La Gracia Restauradora de Dios (4ª parte)

La Gracia Restauradora de Dios

(4ª parte)

Autor: Wim Malgo

Como sacerdote, el mayor deseo de Moisés era que su pueblo no fuera destruido por causa de su pecado, sino que pudiera experimentar la gracia restauradora. En esta oportunidad, veremos que esa maravillosa gracia restauradora existe para los apóstatas, en el caso de que hayan tenido un verdadero arrepentimiento y renunciado al pecado cometido.

 


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PE1745 – Estudio Bíblico
La Gracia Restauradora de Dios (4ª parte)



Amigos, ¿cómo están? En el programa anterior, vimos que Dios el Señor se detuvo en su intención de ejecutar el juicio sobre Israel, debido ala lucha sacerdotal de Moisés, pero eso no significa que lo hubiera suprimido.Donde la gracia restauradora de Dios no puede abrirse camino, porque no existe un arrepentimiento radical, amenaza el juicio de Dios. No hay otra alternativa que el aplazamiento. Si este aplazamiento no es transformado en gracia restauradora, al culpable lo alcanzará el juicio divino.

Pensemos en el hijo pródigo. Esta parábola muchas veces seinterpreta de una forma muy bonita, pero mayormente el trasfondo está muy pocoiluminado: El hijo pródigo se haapartadode su padre y hamalgastado su fortuna, su heredad. Y entonces, cuando estaba en medio deljuicio de Dios y teniendo hambre, dice así en Lucas 15:14 al 24:“Ycuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, ycomenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquellatierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaballenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienenabundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre,y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de serllamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a supadre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia,y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, hepecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y ponedun anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo ymatadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y harevivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”.¡Padre e hijo nuevamente unidos! Diez veces en esa parábola es utilizada lapalabra “padre”, que corresponde a la plenitud de la misericordia de Dios. Yaquel perdido, separado del padre“volvió en sí”(“golpeandoen sí mismo”) – y ya no (golpeando) en su alrededor, como hoy muchos culpablesapóstatas y blasfemos lo hacen.

Lo que se debe destacar aquí es la gracia restauradora, quese hizo poderosamente efectiva en el hijo pródigo cuando éste se arrepintió. Enotra versión, leemos de ese encuentro entre padre e hijo, así:“Cuandotodavía estaba lejos, su padre corrió hacia él lleno de amor, y lo recibió conabrazos y besos. El joven empezó a decirle: ‘¡Papá, me he portado muy malcontra Dios y contra ti! Ya no merezco ser tu hijo’”. Seguramente,cada día el padre esperaba ansiosamente el regreso de su hijo, una prueba de Suamor que jamás se había apagado. Y ahora, cuando al fin regresa, lo divisadesde lejos. La situación deplorable de su hijo retornado, mueve el corazón delpadre hasta convertirlo en una desgarradora misericordia. Incondicionalmente, seapresura el amante padre al encuentro del retornado y se echa sobre su cuello ylo besa, como si nunca se hubiesen entenebrecido las relaciones con el hijo.Cuán maravilloso y extraño: En vez del hijo echarse al cuello del padre, lohace el padre al hijo. Seguramente el hijo no había esperado una recepción tansingular. Ni una palabra de reproche, ni un regaño acerca de la vida espantosay licenciosa del hijo, se pudo oír de la boca del padre. El padre, aquí, estambién el gran discreto que amantemente calla. Esto es demasiada bondad yamabilidad con respecto al retornado. Ya no puede expresar su petición de poderobtener, del padre, sólo la posición de un jornalero. La paternal recepción esdemasiado grande para él y sobremanera sublime. Él es colmado con la graciarestauradora. Otra versión dice así:“Pero antes de que el muchachoterminara de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo: “¡Pronto!Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo, y también sandalias.¡Maten el ternero más gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo haregresado! Es como si hubiera muerto, y ha vuelto a vivir. Se había perdido ylo hemos encontrado”.

