Enoc 2/17

Titulo: “Enoc”2/6 primera parte
  

Autor: EstebanBeitze 
Nº: PE1213

Enoc “anduvo con Dios”. Para andar con alguien, hay algo que se tiene que dar antes que cualquier otra cosa: tener un encuentro.Tener un encuentro personal con Dios. Un desafío del cual escuchemos en este programa radial.


Descargarlo GRATIS a su propio pc para tener o compartír con otrosPE1213.mp3



“Ellos,¿mas pecadores que nosotros?”

Estimado amigo, en la Biblia leemos acerca de la vida de Enoc en Génesis 5:21 – 24: 

“Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”.

“Y caminó Enoc con Dios”. El verbo “caminar” en este lugar significa literalmente “anduvo” con Dios, esto es, vivió con Dios, o como lo dice la Nueva Versión Internacional (NVI): “Enoc anduvo fielmente con Dios…”. Esta frase incluye diferentes conceptos, implica una variedad de aspectos que estamos andando enumerando.

En el último programa vimos que El caminar con Dios, es lo que le da valor a una vida, más aún, recién le dará el sentido a la vida. Es el valor que permanecerá aún cuando el mundo y todas las obras hechas por el hombre hayan desaparecido.

A continuación vamos analizando el “encuentro con Dios” en la vida de Enoc.

Porque para andar con alguien, hay un aspecto que se tiene que dar en primer lugar: el encuentro. Si quiero salir a caminar con alguien, nos tenemos que poner de acuerdo en que lugar nos encontraremos: la plaza, el centro comercial, su casa, en la esquina, etc.

Lo mismo pasa si uno quiere caminar con Dios. Hay que tener un encuentro con Dios. Este es el profundo deseo de Dios. Él le da al hombre la oportunidad de encontrar este camino.

En realidad no es el hombre el que busca entrar en contacto, en comunión con Dios. Desde el principio de la historia de la humanidad se registra el intento de la huída del hombre de Dios. El hombre intenta escapar de Dios. Ya de por sí suena ridículo sólo el pensamiento, pero sigue siendo la misma historia. Adán se escapó de Dios, del plan que Dios tenía para su vida: al pecar, al esconderse y luego al acusar a Eva y a Dios de su fracaso. Eva cae en lo mismo y al final a acusa la serpiente.

Jonás huyó del camino y de la voluntad de Dios. Judas y muchos otros ejemplos nos muestran lo mismo. De hecho, ya por naturaleza estamos lejos de los caminos de Dios, porque: “…no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles… Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos y no conocieron camino de paz” (Ro.3:11,12,15-17).

En contraposición a esta actitud, el Señor constantemente estuvo y está invitando a que el hombre se le acerque. Si volvemos al jardín del Edén, nos recordamos que fue Dios quien salió a buscar al hombre llamándolo: “¿Dónde estás tú?” (Gn.3:9). La primera pregunta de Dios al hombre es: “¿Dónde estás tú?” Y sigue convidando: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Y en los últimos versículos de la Biblia encontramos la invitación: “Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Ap.22:17).

Dios habla al corazón de cada persona en este mundo. Él quiere caminar con nosotros; es Él el que nos busca, nos invita. Los caminos de Dios y de cada ser humano, al menos se cruzan alguna vez durante su vida. Bienaventurado aquél que decide unirse al camino de Dios. En el libro de Job se nos enseña que “una o dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende”. Y sigue diciendo: “He aquí todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro y para iluminarlo con la luz de los vivientes” (Job 33:14,29,30).

Estas variadas formas del hablar de Dios podrían ser las diferentes formas de la revelación de Dios al hombre como son: por la Creación, la Palabra de Dios y la revelación en Jesucristo mismo. A esto le podemos añadir la conciencia del hombre, circunstancias adversas que presenta la vida, etc.

