En el país lejano


Autor: William MacDonald

La recaída es un fenómeno bien típico en la vida cristiana. Un recaído es un verdadero creyente que está fuera de comunión con Dios, debido a algún pecado no confesado en su vida. Cuando un cristiano peca, sigue siendo hijo de Dios. No pierde su salvación, pero sí pierde el gozo de su salvación.

 


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PE2131 – Estudio Bíblico
Formas de recaída



Hola amigos! Habíamos dicho que: En el momento en que hay una genuina confesión a Dios y a los hombres y se ha efectuado restitución, entonces queda restaurada la comunión con Dios, y el Espíritu Santo puede reanudar Su ministerio predilecto: que es mantener al creyente ocupado con las glorias del Señor Jesucristo (como se menciona en Jn 16:14).

¿Significa esto, entonces; que un cristiano puede pecar y quedar sin consecuencias? La respuesta es un evidente NO. Pero, al considerar esta cuestión, será útil mostrar la distinción entre la PENA por el pecado y las CONSECUENCIAS del pecado.

Es evidente en la Biblia que el recaído nunca tendrá que pagar la pena eterna de su pecado. Esta pena fue pagada por el Salvador cuando pendía de la Cruz. Los que creen en Él no vendrán a juicio, sino que han pasado ya de muerte a vida (dice Jn. 5:24). En otras palabras, cuando un verdadero creyente peca, no es por ello condenado al infierno. Cristo obtuvo una completa satisfacción por la pena del pecado, al derramar Su sangre en el Calvario. Dios no demandará el pago dos veces, primero de parte de Cristo, y después de parte de nosotros.

Cuando un hijo de Dios peca, el diablo lo acusa ante el Trono de Dios en el cielo. Entonces el Señor Jesús se presenta como Abogado, señalando a las heridas en Sus manos, pies y costado, y viene a decir: «Pagué por este pecado hace más de mil novecientos años. Cárgalo a mi cuenta». De modo que el recaído no tiene que pagar las consecuencias eternas de su pecado en el infierno. Pero, debemos añadir con toda presteza que sí tendrá que sufrir las consecuencias de su pecado en esta vida y también en el cielo.

Algunas de las consecuencias del pecado en esta vida son:
-. Deshonor al nombre del Señor.
-. Testimonio arruinado.
-. Miseria e infelicidad para otros.
-. Enorme desperdicio de tiempo y dinero.
-. Disturbio emocional y físico
-. Profunda pena y remordimiento.
-. Miseria y desgracia personal
-. Oportunidades perdidas de servicio. Y que:
-. Otras personas tropiezan por el ejemplo del recaído

Las consecuencias del pecado en el cielo incluyen:
-. Pérdida de recompensa ante el Tribunal de Cristo (1 Co. 3:15).
-. Una menor capacidad de gozar del Señor y de las glorias del cielo.

Sin embargo, Dios es mayor que todos nuestros pecados. Espera el regreso del recaído. La puerta está siempre abierta. Le espera una regia bienvenida, y el Señor tiene formas maravillosas de predominar sobre nuestro pecado y fracaso, para Su propia gloria y para nuestro propio bien.

Hemos visto que la causa de toda recaída es el pecado. Esto es lo que quebranta la comunión con Dios, y la comunión permanece rota hasta que el pecado es confesado y abandonado. Pero, ahora debemos observar que la recaída adopta varias formas. Aunque la causa básica es la misma y el remedio es en todos los casos el mismo, sin embargo hay muchas diferentes manifestaciones de esta dolencia espiritual.

FORMAS DE RECAIDA

En primer lugar, deberíamos mencionar la caída moral. Esto se refiere al cristiano que cae en pecado sexual. Como ejemplo, tomemos a A–C. Ha estado casado por quince años y ha sido activo en la iglesia. Era un cristiano normal, quizá con la siguiente excepción: Parecía excesivamente fa¬miliar con las mujeres. Tenía buena conversación, facilidad en el trato, y unas manos que se inclinaban a acariciar y a tocar. Todo sucedió cuando estaba fuera de casa, en un viaje de negocios. Desde entonces ha sido irregular en su asistencia a la iglesia. Las cosas nunca han vuelto a ser iguales en casa. Nadie sabe qué sucedió. Todo lo que saben es que es diferente. Frío. Alejado. Callado. Hasta ahora lo ha guardado todo en su interior, y así es como quiere mantenerlo.