Pero, ¿por qué hablamos aquí del hijo pródigo que, enarrepentimiento, regresa a su padre? ¿Qué tiene que ver esto con Israel en eldesierto? Respuesta: ¡Porque el Señor le contó esa parábola al mismo pueblo deIsrael, siglos antes, en el desierto del Sinaí! Porque aquel Padre era y es elpropio Dios, que hablaba a través de Moisés a Su pueblo.

Otra traducción, reproduce Éxodo 33:4 de la siguientemanera:“Cuando el pueblo oyó esta mala noticia, hicieron duelo, yninguno de ellos se puso sus atavíos”.Israel había desechado al Diosa quien los cielos no pueden contener, el Dios quien se manifiesta en laPalabra y como Señor supera nuestra conciencia. En cambio, se había elegido aun dios que mora en lo creado, al cual se le puede conocer por los sentidos, yque tiene como fin satisfacer las demandas humanas. Entonces, Dios le dice losiguiente:“He aquí mi ángel irá delante de ti… pero yo no subiré enmedio de ti.”Dios le promete hacer efectivo Su juramento dado a losantepasados: entrada a la tierra prometida, conducción por Su ángel, expulsiónde los seis hasta siete pueblos delante de Israel, y recompensa con el paraísodonde fluye “leche y miel”. Esto es todo el cumplimiento de aquello que susantepasados habían esperado, a lo cual apuntaba toda su historia. Todo loconcede Dios, solamenteunacosa ya no: Su presencia ycomunión personal. Como un golpe, atraviesa esta renuncia a través de lascadenas de promesas:“… Pero yo no subiré en medio de ti.”

Sin embargo: ¡Incluso en ese juicio hay gracia! Si Diospriva a Israel de Su presencia, entonces eso sucede para que Israel no tengaque ser exterminado. Porque la presencia de Dios se asemeja al fuego – en símismo una potencia de bendición – pero en un lugar adonde hay materialesexplosivos, se vuelve en una amenaza mortal. El Rey no puede convivir con losrebeldes. Su cercanía se volvería para ellos un juicio. Ellos son rebeldes de“duracerviz”. Dureza de oído, dureza de corazón y dureza de cerviz,significan la gradual rebelión que había ocurrido sobre su oído, su voluntad ysus actitudes, retraimiento al cual el pueblo de Israel se había acostumbradoen su relación con Dios.

Mas ahora, se muestra en el verso 4 que Israel es diferentede los otros pueblos, que Israel es, a pesar de tener una apariencia igual alos demás, el pueblo de Dios. Todos los otros pueblos estarían altamenteagradecidos por las tremendas cadenas de promesas, como la de Ex. 33:2 y 3:“Yyo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, alheteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo (a la tierra que fluye leche y miel)”.Mas Israel interpreta como juicio ese encargo de marchar por el desierto endirección a la tierra prometida. El cumplimiento de todas las promesas sin loúnico que tiene valor, sin que el Señor vaya adelante, es para Israel una “malapalabra”, por la cual lleva luto.

De un lado está el desiertocon Dios, delotro lado está la entrada al paraíso con su riqueza y a la patria con susbendiciones,sin Dios.Para Israel, el paraíso y laabundancia de todos los dones divinos no son una ganancia, sino una pérdida, uncastigo, si Aquél, que es el Autor del paraíso y de la patria, no está en ella.Para ese pueblo, la pérdida de la comunión con Dios es una desventura personaly nacional, es una noticia de desgracia y de duelo. Por eso, no se coloca suatavío y mantiene un gran duelo en todo el pueblo, es decir, un arrepentimientogeneral – en medio de la partida hacia la tierra prometida.

¿Y tú? ¿También te encuentras en el camino hacia la tierraprometida, y tienes que reconocer y confesar que el Señor no va contigo, porcausa de tanta idolatría? ¿También es tu pesar el paraíso sin Él? Entonces,¡venahoraen contrición y arrepentimiento a Dios, para queÉl vaya contigo!

 

La Gracia Restauradora de Dios (3ª parte)
Zambúllete en el amor de Cristo

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