Éxito o Bendición

Éxito o Bendición 

Autor: Wim Malgo

 ¿Bendición divina o éxito humano? ¿Qué es lo que perseguimos en nuestra vida?  Si examinamos bien la vida de Jesús, vemos que el rechazó resueltamente el camino del éxito. ¡Escuchemos atentamente por qué lo hizo!


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PE1876 – Estudio Bíblico  –  Éxito o Bendición



Estimados amigos, para comenzar leemos enIs. 53:3, acerca de Jesús, que Él: “Fue despreciado y desechado…”

Cuando consideramos cómo el Señor Jesús desempeñó Su ministerio, vemos que rechazó resueltamente el camino del éxito.Los milagros que hacía eran bendiciones, sin embargo, El prohibía a los bendecidos contárselo a otros, para que la bendición no degenerara en éxito(podemos leer, por ej. Mr. 1:44; 3:12, etc.). La bendición es divina, el éxito es humano; la bendición permanece, el éxito es pasajero! Si alguien me desea mucho éxito para mi servicio, eso me oprime el corazón, porque conozco la vanidad del éxito. ¿Qué persigues tú en tu vida?

Si miramos atrás, a los años pasados, hay cinco preguntas que queremos hacernos en cuanto al éxito o la bendición:

En primer lugar, examinemos este caso: ¿Un pobre rico o un rico pobre?

En Proverbios 13:7 dice: “Hay quienes pretenden ser ricos, pero no tienen nada; y hay quienes pretenden ser pobres,pero tienen muchas riquezas.” ¿Has tenido éxito en tus negocios? ¿Has podido acumular riquezas y construir casas? ¿Por qué, a pesar de todo, en tu corazón todo es desierto y vacío? ¡Porque si bien has tenido éxito, no has tenido ninguna bendición! ¿No oyes las palabras de Jesús de Mt. 16:26: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su alma?”? Hombre exitoso, tu vida se va consumiendo, y a pesar de esto te aferras desesperadamente a tu éxito, que es pasajero. Pero, te falta la bendición que permanece, que es la salvación de tu alma por la preciosa sangre de Jesús.

Quizás muchas veces te hayas reído de los”insensatos” que son ricos en su Dios. Pero, un día, ya no podrás pasar por alto el llamado del Dios vivo: “¡Necio! Esta noche vienen a pedir tu alma; y lo que has provisto, ¿para quién será?” (así leemos enLc. 12:20.) ¡Huye ahora de tu miserable éxito y corre hacia el eterno Bendecidor, que quiere bendecirte con bienes permanentes (según Su Palabra de Ef. 1:3)!

En segundo lugar, examinemos otro caso: ¿Justicia terrenal o justicia celestial?

¿Has tenido éxito en tus esfuerzos morales?¿Eres una persona recta, que no causa daño a nadie? ¿Eres un fiel padre de familia, una buena madre para tus hijos? Si es así, eres una persona exitosa desde el punto de vista moral. Tienes prestigio delante de los hombres, pero no delante de Dios, pues Su Palabra dice en Isaías 64:5: “… todas nuestras obras justas son como trapo de inmundicia…” Tu justicia desaparecerá como la nieve bajo el sol, tan pronto como mueras. Pero Su justicia, la que tiene validez delante de Dios, permanecerá por la eternidad (justicia de la cual leemos en Ro. 3:24 y 25). ¿Tienes éxito o tienes bendición? ¿Tienes tu yo piadoso como justificación ante Dios, o tienes a Jesús, quien sangró por ti,como tu justicia (la justificación que menciona 1 Co. 1:30)? ¡El éxito es pasajero, la bendición permanece eternamente!

En tercer lugar, examinemos un caso másaún: ¿Entusiasmo u obra del Espíritu?

Con el corazón oprimido, tenemos que ver como el demonio del éxito se ha apoderado de la Iglesia de Jesús y, de hecho,del trabajo en la viña del Señor. Existe una vehemente lucha de competencia, y lo terrible es que el éxito, muchas veces puramente humano, producido por una  perfecta organización y propaganda, y dotado de las necesarias cifras y estadísticas, es explotado como bendición de Dios. ¡Arrepiéntanse, los que han descendido a ese nivel! He tenido que aprender lo fácilmente que podemos descender, sin darnos cuenta de ello, hasta el embriagador camino del éxito, y con cuánto gusto queremos contribuir, con una hábil propaganda, a la obra del Padre de llevar las almas hacia el Hijo. Y, ¿qué queda? ¡Fuego de paja que prontos e extingue! Por eso, ¡clamamos al Dios vivo por Su bendición, por Su intervención en los corazones, pues solamente Su obra permanecer! Nuestra propia obra es pasajera. En realidad, si perseguimos el éxito nos vamos deslizando hacia el camino del anticristo, el más perfecto organizador y propagandista, que será victoreado y adorado por el mundo entero (de lo cual leemos en Ap. 13:8 y 15).