Enoc sólo conocía la revelación de un Dios creador, y quizá este conocimiento lo llevó a dejar sus caminos equivocados para empezar a caminar con Dios. Vio la obra creadora de Dios en su estado maravilloso antes del diluvio. Quizá Enoc escuchó de Adán mismo acerca del actuar de Dios con él y con Eva en el jardín. Adán recién murió cuando Enoc tenía 308 años. Seguramente quedó impresionado del profundo amor demostrado por Dios en la creación, y su justicia y santidad en el castigo después de la caída. Y aún allí se seguía reflejando el amor de Dios mostrando un camino a la reconciliación por medio de la sangre de animales inocentes con cuyas pieles fueron vestidos.

Otra razón por la cual se acercó a Dios puede haber sido la meditación sobre la muerte. Tenía conocimiento de las palabras del juicio de Dios sobre el hombre si entraba en el pecado: “…ciertamente morirás” (Gn.2:17). Aunque todavía nadie de sus antecesores había muerto, ni aún Adán, tenía bien presente la muerte de Abel, y cuán frágil era la vida. Se dio cuenta, que tarde o temprano tendría que pasar por la muerte, y ¿qué pasaría después? ¿Estaba listo para presentarse frente al Creador, el que había hecho todos los seres vivos y lo había hecho a él? ¿Podría comparecer delante de Él así como estaba? ¿Alcanzarían sus buenas obras para llegar al cielo? ¡Claro que no! Tuvo que arreglar su vida.

Podría ser también, que el cambio en su vida estuvo relacionado con el nacimiento de su hijo Matusalén, el cual sería el hombre más longevo sobre la tierra (969 años). Leemos de Enoc: “Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas”. Por este pasaje podríamos inferir que algo pasó en la vida de Enoc con el nacimiento de su primogénito. “Después que engendró a Matusalén” Enoc empezó a caminar con Dios.

Uno de los momentos más impactantes para mi vida en lo personal fueron los nacimientos de mis hijos, en los cuales siempre estuve presente. Creo que no hay otra cosa en la naturaleza, que se le iguale. Es uno de los momentos más sublimes de la experiencia humana, ver nacer un ser originado en el amor de una pareja, que tiene rasgos similares a sus padres, pero por otro lado, completamente diferente, un ser único e irrepetible. Al ver estas manos y pies diminutos pero completos, ver esta boca que se abre para emitir el primer llanto, que tanto nos alivia porque es sinónimo de vida, al ver este pequeño cuerpo moviéndose por su propia fuerza, pero todavía completamente dependiente del cuidado de otros, indefectiblemente somos llevados a las palabras de David cuando dijo: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!” (Sl.139:13-16).

Evidentemente sólo podemos quedar profundamente conmovidos al ver la omnipotencia de Dios en acción formándonos en lo oculto de una forma tan bella. Por otro lado, el hecho de nuestra formación única e irrepetible, también nos demuestra pensamientos y planes únicos y preciosos para nuestra vida en general, así como lo expresa el salmista. Si Dios tuvo tanto cuidado en formarnos en el vientre materno, si tuvo tanto cuidado en preparar un mundo precioso para nuestra existencia, ¡cuánto más será perfecto el plan que tiene para nuestra vida!

Frente a este profundo conocimiento sólo podemos llegar a la oración con la cual el salmista termina este salmo, y que quizá también fue el profundo sentimiento de Enoc: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sl.139:23,24).

La Biblia no nos revela, cuál fue la razón por la cual se produjo el cambio en la vida de Enoc. Quizá fue la unión de todos los factores que vimos o uno de ellos, pero lo importante es que hizo caso al hablar de Dios.

Querido amigo, ¿cuántas veces Dios ya te ha invitado a acercarte a sus caminos? ¿Cuántas veces te ha llamado por medio de algún hermano, por Su Palabra, por una enfermedad o accidente, o te ha llamada por la voz de tu conciencia? Quizá fuiste impactado por algo en la bella creación de Dios. Quizás no estés preparado para enfrentar la realidad de la muerte. ¿Quieres seguir indiferente a este llamado?

Enoc 1/17
Enoc 3/17

Déjanos un mensaje!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>