La Garantía de recibir Respuesta a la Oración

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Titulo: «La Garantía de recibir Respuesta a la Oración»
  

Autor: HermanHartwich 
Nº: PE1139

Existen tres elementos importantes que nos garantizan que recibiremos respuesta a nuestras oraciones.

1) Debemos tener en cuenta las infalibles promesas de Dios .

2) Debemos tener en cuenta el precioso nombre del Señor Jesús

3) Debemos tener en cuenta nuestra propia sinceridad.


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«La Garantía de recibir Respuesta a la Oración»

Estimado amigo, sea muy bienvenido nuevamente. Como ya lo hemos anunciado estaremos hablando sobre la Garantía de recibir Respuesta a la Oración

¿Cuáles garantías tenemos de que Dios verdaderamente responde a nuestras oraciones? Se componen de tres elementos: 

En primer lugarse componen de las infalibles promesas de Dios.

Debemos comenzar a tomar en serio las promesas de Dios en la Biblia. Nuestro gran problema es que contamos más con nuestros sentimientos, con carne y sangre, con las experiencias y con nuestras capacidades que con las promesas de Dios. Aquí está el dolor para el corazón del Señor, pues Números 23:19 dice: «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?» Cuando el Señor Jesús dice: «Pedid, y se os dará», entonces quiere decir lo que dice, no son palabras vacías. Podemos poner en oración nuestro dedo sobre estas promesas y decir: '¡Tú lo has dicho, Señor!' Y en Su promesa, también tenemos la garantía de la respuesta.

2º elemento:El precioso nombre de Jesús

El Señor Jesús nos dijo esta verdad reiteradamente: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo», y: «Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré». Otra promesa es: «…todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido» ,dice la palabra.

Por estas tres declaraciones del Señor, vemos lo siguiente: Si pedimos al Padre en Su nombre, primero, El lo hará, segundo, el Padre lo dará, y tercero, nosotros recibiremos. Es, pues, una promesa de respuesta con tres aspectos: hacer, dar, y nosotros recibimos. Por eso, hijo de Dios, aprende también a practicar la oración tres veces intensificada, que Jesús nos invitó en Mateo 7:7 a hacer: «Pedid, y se os hará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá». «Pedid». Pedir es mendigar. «Buscad». Esto es solicitar urgentemente, buscar a obtener el cumplimiento de los ruegos. «Llamad». Esto es asediar la puerta del cielo. Lo maravilloso de la oración es esto: Mientras oramos, somos capacitados para intensificar nuestra oración, pues en la oración, Dios nos hace saber que nos responderá ciertamente si oramos en el nombre de Jesús.

¿Qué, pues, quiere decir: pedir en el nombre de Jesús? Esto no solamente significa saldar el así llamado cheque firmado, que me es pagado totalmente porque está firmado con el nombre de Aquel que se ha hecho heredero de todas las cosas, sino que pedir en el nombre de Jesús también significa: confesar Su nombre delante de Dios. Digo sí al nombre de Jesús, sí al Salvador, sí a Su cruz. Y porque Dios también dice sí a este nombre, porque Dios acepta completamente el sacrificio vicario de Jesús, mi deseo y Su cumplimiento se encuentran. Mi voluntad se une con Su santa voluntad. Es lo que quiere decir el Señor Jesús en Juan 15:7: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho». ¿Estás dispuesto a permanecer en El? ¿Estás dispuesto a ponerte completamente bajo Su nombre? ¿Deseas de todo corazón ser uno con Jesús? Si es así, entonces se te abre una nueva realidad, que solamente pocos conocen, a saber: el actuar de la gloria de Dios en y a través de tu vida, como respuesta a tus peticiones: «Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré».

Otro elemento de la garantía de la respuesta a la oración es: 

Nuestra propia sinceridad,pero de esto hablaremos en nuestro próximo bloque.

Estimado amigo, mencionamos en el pasado bloque el tercer elemento de la garantía de la respuesta a oración. Y dijimos que éste es nuestra propia sinceridad.

En Hebreos 10:19-21, somos invitados a «entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios…» Antes que nos acerquemos a Dios, somos todavía advertidos: «Acerquémonos con corazón sincero…» .

¿Es tu corazón sincero? Cuando pides al Señor que te perdone un pecado, ¿estás entonces también dispuesto en lo más profundo de tu corazón a romper con este pecado, o será que extiendes una mano hacia el Señor para recibir el perdón, y con la otra mano de aferras al pecado? Si es así, mientes en Su santa presencia. Y si oras que el Señor mande a muchos obreros a Su viña, para que el mundo sea llenado del Evangelio, pero tú mismo no estás dispuesto a ir o a sacrificar, entonces tu oración es una mentira, es hipocresía. Dios dice en Su Palabra en Proverbios 2:7a: «El reserva la prosperidad para los rectos». Quizás preguntes: ¿Cómo, pues, puedo saber si soy verdaderamente sincero en oración, si no hay tal vez algo mentiroso en mí? Existe una señal infalible para esto: ¡Eres mentiroso si con piadosa satisfacción de ti mismo tienes una buena impresión de ti! Si estas contento contigo y te parece que siempre has cumplido y cumples con tu deber, que vives de manera que agrada a Dios y que no puede haber error de tu parte, ya que tienes una doctrina de fe acreditada y ortodoxa – entonces sí, eres un mentiroso, un hipócrita delante de Dios.

¿Por qué? Porque la Escritura dice: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros (1 Jn. 1:8). Hoy en día, miles y miles de personas en las iglesias viven y oran en esta hipocresía pidadosa. Pero recién cuando estés completamente convencido de tu depravación total, cuando hayas perdido la fe en ti mismo, habrás entrado en una actitud de corazón sincera. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados (Is. 57:15).

Querido hermano, querida hermana, si llegas a ser una persona de oración, te reconocerás más profundamente a ti mismo. Hay muchos que toman cada domingo la Santa Cena, que tienen el bautismo bíblico, muchos que conocen la pura y clara Palabra de Dios; pero no se conocen a sí mismos y por eso mienten en sus oraciones. La inclinación a la mentira está en nuestra carne y sangre, pero no hay nada más purificador y examinador del corazón que la oración persistente. Solamente en esta actitud, comienzas a ver tu pecado como Dios lo ve. Solamente en Su presencia, eres sacado de la vieja rutina religiosa, del formalismo muerto, y puesto en la realidad viva. ¡Recién entonces reconocerás con tu espíritu – y no como antes con tu razón – a Jesús, la verdad! Y El dice: La verdad os hará libres (Jn. 8:32b).

Todas las ataduras no quebrantadas, todas las preguntas sin respuesta, todas las tenaces pasiones secretas que se mantienen fuertes en tu vida de fe, provienen de que todavía no has conocido la verdad sobre ti mismo. Por eso, te pido de todo corazón: ¡Comienza a buscar como nunca al Señor, con un corazón dispuesto y verdadero, y tendrás la garantía de recibir respuesta!

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