La Divinidad del Mesías (3ª parte)

La Divinidad del Mesías

(3ª parte)

Autor: Arnold Fruchtenbaum

La cuestión acerca de la divinidad del Mesías se ha convertido en un tema por demás importante para el tiempo que corre. La Biblia enseña que sólo Dios puede salvar. Por consiguiente, si Jesús no fue (y es) Dios, su afirmación de ser el dador de vida es falsa. ¡Escuchemos el mensaje y veamos si podemos llegar a una acertada conclusión respecto a este tan importante tema!


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PE1537- Estudio Bíblico
La Divinidad del Mesías (3ª parte)


 


Para comenzar, amigos, un brevísimo resumen de lo tratado anteriormente. Sólo volver a mencionar los nombres divinos del Mesías: Dios, Hijo de Dios, Señor, Alfa y Omega, el primero y el último, imagen, e impresión. Y las características divinas del Mesías: eternidad, inmutabilidad, auto-existencia, vida, plenitud de la divinidad, santidad, soberanía, omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia. Todo esto ya nos ha dado un panorama bastante amplio en cuanto a la divinidad del Mesías. Y hoy vamos a hablar de:Las obras divinas del Mesías
(…) Jesús lleva a cabo todo aquello que sólo Dios puede hacer. Queremos observar seis áreas a continuación.

La primera obra divina es la creación. Sólo Dios puede crear de la nada. Pero aún así se nos dice (…) que Jesús llevó a cabo la obra de la creación (en Juan 1:3 y 10; en 1 Corintios 8:6; en Colosenses 1:16; y en Hebreos 1:3 y 10). (…) Y para poder hacer esto, Él tiene que ser Dios.

La segunda obradel Hijo es que Él sostiene todas las cosas. Colosenses 1:17 dice: (…)“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. El Mesías preserva el universo entero y lo mantiene en pie. Es el llamado “pegamento atómico”, del que hablan los científicos y quien mantiene unidos los átomos de forma milagrosa, para que no se dispersen en todas direcciones. (…). Dios no sólo ha creado el universo, sino que también lo sustenta. Vemos (en Hebreos 1:3) que Jesús también realiza esta obra y por consiguiente tiene que ser Dios.

Una tercer obradel Mesías, que sólo Dios puede hacer, es perdonar los pecados. Su poder para perdonar los pecados demuestra su divinidad. Esto queda bien claro en Mateo 9:2 y 6; en Lucas 5:24 y 7:47 al 48.

Una cuarta obradivina del Mesías es el envío del Espíritu Santo. Esto se describe en Juan 15:26. Para poder enviar al Espíritu Santo, esta persona debe ser por lo menos igual o mayor que Él. El Espíritu Santo es Dios, y para poder enviar al Espíritu Santo, Jesús, igualmente, debe ser Dios.

La quinta obradivina, es que el Mesías es responsable de la resurrección de los muertos. Según Juan 5:28 y 29 él resucitará tanto a los justos como a los injustos. Ya que la resurrección es una obra de Dios, Jesús, como consecuencia, debe ser Dios.

La sexta obradivina del Mesías es el juicio final. A lo largo del Antiguo Testamento, se nos dice claramente que Dios un día ejecutará un juicio final. Esta obra, que en el Antiguo Testamento se adjudica a Dios el Padre, en el Nuevo Testamento se le atribuye a Dios, el Hijo. El Antiguo Testamento enseña claramente que Dios es responsable del juicio. Si en el Nuevo Testamento el juicio final se le atribuye a Jesús, como consecuencia Jesús tiene que ser Dios.

Algunos pasajes que confirman la responsabilidad de Jesús en el juicio son: Mateo 25:31 al 46, donde se trata del juicio a las naciones y el Hijo es quien lo lleva a cabo; Juan 5:22 al 27, donde al Hijo le es dado el derecho de juzgar a justos e injustos; y Hechos 17:31, donde Pablo anuncia que Dios un día juzgará a través del Hijo a todos los hombres (…) (podemos ver también Hechos 10:42; 2 Corintios 5:10; y 2 Timoteo 4:1). (…)

Veamos ahora: La unidad divina con la trinidad

(…) Para empezar, Jesús está unido a Dios en la forma más íntima. Esto se muestra en Juan 10:30 y 14:23. El primer versículo, enseña que tanto el Padre como también el Hijo viven al mismo tiempo en el creyente. (…) Esto solamente es posible si los dos comparten la divinidad.

Además, la relación entre Jesús y la trinidad se muestra en que Él no sólo está unido al Padre, sino también al Espíritu Santo. Esto se muestra en Mateo 28:19, donde se nos da la comisión de evangelizar. Jesús dice allí que, después que una persona viene a la fe, debe ser bautizada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En este párrafo Jesús claramente está en directa unión tanto con el Padre como con el Espíritu Santo (…) (lo podemos ver en 2 Corintios 13:13).

Analicemos ahora: El reclamo divino del Mesías

El último comprobante de la divinidad de Jesús consiste en su propio reclamo de ser Dios. A la luz de estas declaraciones, solamente podemos llegar a tres conclusiones.

La primera: Jesús era un falso maestro y engañaba a la gente. Por consiguiente, él sabía que sus declaraciones eran erróneas, pero igual las enseñaba.

La segundaposibilidad sería que Él se engañaba a sí mismo. Él realmente creía en las declaraciones que hacía, pero se engañaba a sí mismo, porque no correspondían a la realidad.

Y la terceraposibilidad, que es la única que la Biblia contempla: Aquello que Él decía acerca de sí mismo, correspondía a la verdad. (…)

La primera de sus afirmaciones era la de estar en comunión íntima con Dios. (…) Jesús declaró que quien lo conocía a Él había conocido al Padre. Esta declaración la dirigió a los incrédulos en Juan 8:19, y en Juan 14:7 a los creyentes. También dijo que quien lo veía a Él veía a Dios el Padre (en Juan 12:45; y 14:9). (…) Aceptarlo a Él significa aceptar a Dios. Decía que quien lo honraba a Él, al Mesías, honraba a Dios (lo podemos ver en Juan 5:23). Y declaró claramente estar en comunión única con el Padre (…) (en Juan 10:30).

(…) Jesús también reclamó para sí el ser Dios, al decir que era el objeto de la fe salvadora (…) (como podemos leer en Mateo 11:8 al 29; y en Juan 3:36; 14:1; y 17:3).

(…) Su tercer reclamo de divinidad se muestra en su absoluta autoridad sobre aquellos que le siguen. Esto se aclara en Mateo 10:37 al 39, donde afirma tener el poder ilimitado sobre aquellos que le reconocen como Señor.

(…) Su cuarto reclamo divino consiste en que posee la soberanía sobre las leyes y decretos de Dios. Algunos ejemplos de esto son: que tomó, en Mateo 12:6, el señorío del templo para sí; que en Mateo 12:8 se presentó como el Señor del día de reposo; que tomó, en Mateo 16:19, el señorío del reino de Dios para sí; y que afirmó en Mateo 26:28 ser el Señor del pacto y reclamó la soberanía absoluta sobre las leyes y ordenanzas de Dios.




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