Intolerancia 1/2

Titulo: “Intolerancia” 1/2

Autor: MarcelMalgo 
Nº: PE1093

La intolerancia es uno de los problemas más visibles en nuestras iglesias en estos tiempos. Descubra cómo combatirla de la mejor manera!


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“Intolerancia” 1/2

Querido amigo, los verdaderos cristianos no pueden ser tolerantes cuando se enfrentan a pecados evidentes. Pero si evitan el contacto con otros hermanos en la fe, solamente porque estos no son de su denominación, comunidad o misión, entonces son intolerantes.

¿No es justamente esa nefasta tolerancia la que abre más de una brecha dentro de la iglesia de Jesús? ¡Tantas cosas han llegado a ser “normales” entre los cristianos! Cosas que la Biblia no encuentra nada normales; ciertas maneras de comportamiento que no tienen nada que ver con Jesucristo, pero que en nuestros días se han convertido en costumbre. Acerca de estos temas ya se han escrito muchos folletos y libros.

Pero, mi estimado amigo, la intolerancia no es menos peligrosa, ya que la misma también ha causado ya mucho daño entre los cristianos. Y eso ya comenzó cuando el evangelio todavía se encontraba en sus comienzos. Y partió, justamente, de aquel apóstol que más adelante llegó a ser conocido como el “discípulo preferido” de Jesús, dice la palabra:“Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía”.

Aquí nos enfrentamos a un clásico ejemplo de intolerancia cristiana, ya que Juan no fundamenta su proceder diciendo: “… porque noteseguía”, sino:“… porque nonosseguía.”Naturalmente, podemos estar casi seguros que Juan con el “nos” se refería no solamente a sí mismo y a los demás discípulos, sino también al Señor. ¿Pero no es verdad que aquí se vislumbra un poco de la actitud: “¡Señor, si no se une a nosotros, a nosotros los discípulos que te seguimos a ti, entonces más vale que se desaparezca del mapa!”? ¿No es cierto que en estas palabras escuchamos la acusación: “Señor, éste va por un camino diferente al nuestro, así que él no puede pertenecer a nuestro grupo”? Y pareciera que ése realmente era el caso, ya que el Señor Jesús le contesta a Juan:“No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagros en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es”(Mc. 9:39-40). ¡Qué lección la que el Señor le dio aquí a Juan!

Veamos mi querido amigo, un extremo de intolerancia.-

Entre los creyentes reina una intolerancia espiritual sin par. Marcel Malgo cuenta que un día un hermano dijo: “La familia tal y tal últimamente está visitando las reuniones del Pastor B. ¡Cómo han descendido en el camino espiritual!” Marcel, sabía que el Pastor B. era un hombre piadoso y amable, que predicaba la Palabra de Dios de todo corazón, de modo que seguramente usted comprenderá cuando digo que: ¡Aquí se ha llegado a un extremo de intolerancia!

Querido amigo, ¿Por qué ese hermano dijo eso acerca del Pastor B.? Porque él mismo realizaba una bendecida obra para el reino de Dios. Pero él y el Pastor B. nunca habían llegado a tener una cooperación directa, y eso lo molestaba.

A la pregunta de Juan, el Señor Jesús contestó:“el que no es contra nosotros, por nosotros es”. ¡Qué bueno sería si los cristianos, y entre ellos en especial los pastores y obreros, pudieran comprender que todos nosotros – si estamos en el camino espiritual correcto – tiramos del mismo carro! ¡Cuántas cosas dentro de la iglesia de Jesús podrían ser diferentes, si ése fuera el caso!

Entiéndame bien: De ningún modo hablo de algún tipo de ecumenismo, o de una unidad barata a cualquier precio, sino del hecho de que además de nosotros existen muchos hermanos y hermanas que están en el mismo Espíritu. Recordemos tan solamente a Elías. Después de que él le dijo al Señor:“… los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; ysólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”(1 R. 19:14), el Señor le dijo:“Yo hice que quedaran en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron”(v. 18). En otras palabras: “Elías, existe toda una multitud de otras personas que piensan igual que tú; que son tan fieles como lo eres tú; que Me aman del mismo modo como me amas tú; sólo que – tú no los ves, Elías, ¡y ése es tu problema!”

