La Divinidad de Jesús de Nazaret (2ª parte)

La Divinidad de Jesús de Nazaret

(2ª parte)

Autor: Thomas Lieth

Nada hay nuevo debajo del sol (dice en Eclesiastés 1:9). Por eso no deberíamos asombrarnos que la divinidad de Jesucristo sea ampliamente discutida. Analizamos en este mensaje: La divinidad de Jesús de Nazaret.


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PE1524- Estudio Bíblico – La divinidad de Jesús de Nazaret
(2ª parte)


 


Queridos amigos, hagamos un resumen de los puntos principales mencionados en el programa anterior:

Diversos pasajes en las Sagradas Escrituras demuestran la divinidad de Jesús de Nazaret.

El primer pasaje que mencionamos es el de Mateo 13:41, que tiene que ver con: El envío de sus ángeles.¿Qué humano posee ángeles que pueda enviar? Según Hebreos 1:6 al 14 los ángeles son seres que pertenecen a Dios. En consecuencia, Jesús mismo debe ser Dios. Si no, no podría hablar de“sus”ángeles y enviarlos.

El segundo pasaje ya mencionado es el de Colosenses 1:15 al 17, que nos habla de la: Coparticipación en la creación.“Él(Jesucristo)es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porqueen él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, ytodas las cosas en él subsisten. Queda completamente descartado que Jesús haya participado de la creación como hombre. Sin embargo, el Nuevo Testamento confirma claramente que Jesús es el Creador. En consecuencia, Jesús debe ser Dios.

Otros pasajes que mencionamos, tienen que ver con el: Perdón de pecados.¡Es una verdad bíblica categórica que ningún hombre ni ninguna institución pueden perdonar pecados, sino solamente Dios! Y justamente por eso, los escribas y fariseos judíos reprendieron a Jesús cuando le ofreció el perdón de pecados a un paralítico. Lo que vemos en Marcos 2:5 al 12. Para ellos, el actuar del hijo del carpintero de Nazaret era una herejía increíblemente grande, ya que con sus hechos, Jesús subrayaba su origen y divinidad, lo cual les resultaba ¡un escándalo sin precedentes!Aquí quedamos en el programa anterior, veremos ahora otro pasaje que demuestra la divinidad de Jesús, que tiene que ver con: Jesús como Juez.

En Mateo 25:31 al 33 leemos:“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda”.

Jesús deja en claro que juzgará a los pueblos al final de los tiempos. También esto habla de Su divinidad, ya que según el Antiguo Testamento, Dios mismo es el juez. En consecuencia, también aquí hay una contradicción o, en caso contrario, Jesús debe ser Dios y el Padre le encomendó el juicio. Solamente según el concepto de la trinidad se puede entender el siguiente pasaje de Isaías 33:22:“Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará”. Este “Señor” (Yahvé) trinitario, coincide tanto con Dios Padre como también con Jesucristo como Hijo de Dios. Analicemos las distintas afirmaciones:

“Porque Jehová(Yahvé)es nuestro juez…”.Jesús dice de sí mismo que Él es el juez (así lo vemos en Mateo 25:31 al 33). Lo mismo testifica Pedro en Hechos 10:39 al 42:“Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”.

“…Jehová(Yahvé)es nuestro legislador…”. Por un lado, Yahvé le dio la ley al pueblo de Israel en el monte Sinaí. Por el otro, en el Nuevo Testamento se confirma que Jesús es el cumplimiento de la ley (en Romanos 8; en Gálatas 5:18; y en Juan 1:17). Pablo habla de una nueva ley (en Romanos 3:27 y 28): la ley de la fe en Jesucristo. Por consiguiente, Jesús estaba presente como persona de la trinidad, cuando se le dio la ley al pueblo de Israel. Y fue precisamente Él quien le dio la nueva ley de la fe a su Iglesia.

“… Jehová es nuestro Rey…” ¿Qué dice el Nuevo Testamento, en Apocalipsis 17:14, acerca de esto? “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”. Jesús, el Cordero de Dios, quien quita el pecado del mundo, no sólo es Señor, sino Señor de señores. ¡Y este Jesús no solamente es Rey, sino Rey de reyes! Esto se resalta nuevamente en Apocalipsis 19:16: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”.

