Eterna Gloria (2 de 2)

Título: Etena gloria (2 de 2)

Autor: Marcel Malgo
PE1453

„Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.” Mientras que la primera parte de este versículo habla de la vida del creyente aquí en la tierra, la segunda trata de la eterna gloria.¡Poder estar eternamente con su Redentor y Salvador Jesucristo, es la esperanza más gloriosa de todos los hijos de Dios!


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¿Cómo están amigos? En el programa anterior hablábamos de que los cristianos renacidos vivimos muy cerca del cielo. Que en realidad, solamente estamos esperando que se abra la puerta, y entonces entraremos a nuestra patria eterna. Y que esto puede suceder en cualquier momento, ya sea por la muerte o por el arrebatamiento, cuando la Iglesia sea llevada de esta tierra.

Veamos ahora, algo de los sufrimientos de este tiempo a la luz de la gloria eterna.

Seguramente nos llena de gran alegría y de nuevo ánimo el hecho de que nosotros, como hijos de Dios, vivamos muy cerca del cielo. Por eso tendríamos que hacer lo mismo que David y Pablo, pensar mucho en el cielo y hablar de él con gran confianza. Cuando Pablo, que día a día vivía en extremas aflicciones (como podemos ver en 2 Corintios 11:23 en adelante; y en Ro. 8:36), contempló sus sufrimientos terrenales a la luz de la gloria eterna, escribió, en su carta a los Romanos, cap.8 vs.18:„Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Y en su segund carta a los corintiios, cap. 4, vers. 17 y 18, dijo así:„Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. También Pedro dijo a sus lectores, refiriéndose al hecho de nuestra comunión eterna con el Señor en el cielo:„En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”(así lo leemos en el cap. 1, vers. 6). Es verdad que actualmente vivimos „afligidos en diversas pruebas”. Pero un día nos alegraremos con un gozo indecible, cuando estemos con Jesús. ¡Por eso, ya hoy podemos esperar con gozo y confianza el día en el cual todo esto se cumplirá!

Te has preguntado: ¿Dónde pasarás la eternidad?

No solamente las personas ancianas o incurablemente enfermas se encuentran a las „puertas de la eternidad”, sino que también todos los cristianos renacidos viven allí. Es su ambiente espiritual. ¿Ya te encuentras a las puertas del cielo? ¿Puedes decir con seguridad, si hoy la muerte te alcanza, que entrarás a través de esa puerta a la gloria eterna? ¿O tienes que constatar, con temor, que todavía estás a las puertas del infierno? ¡Si no has nacido de nuevo, ése es efectivamente tu caso! Entonces, puedes hacer solamente una cosa: ¡Deja que hoy mismo que Jesucristo te salve, y enseguida serás trasladado a las puertas del cielo! Si has dado este paso de fe, entonces, cuando seas llamado de este mundo a la eternidad, entrarás por las puertas del cielo a la gloria eterna. Pues, todos los poderes del infierno ya no tienen ningún derecho sobre tu vida, porque perteneces a la Iglesia de Jesucristo, de la cual leemos en Mt. 16:18 que el Señor Jesús dijo:„… y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Las puertas del Hades no podrán prevalecer contra ti, pero solamente si estás a salvo a las puertas del cielo, por haber aceptado la poderosa salvación por medio de la sangre de Jesús.

Vamos a analizar qué es el caminar con Dios.

El hecho de recibir a Jesucristo en el corazón y en la vida, llegando así a ser un hijo de Dios (como lo afirma Jn. 1:12), es un lado de la cruz: ¡Jesús murió por mí! Pero, el otro lado de la cruz, que está inseparablemente ligado a éste, es: Yo muero con Jesús, así como lo dice, entre muchos otros pasajes, Gálatas 2:19-20:„Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”Está hablando aquí de nuestra vida diaria, de nuestro diario caminar.

En la cortísima biografía de Enoc vemos cómo podemos lograr esto. Leemos acerca de él, en Gn. 5:24, que:„…le llevó Dios”. O que:„Dios se lo llevó”(según la versión de la BdA). Enoc es un ejemplo de cómo un ser humano puede ser trasladado en un instante a la casa gloriosa del Señor, para permanecer allí para siempre. Lo que le pasó a Enoc, le pasará un día a cada hijo de Dios, no importa si muere o si es arrebatado: Dios se llevará a cada uno de Sus hijos en un instante.

