Enoc 15/17

Titulo: “Enoc”3/5 tercera parte
  

Autor: EstebanBeitze 
Nº: PE1226

Sabemos que la venida de Cristo está cerca, por una infinidad de pasajes y promesas al respecto y también por el cumplimientos de profecías relacionadas a este evento. La Biblia habla muy claro.

¿Qué hacemos con esta revelación? ¿Nos quedamos callados, o levantamos nuestra voz, como siervos fieles al Señor? ¡Aprendamos del ejemplo de Enoc!


Descargarlo GRATIS a su propio pc para tener o compartír con otrosPE1226.mp3



“Enoc” 3/5 tercera parte

Enoc fue arrebatado

Estimado amigo, volvemos a leer el pasaje bíblico del cual partíamos en este estudio bíblico, Génesis 5:24: 

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y despareció, porque le llevó Dios”.

El escritor de Hebreos completa el relato diciendo en el capítulo 11,5: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios”.

Enoc fue la primera persona en la Biblia que fue arrebatada, o sea, que no pasó por la muerte. El nombre de Enoc significa: “iniciación, inauguración”. Realmente inauguró un nuevo hecho, algo trascendental, algo único, lo cual relativamente muy pocas personas lo experimentarán: el arrebatamiento o el rapto.

El arrebatamiento

Este “llevó Dios” es la misma expresión que se utiliza del traslado de Elías (2R.2:3,5), el segundo personaje del Antiguo Testamento que fue arrebatado aparte de Enoc. La palabra “traspuesto” se puede intercambiar con “arrebatado”. Para que podamos entender lo que es el arrebatamiento, podemos referirnos a una inscripción en un hallazgo arqueológico cerca de la ciudad de Éfeso. Allí aparece esta palabra. La inscripción encontrada es la siguiente: “Cuando el César Domiciano llegó a la capital provincial de Éfeso en el quinto año de su reinado, el magistrado de la ciudad fue a su encuentro hasta aquí”.

El arrebatamiento justamente es esto: un ir al encuentro. Es esto lo que describe Pablo en 1ª Tesalonicenses 4:16,17: “Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Podemos completar con 1ª Corintios 15:51,52: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

En otras palabras, el Señor viene al encuentro de su Iglesia, y la Iglesia va al encuentro de su Señor. Los muertos en Cristo resucitados y los creyentes que estén vivos para este momento obtendrán un cuerpo glorificado. Entonces nos encontraremos con el Señor. Este encuentro no será en la tierra, sino en el aire y de allí partiremos a la gloria celestial.

Todos los creyentes serán atraídos al instante por un poder divino a la presencia del Señor. Alguien lo demostró una vez de la siguiente forma: Mezcló viruta de hierro con arena, y luego a unos centímetros de distancia por encima de la arena puso un poderoso imán. De repente la arena se movió, pero sólo para dar lugar a las astillas y virutas de hierro que quedaron pegadas al imán.

¿Anhelas la venida de Cristo, este momento cuando el Señor llame a los suyos de todo el mundo? Como ya vimos, Pablo esperaba la corona de justicia (2Ti.4:8). Pero esta corona no estaba reservada sólo para él, sino “a todos los que amen su venida”. ¿Amas la venida de Cristo?

Bueno, estimado amigo, puede ser que usted dice: “Sí, amo la venida de Cristo. Pero quizás pensando, que ojalá Cristo viniera hoy, así no tengo que estudiar para el examen de mañana, no tendré que enfrentar otra vez a mi jefe, no tendré que pagar la cuenta de la luz o enfrentar los innumerables problemas y decisiones que tenemos que tomar a diario. Esto no es amar la venida del Señor. Amar la venida del Señor es vivir en sintonía con la inminencia de este evento. Supongamos que Jesús volviera dentro de una semana. Piensa, ¿cómo sería tu actuar en la última semana en la tierra…? ¿No sería así, que estudiarías la Palabra de Dios todos los días, tendrías un excelente y profundo tiempo de oración cotidiano, estarías presente en todas las reuniones de la iglesia, te involucrarías en todas las tareas necesarias en tu iglesia, estarías evangelizando a todo tu entorno porque sabes que se irán al infierno, evitarías el pecado a toda costa, demostrarías amor a todo el mundo, le pedirías perdón a los que has ofendido? ¡Claro que harías esto y mucho más, porque sabes que Jesús viene la semana que viene! Pero, ¿por qué no actúas así? Jesús podría volver la semana que viene. Es más, ¡podría volver hoy! ¿Qué harás? Te dejarás impactar por la seguridad del inminente regreso del Señor?

Se puede comprobar a lo largo de la historia de la iglesia o aún a nivel local, que cuando la Iglesia vivía en la expectativa de la pronta venida de Cristo era una Iglesia viva y pujante. Así fue al principio. Pablo y la Iglesia en general tenían la esperanza que Cristo viniera durante sus vidas. Lo mismo sucedió en los siglos XIX y comienzo del XX. Hubo auge de evangelización en el mundo. Se fundaron muchas agencias misioneras y miles de misioneros fueron enviados a todo el mundo. Pero lamentablemente hoy en día, el amor por la venida del Señor ha sido ahogado por el consumismo, el bienestar, la posición social, los pasatiempos, en síntesis: el amor al mundo. No está mal buscar superarnos, pero pregúntate qué lugar ocupa el pensamiento de la venida de Cristo en tu vida en relación a otras cosas, y sabrás qué es lo que tiene prioridad.

Una vida llena de expectativa de la pronta venida de Cristo será diferente.

El deseo del apóstol Pablo tiene que ser el nuestro: “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1Ts.3:12,13).

En esta misma carta Pablo escribe de una doble función de cada cristiano desde el momento de la conversión: “os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero y esperar de los cielos a su Hijo…” (1Ts.1:9b,10a).

La función del creyente es el servicio a Dios y la espera del regreso de Jesús a buscar a Su Iglesia. ¿Estamos cumpliendo con ambas?

Entonces sí podrás orar la corta oración que encontramos al final de la Biblia cuando Jesús dice: “Ciertamente vengo en breve.” Que podamos contestar íntimamente seguros, y sabiendo lo que estamos diciendo: “Amén; sí, ven Señor Jesús” (Ap.22:20).

Enoc 14/17
Enoc 16/17

Déjanos un mensaje!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>