“… él mismo nos salvará”. ¿Quién salvará? ¡Jesús! Jesús es el Salvador ya proclamado en el Antiguo Testamento. ¡No hay otro camino! Así lo dicen Hechos 2:36: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. Romanos 10:9: “… que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Y Filipenses 3:20: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. El Antiguo y el Nuevo Testamento se complementan. No se trata de una contradicción, sino de la explicación y el cumplimiento.

“Yahvé” es el nombre de Dios que se traduce como “Señor”, tanto en Isaías 33:22 como en Éxodo 20. Con este nombre, el Padre celestial se dio a conocer a Moisés, cuando éste preguntó por el nombre de Dios: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (así leemos en Éxodo 3:13 al 15). “Yo soy” proviene del nombre hebreo de Dios, “Yahvé”. Sin embargo, esta traducción sólo se acerca vagamente a lo que realmente significa Yahvé.

Abraham Meister escribe lo siguiente: “Yahvé es el absoluto ‘yo’ en su máxima expresión divina”. Yahvé no sólo significa “yo soy el que soy”, sino también “yo soy el que era” y “yo soy el que será”. Dios es el yo sin tiempo ni espacio. Eso es impresionante e imposible de comprender para nosotros los humanos. Por eso afectó tanto al sumo sacerdote cuando Jesús respondió con respecto a Sí mismo que Él era el Hijo de Dios: “Yo soy” (leemos que dijo, en Marcos 14:62).

Con estas mismas palabras, Jesús respondió durante su arresto en el huerto de Getsemaní. Cuando Él, con su autoridad divina dijo: “Yo soy”, todos retrocedieron y cayeron al piso (como vemos en Juan 18:2 al 6). Aquí Jesucristo, el hijo del carpintero de Nazaret, utilizó justamente este nombre de Dios “Yahvé”, o sea “yo soy”. Este auto-testimonio de Jesús, literalmente derrumbó a la muchedumbre que había venido a capturarle. En el evangelio de Juan podemos ver que Jesús utiliza siete veces más la palabra “yo soy”: “yo soy el pan de vida” (6:35); “yo soy la luz del mundo” (8:12); “yo soy la puerta de las ovejas” (10:7); “yo soy el buen pastor” (10:11); “yo soy la resurrección y la vida” (11:25); “yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (14:6); y “yo soy la vid verdadera” (15:1).

Así, Jesucristo se da a conocer como Dios. Pero también hay otras expresiones que lo revelan como tal, como por ejemplo: “Yo y el Padre uno somos” (en Juan 10:30); y: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (en Juan 14:9). Hoy carecemos del conocimiento del lenguaje como para entender el significado y el alcance de la expresión “yo soy”. Pero los judíos de aquel entonces lo tenían muy presente: en la frase “yo soy el pan de vida”, todos veían frente a sus ojos el pan de la propiciación del lugar santo, así como el recuerdo de los cuarenta años en el desierto, donde Dios sustentó a su pueblo con el maná celestial. Y cuando Jesús dijo: “yo soy la luz del mundo”, cada judío pensaba en el candelabro de siete brazos que también se encontraba en el lugar santo, al cual sólo podían acceder los sacerdotes del templo.

Con estas palabras, Jesús se dio a conocer como el cumplimiento del templo, así como de los sacrificios de los sacerdotes y las ofrendas. Y ése era el problema con el que chocaban los líderes religiosos. Los sacerdotes y escribas sentían amenazada su existencia, debido a que ya no estaban sirviendo a Dios, sino simplemente a un sistema religioso. Con Jesús, como el verdadero sumo sacerdote y cordero expiatorio, ellos mismos, junto con todos los ritos del templo, quedarían como algo superfluo. Y eso no podía suceder. También hoy todo sistema religioso, inclusive el cristiano, choca con la divinidad de Cristo y su característica absoluta. Tal parece que estas verdades no se amoldan al sistema.

Pero le guste a la humanidad o no, una cosa es segura: Jesucristo no fue una persona o un líder religioso cualquiera. No, ¡Jesús es Dios! En Jesús, Dios se hizo hombre (lo vemos en 2 Corintios 5:19). En Jesús tenemos el perdón de nuestros pecados (en 1 Juan 1, y 7 al 9), y en Él tenemos la vida eterna (en 1 Juan 4:9). ¡Sin Jesucristo (el juez, legislador y rey) no hay salvación (como lo afirman Juan 14:6 y Hechos 4:12)! ¿Quién es Dios? El verbo de Dios hecho carne, Jesús de Nazaret, quien con toda autoridad pudo decir: “¡Yo soy!”.

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