¡Qué bueno sería si pudiéramos aprender a ver más allá de la punta de nuestras propias narices! Porque quizás, entonces, entraríamos en contacto con personas de las cuales en el momento no sabemos nada todavía. Pero, como muchas veces andamos con anteojeras espirituales, diciendo por ejemplo: “Este hermano no lee nuestra revista y aquella hermana no participa en nuestras reuniones – por eso no queremos tener nada que ver con ellos”, a menudo esparcimos más daño que bendiciones.

Naturalmente que tenemos que ser un tanto selectivos, ya que la misma Biblia nos lo exige con claridad. No debemos, por ejemplo, tener ningún tipo de comunión con hermanos en la fe que, conscientemente, viven en graves pecados por un tiempo prolongado.

Pero cuando se trata de hermanos y hermanas que piensan igual que nosotros, que oran de la misma manera que nosotros, entonces deberíamos darles la mano, aun cuando ellos no acudan a nuestras reuniones. Seguramente, fue eso lo que Pablo quiso decir cuando escribió lo siguiente, a los cristianos en Éfeso:“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.

Pero cuán a menudo no hacemos esto, sino más bien lo que hizo Juan: Rechazar a alguien que no va por un camino exactamente igual al nuestro. Y eso que muchas veces puede que se trate de un hermano, o de una hermana, de quien nosotros podríamos aprender muchas cosas.

Estimado amigo, quisiera volver a enfatizar que existen situaciones donde uno ya nopuedecontinuar junto a alguien, por el hecho que la Biblia nos lo ordena en forma muy clara. Pero, cuando se trata de hermanos y hermanas “cuyas rodillas tampoco se doblaron ante Baal”, como le fue dicho a Elías, pero quienes aun así no se han unido a nosotros, ¿deberíamos entonces evitarlos como si fueran venenosos? Naturalmente que no; más bien debemos acercarnos a ellos y reconocerlos como hermanos y hermanas en Jesús.

¿Qué sucede si no hacemos esto, si sencillamente no estamos dispuestos a aceptar que existen otros hijos de Dios que tienen la misma manera de pensar, aun cuando ellos no se hayan unido directamente a nosotros? Podría suceder que nos endurezcamos espiritualmente; hasta el grado de quizás comenzar a hablar de ellos en forma denigrante, y hasta expresar juicios indebidos contra ellos.

Queramos aceptarlo o no, también esta debilidad de carácter se podía encontrar en el apóstol Juan en el principio de su discipulado, ya que él en ese momento no solamente demostró tener esa intolerancia, de la cual hemos hablado y que fue muy claramente rechazada por el Señor, sino que él también podía juzgar con una dureza increíble.

Querido amigo, veamos ahora la finalidad para la cual fue ideada la disciplina en la iglesia

En dos pasajes, el Nuevo Testamento habla, en forma inequívoca, que debemos separarnos de un creyente que vive conscientemente en pecado: 

Dice la palabra de Dios“Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”(1 Co. 5:11).

“Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros”(2 Ts. 3:6).

¡Si los cristianos actuáramos más de acuerdo a estas palabras, por duras que parezcan, habría menos problemas y catastróficas y penosas situaciones en las iglesias!

Pero, ¿será que ser firmes en la disciplina en la iglesia también significa declarar muerte y perdición, en todo el sentido de la palabra, sobre algún hermano o hermana caídos? ¿Qué uno, en cierto sentido, les niegue toda salvación en Cristo, toda posibilidad de arrepentimiento y de cambio? Naturalmente que no. ¡Eso ni siquiera lo hacía Pablo, que era tan severo! Aunque, en cuanto a disciplina en la iglesia, a muchos les gusta recordar a Pablo, quien en un caso de muy grave prostitución en la iglesia de Corinto, escribió a los responsables de dicha iglesia que“el tal sea entregado a Satanás”. Más allá de la autoridad apostólica de Pablo, porque él no solamente escribió lo recién dicho, sino que también escribió lo siguiente:“… el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”(1 Co. 5:5). De modo que Pablo tenía una sola meta con su fallo tan severo sobre aquel pecador: ¡Esa persona tenía que llegar a ser salva! Una forma así de pensar, debería ser parte indispensable de un verdadero cristiano. Aun cuando se trate de los casos más extremos, la salvación de la persona caída siempre debe ser la prioridad número uno. Que siempre busquemos la dirección de Dios en cuanto a estos temas.

Estimado amigo, querida amiga, le invito a seguir con esta meditación Bíblica en el próximo programa. ¡Dios le bendiga ricamente y le de entendimiento!

La lucha contra el Ungido 3/3
Intolerancia 2/2

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