Mis hermanos y hermanas en el servicio del Señor, les pregunto con temor y temblor a cada uno de ustedes: La bendición de tu servicio, ¿ya ha degenerado en éxito? Solamente la oración persistente obtiene la bendición que permanece para siempre y extirpa el éxito, que ciega y engaña.

En cuarto lugar, otro caso y otra pregunta:¿Sabiduría humana o sabiduría divina?

En 1 Corintios 1:27 al 29, leemos:”… Dios ha elegido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo Dios ha elegido para avergonzar a lo fuerte. Dios ha elegido lovil del mundo y lo menospreciado; lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte delante de Dios.” ¿Eres un hombre culto porque has estudiado muchos años? ¿También tus hijos han tenido una enseñanza superior?¿Por qué, pues, estás envanecido por esto? ¿Por qué tu erudición te lleva a una repugnante vanidad? ¿Por qué‚ tus hijos, en cuya educación has gastado mucho dinero, no quieren saber nada del Evangelio? Tú, que eres pastor o teólogo, y salvaste tus exámenes con muchísimo éxito, ¿por qué no tienes ningún poder efectivo en tu predicación? Porque has buscado el éxito y no la bendición;porque te has colmado de sabiduría humana, pero no tienes la sabiduría divina,que transforma los corazones humanos.

¿Dónde, pues, puedes recibir esta sabiduría? Encuentras la respuesta en Proverbios 9:10: “El comienzo de la sabiduría es el temor de Jehovah, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” Esta sabiduría no la encuentras en los libros, este”conocimiento del Dios santo y el temor de Él”, no lo puedes estudiar. ¡No! Sino que esta bendición divina, en lugar del éxito humano, la encuentras solamente en el desmoronamiento de tu vieja naturaleza en la presencia del Crucificado en el Gólgota. Allí, en ese madero de maldición y de oprobio, encuentras la eterna sabiduría de Dios en Jesucristo, nuestro Señor.Allí tú te conviertes en algo nulo, en nada, ¡pero es allí donde El puede llegar a ser todo, en y a través de ti!

En quinto y último lugar, nos preguntamos:¿Maniobra o batalla?

Hijo de Dios, ¿experimentas la bendición delas batallas victoriosas contra el poder de las tinieblas, o se parece tu vida de fe a una maniobra exitosa, a un esquivar el conflicto con el enemigo? Tienes éxito en tus esfuerzos por permanecer fiel a tu iglesia, hacer sacrificios,amar a tu prójimo, pero – sé sincero – ¿no hay, con todo, una profunda insatisfacción en tu corazón? La Escritura dice en 2 Ti. 2:5: “… si algún atleta compite, no es coronado a menos que compita según las reglas”.

¿Por qué, pues, temes la batalla, y por qué degenera tu vida de fe de una victoriosa batalla a un inofensivo maniobrar,para que de alguna manera puedas salir de apuros? ¡Es porque no crees en la victoria de Jesús! Piensas que tienes que obtener una victoria en tu debilidad.Con una mortífera satisfacción de ti mismo, amas la vida cómoda con tu yo en el centro, aunque millones de personas se están hundiendo en una noche eterna sin Cristo, en las garras del diablo. ¿No oyes sus gritos de angustia? ¿Puedes quedarte sentado en casa, sin hacer nada, sin luchar? ¿No oyes como nuestro Rey Jesucristo nos llama a la batalla con las palabras de Is. 35:3:”Fortaleced las manos débiles; afirmad las rodillas vacilantes”?¡Contribuyan, sin demora, a llenar el mundo con el Evangelio! Pronto estaremos delante de Su trono, cuando Él, el Señor de la casa, regrese; y tendremos quedarle cuenta de lo que hemos hecho con los “talentos” que nos fueron confiados. ¿Éxito o bendición – maniobra o batalla?

El Señor mismo te llama a Su servicio real.El, el Dios Uno y Trino, pregunta: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?” (así leemos en Is. 6:8). Dile, pues, ahora: “¡Heme aquí; envíame a mí! ¡Estoy dispuesto!” Amén.

 

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