Golpe tras golpe (2ª parte)

Golpe tras golpe
(2ª parte)

Autor: Wolfgang Bühne

Ezequías tuvo que aprender dolorosamente que en los tiempos de crisis, cuando la fe es puesta a prueba, todas las ideas para ayudarse a sí mismo no son apropiadas para salir del apuro. Además, el conocimiento de su muerte próxima cambió de golpe su situación. ¿Qué había que ordenar aún en su casa, antes que fuera demasiado tarde?

 


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PE2069 – Estudio Bíblico
Golpe tras golpe (2ª parte)



¡Qué tal amigos! El conocimiento de su muerte próxima había cambiado la situación de Ezequías y habíamos quedado con la pregunta: ¿Qué había que ordenar aún en su casa, antes que fuera demasiado tarde?

¿Había cosas en su matrimonio que debía aclarar y por las que debía pedir perdón? A este respecto sólo sabemos que su mujer se llamaba Hepsiba, lo cual se menciona después de la muerte de Ezequías, y que ella era la madre de Manasés (según consta en 2 Re. 21:1). No conocemos su procedencia, y su nombre significa “mi deleite está en ella” – pero ¿qué nos podrá decir esto sobre su matrimonio?

En el momento de tener que ordenar su casa, parece ser que aún no tenían hijos. Aunque en este punto difieren los comentaristas. La mayoría, no obstante, piensa que Manasés, el sucesor al trono, quien empezó a reinar con 12 años, nació después. En este punto, por lo tanto, no habría mucho que ordenar, excepto la cuestión preocupante de quién sería rey después de Ezequías.

– ¿Había problemas sin solucionar con los empleados?
– ¿Había facturas aún sin pagar u otras cuentas que saldar?
– ¿Habría cosas en sus cámaras privadas, que debía destruir antes de morir y que nadie habría sospechado ver en el Reformador Ezequías?

No lo sabemos. Pero, por experiencia sabemos que aparentemente es más fácil reformar al pueblo de Dios y la casa de Dios que la propia casa. El celo por el Señor y su causa termina, a menudo, delante de la puerta de nuestra propia casa.

Dentro de nuestras cuatro paredes queda de manifiesto lo vacías e hipócritas que son a menudo nuestras predicaciones y nuestras palabras piadosas en otro entorno. “Luz en la calle y oscuridad en la casa.” ¿No nos ocurre esto muchas veces en nuestra vida privada?

¿Qué se dirá de nuestra vida matrimonial y de la educación de nuestros hijos, si aun de un hombre tan bendecido como A.W. Tozer leemos cosas desfavorables? En la gran biografía que escribió Lyle W. Dorsett, se nos relata que: “Por numerosas y quizás enrevesadas razones, Aiden Tozer tenía cada vez más tiempo para otras personas, pero no para sus propios hijos e hijas…” O también: “… todos estaban convencidos de que amaba a su mujer. Pero la hirió profundamente y parece ser que eso ocurrió durante toda su vida matrimonial”.

¿Dónde está el fiador?

Mientras se alejaban los pasos del profeta, vemos en 2 Re. 20:3 a un rey que se enfrentaba a la muerte. “Entonces él volvió su rostro a la pared” y oró con gran llanto:

“Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan”.

Por lo que se dice de Ezequías en Isaías 38:10 al 20, sabemos que su oración no consistió solamente en esta única frase, que nos huele un poco a alabanza propia. Pero no fue así, en su lecho de muerte él fue consciente de sus pecados y sabía que sin un “fiador” no podía ser aceptado delante de Dios. La versión de ese pasaje, de la Biblia alemana de Elberfeld, dice así:

“Desfalleciendo alzaba en alto mis ojos: Oh Jehová estoy en calamidad, sé tú mi fiador. ¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. […] He aquí, la aflicción amarga se me tornó en salvación: amorosamente libraste mi alma del hoyo de destrucción, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados”.

En esta oración, tan conmovedora, vemos las luchas y penas que sufrió Ezequías ante el anuncio de su muerte temprana.