Luego, está la recaída del tipo hijo pródigo. Es el caso de B–D. Creció en un hogar cristiano protegido y se convirtió el año antes de alistarse en los Marines (grupo de fuerzas especiales del ejército estadounidense). Para él fue un gran alivio apartarse de los frenos de la vida del hogar. Estaba decidido a «vivir a su manera». Durante su tiempo en los Marines, nadie se dio cuenta que era cristiano. Se movía con la corriente de la multitud y procuraba adaptarse tanto como fuese posible. Todo ese tiempo estuvo actuando. No era el verdadero B–D, y lo sabía. En lo más profundo de su ser había un sentimiento de culpa y de insatisfacción.

E–G – tuvo una recaída de tipo intelectual. Después de estudiar en una escuela bíblica, pasó a la universidad. Tenía dos buenas razones para ello. La primera era su decisión de no hacer el servicio militar. La segunda era su deseo de tener un título de una universidad acreditada. Su especialidad era la filosofía. Al cabo del primer mes, sus creencias cristianas quedaron gravemente sacudidas. Se volvió huraño y crítico. Perdió la simplicidad que hay en Cristo, y quedó lleno de dudas y especulaciones.

Luego, naturalmente, está la recaída del bebedor. H-¬-F, comenzó con la bebida social. Cuando llevaba a sus clientes a cenar, los acompañaba a tomar un cóctel: Pero, cuando aumentaron las presiones familiares y de trabajo, se aliviaba bebiendo más. Ahora está aprisionado por el hábito, pero piensa que puede abandonarlo cuando quiera. Cuando piensa en la iglesia y en sus amigos cristianos, se siente casi abrumado de vergüenza, pero, para hallar alivio, se toma otro trago.

Otro tipo común de recaída es la del cristiano casado con un incrédulo y que se ha quedado desalentado y vencido, el recaído en yugo desigual. T– S era una radiante muchacha cristiana que testificaba del Señor por doquier. Su novio profesó ser salvo después de haber salido juntos durante tres semanas. Hoy, ella está segura de que aquella fue una falsa profesión. Tienen muy poco en común. En el hogar hay diferencias y discusiones constantes. Los niños son irritables y rebeldes. El marido le dice que no la quiere ni a ella ni a los niños, y pasa la mayor parte de sus veladas con sus amigos. Ella se queda en casa, lamentándose y llorando, aunque trató de seguir viviendo para el Señor durante unos pocos años después de casarse, ahora se ha dado por vencida.

Luego, tenemos las recaídas por negocios. Puede que no se cometan pecados groseros, pero se permite que los negocios ocupen el tiempo de tal manera, que queda poco tiempo para el hogar y para el Señor. Apenas leen la Palabra u oran, y su escasa asistencia a la iglesia es una mera formalidad. Los cuidados de esta vida han agotado su vitalidad espiritual. Son víctimas de la codicia y del materialismo.

Y hay muchos más. Algunos que se han visto frustrados en el amor, o que sufren grandes reveses, se vuelven fríos y carnales. En lugar de aceptar estas cosas como la voluntad de Dios y como bendiciones de incógnito, se vuelven huraños e irritables y pierden su resplandor espiritual.

Algunos tienen un espíritu implacable. Les han perjudicado en algo y todo el mundo lo sabe, pero no están dispuestos a perdonar y a olvidar. De modo que se vuelven vengativos, farisaicos e inmisericordes. Dios no puede dar el perdón paterno a los creyentes no dispuestos a perdonarse unos a otros (así nos dice Mt. 6:14 y 15).

Muchos cristianos caen en una condición de recaída por constantes pendencias en el hogar. Algún desacuerdo carente de importancia destruye la paz del hogar. Las paredes vibran con la pelea. Se rompen las relaciones diplomáticas entre marido y mujer. Se interrumpe el altar familiar. Sería una farsa orar juntos cuando no pueden ni siquiera hablar de manera civilizada los unos con los otros. Nadie está dispuesto a ceder. Son tan inflexibles como barras de hierro. Cada uno piensa que tiene la razón, no dándose cuenta de que ambos están en estado de recaída.

Quizá algunos se sorprenderán al saber que los verdaderos creyentes pueden alejarse tanto del Señor como en los casos que hemos mostrado. Entonces, será de ayuda recordar algunas cosas, que veremos en el próximo programa, porque se nos ha acabado el tiempo. Hasta entonces, y qué Dios los bendiga!

La comunión es un débil hilo
Formas de recaída

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