La Gracia Restauradora de Dios (2ª parte)

La Gracia Restauradora de Dios

(2ª parte)

Autor: Wim Malgo

Como sacerdote, el mayor deseo de Moisés era que su pueblo no fuera destruido por causa de su pecado, sino que pudiera experimentar la gracia restauradora. En esta oportunidad, veremos que esa maravillosa gracia restauradora existe para los apóstatas, en el caso de que hayan tenido un verdadero arrepentimiento y renunciado al pecado cometido.



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PE1743 – Estudio Bíblico
La Gracia Restauradora de Dios (2ª parte)



¿Cómo les va? En el programa anterior vimos que el pueblo de Israel, después de haberse revelado contra Dios, recién se arrepintieron cuando, a través de la Palabra del Señor, asustados, reconocieron que ignoraban que Dios podría apartarse de Su pueblo; que el Señor ya no iría con ellos. La iglesia hoy en día, muchas veces, también ignora el rompimiento entre ella y Dios, y renuncia a deshacer la brecha existente, a ser avivada, y a alcanzar la gracia restauradora. Lo mismo sucedió con el consagrado Sansón. Él era un nazareo, un consagrado a Dios. Su cabello no debía ser cortado, ni debería tomar vino. Era un siervo de Dios lleno del Espíritu y lleno de fuerza. Pero finalmente fue separado de su Dios por la persistencia en el pecado de los deseos de la carne, de tal modo que ni percibió que el Señor ya no estaba más con él. Y así, fue vencido por sus enemigos, como leemos en Jueces 16:19 al 21:“Y ella(Dalila)hizo que él se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él. Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel”.

Menciono la trágica caída de Sansón porque él, como persona individual, representa proféticamente la apostasía de Israel, en especial en no darse cuenta de que su fuerza – y con ella el Señor mismo – se había apartado de él. El quedó ciego y tenía que moler, esto es, tenía que moverse continuamente en círculos (para mover la gran piedra del molino). Eso representa a los judíos errantes desde hace dos mil años hasta la fundación del Estado de Israel (de lo cual leemos en Rom. 11:25). Pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que también representa a Israel en la experiencia de la gracia restauradora, porque después, en Jueces 16:22, dice:“Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que fue rapado”. Eso representa la actual restauración de Israel. Ya no son judíos errantes sin identidad, sino que nuevamente son una nación. El luto que Israel llevó en aquel entonces en Horeb, porque el Señor se había apartado de ellos, lo interpreta Sansón justamente en su último arrepentimiento ante Dios y su grito por ayuda. Veamos esa situación una vez más: Los filisteos y sus príncipes habían sacado a Sansón de su prisión, para jugar con él ante todos en su fiesta en honor a su dios Dagón. En aquel inmenso palacio, que era sostenido por dos columnas, estaban reunidas tres mil personas, ante las cuales él tenía que jugar para divertirlas.

Y entonces, en Jueces 16:28 al 30, leemos:“Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida”.

La actual situación de Israel, este pequeño país en el medio del mundo al cual todos los pueblos miran críticamente y rechazan, es descrita proféticamente en el verso 27:“Y la casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí; y en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Sansón.” “Tres mil…” –Israel es el punto de intersección de tres continentes: Asia, África y Europa.

Aún está en el período de “palpar”, de apoyarse en la fuerza y ayuda de las naciones, como lo describe el verso 26 de Jueces 16:“Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas.”Si miramos la columna derecha, pensamos en el mundo occidental, en el tal mentado capitalismo. Israel intenta desesperadamente apoyarse en Estados Unidos. Pero, también busca ayuda en la columna izquierda; quiere arreglar el asunto con Rusia y mantener una relación diplomática. Esto es lo fatal del Israel ciego: que aún se apoya en las naciones.

Sansón se abre camino al arrepentimiento y clama a Dios:“Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios…”Entonces, él experimenta la gracia restauradora. Su cabello había crecido otra vez, y la vieja fuerza viene nuevamente sobre él. Y así como Sansón experimentó la gracia restauradora basada en su arrepentimiento, lo mismo vendrá poderosamente también dentro de poco sobre Israel, pues como dice Romanos 11:25:“… ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.

En aquel entonces en el Sinaí, sin sospechar, Israel estaba en supremo peligro porque ante todo no reconoció que el Señor mismo se había apartado de él, hasta que la palabra directa de Dios, a través de Moisés, deshizo su ilusión errónea. También, quizás, entre mis oyentes, haya personas que no saben que su fuerza espiritual, sí, que el Señor mismo, se ha apartado de ellos. Del rey Saúl leemos esto mismo, en 1 S. 16:14:“El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová”. Ésa fue su decadencia.

Tengo la triste impresión de que muchos creyentes no toman nota de que hay muchas cosas sin aclarar, muchas cosas oscuras entre su alma y Dios, de modo que Él se ha apartado de ellos. Por aquel entonces, cuando mentiste, cuando calumniaste y difamaste, cuando te diste a la idolatría, al espíritu de fornicación, a acciones sospechosas, a la avaricia, al odio y la envidia, etc., se extendió una oscuridad sobre tu alma y tu espíritu de oración se paralizó.

Por favor, toma en cuenta lo que la Sagrada Escritura dice al respecto, en Ef. 5:5:“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”. ¿Por qué? Porque los mismos han desperdiciado su herencia, y el Señor se ha apartado de ellos. Aun más detalladamente está escrito en 1 Corintios 6:9 y 10: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” ¿Por qué no? Porque Él no está contigo. Tú eres como el hijo pródigo, que desperdició su heredad. ¿Aún no sabes que el Señor y Su fuerza se han apartado de ti?

Acerca de Israel, en Ex. 33:4 al 6, leemos: “Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte de Horeb”. Otros traductores, en vez de “se despojaron” dicen: “quitaron de sí” o “arrancaron de sí”.

Dios parte del luto de la asamblea de Israel, para llevarlo a un arrepentimiento consciente, y Él comisiona a Moisés para entregar un cuádruple mensaje. Pero esto lo veremos en la próxima, porque se nos ha acabado el tiempo. ¡Hasta entonces!

La Gracia Restauradora de Dios (1ª parte)
La Gracia Restauradora de Dios (3ª parte)

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