No obstante, parece ser que estas luchas intensas ocurrieron dentro de un período de tiempo relativamente corto.

Después de visitar a Ezequías en su enfermedad, Isaías aún no había llegado a su casa, cuando Dios le mandó volver y darle al rey las buenas nuevas. Así leemos en 2 Re. 20:5: “Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová”.

Dios, además, le prometió otros 15 años de vida y la liberación de manos de los asirios. Finalmente, Isaías mandó poner masa de higos sobre la llaga de Ezequías – “y sanó.” Dios puede hacer que sanemos con una sola palabra, pero a menudo utiliza a los médicos, los medicamentos, o, como en este caso, masa de higos.

En presencia de Isaías fue curada la llaga de Ezequías, y podemos imaginarnos un poco el cambio de emociones que vivió el rey en aquellas horas. Hacía un momento estaba lleno del terror de la muerte, y ahora había en él alegría exuberante y agradecimiento por el perdón de su culpa y la tremenda promesa de poder vivir otros 15 años.

En semejantes situaciones solemos prometer el ´oro y el moro´:
“Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma. […] El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; […] cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida” (así leemos en Isaías 38:15, y 19 y 20).

Los acontecimientos posteriores en la vida de Ezequías nos han de mostrar que tales votos e intenciones sinceras no son de mucho peso, si la gracia de Dios no obra su cumplimiento.

Lo que nos asombra es que Ezequías pidiera una señal. Quiere una prueba visible de que las promesas de Dios se van a cumplir. ¿Era poca fe, o se revela aquí una nueva confianza de Ezequías en el poder y la gracia de Dios? Dios le concede su petición y el rey puede escoger: ¿querrá que avance la sombra del reloj de sol, o que retroceda?

Es interesante que aquí se use el reloj de sol de Acaz, para darle a Ezequías la certidumbre mediante una señal sobrenatural.

Justamente a este rey impío (el padre de Ezequías) Dios le había dicho, hacía años, lo siguiente por boca de Isaías:

“… Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará señal…” (esto leemos en el cap. 7:10 al 14 del libro de Isaías).

¿Habrá que decir que todo “se lo llevó el viento”?

Dios quiere darnos certeza, y nosotros le somos “molestos” si no le damos la ocasión de poner a prueba Su omnipotencia en determinadas situaciones.

Ezequías escogió lo difícil, es decir, que la sombra retrocediera. Él sabía por su experiencia cotidiana, que las cosas están sometidas a la ley de la entropía: todo pasa, se pasa, se deshace con el tiempo. Sabía que el sol estaba sometido a las leyes naturales y que jamás retrocede. Dejar retroceder la sombra del reloj de sol – eso sólo podía hacerlo el Creador del universo, el Señor de las leyes naturales.

Y eso precisamente fue lo que ocurrió: La sombra del reloj de sol de Acaz retrocedió diez grados. No sabemos en qué forma solucionó Dios el problema. Él puede detener el sol como en la vida de Josué y también hacer retroceder el tiempo.

Esto debería ser una importante lección espiritual para nosotros: Si entendemos bien las profecías de la Biblia, entonces contamos con que, en la sociedad y en la cristiandad, todo irá a peor y cada vez más rápidamente. Pero, de esta historia (y también de la historia de la Iglesia) aprendemos, también, que con la oración y la obediencia podemos dar a Dios la oportunidad no sólo de frenar la decadencia y la caída de la cristiandad, sino de invertir esta tendencia.

Aun en los últimos tiempos, Dios puede intervenir y vivificar espiritualmente, dando un avivamiento, al menos por un breve espacio. Esto nos da esperanza para cada uno de nosotros y para nuestras iglesias. Los grandes avivamientos en los tiempos de Ezequías y Josías, en los últimos tiempos de Israel, son una prueba de ello.

Recordemos las palabras del misionero pionero William Carey (quien vivió entre 1761 y 1834): “Espera grandes cosas de Dios.. (dijo)… Emprende grandes cosas para Dios.”

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