Enoc vivía concientemente preparado para el día de su arrebatamiento. Su manera de vivir nos enseña cómo debería ser nuestra vida diaria, para que Dios pueda llevarnos un día con gozo también a nosotros. Lo que caracterizaba la vida de Enoc, debería encontrarse también en nuestras vidas. Leemos lo siguiente acerca de él:„Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Ycaminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”.

Seguramente no es casualidad que esta breve biografía mencione dos veces el hecho de que Enoc caminaba con Dios. Dios mismo quiso que esta importante declaración fuera trasmitida dos veces. Y no es de asombrar, pues no hay indicio mejor de cómo tendría que ser la vida de un cristiano renacido que el testimonio de Enoc, de cómo él caminaba con su Dios.

¿También caminas con Dios, preparándote así para el día en que entrarás a la morada celestial? Esto es muy importante, pues seguramente quieres estar preparado para cuando el Señor Jesús te lleve con Él, ya sea en tu muerte o en el arrebatamiento.

¿Qué es lo que impide el caminar con Dios?

El que realmente quiere caminar con Dios, ya no puede flirtear con su vida pasada, sino que debe renunciar una y otra vez concientemente a todo lo pecaminoso. Al respecto, Pablo les escribe a los creyentes de Éfeso, en el cap. 4, vs. 22 de su carta:„En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. Parece que allí habían personas que, si bien eran cristianos convertidos, no se habían despedido completamente de su vieja vida, de manera que el apóstol tuvo que exhortarlos seriamente. También para nosotros, como hijos de Dios, es válida esta verdad: Si no hemos cortado de todo corazón con la vida pasada, es imposible que podamos caminar con Dios. Pues entonces estaremos demasiado ligados a la vida terrenal y no podremos decir, como David, con gran confianza:„En la casa de Jehová moraré por largos días.”

Otro impedimento para poder caminar con Dios es la avaricia. Por eso, en He. 13:5, se nos exhorta:„Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”. ¿Por qué se menciona aquí solamente la avaricia (o como se puede traducir también: el amor al dinero), ya que existen muchos otros pecados, como mentir, engañar, etc., que impiden el caminar con Dios? Según la Biblia, la avaricia es un pecado con consecuencias trascendentales, pues es llamada en 1 Ti. 6:10 la raíz de todos los males:„Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. El que es avaro, daña fuertemente su propia fe, pues abre para sí una puerta que lo lleva a otros males. Es imposible que una persona avara camine con Dios, y menos aún pueda experimentar el gozo anticipado de poder estar un día para siempre en la casa de Dios.

El avaro adora el dinero. Encontramos al respecto unas estremecedoras y serias palabras, en la carta a los efesios, cap.5, vs. 5:„Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”. Se habla aquí de fornicación, inmundicia y avaricia, pero solamente del avaro se dice que es idólatra. Por supuesto, esto no significa que la fornicación o la inmundicia sean menos pecaminosas que la avaricia. ¡No! Pues pecado es pecado. Pero se dice claramente que la avaricia realmente es la raíz de todos los males, una especie de archi-pecado.

¿Qué favorece el caminar con Dios?

La Biblia no solamente nos muestra los impedimentos (los pecados) que bloquean nuestro caminar con Dios, o directamente lo imposibilitan, sino que también es el mejor indicador para una vida de comunión con Dios. Santiago escribe:„¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre”. La buena conducta, el caminar con Dios, depende, pues, de dos importantes características: mansedumbre y sabiduría. Jesucristo exhortó a Sus discípulos, diciendo:„… aprended de mí, que soy manso…”. Y el que nota que tiene un déficit de sabiduría, pida a Dios que supla esta carencia, como dice Stg. 1:5:„Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.

Para caminar con Dios, necesitamos mansedumbre y sabiduría, porque nos movemos en este mundo como ovejas del Buen Pastor en medio de los lobos. Por eso, en Mt. 10:16, leemos que el Señor Jesús les dijo a los doce discípulos en aquel entonces:„He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”. Ser „prudentes como serpientes”, se refiere a la sabiduría y „sencillos como palomas”, es una imagen especial de la mansedumbre. Por eso, hacemos bien en aprender mansedumbre de nuestro Señor Jesús y en pedir a Dios que nos dé sabiduría. Estas dos características prosperarán fuertemente nuestro caminar con Dios en este mundo. De esta manera seremos hijos de Dios que esperan con alegría la patria eterna en el cielo y pueden dar testimonio de su gozo:„En la casa de Jehová moraré por largos días”(como dijo David en el Sal. 23:6), y como Pablo dijo también con gozo en 1 Ts. 4:17 :„… así estaremos siempre con el Señor”.

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