Israel, Mi siervo eres tú 3/3

Titulo: “Israel, Mi siervo eres tú” 3/3
  

Autor: FrediWinkler
Nº: PE1175

El Mesías es el único siervo de Dios contra quien ninguna acusación de infidelidad o de fracaso fue presentada. Él por voluntad propia tomó forma de siervo. Se rebajó a sí mismo y llegó a ser obediente hasta la muerte, es más, hasta la muerte de cruz.


 


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“Israel, Mi siervo eres tú” 3/3

Antes de comenzar, repasemos los puntos que tratamos en el pasado programa: Vimos a Israel como el siervo ciego.En el libro del profeta Isaías, encontramos un texto más que puede ser interpretado tanto para el Mesías como para Israel. Allí el Mesías no solamente es identificado con el pueblo de Israel, en Su rol de portador de la salvación, sino también con Israel en su ceguera

En segundo lugar, vimos que La identificación del Mesías con Israel es una garantía para su subsistencia.Cuando Dios envió a Su siervo, el Mesías, Su tarea más importante consistía, en restituir a Israel, el siervo desviado y desobediente. A través de esta acción, Dios debía ser glorificado y Su honor sería restituido

También vimos si tenía Israel, siquiera, una oportunidad de sobrevivir. Y descubrimos que la garantía de la subsistencia de Israel no es su fortaleza numérica o militar, sino el Santo de Israel en persona. Es el Mesías, el siervo del Señor, quien es llamado el Santo de Israel. De modo que Jesucristo es la garantía de la subsistencia de Israel.

Ahora bien,¿Cómo hará Dios para restaurar a Su pueblo Israel?Ese asunto ya preocupaba a los judíos regresados de Babilonia. Dios les dio la siguiente respuesta, a través del profeta Zacarías: “Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”. En el Israel actual, a menudo se puede escuchar la idea de que, en definitiva, el conflicto con los palestinos no tiene solución. Aunque Israel es superior a sus enemigos en lo militar, no se logrará por el camino militar llegar a una decisión clara. Israel ha reconocido este hecho doloroso y actualmente busca una solución política. Pero ese no es el camino del cual habla la Biblia, sino que habla de una renovación espiritual, que sucederá a través del Espíritu de Dios. Con ese proceso, la Biblia combina la reconstrucción y la fertilización del país. Estos sucesos son relatados con gran efecto en Ezequiel 36:26-38, por ejemplo.

Cuando Dios el día de Pentecostés, en Jerusalén, derramó Su Espíritu sobre los apóstoles y sobre los creyentes reunidos, esto no resultó paralelamente en un tiempo fértil de bendiciones para la tierra y el pueblo de Israel, sino en la dispersión de los judíos y en la devastación de la tierra. Las Escrituras, en el texto antes mencionado y también en otros pasajes, hablan claramente de un derramamiento adicional del Espíritu de Dios sobre Su pueblo Israel, en conexión con la segunda venida de Jesucristo el siervo del Señor. De modo que sólo y únicamente Su venida traerá la restauración espiritual de Israel. Recién entonces se volverá realidad para Israel la totalidad de la bendición, a nivel terrenal y nacional. Lo mismo, por supuesto, también es válido para las naciones.

El siervo obediente de Dios.El Mesías es el único siervo de Dios contra quien ninguna acusación de infidelidad o de fracaso fue presentada. Él por voluntad propia tomó forma de siervo. Se rebajó a sí mismo y llegó a ser obediente hasta la muerte, es más, hasta la muerte de cruz. Como ya vimos al comienzo, la obediencia es una de las cualidades fundamentales que se espera de un siervo. Esa expectativa de Dios el Padre, acerca de la obediencia, Su Siervo Jesucristo la cumplió en forma perfecta. La consecuencia de la obediencia de Jesús tiene una tremenda dimensión. La misma es descrita en Hebreos 5:9:“… y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.”

Esa obediencia del siervo del Señor no solamente significa la salvación eterna para incontables seres humanos, que son obedientes a Él por la fe, sino que en definitiva también traerá restauración, y eterna gloria y paz, para Israel, el siervo desobediente.

Ahora veamos querido amigo, el llamamiento de los creyentes a ser siervos de Dios.De manera conmovedora, Pablo nos presenta en el capítulo 6 de la carta a los romanos lo que significa seguir a Jesús, también para aquel que bautiza en el nombre de Jesucristo. No nos debe asombrar que a los que siguen a Jesús se les pida, en primer lugar, obediencia. Pues nuestra obediencia decide a quien realmente pertenecemos, como lo dice Pablo en el versículo 16:“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”

La obediencia es la piedra de toque de la autenticidad de la fe en Jesús. El bautismo, del cual Pablo habla en este capítulo, solamente es una acción simbólica de lo que debe ocurrir con una persona que cree en Jesús, es decir el desechar, o quitar por lavamiento, el viejo hombre de pecado y ponerse el nuevo hombre en Cristo. Nosotros, como seguidores de Jesús, debemos ser conscientes de que tenemos un Señor, a quien nosotros pertenecemos como siervos y a quien nosotros le debemos obediencia como agradecimiento por lo que Él ha hecho por nosotros.

¿Sabe usted estimado amigo cuál es la bendición de la obediencia?.Antes de Su sufrimiento y muerte, Jesús estaba especialmente preocupado en concientizar a Sus discípulos de que lo más importante es la obediencia. Todo el capítulo 15 del evangelio de Juan está dedicado a ese tema. Jesús no solamente exhorta a sus discípulos a obedecerle, sino que los amonesta a permanecer en Él. Con eso, Él quería enseñarles algo mucho más profundo. La obediencia a Él no debe basarse en el temor, sino en el amor. A eso se refiere cuando habla de “permanecer en Él”.

Como ejemplo de Su relación con sus discípulos, Jesús mencionó Su relación con el Padre celestial:“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”(Jn. 15:10). El guardar Sus mandamientos, nos es algo que se debe hacer por presión, sino por amor a Él. Aunque Él sea nuestro Señor y Maestro, no quiere que nuestra relación con Él sea algo presionado, como en el caso de un señor terrenal y su siervo, sino que se establezca como una relación entre amigos. Por eso, Él dice en el versículo 14:“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.”Esa íntima relación también es la base de una vida de fe plena, de modo que Jesús puede decir:“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Si ese es el caso en nuestra vida, no pediremos nada de Él que contradiga Su palabra y, con eso, Su voluntad.

El desafío más grande que Dios pone delante nuestro es el llamado a obedecerle. Nosotros solamente podremos cumplir con esa misión, si Le amamos a Él por sobre todas las cosas. En esto se encuentra escondido el secreto de la bendición. Jesús, el siervo de Dios, también en eso fue un ejemplo para nosotros. A través de ese amor, el siervo obediente del Señor, llevará de vuelta a Israel, el siervo desobediente, a la posición de bendición a la cual Él ha llamado a Su pueblo desde el comienzo.

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