Escuche la Palabra del Señor (2ª parte)

Escuche la Palabra del Señor

(2ª parte)

Autor: Thomas Lieth

Veremos en este mensaje que Moisés articula su más profundo anhelo, que es, a su vez, el deseo inexpresado de cada ser humano. Este deseo del corazón del hombre atraviesa, como un hilo conductor, toda la historia de la humanidad.



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PE1759 – Estudio Bíblico
Escuche la Palabra del Señor (2ª parte)



Hola amigos! Terminamos el programa pasado diciendo que la Palabra de Dios siempre tendrá valor y nunca pasará. Pero, que es una pena que para algunos cristianos valga más la palabra de un ser humano, que la eternamente válida, viva y verdadera Palabra de Dios.

Lo importante no es que a uno le guste la Palabra, o cómo ella está escrita (de manera lírica o poética, emocionante, o históricamente interesante). Se trata de mucho más que esto: Vida y muerte, cielo e infierno dependen de la Santa Biblia, porque la fe – sin la cual nadie se salva – proviene de la Palabra (como leemos en Ro. 10:17).

En consecuencia, la Biblia es un libro importantísimo, un libro vital. ¡Cuánto duele ver cuando este libro es poco usado, o dejado a un lado, volviéndose polvoriento y amarillento, o cuando muchas veces se lo ve destruido o quemado! Las personas que tratan a la Biblia de esta manera son como los psicópatas que fusilan a su propio cirujano, pensando que se pueden salvar a sí mismos.

Conociendo la importancia de este libro, no nos queda duda por qué el autor de Hebreos nos exhorta y nos anima de una manera tan urgente a guardar y retener lo que Dios nos revela en Biblia. Recuerden: Esta palabra es fiable ciento por ciento, sin dudas, porque es la Palabra de Dios.

¿Puede ser que usted esté desesperado, agotado, solitario o desalentado? Por qué no tomar en serio la Palabra de Dios que, entre otras cosas, dice en 2 Co. 4:8 al 10:«… estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos». Hay otras promesas como éstas, por ejemplo en Mt. 11:28:«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». Puede ser que usted ya haya escuchado estas frases muchas veces, posiblemente hasta las sepa de memoria. Pero, ¿también las cree, las toma en serio y las guarda? ¡Hágalo, pues la Palabra de Dios es válida para siempre! El consuelo, las promesas, la fidelidad y el amor de Dios, también son válidos para usted, justamente ahora que se encuentra en una situación, aparentemente, sin salida.En Hebreos 2:2, dice:«Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme… » ¿Qué significa esto? ¿Cuál fue la palabra dicha por los ángeles?

Consultemos Hechos 7. Es allí donde Esteban se defiende ante el consejo supremo. En su discurso, se refiere a la historia de los israelitas, y así leemos en los vers. 37 y 38:«Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este esaquelMoisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos».¿Qué fue lo que le fue entregado a Moisés por los ángeles en el monte Sinaí? Las tablas de la ley (lo podemos ver en el v. 53). En Gálatas 3:19, Pablo dice:«fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador». Al principio, hemos notado que Jesús en Hebreos 1 es descrito como alguien más alto y sublime que los ángeles. Sin entrar en detalles sobre la ley, podemos decir lo siguiente: La palabra del Hijo – la buena noticia de la gracia – es mucho mejor y tiene mayor valor que la palabra de los ángeles – la ley. En otras palabras: Jesús es más alto que los ángeles, y esto significa, también, que ¡la gracia es mejor que la ley!

Nuestro texto, en He. 2:2, dice que cada violación de la ley implica una consecuencia justa:«… y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución». La ley le demostró a los hombres que no es posible encontrar salvación por sí mismos. ¡Esto es imposible! Todos son culpables ante la ley. Todos son quebrantados ante la ley y un día pagarán el precio del pecado: la muerte. El propósito y el sentido del pecado, es justamente ése: mostrar al hombre que necesita reconocer su pecado y demostrar su conversión.

La ley ya apuntaba a eso: «Ustedes necesitan un sustituto, que sea capaz y que esté dispuesto a pagar el precio del pecado por ustedes.» No solamente la carta a los Hebreos, sino la Biblia entera, tienen a ese sustituto, a ese Salvador, como tema central. Se nos habla de un sustituto que no es solamente capaz, sino que también está dispuesto a expiar el pecado de los hombres, para que puedan alcanzar la salvación eterna. Ese sustituto no es ningún otro que el Hijo unigénito de Dios: Jesucristo.

Hebreos 2:1 al 4 muestra al hombre que ha escuchado la Palabra de Dios – al hombre que ha recibido el conocimiento del camino de la salvación: «¡Que necio sería responder a la salvación con indiferencia!»

¡Preste atención a la Palabra de Dios! ¡Escuche y actúe de acuerdo a la Biblia! ¡Tonto es aquél que no lo hace! Se parece a una persona que está por ahogarse, y desprecia el salvavidas que está a su lado, ya que quiere confiar en su propia fuerza. También existe el caso contrario, que encontramos en Juan 8:31 y 32: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres»

De nuevo le pregunto: ¿Es usted cristiano? ¿Permanece en la Palabra, la guarda, la acepta y vive de acuerdo a ella? ¿O vive para sí mismo? Considerando el peso de las consecuencias que tuvo la desobediencia a la palabra de los ángeles – la ley – , debe ser más fatal la consecuencia de responder con indiferencia a la palabra del Hijo, el cual es mucho más sublime que todos los ángeles.

Hemos escuchado al Hijo; ahora es tiempo de orientar nuestra vida de acuerdo a Su Palabra. La Biblia misma nos exhorta a leer, a estudiar e interiorizarnos en la Palabra; a actuar de acuerdo a ella y a permanecer firmemente arraigados a ella (podemos leer 2 Juan 9; y Proverbios 4:13). La Palabra de Dios – La Santa Biblia – es su guía y el manual de su vida.

Puede ser que usted se llame cristiano. A lo mejor es bautizado. Puede que vaya a la iglesia – hasta, a veces, a la reunión de oración. Puede tener una buena imagen de sí mismo. Pero, ¿es un buen cristiano? ¿Hay algo en usted que no está de acuerdo con la guía de su vida? ¿No está tan mal? Ah, me olvidaba que usted es cristiano y ya no puede perder la salvación.

Pero no debemos obrar así, precisamente porque usted es cristiano, es importante que se guíe completamente por la Palabra de Dios. No tengo idea de qué le espera a usted en el cielo, pero sé qué es lo que Dios espera de usted, y de mí también, ahora en esta tierra, porque 1 Pe. 1:15 y 16 nos dice: «sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». Y en el cap. 2, vers. 11 y 12, nos exhorta a: «Que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir».

¿Qué espera Dios de nosotros? Una vida vivida para agradarle a Él, una vida que traiga honra a su nombre, una vida que contribuya a que el nombre de Dios y del Hijo sea glorificado. ¿Cumple su vida con esta misión? – ¡Oh Dios, qué necio aquél que no preste atención a tu Palabra! – Por esta razón, queremos siempre animarnos entre nosotros a permanecer en ella Palabra, a interiorizarnos en ella y a prestar atención a lo que nos fue encomendado a través de la Escritura. La verdadera Palabra de Dios, es el compás para nuestra vida.

¡Oiga la Palabra del Señor, tenga fe en la Palabra y guárdela en su corazón! Esté firmemente arraigado en ella, y puede estar seguro que recibirá la corona de la victoria.

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