacrificio de Jesucristo por su pecado, no conocerá al Señor.

Todos los israelitas salieron de Egipto, sin embargo, de la mayoría de ellos no se agradó Dios, por lo cual quedaron postrados en el desierto (comp. 1 Corintios 10:1-12).

Quisiera mencionar el ejemplo de una persona que tenía nombre de ser creyente y de actuar como tal, pero que en realidad estaba espiritualmente muerto: Balaam (comp. Números, capítulos 22-24): 

_ Era un hombre al cual Dios se revelaba, y con el cual hablaba (cap. 22:18).

_ Al principio obedecía (cap. 22:12-14).

_ Decía que conocía al Señor y lo llamaba „Jehová mi Dios” (cap. 22:18).

_ Adoraba al Señor (cap. 22:31).

_ Confesó su culpa (cap. 22:34).

_ Era servicial (cap. 22:38).

_ Dios le puso Su palabra en la boca (cap. 23:5).

_ Balaam bendijo tres veces a Israel (cap. 23 y 24).

_ Testificó de la veracidad y fidelidad de Dios a Su pacto (cap. 23:19).

_ Habló tres veces del Mesías como Rey de Israel (cap. 23:21; 24:7; 24:17-19).

_ El Espíritu Santo vino sobre él (cap. 24:2).

_ Testificó ser un profeta de Dios (cap. 24:3-4).

_ Balaam confirmó la bendición de Dios sobre los amigos de Abraham y Su maldición sobre sus enemigos, según Génesis 12:3).

_ Puso los mandamientos de Dios por encima de los bienes materiales (cap. 24:13).

_ Habló proféticamente sobre el futuro de los pueblos y de la venida del Mesías, mencionando ya al Imperio Romano (Quitim) (cap. 24:14-24).

A pesar de todos estos hechos, la Biblia llama a Balaam un profeta falso, adivino y seductor (comp. Núm. 31:16; Jos. 13:22; Neh. 13:1-3; 2 Pe. 2:15.16; Jud. 11; Ap. 2:14-16). ¿Por qué?

Porque Balaam toleraba los compromisos y la promiscuidad, y seducía a otros a hacer lo mismo. Había discrepancia entre sus palabras y sus hechos.„Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel”(Nm. 25:1-3). Fue Balaam el que sedujo al pueblo a la promiscuidad (véase Números 31:16 y Nehemías 13:1-3). Pedro dice de Balaam que„amó el premio de la maldad”, y en la carta de Judas es desenmascarado como engañador que llevaba a otros a seguir su camino. El libro de Apocalipsis lo describe como alguien que fue un tropiezo para hacer pecar.

La Biblia dice de los hombres del tiempo final lo siguiente:„Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”(2 Ti. 3:13). El que tiende a ceder ante la promiscuidad y los compromisos, y los tolera, y lo hace sin sentir que hay una contradicción, tiene mucha razón en suponer que a pesar de tener un parecer cristiano, no es un cristiano verdadero. No me refiero a la lucha contra el pecado, que cada hijo de Dios tiene. No hablo aquí de los fracasos en la lucha de fe y en el discipulado, los cuales experimentan todos los hijos de Dios. Hablo de los que son concientes del pecado pero lo tratan con indiferencia; de los que se aferran a él y no lo quieren soltar.

No somos salvos por nuestras propias obras, sino solamente por la fe en Jesucristo, por convertirnos a El. Sólo el que ha recibido al Hijo de Dios en su corazón y vida con la fe de un niño, con una fe genuina, podrá hacer obras que testifiquen de la autenticidad de su fe.

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